El miércoles, el trabajador de Mack Trucks Will Lehman fue nominado como candidato a presidente del sindicato United Auto Workers (UAW) en la 39ª Convención Constitucional del sindicato en Detroit. La nominación de un trabajador socialista, que se postula con un programa para abolir la burocracia del UAW y transferir el poder a las bases, es un acontecimiento de gran importancia nacional y mundial.
La nominación por el número máximo de dos delegados en la convención fue el producto de una campaña sostenida para movilizar a los trabajadores automotrices en torno a este programa. En las semanas previas a la convención, Lehman apeló directamente a los trabajadores y delegados para que presentaran su nombre como candidato. Sus partidarios —incluidos miembros del UAW de Nexteer, Dana, Stellantis y Ford— hicieron campaña por Lehman en la convención.
Los trabajadores respaldaron su campaña porque refleja sus propias experiencias con el aparato del UAW: contratos propatronales, sofoque de toda oposición, la defensa de las ganancias empresariales y la subordinación de las luchas obreras al Partido Demócrata y el Estado.
La nominación de Lehman es la expresión más consciente de una rebelión que crece. Los trabajadores de Nexteer en Saginaw han rechazado tres acuerdos respaldados por el UAW y autorizaron una huelga con el 86 por ciento de los votos. Los trabajadores de American Axle en Three Rivers realizaron su primer paro desde 2008. Los trabajadores de Dana han resistido el mismo intento de imponer concesiones a sus espaldas. Los trabajadores de Ford, General Motors y Stellantis están luchando contra despidos masivos y cierres de plantas, llevados a cabo con la colaboración de la burocracia del UAW.
Esta es la segunda vez que Lehman se postula para presidente del UAW. La elección de 2022 dejó al descubierto las llamadas reformas democráticas del UAW como un fraude. Apenas el 10 por ciento de los miembros votó. La burocracia hizo todo lo posible para impedir que los trabajadores se enteraran de la elección, recibieran las papeletas y participaran en la primera votación directa para los cargos principales.
El aparato no se comportará de manera diferente esta vez. La burocracia utilizará todos los medios a su alcance para aislar la campaña de Lehman, suprimir el debate entre los miembros y presentar la elección como una contienda entre facciones rivales del aparato.
La campaña de Lehman merece el máximo apoyo de los trabajadores desde este momento hasta que termine la elección en octubre. Lehman, un trabajador fabril activo, no cuenta con ningún aparato ni con conexiones políticas poderosas a las que recurrir. En cambio, su campaña se dará a conocer únicamente a través de una red creciente de trabajadores combativos que la apoyen.
La importancia de la nominación de Lehman radica sobre todo en el programa con el que se postula. Está haciendo lo que los Socialistas Democráticos de Estados Unidos (DSA, por sus siglas en inglés), Jacobin, Labor Notes y toda la órbita de defensores pequeñoburgueses de “izquierda” del aparato sindical insisten en que es imposible. Se presenta abiertamente como socialista, llamando a la abolición de la burocracia, denunciando la subordinación de los sindicatos al Partido Demócrata y promoviendo la unidad internacional de la clase obrera contra la guerra imperialista.
Como explicó Lehman después de su nominación: “Esta campaña está dirigida contra ese aparato. Se trata de la lucha para transferir el poder de la burocracia que ha dominado este sindicato a las bases, a los trabajadores en cada planta”.
Que una campaña así haya sido incluida en la papeleta en una convención dominada por la burocracia es un golpe significativo al aparato. La convención fue, en su mayor parte, una asamblea de funcionarios a tiempo completo, personal contratado y burócratas pagados: un aparato que funciona no como un instrumento de lucha obrera, sino como una policía industrial que impone las exigencias de las corporaciones.
Hubo, sin embargo, un sector de delegados, a menudo aquellos que asistían a su primera convención, que respondieron a la campaña de Lehman y expresaron repugnancia por toda la forma en que se organizó la convención.
Dentro de la convención, la burocracia aprobó aumentos salariales para los altos dirigentes, incluidos 30.000 dólares adicionales para el presidente en ejercicio Shawn Fain. Esto fue objetivamente un voto para aumentar la parte de la burocracia en la explotación de la clase obrera, que lucha por sobrevivir como consecuencia de décadas de traiciones. La convención elevó de 850 millones a 1.300 millones de dólares el umbral del fondo de huelga a partir del cual las cuotas se reducen automáticamente, manteniendo las cuotas en el nivel más alto mientras rechazaba aumentos sustanciales del pago por huelga y concedía a los trabajadores solo un aumento simbólico en el apoyo semanal durante las huelgas.
Cuando las resoluciones de los sindicatos locales obtuvieron suficiente apoyo para llegar al pleno, el aparato impulsó una moción para suspender las reglas e impedir que se siguieran considerando las mociones que no había aprobado. La convención rechazó una resolución que pedía la abolición de la policía migratoria ICE, mientras aprobaba una resolución sin fuerza que desinvertía 400.000 dólares en inversiones del sindicato en Israel.
Luego, la burocracia cedió la tribuna al Partido Demócrata, ampliamente odiado por los trabajadores como un instrumento de Wall Street y la guerra. La presidenta de la AFL-CIO, Liz Shuler, llamó a movilizar a decenas de miles de activistas del UAW para elegir a demócratas en noviembre. La congresista Debbie Dingell recibió el micrófono después de liderar una campaña en el Congreso a favor de medidas de guerra comercial contra China. Abdul El-Sayed, promovido como el candidato demócrata de “izquierda” del UAW, transmitió el mismo mensaje esencial en el lenguaje del nacionalismo económico.
Fain ganó las elecciones en 2022 con el apoyo del DSA, Labor Notes y la revista Jacobin. Estas tendencias, surgidas de capas privilegiadas de la clase media, son parte integral del Partido Demócrata y del aparato sindical. Muchas personas del DSA recibieron altos cargos bajo la administración de Fain, donde se volvieron responsables de imponer la pérdida de miles de empleos, condiciones de trabajo inseguras y el apoyo al nacionalismo “EE.UU. Primero” y la reestructuración de la industria estadounidense para la guerra.
Cualquier organización que afirme ser socialista y le niegue su apoyo a la campaña de Lehman se desenmascara por completo. Su hostilidad es tan intensa que apenas pueden reconocer que la campaña existe. Labor Notes, ahora una revista de facto de la burocracia del UAW, presentó el evento como un respaldo democrático a Fain, mencionando a Lehman solo una vez, sepultado entre un “puñado de candidatos menos conocidos”.
El WSWS ha respaldado la campaña de Lehman porque es un mecanismo fundamental para desarrollar una rebelión de las bases contra el aparato. Las organizaciones pseudoizquierdistas dentro y alrededor del Partido Demócrata denuncian al WSWS como “sectario”. Con esto se refieren a su negativa a subordinar la clase obrera al aparato burocrático de los sindicatos y al Partido Demócrata.
La nominación de Lehman debe convertirse ahora en el punto de partida de una campaña para fomentar y desarrollar la resistencia de los trabajadores en toda la industria automotriz y en el mundo. Esto incluye:
- Construir comités de base en cada planta y lugar de trabajo, controlados por los propios trabajadores e independientes del aparato del UAW, para transferir el poder a las bases.
- Unir estos comités a través de la Alianza Internacional Obrera de Comités de Base (AIO-CB), vinculando a los trabajadores a través de plantas, empresas, industrias y fronteras nacionales.
- Desarrollar la lucha en las fábricas y lugares de trabajo hasta convertirla en un movimiento político independiente de la clase obrera contra ambos partidos del capitalismo estadounidense, demócratas y republicanos.
- Conectar la lucha de los trabajadores automotrices en Estados Unidos con la ola internacional de resistencia.
Las cuestiones planteadas en la elección del UAW son universales. La misma crisis capitalista que empuja a los trabajadores automotrices a la rebelión está levantando a los trabajadores en todo el mundo. En México, los trabajadores de autopartes han ocupado fábricas contra los despidos y cierres. En Turquía, los mineros han roto las barricadas policiales, tomado minas y desafiado detenciones y ataques armados de matones empresariales. En Italia, las huelgas generales han paralizado repetidamente el transporte, la logística, las escuelas y los servicios públicos contra la austeridad, el genocidio y la guerra.
Los trabajadores en todas partes enfrentan precios insoportables, despidos, aceleración del ritmo de trabajo y salarios de miseria, mientras los gobiernos capitalistas responden a la oposición social con dictadura, violencia policial, ataques a los inmigrantes y la expansión de la guerra. En vísperas de la convención del UAW, Elon Musk se convirtió en el primer billonario del mundo, una expresión grotesca de la dominación de la sociedad por una oligarquía capitalista cuya riqueza se construye sobre la explotación intensificada de la clase obrera.
Nada se resolverá mediante apelaciones a esta oligarquía, a sus partidos o a los aparatos sindicales que imponen sus exigencias. La cuestión decisiva es el desarrollo de la lucha de clases: la destrucción del control de la burocracia sindical, la construcción de comités de base en cada lugar de trabajo y la unificación de los trabajadores a través de industrias y fronteras nacionales mediante la AIO-CB.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 19 de junio de 2026)
