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Se desmorona la intervención en el yen entre EE. UU. y Japón

Poco más de una semana después de su inicio, la intervención conjunta de Estados Unidos y Japón para intentar elevar el valor del yen está empezando a desmoronarse.

La intervención, que ha implicado un gasto combinado de hasta 97 mil millones de dólares por parte de las autoridades financieras de EE. UU. y Japón, comenzó cuando el yen cotizaba a 164 por dólar y seguía cayendo. La semana pasada subió hasta alcanzar los 155, pero el lunes registró una caída del 1 por ciento, lo que borró la mitad de sus ganancias anteriores en medio de señales de que aún le queda más por bajar.

Un hombre pasa junto a unas pantallas que muestran el índice Nikkei 225 de Japón, en el centro, y el tipo de cambio del yen japonés frente al dólar estadounidense en una correduría de valores de Tokio, el martes 23 de junio de 2026. [AP Photo/Hiro Komae]

Como dijo Lee Ferridge, estratega de mercado de la firma financiera State Street, a Bloomberg: «Sin nuevas intervenciones, seguirá cayendo. Parece que el mercado está decepcionado porque no vimos más intervención».

Una de las razones que se citan para el rápido desmoronamiento de la intervención es la falta de acción coordinada por parte de otros bancos centrales, en particular el Banco Central Europeo.

Para no ejercer presión a la baja sobre el dólar ni provocar un aumento en los rendimientos de los bonos, especialmente en el segmento de plazo más largo del mercado —la tasa de interés del bono del Tesoro a 30 años es del 5,2 por ciento, su nivel más alto desde 2007, en vísperas de la crisis financiera mundial—, el secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, decidió llevar a cabo la intervención estadounidense en euros.

El BCE solo fue informado del carácter inusual de la intervención —la primera acción conjunta de este tipo en casi 30 años— después de que se hubiera llevado a cabo.

La acción de EE. UU., una expresión más de la forma en que la administración de Trump está haciendo a un lado las convenciones y acuerdos de la posguerra, provocó una reacción significativa.

Según un artículo del Financial Times (FT), que fue el primero en informar que Estados Unidos había pasado por encima del BCE, «altos funcionarios» del banco central «consideraron que la decisión de Estados Unidos de utilizar euros en sus operaciones constituía una violación sin precedentes de las convenciones de larga data sobre la cooperación entre las autoridades monetarias occidentales».

Los altos funcionarios señalaron que «esto nunca había sucedido antes» y que indicaba que décadas de estrecha cooperación entre los bancos centrales occidentales se veían amenazadas.

El Tesoro de EE. UU. afirmó que había tomado la decisión utilizando el Fondo de Estabilización Cambiaria del departamento, lo cual no requería coordinación. Un alto funcionario anónimo de la administración Trump, citado por el FT, respondió a las críticas afirmando de manera contundente que «respetamos la confidencialidad de las conversaciones privadas con nuestros homólogos internacionales, a diferencia del BCE».

Sin embargo, la decisión de EE. UU. de pasar por alto al BCE parece haberle salido cara, ya que una de las razones esgrimidas para explicar el efecto cada vez menor de la intervención es la falta de una «voz unificada» entre los bancos centrales.

«No creo que haya sido útil que el BCE no participara», declaró al FT Guy Miller, estratega jefe de mercados de la aseguradora Zurich.

La principal razón que se aduce para explicar el efecto cada vez menor de la intervención es la ausencia de cambios estructurales importantes en el sistema financiero japonés y la necesidad de que el Banco de Japón (BoJ) aumente la tasa de interés desde su nivel muy bajo del 1 por ciento, muy por debajo del de otros bancos centrales.

Los analistas de Goldman Sachs señalaron en una nota que la «respuesta relativamente moderada a la intervención refleja las razones fundamentales de la debilidad de la moneda» y que la depreciación continuaría.

Bank of America afirmó que un yen más fuerte requeriría una intervención «más contundente» o una señal de que el Banco de Japón subirá su tasa de interés en septiembre.

Paresh Upadhyaya, estratega de la firma financiera global estadounidense Pioneer Investments, declaró a Bloomberg: «Me parece poco probable que veamos un yen mucho más fuerte a menos que vaya acompañado de medidas de política más contundentes. Una subida de tasas en septiembre simplemente no es suficiente».

Sin embargo, un aumento rápido y significativo de las tasas de interés por parte del Banco de Japón para impulsar el yen presenta problemas reales, tal como se destaca en el análisis de Masayuki Nakajima, de la firma financiera japonesa Mizuho.

«Desde una perspectiva nacional… el obstáculo para una medida en septiembre sigue siendo alto. Tras décadas de bajo crecimiento, baja inflación y tasas de interés ultrabajas, persisten las preocupaciones sobre el impacto de mayores costos de financiamiento en los hogares con hipotecas y en las pequeñas y medianas empresas».

El Banco de Japón, continuaba el análisis, preferiría subir las tasas cada seis meses, y un aumento en septiembre llevaría a los mercados a descontar un endurecimiento adicional en diciembre, «lo que generaría dudas sobre la capacidad de la economía japonesa para absorber un aumento más rápido de las tasas de interés».

También está la cuestión del impacto del aumento de las tasas de interés en el financiamiento de la deuda pública japonesa. El aumento relativamente menor desde niveles cercanos a cero ya ha elevado el costo del servicio de la deuda a más de 30 billones de yenes, alrededor de 200 mil millones de dólares, lo que representa hasta el 30 por ciento del gasto público total.

Al otro lado del Pacífico, la preocupación en Estados Unidos es que la continua caída del valor del yen provoque una venta masiva de activos en dólares por parte de Japón, en un intento por contrarrestar los efectos inflacionarios de una moneda en fuerte caída.

Japón es actualmente el mayor tenedor extranjero de bonos del Tesoro de EE. UU., con un portafolio de 1,1 billones de dólares. Con la tasa de los bonos del Tesoro a 30 años en su nivel más alto en 19 años y la tasa a 10 años en alza, se teme que una venta masiva de dólares y un aumento de las tasas de interés afecten el auge bursátil impulsado por la inteligencia artificial, que se financia cada vez más con deuda.

Estas preocupaciones se reflejaron tanto en la decisión de la parte estadounidense de utilizar euros en su parte de la intervención como en que Japón obtuviera un préstamo de una línea de crédito de la Reserva Federal para financiar sus operaciones, en lugar de vender bonos del Tesoro de EE. UU.

La versión oficial de EE. UU. fue que la intervención tenía como objetivo «ayudar a un amigo en apuros». Sin embargo, cada vez está más claro que estuvo motivada por la creciente debilidad del sistema financiero estadounidense.

En palabras de un analista citado por Bloomberg: «Al parecer, hemos llegado a un punto de tal fragilidad en el mercado de bonos del Tesoro de EE. UU., con el aumento de las tasas a largo plazo, que estamos alentando a los tenedores extranjeros a no vender».

Gideon Rachman, comentarista de asuntos internacionales del Financial Times, informó que recientemente había hablado con una administradora de fondos asiática quien dijo que «cada vez veía más a la América de Trump como un mercado emergente». Cuando se le preguntó al respecto, señaló los cambios arbitrarios en las políticas, el temor a que los inversionistas extranjeros puedan ser discriminados y la profunda implicación del presidente y su familia en los negocios, todo lo cual podría hacer que los inversionistas extranjeros se muestren recelosos a la hora de mantener activos estadounidenses.

Aunque señaló que el dinero seguía fluyendo hacia Estados Unidos, Rachman destacó algunas señales de alerta, entre ellas que las tasas de interés de los préstamos eran ahora más bajas en Grecia que en Estados Unidos.

«El costo anual del servicio de la deuda federal de Estados Unidos supera el presupuesto del Pentágono y está aumentando rápidamente», escribió.

Sin embargo, la administración de Trump no tenía un plan serio para controlarla y «en algún momento, seguramente habrá que rendir cuentas».

(Artículo publicado originalmente en inglés el 11 de agosto de 2026)

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