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Perspectiva

La carta de Bernie Sanders sobre la IA: un llamado inútil a los oligarcas

El senador Bernie Sanders (independiente por Vermont) habla durante un mitin de campaña para la vicegobernadora de Minnesota, Peggy Flanagan, candidata demócrata al Senado de EE.UU., el lunes 20 de julio de 2026, en Minneapolis. [AP Photo/Ellen Schmidt]

El 10 de agosto, el senador Bernie Sanders envió una carta a Sam Altman, de OpenAI; Dario Amodei, de Anthropic, y Mark Zuckerberg, de Meta, exigiéndoles “pausar el desarrollo de la IA” y “dejar de construir máquinas que los humanos no puedan controlar”, promoviéndola con un video adjunto.

La carta es característica de la política de Sanders. Está llena de demagogia y retórica vacía que no educa a nadie sobre nada. Está calculada para avivar el miedo, mientras oculta cada pregunta básica que plantea la tecnología: ¿quién es su dueño? ¿quién la controla? ¿en interés de quién se está desarrollando?

El primer ejemplo de Sanders sobre los supuestos peligros de la IA ejemplifica su método. “Por primera vez, se ha usado la IA para crear nuevos virus”, escribe, advirtiendo que “este tipo de desarrollo, en las manos equivocadas, podría dar lugar a nuevas armas biológicas que resulten en la muerte de decenas de millones de personas”.

A partir de la carta de Sanders, uno supondría que hay individuos en laboratorios preparando nuevos patógenos mortales, y Sanders emplea una retórica diseñada para apelar a los promotores de las teorías conspirativas antichinas sobre los orígenes del COVID-19.

Lo que realmente ocurrió fue, de hecho, un importante avance científico. El 6 de agosto, Science publicó un trabajo del laboratorio de Brian Hie en Stanford y del Arc Institute, que informaba sobre los primeros genomas virales diseñados por un modelo generativo. Los virus son bacteriófagos, que infectan bacterias, no células humanas, y la investigación está dirigida a desarrollar terapias contra las infecciones resistentes a los antibióticos, que matan a más de 1 millón de personas cada año.

El logro es un indicio del enorme potencial progresista de la tecnología. En el relato de Sanders, sin embargo, un paso hacia la cura de lo incurable se convierte en el anuncio de una plaga.

Sanders intenta confundir el avance médico con los peligros reales que plantean los modelos de IA al llevar a cabo ciberataques.

El 21 de julio, OpenAI reveló que dos de sus modelos se habían escapado de una prueba de sus habilidades de hackeo y habían atacado a Hugging Face, la empresa a través de la cual se distribuyen los modelos de IA abiertos del mundo. Los modelos estaban siendo evaluados en una prueba de referencia de hackeo. Determinaron que la clave de respuestas estaba almacenada en los servidores de Hugging Face, lograron conectarse a internet y tomaron control de buena parte de la infraestructura técnica de esa empresa.

Clément Delangue, cofundador de Hugging Face, escribió que “podría ser el primer incidente de este tipo”. Michael Dalton, del personal técnico de OpenAI, lo calificó de “un momento decisivo para la seguridad informática como industria”, y añadió que “los ataques ofensivos orquestados por IA, totalmente automatizados, son ya una realidad, y las acciones que hemos discutido hoy fueron un efecto secundario no intencionado de la ejecución de evaluaciones sobre IA de vanguardia”.

Cabe destacar que la causa directa del hackeo a OpenAI fue una decisión tomada por la empresa de poner a prueba los modelos sin las salvaguardas que habrían impedido este tipo de comportamiento, combinada con una supervisión insuficiente. OpenAI llevó a cabo la evaluación sin los clasificadores que impiden que sus modelos realicen ataques, y declaró que “estas salvaguardas de despliegue no fueron habilitadas intencionalmente durante esta evaluación”.

Estos ataques fueron producto de las operaciones de las empresas y sus contratistas: evaluaciones subcontratadas para recortar costos, sistemas apresurados para adelantarse a los rivales, salvaguardas tratadas como obstáculos para la siguiente ronda de financiamiento. Los incidentes son graves, pero lo que acusan no es la tecnología. Es a las corporaciones que la poseen, a cuya buena fe Sanders dirige su llamado.

La IA está actualmente dominada por los tres multimillonarios a quienes Sanders escribe, junto con el Pentágono y las agencias de inteligencia. Sanders no cuestiona nada de esto. De hecho, cita como autoridad sobre el peligro de la IA al director de la CIA de Trump, John Ratcliffe, quien llama a los modelos de vanguardia “similares a armas nucleares digitales” y “casi como un dispositivo del fin del mundo”. Ratcliffe añadió, en declaraciones que Sanders no cita, que Estados Unidos está “del lado correcto de la ecuación” frente a sus competidores extranjeros. Al citar a la CIA como autoridad, Sanders acepta la premisa: las “manos equivocadas” son los blancos del imperialismo estadounidense.

Sanders no menciona cómo está usando el imperialismo la IA en la actualidad. Mientras invoca el espectro de una futura arma biológica, las tecnologías ya están matando. El Sistema Inteligente Maven de Palantir—que incorpora el modelo Claude, construido por Anthropic—generó unos 1.000 blancos de bombardeo en las primeras 24 horas del asalto contra Irán. La misma clase de sistemas ha sido utilizada por Israel en el genocidio en Gaza.

Sanders guarda el mismo silencio sobre la catástrofe social en curso. En los primeros siete meses de 2026, los empleadores estadounidenses anunciaron más de 477.000 recortes de empleo, con la IA como la razón principal citada por quinto mes consecutivo. La automatización está golpeando directamente los empleos profesionales e intelectuales mientras los estudios proyectan el desplazamiento de cientos de millones de trabajadores en todo el mundo para 2030.

En lugar de abordar nada de esto, Sanders apela a la conciencia de los ejecutivos, instándolos, “en interés de la humanidad”, a “cumplir con su palabra”, mientras él mismo cataloga cómo cada compromiso de seguridad que hicieron estas empresas fue abandonado en el momento en que obstruía la disputa por la cuota de mercado, una disputa impulsada por la masiva burbuja especulativa de la IA.

“Si ustedes no toman las medidas apropiadas ahora”, concluye la carta, “mis colegas y yo en el Senado de EE.UU. lo haremos”. Esto es pura demagogia. Ni Sanders ni el Senado, con su conjunto de representantes de la clase dominante, harán nada por desafiar el control oligárquico de la IA.

Todas las diversas propuestas de Sanders sobre la IA están calibradas conforme a los intereses del imperialismo estadounidense y del Partido Demócrata. Su anterior llamado a un “fondo soberano de riqueza para la IA”, bajo el cual el gobierno tomaría una participación accionaria del 50 por ciento en las mayores corporaciones de IA, converge con el propio fondo soberano de riqueza de Trump y con los deseos de Altman, quien le ha ofrecido a Washington una participación en su empresa, pensando en un rescate cuando estalle la burbuja.

“Dejen de construir máquinas que los humanos no puedan controlar” plantea la cuestión exactamente al revés. La pregunta no es si los humanos controlarán la IA, sino qué clase lo hará.

Esa es la cuestión abordada en “La IA y la lucha por el socialismo”, una resolución adoptada por unanimidad en el Noveno Congreso Nacional del Partido Socialista por la Igualdad (EE.UU.), celebrado del 2 al 7 de agosto, que se publicará en su totalidad en el World Socialist Web Site .

“El desarrollo de la IA plantea las cuestiones decisivas que la clase obrera enfrenta con cada gran avance de las fuerzas productivas”, declara la resolución. “¿Quién es su dueño? ¿En interés de quién se desarrolla? ¿Con qué fin se despliega? De estas preguntas depende que los inmensos poderes hoy reunidos se conviertan en el medio para la liberación de la humanidad o para una nueva barbarie”.

Frente a la presentación de la IA como una amenaza que escapa al control humano, la resolución insiste en que “ninguno de estos usos reaccionarios se deriva de la tecnología en sí, sino de las relaciones sociales dentro de las cuales se desarrolla: la propiedad privada, el sistema de ganancias y la división del mundo en Estados nación rivales”. Rechaza la exigencia de una “pausa”: un llamado que, cualquiera sea su formulación, busca detener el desarrollo de la tecnología misma.

Como concluye la resolución: “La clase obrera debe tomar posesión de la IA, así como debe tomar posesión de todas las fuerzas productivas que su trabajo ha creado, expropiar a la oligarquía que las ha usurpado y reorganizar la economía mundial sobre bases socialistas”.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 14/08/2026).

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