El Departamento del Tesoro de EE.UU. intervino esta semana para contener una liquidación masiva de deuda gubernamental de largo plazo, una señal de la creciente crisis financiera que impulsa una inmensa escalada de la lucha de clases. Después de que el rendimiento del bono del Tesoro a 30 años subiera al 5,3 por ciento, su nivel más alto desde 2007, el departamento anunció que al menos duplicaría sus compras de bonos de largo plazo, a un mínimo de 4.000 millones de dólares por operación, a partir del 9 de septiembre y hasta principios de noviembre.
La medida produjo solo una breve caída en los rendimientos, antes de que estos reanudaran su ascenso. El fracaso apunta a los límites cada vez más cercanos de un orden financiero que se ha sostenido durante décadas sobre la expansión sin fin de la deuda del gobierno estadounidense.
La deuda federal superó los 40 billones de dólares esta semana, frente a los 5,7 billones de dólares del año 2000, y frente a los 38 billones de dólares de tan solo octubre pasado. Los pagos de intereses alcanzaron los 963.000 millones de dólares durante los primeros 10 meses del año fiscal, unos 200.000 millones de dólares más que el gasto militar y ligeramente más que Medicare. A medida que suben los rendimientos, el gobierno debe pagar más para refinanciar la deuda que vence. Eso aumenta la factura de intereses, exige pedir prestado aún más, y ejerce una presión aún mayor sobre el mercado de bonos.
Sucesivas administraciones demócratas y republicanas acumularon la deuda mediante recortes fiscales a las corporaciones y los ricos, décadas de guerra interminable y repetidos rescates a los bancos y los mercados financieros. Tras los desplomes de 2008 y 2020, el gobierno y la Reserva Federal suministraron billones de dólares para proteger las fortunas de la oligarquía y alimentar otro repunte en los precios de las acciones, la deuda corporativa y la especulación.
La posición mundial privilegiada del dólar le permitió a Estados Unidos llevar este proceso mucho más allá de la capacidad de cualquier otra potencia capitalista. Los bancos centrales e instituciones financieras de todo el mundo acumularon dólares y valores del Tesoro como reservas, garantías colaterales y reserva de valor. Esta demanda le permitió a Washington financiar déficits y operaciones militares a una escala inmensa.
Pero el crecimiento de la deuda corroe ahora el privilegio que lo hizo posible. El dólar se ha debilitado, mientras el oro ha alcanzado nuevas alturas, expresando dudas cada vez mayores sobre la divisa como reserva de valor.
El índice del dólar cayó a un mínimo de tres meses esta semana, y el oro, que había establecido un récord por encima de los 5.500 dólares por onza en enero, subió un 4,7 por ciento en la semana. 'Las expresiones de temor a la devaluación son un dólar más débil y posiciones largas en oro', escribieron analistas de Citigroup en una nota reportada el viernes por Axios, bajo el titular ''Regresa el discurso de la 'devaluación del dólar''.'
'No dudamos de la capacidad del Tesoro de EE.UU. para mantener contenidos los rendimientos durante bastante tiempo', añadieron los analistas. 'El principal precio a pagar por bajar las tasas de esa manera es una divisa más débil'.
El declive histórico del capitalismo estadounidense se acerca a una nueva etapa. Como explicó David North en su informe inaugural ante el Noveno Congreso Nacional del Partido Socialista por la Igualdad, 'los remedios tradicionales, la expansión fiscal y la flexibilización monetaria, están limitados por la montaña de deuda y por la propia fragilidad del dólar'.
Debido a que el dólar y el mercado del Tesoro ocupan el centro de las finanzas mundiales, la crisis adquiere un carácter inherentemente global.
Wall Street ya ha anunciado quién debe pagar. El Wall Street Journal identificó al Seguro Social, Medicare, Medicaid y otros programas obligatorios como los principales blancos para nuevos recortes. Refiriéndose a los ataques promulgados el año pasado, declaró en un editorial: 'Los republicanos, en la ley fiscal del año pasado, realizaron reformas modestas a Medicaid, los cupones de alimentos y los préstamos estudiantiles... Lamentablemente, estos cambios no van lo suficientemente lejos, y el Partido Republicano ha rehuido realizar reformas mayores'.
Esas medidas supuestamente modestas le quitarán más de 1 billón de dólares a Medicaid y al Programa de Seguro Médico para Niños, y 187.000 millones de dólares a la asistencia alimentaria durante la próxima década. La inscripción en los cupones de alimentos cayó en más de 4,5 millones de personas —un 11 por ciento, la caída más pronunciada desde 1997— entre la firma de la Ley Grande y Hermosa, el 4 de julio de 2025, y abril, según el Center on Budget and Policy Priorities. Después de que expiraran los subsidios ampliados al seguro médico el 1 de enero, la inscripción en el mercado de seguros cayó en más de un millón de personas, y la prima mensual promedio pagada por los inscritos subió de 113 a 178 dólares.
Si estas son 'modestas', entonces significa que Wall Street las considera apenas un primer pago a cuenta de ataques masivos contra Medicare, Medicaid y el Seguro Social.
Axios citó una nota de Société Générale que resumía las opciones que enfrenta el gobierno de EE.UU., en una nota titulada 'Scott Bessent es la némesis del dólar fuerte': 'Los déficits presupuestarios siguen siendo altos, esto será un problema creciente, que obligará a EE.UU. a endurecer la política fiscal, aceptar mayores costos de endeudamiento, o dejar que el dólar se debilite'. Traducido del lenguaje de los bancos: austeridad, alza de tasas de interés o inflación: tres rutas distintas para imponerle a la clase obrera los costos de la crisis.
La riqueza de los 977 multimillonarios estadounidenses aumentó en 2,2 billones de dólares en el año hasta junio, alcanzando los 9,24 billones de dólares, según un análisis de Americans for Tax Fairness. Pero es evidente que no se considerará ninguna solución a la crisis de deuda que amenace la riqueza de la oligarquía.
Las exigencias de austeridad no están determinadas simplemente por la codicia subjetiva, sino por la profunda crisis del capitalismo estadounidense y mundial. La oligarquía financiera solo puede defender la inmensa masa de riqueza ficticia reduciendo continuamente el nivel de vida de la clase obrera en el país y apoderándose de mercados, recursos y cadenas de suministro extranjeros en el exterior.
Washington lanzó su guerra contra Irán para apoderarse de la riqueza petrolera del país y eliminar una barrera central para la dominación estadounidense de Oriente Próximo. Casi seis meses después, el imperialismo estadounidense no ha logrado ninguno de los dos objetivos. La guerra se ha convertido en una debacle militar y política que solo ha profundizado la crisis política de EE.UU. y acelerado el colapso económico que buscaba superar.
El Partido Demócrata participó en cada etapa del proceso que produjo la crisis actual: la desregulación financiera, el rescate de Wall Street, la expansión militar y los ataques contra la clase obrera. Defiende las mismas relaciones de propiedad capitalista y los mismos intereses globales que los republicanos.
La crisis en desarrollo demuele la afirmación de los Socialistas Democráticos de Estados Unidos, según la cual los trabajadores pueden lograr un progreso social sin una lucha contra la oligarquía capitalista y las relaciones de propiedad sobre las cuales descansa su poder. Como explicó Trotsky en ¿Adónde va Francia?, 'la intervención gubernamental sobre las bases de un régimen capitalista solo puede servir para trasladar de una clase a otra los gastos improductivos del declive'. Mientras los magnates financieros controlen 'todas las palancas fundamentales de la industria, el crédito y el comercio', usarán ese poder para imponerles a los trabajadores los costos de la crisis.
El aparato sindical, como lo ha hecho durante décadas, participa activamente en esta ofensiva. Las burocracias basan sus privilegios en sus relaciones con la gerencia corporativa y el Estado. Están suprimiendo huelgas, ayudando a imponer cierres de plantas y despidos, recortes de salarios y beneficios, e invocan la 'competitividad' corporativa para justificar cada concesión. A medida que la clase dominante expande la economía de guerra, funcionarios sindicales como el presidente del United Auto Workers, Shawn Fain, ya invocan los 'intereses nacionales' para disciplinar a los trabajadores y subordinarlos al imperialismo estadounidense.
Toda lucha inmediata se desarrolla ahora dentro de este contexto más amplio. Una lucha contra el cierre de una planta, despidos masivos, la destrucción de empleos impulsada por la inteligencia artificial, recortes en la salud o reducciones de pensiones chocará con una clase dominante que declara que 'no hay dinero' para las necesidades sociales, mientras destina casi 1 billón de dólares al año a los acreedores, y recursos ilimitados al rescate financiero y a la guerra.
La fuerza social capaz de derrotar este programa ya existe en la clase obrera internacional, que suma unos 3.500 millones de personas y opera el aparato productivo más integrado jamás creado. Como explicó David North, esta fuerza 'no está siendo reunida por la historia para una protesta. Está siendo reunida para... la revolución socialista mundial'.
Todo depende de la lucha por movilizar a la clase obrera como una fuerza social y política independiente. Por eso el Partido Socialista por la Igualdad llama a los trabajadores a construir comités de base en cada centro de trabajo, independientes del aparato sindical. Estos comités deben transferir el poder de la burocracia a las manos de los trabajadores, y vincular las luchas más allá de las industrias y las fronteras nacionales, a través de la Alianza Internacional Obrera de Comités de Base (AIO-CB).
La alternativa que enfrenta la humanidad es socialismo o barbarie. La lucha por defender los empleos, el nivel de vida y los derechos sociales conduce directamente a la pregunta de qué clase controla la sociedad y en interés de quién se rige la vida económica. La clase obrera debe tomar el control de los bancos y las grandes corporaciones, expropiar a la oligarquía y reorganizar la producción para satisfacer las necesidades humanas en lugar de la ganancia privada. Ese es el programa del socialismo.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 21/08/2026).
