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Estados Unidos y Canadá “en guerra” por el comercio

Camiones esperan para cruzar la frontera de Estados Unidos por el Puente de la Paz, el jueves 27 de febrero de 2025. [AP Photo/Lauren Petracca]

El primer ministro canadiense, Mark Carney, ha declarado que Canadá está «en guerra» con Estados Unidos en materia comercial, tras el fracaso de varias semanas de negociaciones con la administración de Trump sobre su decisión de imponer un arancel del 50 por ciento a productos canadienses por un valor de 20 mil millones de dólares, lo que representa el 5 por ciento de los 380 mil millones de dólares en exportaciones canadienses a EE. UU.

El ataque contra el socio comercial más cercano de Estados Unidos es significativo, ya que invocó por primera vez una disposición de la Ley Arancelaria de 1930, también conocida como Ley Smoot-Hawley, que desempeñó un papel tan destructivo en las guerras comerciales de la década de 1930.

Hasta finales de la semana pasada, las negociaciones entre Estados Unidos y Canadá parecían encaminarse hacia un acuerdo. Inicialmente se había previsto que los aranceles entraran en vigor el 19 de agosto, pero el presidente de EE. UU., Trump, anunció un aplazamiento de tres días, afirmando que ambos países tenían un acuerdo «sujeto a la finalización de los documentos».

Sin embargo, parece que los detalles encerran muchas dificultades, ya que el sábado las negociaciones se rompieron cuando ambas partes se lanzaron acusaciones mutuas y buscaron impulsar sus respectivas agendas nacionalistas.

Carney anunció que había suspendido las conversaciones porque la parte estadounidense había introducido cambios de última hora que eran «injustos, antieconómicos y ponían en duda la confiabilidad de cualquier acuerdo». A esto le siguió un discurso en el que afirmó que Canadá estaba «en guerra» con EE. UU. por el comercio.

«Estás en guerra cuando te atacan, y a nosotros nos atacaron», dijo a los periodistas.

Carney indicó que los cambios de última hora exigidos por Estados Unidos incluían intentos de frenar los esfuerzos por aumentar el contenido canadiense en los servicios de transmisión en línea, incluso en francés, uno de los idiomas oficiales de Canadá.

Carney señaló que la parte canadiense había reconocido que Estados Unidos había cambiado y que «a veces, su firma está escrita a lápiz».

«No podemos aceptar lo que nos ofrecieron y no daremos lo que pidieron. No estábamos dispuestos a comprometer la soberanía de Canadá ni a socavar nuestras industrias clave».

Dijo que Estados Unidos había «calculado mal» la determinación de Canadá y que este respondería «dólar por dólar» contra Estados Unidos y, envolviéndose en la bandera, afirmó que tomaría represalias «para proteger a nuestros trabajadores y empresas».

También hay cálculos políticos en juego aquí. Carney se ha ganado el apoyo, desde que sustituyó al ex primer ministro Justin Trudeau, al presentarse como el defensor más decidido de los intereses nacionales canadienses frente a la administración de Trump.

Es significativo que haya recibido un fuerte respaldo de Doug Ford, el primer ministro conservador de extrema derecha de Ontario —el centro de la industria canadiense—, quien apoyó plenamente la «respuesta contundente» de Carney.

«Mientras luchamos por proteger la soberanía y la seguridad económica de Canadá, todo debe estar sobre la mesa. Ontario está listo para hacer su parte», publicó en X.

En su respuesta publicada en redes sociales, Trump reavivó indirectamente su insistencia anterior de que, si Canadá quería evitar los aranceles de EE. UU., entonces debería convertirse en el estado número 51.

Dijo que Canadá quería «¡¡¡los beneficios de ser un estado, sin serlo!!! Además, durante muchos años han cobrado aranceles enormes a nuestros grandes agricultores. ¡Ya no más!!!»

Esto indica que el conflicto va más allá de los aproximadamente 500 productos a los que se les aplicarán aranceles del 50 por ciento. La lista ya abarca una amplia gama de productos, incluyendo materiales de construcción, productos lácteos, ropa y alcohol.

Los aranceles de EE. UU. entraron en vigor a partir de la medianoche del sábado. Los aranceles canadienses, que aún no se han anunciado, se impondrán a partir del 8 de septiembre. Carney indicó que abarcarían «acero, productos lácteos, electrodomésticos, equipo agrícola, pulpa y papel, y productos electrónicos».

En un contexto de inflación creciente en EE. UU., impulsada por los efectos de la guerra con Irán y la creciente turbulencia en el sistema financiero —evidenciada por la venta masiva en el mercado de bonos—, los nuevos aranceles de Trump han generado oposición interna.

El Wall Street Journal, que representa los intereses de sectores del capital estadounidense más inclinados hacia una agenda de «mercado libre» para promover sus intereses, ha seguido calificando los aranceles contra Canadá y México como «la guerra comercial más tonta de la historia», haciendo hincapié en el uso de la Ley Arancelaria de 1930.

Expresando las opiniones de algunos sectores del Partido Republicano, no directamente alineados con el electorado de MAGA, el vicepresidente de Trump durante su primer mandato, Mike Pence, declaró a CNN: «Lo último que necesitamos en este momento, mientras nuestra economía se está recuperando, es una guerra comercial con Canadá».

Los gobernadores demócratas de los estados fronterizos con Canadá expresaron su oposición. La gobernadora Gretchen Whitmer, de Míchigan —el estado más estrechamente integrado con Canadá a través de la industria automotriz—, afirmó que su estado se veía «afectado de manera única».

“Las empresas —especialmente nuestros fabricantes de automóviles— se enfrentan a la difícil decisión de despedir trabajadores o trasladar los costos a sus clientes”.

El vicepresidente senior del departamento de las Américas de la Cámara de Comercio de EE. UU., Neil Herrington, instó a los negociadores canadienses a regresar a la mesa de negociaciones y llegar a un acuerdo comercial. “La alternativa”, dijo, “es un ciclo creciente de aranceles que elevará los costos y obstaculizará el crecimiento económico”.

El director ejecutivo de Business Roundtable, Joshua Bolten, advirtió que «los nuevos aranceles y las represalias corren el riesgo de elevar los costos para las empresas y las familias estadounidenses, interrumpir cadenas de suministro vitales y poner a prueba la importante relación económica entre Estados Unidos y Canadá».

Y en una medida algo inusual, dado que los miembros de la Reserva Federal suelen evitar comentar directamente la política del gobierno, Neel Kashkari, presidente de la Fed de Minneapolis, declaró el domingo a CBS News: «Cuanto más se prolonguen las idas y venidas en el frente comercial, al igual que cuanto más se prolonguen las idas y venidas en el conflicto con Irán, el impacto y la inflación terminarán por prolongarse y retrasarse».

En otras palabras, a menos que se resuelvan estos dos asuntos, la inflación seguirá siendo elevada, la Reserva Federal no bajará las tasas de interés e incluso podría subirlas. La guerra contra Irán y la guerra comercial están interrelacionadas, ya que forman parte del esfuerzo desesperado de la administración de Trump por superar el declive del imperialismo estadounidense, tanto mediante la guerra económica como por medios militares.

El estallido de este conflicto va más allá del tema del comercio con Canadá. Tiene implicaciones globales.

Los aranceles se invocaron en virtud de la Sección 338 de la Ley Smoot-Hawley. Esta disposición, que nunca antes había sido invocada por ningún presidente de EE. UU., establece que este puede imponer aranceles a países que discriminen «el comercio de Estados Unidos, directa o indirectamente».

En abril de 2025, Trump inició una guerra comercial contra el resto del mundo con sus llamados «aranceles recíprocos». Pero tras haber sido recaudados, estos aranceles fueron anulados por la Corte Suprema a principios de este año, lo que obligó al Tesoro a reembolsar alrededor de 160 mil millones de dólares a las empresas estadounidenses, lo que puso al descubierto la mentira de la administración de que habían sido pagados por gobiernos y empresas extranjeras.

Desde entonces, la administración ha estado buscando otras formas de imponer aranceles, en particular en virtud de la Ley de Comercio de 1974. Pero se trata de un procedimiento engorroso y algo prolongado, y a la administración le gustaría poder imponer aranceles rápidamente a su antojo, tal como Trump buscaba hacer.

El uso de la Sección 338, como se señaló cuando se invocó, bien podría ser una prueba piloto para su aplicación más amplia a medida que la administración intensifica su guerra económica contra el resto del mundo.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 23 de agosto de 2026)

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