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¡Opónte a la guerra, al fascismo y a la oligarquía! ¡Lucha por el socialismo! ¡Únete al JEIIS!

Una manifestación estudiantil contra el genocidio en Gaza el 28 de marzo de 2024 en la Universidad de Míchigan

Los estudiantes regresan al campus para el semestre de otoño en Estados Unidos en medio de una crisis sin precedentes. Una guerra global se extiende por tres continentes, un gobierno fascistoide de la oligarquía está desmantelando los derechos democráticos, el sistema capitalista está llevando al planeta hacia una catástrofe climática y existe un movimiento creciente de trabajadores y jóvenes en todo el mundo.

En Ucrania, la guerra de Estados Unidos y la OTAN contra Rusia ha dejado, según estimaciones, dos millones de muertos y heridos. Las fuerzas estadounidenses llevan seis meses en guerra contra Irán, matando a miles de civiles. Venezuela fue invadida en enero y su presidente secuestrado, y al menos 221 pescadores y trabajadores han muerto a causa de ataques del Pentágono en el Caribe. El genocidio en Gaza se acerca a su tercer aniversario, con más de 73.000 palestinos asesinados según el recuento oficial.

Estos no son conflictos aislados. Son frentes de una única erupción de violencia imperialista encaminada a una redistribución del mundo, cuyos objetivos centrales son Rusia y China. El presupuesto militar de Trump, de 1,5 billones de dólares, es un presupuesto para una guerra mundial, que se financiará a costa de Medicare, Medicaid, el Seguro Social, la educación y la vivienda. La clase dominante se está preparando para reintroducir el servicio militar obligatorio: este diciembre, todos los jóvenes de entre 18 y 26 años serán inscritos automáticamente en el Servicio Selectivo.

Esta guerra amenaza con convertirse en nuclear. La propia evaluación de Washington, señalada por el viaje secreto del director de la CIA a Moscú la semana pasada, es que una guerra abierta entre la OTAN y Rusia es un peligro inminente.

Durante más de cuatro años, el Partido Demócrata ha vendido la guerra en Ucrania como una guerra por la “democracia”. El destino de Bogdan Syrotiuk pone al descubierto que esto es un fraude. El 10 de agosto, un tribunal ucraniano condenó a este trotskista de 27 años, líder de la Guardia Joven de los Bolcheviques-Leninistas, a 15 años de prisión por “alta traición”. Las pruebas: seis artículos contra la guerra publicados en el World Socialist Web Site y sus críticas a la glorificación estatal de los colaboradores nazis. Bogdan se opuso tanto a la invasión de Putin como a la campaña bélica de la OTAN, y llamó a los trabajadores rusos y ucranianos a unirse contra la guerra. Se le ha negado atención médica, y su apelación debe presentarse a más tardar el 9 de septiembre.

Una guerra interminable en el extranjero no puede sostenerse sin una dictadura en casa. En 20 meses, la administración de Trump ha construido una red nacional de campos de concentración y ha matado a trabajadores en las calles con impunidad. Después de que agentes federales mataran a tiros a Renée Good, madre de tres hijos, y a Alex Pretti, un enfermero que se detuvo para grabar un arresto, el vicepresidente JD Vance declaró que el asesino estaba “protegido por inmunidad absoluta”.

El Memorándum Presidencial de Seguridad Nacional n.º 7 señala el «antiamericanismo, el anticapitalismo y el anticristianismo» como los denominadores comunes del “terrorismo interno”. Los Ocho de la Universidad de Michigan enfrentan cargos federales de conspiración que conllevan hasta 20 años de prisión por protestar contra el genocidio en Gaza. Los Quince de Minnesota han sido acusados de conspiración para obstruir a los funcionarios federales tras oponerse a las redadas del ICE. En el caso Prairieland en Texas, 15 opositores al ICE fueron condenados a un total de 556 años por “apoyo material al terrorismo”. En medio de la redada federal contra científicos chinos, el investigador posdoctoral de la Universidad de Michigan, Danhao Wang, se quitó la vida en marzo, un día después de un interrogatorio hostil del FBI.

La administración Trump es un gobierno de la oligarquía, por la oligarquía y para la oligarquía. Su función es transferir aún más riqueza a los más ricos mediante recortes de impuestos, desregulación y el desmantelamiento de los programas sociales. Sobre esta base, está llevando a cabo una campaña sistemática para instaurar una dictadura presidencial. No se trata de la psicología de un solo hombre, sino del resultado de un prolongado colapso de la democracia estadounidense, arraigado en una concentración de riqueza incompatible con las formas democráticas de gobierno.

El Partido Demócrata no es una oposición a este régimen, sino su socio. En enero, 149 demócratas de la Cámara de Representantes votaron a favor del presupuesto de guerra de 839 mil millones de dólares. En agosto, los demócratas del Senado aprobaron el proyecto de ley de financiamiento que mantiene en funcionamiento al ICE y a los campos de detención, lo que Schumer denominó un “camino responsable hacia adelante”. Días después, Hakeem Jeffries se reunió con Jared Kushner para buscar “puntos en común”. La disputa de los demócratas con Trump es que no defiende el imperialismo estadounidense con suficiente eficacia. Lo que temen no es la dictadura, sino a la clase trabajadora, y su papel es mantener bajo control la oposición masiva a Trump.

Los Socialistas Demócratas de Estados Unidos (DSA) cumplen esta función en la «izquierda» del partido. Sus candidatos, sobre todo Zohran Mamdani, ahora alcalde de Nueva York, se han ganado los votos de los jóvenes que rechazan el capitalismo. Pero el DSA no es un partido socialista. Es una facción del Partido Demócrata que vende la ilusión de que el capitalismo puede reformarse a través de la política electoral, y su papel es confinar la radicalización de la juventud dentro del sistema bipartidista capitalista. Mamdani se ha reunido dos veces con Trump en la Casa Blanca y gobierna junto con el establishment demócrata, imponiendo medidas de austeridad a los trabajadores que lo eligieron.

La oposición es enorme. Los asesinatos de Good y Pretti llevaron a 100.000 personas a las calles de Minneapolis y desencadenaron huelgas de estudiantes de secundaria en todo el país, lo que alimentó las manifestaciones del 28 de marzo bajo el lema “No Kings” (Sin reyes), con una participación estimada de 8 millones de personas, la protesta de un solo día más grande en la historia de Estados Unidos. Millones de personas han marchado contra el genocidio en Gaza, contra el ICE y contra la dictadura. Entre los jóvenes, la popularidad del capitalismo ha caído al nivel más bajo jamás registrado.

El problema no es la falta de oposición. Es una cuestión de perspectiva. Estos movimientos no han detenido el avance del régimen porque se basan en la premisa errónea de que se puede presionar a la clase dominante para que cambie de rumbo —que una cantidad suficiente de gente en las calles impulsará a los demócratas a actuar, a los tribunales a intervenir o a Trump a retroceder—. Pero la clase dominante está librando una guerra y construyendo una dictadura porque la defensa de su riqueza y su posición global así lo exige. No se le puede presionar. Solo se le puede derrotar.

Las protestas masivas expresan una determinación real de luchar. Lo que les falta es una perspectiva que vincule esta oposición con la única fuerza social que tiene el poder de vencer. Solo la clase trabajadora posee el poder social objetivo para detener la dictadura, el genocidio y la guerra mundial. Cuenta con más de 3,5 mil millones de personas en todo el mundo, la gran mayoría de la humanidad, y es la clase que produce toda la riqueza de la sociedad. Es internacional, y sus intereses son irreconciliables con el capitalismo.

En 1861, la defensa de la democracia exigía la abolición de la esclavitud. Hoy exige la abolición del capitalismo. La política de los Jóvenes y Estudiantes Internacionales por la Igualdad Social (JEIIS o IYSSE en inglés) no es “política estudiantil” Los JEIIS luchan por sacar a los estudiantes del aislamiento del campus y orientarlos hacia la clase trabajadora —para llevar la lucha contra la guerra y la dictadura a las fábricas, los almacenes, los hospitales y las escuelas.

Esto requiere el estudio de la historia. Las contradicciones que provocaron la Primera Guerra Mundial en 1914 también provocaron la Revolución Rusa en 1917, y esas fuerzas están en acción hoy en día. El trotskismo es el marxismo del siglo XXI. Continúa la lucha librada por León Trotsky, quien lideró la revolución de 1917 junto a Lenin, contra la burocracia estalinista que usurpó el poder y asesinó a los socialistas que la habían hecho posible. La Cuarta Internacional, fundada por Trotsky en 1938, es impulsada por el Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI), y los JEIIS es su movimiento juvenil.

En todos los continentes, las luchas obreras chocan con las burocracias sindicales, una fuerza policial antihuelga al servicio de las corporaciones, contra la cual el CIFI está construyendo la Alianza Internacional Obrera de Comités de Base (AIO-CB) . Los JEIIS lucha por construir comités de base en los campus y en los lugares de trabajo, para unir a estudiantes y trabajadores en una lucha común contra la guerra, la dictadura y la oligarquía.

En medio de la masacre de la Primera Guerra Mundial, Rosa Luxemburg planteó la alternativa: socialismo o barbarie. Lo que prevalezca dependerá de si la clase trabajadora encuentra su liderazgo revolucionario —y de si tú te sumas a esa lucha—. Lleva la lucha por liberar a Bogdan Syrotiuk a todos los campus. Crea clubes de los JEIIS. Únete a Los Jóvenes y Estudiantes Internacionales por la Igualdad Social y lucha por la revolución socialista mundial.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 4 de septiembre de 2026)

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