Un mundo en guerra: el nuevo reparto imperialista
Los estudiantes comienzan el nuevo semestre en un momento en que en los medios de comunicación se habla con total naturalidad de una guerra con Rusia, la ofensiva imperialista contra Irán vuelve a recrudecerse y el gobierno fascista de Israel se prepara para completar el genocidio en Gaza mediante la expulsión total de los palestinos.
Cientos de miles de personas han perdido la vida en la guerra de Ucrania. La OTAN convirtió al país en un estado guarnición de extrema derecha desde el cual atacar a Rusia. Vladimir Putin, líder de una despiadada oligarquía capitalista, respondió con una invasión reaccionaria para preservar sus intereses frente a la invasión imperialista.
Desde entonces, la situación se ha acercado a un conflicto directo entre la OTAN y Rusia, con una escalada de amenazas por ambas partes. El gobierno laborista del Reino Unido ha desempeñado un papel particularmente provocador, entre otras cosas al proporcionar a Ucrania misiles de largo alcance para atacar objetivos en el interior de Rusia.
El genocidio de los palestinos por parte de Israel, que continúa en Gaza y Cisjordania bajo el pretexto de un fraudulento “alto el fuego”, avanza en paralelo a la ocupación del Líbano. Supervisado por las potencias imperialistas, sobre todo por Estados Unidos, forma parte de los planes para someter por completo a Oriente Medio a su control.
La guerra de Estados Unidos contra Irán tiene el mismo objetivo. Es uno de los frentes de una nueva explosión de violencia imperialista —dirigida no solo contra Rusia y el Medio Oriente, sino también contra Venezuela, Cuba y, en última instancia, China— con el objetivo de apoderarse de los recursos, las ganancias y las ventajas geoestratégicas en todo el mundo. El gasto militar mundial es un termómetro de la crisis, con un aumento del 41 por ciento en la última década.
Los jóvenes, que se oponen firmemente a luchar en lo que reconocen como guerras para los ricos, se enfrentan al servicio militar obligatorio y a la represión política. En Alemania se han llevado a cabo grandes protestas contra el servicio militar. En Ucrania, nuestro compañero Bogdan Syrotiuk, de 27 años, ha sido condenado a 15 años de prisión por sus ideas socialistas y su postura contra la guerra.
El gobierno de la oligarquía: austeridad y represión
Las guerras imperialistas en el exterior van de la mano de la guerra de clases en el país. Los estudiantes se graduarán en una sociedad saqueada por la oligarquía capitalista. En julio, las vacantes para graduados alcanzaron su nivel más bajo en una década, lo que refleja un mercado laboral que ha dejado a un millón de jóvenes (y la cifra sigue aumentando) sin empleo, educación ni capacitación.
Gran parte de lo que antes se consideraban empleos buenos y seguros se ven amenazados por la inteligencia artificial, una tecnología cuyo potencial para mejorar la sociedad es convertido por el capitalismo en una fuerza para los despidos masivos, el aumento del ritmo de trabajo y la degradación ambiental.
El bienestar social, especialmente para los jóvenes, está en la mira, ya que la clase dominante exige austeridad para pagar a los acreedores del gobierno y financiar el rearme. El gobierno de Keir Starmer fue descartado por la aristocracia financiera y el lobby militar porque no logró implementar estos recortes con la rapidez y la profundidad suficientes. A Andy Burnham se le ha dado el mismo ultimátum y se está preparando para cumplirlo.
Mientras tanto, la crisis del costo de vida se agrava. Se prevé que solo el impacto de la guerra en Irán represente un golpe de 2.400 libras para los hogares entre 2026 y 2027. Se avecina algo mucho peor: una crisis económica de una magnitud que eclipsará a la de 2008, a medida que la burbuja de la inteligencia artificial crezca hasta estallar y los niveles de deuda pública alcancen máximos sin precedentes.
La clase dominante es consciente de la oposición social masiva que generan sus guerras y crisis económicas, y está preparando medidas propias de un estado policial y recurriendo a fuerzas políticas de extrema derecha para hacerle frente. Decenas de jóvenes han sido juzgados y tildados de terroristas por llevar a cabo acciones directas de protesta contra un genocidio. Las manifestaciones importantes se han visto afectadas por restricciones policiales y detenciones masivas. Las huelgas han sido objeto de órdenes judiciales.
Reform UK, al igual que la Agrupación Nacional francesa, Alternativa para Alemania y un sinfín de otros ejemplos a nivel internacional, está siendo preparada para librar una guerra despiadada contra la clase trabajadora, que comenzó con la criminalización de los migrantes y de quienes reciben prestaciones sociales como chivos expiatorios.
Catástrofe climática: ganancias para los ricos, desastre para los pobres
La locura de la guerra capitalista solo es comparable a la del cambio climático impulsado por el capitalismo, que amenaza la salud, la vida y los medios de subsistencia de cientos de millones de personas en todo el mundo. Se está agotando el tiempo que le queda a la humanidad para asegurar un planeta habitable para las generaciones futuras.
Europa ha sido azotada por olas de calor y sequías sin precedentes, que han provocado decenas de miles de muertes y daños económicos por valor de miles de millones. El año 2027, que probablemente será el más caluroso jamás registrado, amenaza con más hambrunas y desplazamientos masivos, concentrados en las regiones más pobres del planeta. Las agencias internacionales ya han advertido que 50 millones de personas más se verán abocadas al hambre aguda.
Las empresas y los gobiernos han renunciado en gran medida a fingir que toman medidas climáticas, y buscan abiertamente enormes ganancias a costa de vidas humanas y del mundo natural. A principios de este mes, la ONU publicó nuevas proyecciones sobre el aumento de la temperatura global en las próximas décadas, cuya cifra más baja era de 1,8 °C —superando con creces el “límite” de 1,5 °C supuestamente establecido por el Acuerdo de París.
Incluso esto es una quimera. Los objetivos de financiamiento de cero emisiones netas y de adaptación climática se están quedando cortos por billones de dólares al año. Las proyecciones basadas en las políticas actuales sitúan el aumento promedio de la temperatura global para finales de siglo entre 2,3 °C y 2,8 °C, lo que supondrá un desastre global en el transcurso de nuestras vidas.
La desigualdad social, la propiedad privada de los medios de producción y las fortunas obscenas de unos pocos son la fuente de esta catástrofe. El 1 % más rico del mundo tiene la misma huella de carbono combinada que los dos tercios más pobres de la humanidad. Apelar a estas fuerzas para que pongan fin a las emisiones de carbono y otras catástrofes ambientales es como hablar de vegetarianismo con una manada de lobos hambrientos.
El socialismo: qué es y cómo luchar por él
Estas experiencias han generado una oleada de protesta y lucha popular. Millones de personas han salido a las calles para protestar contra el genocidio en Gaza. Se desató una ola de huelgas contra la crisis del costo de vida derivada de la pandemia. Antes de la COVID, millones de jóvenes de todo el mundo impulsaban un movimiento de protesta contra la crisis climática.
El problema no es la falta de oposición, sino la falta de perspectiva política. La gente está rechazando el capitalismo y volviéndose hacia el socialismo en cantidades sin precedentes desde hace generaciones. Pero están siendo llevados a la derrota por personas como Jeremy Corbyn, Zack Polanski y sus homólogos internacionales, quienes se presentan a sí mismos como la solución.
Corbyn ha culminado ahora sus diez años de traición al sentimiento de izquierda con la debacle que representa Your Party. El discurso ambiguo de Polanski sobre la OTAN, los mercados de bonos y el Partido Laborista lo posiciona para hacer lo mismo. Su papel queda mejor resaltado por la experiencia en Venezuela, donde el “socialismo bolivariano” de Hugo Chávez ha entregado a la clase trabajadora del país al imperialismo estadounidense.
Estos movimientos fracasaron porque se basaban en programas nacionales destinados a reformar el capitalismo. Pero a una clase dominante empujada a la guerra y a la dictadura por la feroz competencia y la crisis económica y social no se le puede presionar ni persuadir. Solo puede ser derrotada, y únicamente mediante una revolución mundial que derribe a los Estados capitalistas y expropie a la oligarquía.
Muchas organizaciones en los campus ofrecerán argumentos pseudo-socialistas para brindar un apoyo semicrítico a Your Party, a los Verdes e incluso al Partido Laborista, con el argumento de que son lo mejor que hay. Rechazamos por completo esta perspectiva.
La crisis global está preparando un movimiento todopoderoso en la clase trabajadora internacional. Esta fuerza social, que cuenta con miles de millones de personas, librará luchas cada vez más decididas contra los gobiernos de derecha y las grandes corporaciones. Para que estas luchas tengan éxito, deben dotarse de un programa socialista revolucionario y de una dirección basada en las lecciones del siglo XX.
Desarrollar ese liderazgo es la tarea del JEIIS (en inglés IYSSE) —la sección juvenil del Comité Internacional de la Cuarta Internacional, el movimiento trotskista mundial—. El trotskismo es la continuación del marxismo en el siglo XXI, fundado en la lucha por defender la Revolución Rusa de 1917 y el programa de la revolución socialista mundial en el que se basaba, contra la degeneración nacionalista representada por Stalin.
A través de reuniones, conferencias, proyecciones de películas, clases y campañas, crearemos las condiciones en el campus para que los estudiantes aprendan esta historia, se formen como revolucionarios y ocupen su lugar en la lucha por el socialismo. ¡Inscríbete hoy mismo!
(Artículo publicado originalmente en inglés el 18 de septiembre de 2025)
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