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Cuba sufre un colapso de la red eléctrica, mientras las sanciones de EE.UU. bloquean suministros humanitarios y críticos

Trabajadores eléctricos reparan una planta de energía en Cuba. [Foto: UNE, Roberto Morales [Photo: UNE, Roberto Morales Ojeda]

La red eléctrica nacional de Cuba colapsó de nuevo la tarde del viernes, cortando el suministro a más de 9 millones de personas. Fue al menos el sexto apagón en toda la isla desde que la administración Trump impuso, en enero, un bloqueo que prohíbe todos los envíos de combustible a Cuba.

Una falla en las líneas de transmisión de alta tensión en el oeste derribó el sistema hasta Matanzas, en el este, tras lo cual se desconectó la red oriental. Al caer la noche, la electricidad había llegado al 5 por ciento de los 862.000 clientes de La Habana, en su mayoría alrededor de los hospitales.

El colapso se produjo un día después de que el Departamento de Estado de EE.UU. anunciara una nueva ronda de sanciones, dirigidas contra ocho entidades cubanas y tres individuos. Cuatro son empresas de investigación militar y sus directores; el resto opera en la minería de níquel, la mayor industria de exportación de la isla.

El comunicado de prensa del Departamento de Estado declara que “el objetivo último de las sanciones no es castigar, sino provocar un cambio positivo de comportamiento”.

El historial refuta esta afirmación. Las autoridades cubanas cifran el daño acumulado del bloqueo en más de 8.000 millones de dólares entre marzo de 2025 y febrero de 2026, y la ONU proyecta que la economía se contraerá un 6,5 por ciento este año, la caída más pronunciada de la región.

La asfixia de la economía cubana forma parte de una guerra no provocada de EE.UU. contra 9 millones de personas, librada para reducir de nuevo a la isla al estatus de semicolonia de Estados Unidos. Es, además, un castigo de carácter histórico, dirigido a borrar todas las conquistas sociales que la clase obrera y los movimientos anticoloniales del siglo XX le arrancaron al imperialismo.

Al mismo tiempo, CBS News ha informado que la administración Trump ha examinado discretamente opciones de acción militar contra Cuba, incluido un asalto aéreo liderado por el Ejército. A una población despojada de electricidad, agua, combustible y medicinas se la amenaza ahora con una catástrofe mucho más sangrienta.

Más de 7.000 contenedores con destino a Cuba están varados en todo el Caribe y más allá, le dijo la semana pasada al Consejo de Derechos Humanos Rodolfo Benítez Verson, embajador de Cuba ante la ONU en Ginebra. En su intento por transportar alimentos, medicinas y ayuda, incluyen decenas de contenedores comprados por agencias de las Naciones Unidas.

Dos navieras—la alemana Hapag-Lloyd y la francesa CMA CGM, que entre ambas transportaban al menos la mitad de las importaciones de Cuba y la mayor parte de sus alimentos—dejaron de navegar hacia la isla después de que entraran en vigor sanciones secundarias en junio.

Aid for the Caribbean, una organización benéfica dirigida por la médica cubana Valia Rodríguez, cargó un contenedor con kits de reanimación, tubos intravenosos y bolsas de colostomía por un valor de más de 500.000 dólares. Llegó al puerto de Mariel el 4 de junio, un día antes de que las medidas entraran plenamente en vigor.

Hapag-Lloyd se negó a descargarlo y lo devolvió a Panamá, donde la organización ha pagado desde entonces más de 6.000 dólares en tarifas de almacenamiento. “En este momento, la gente en Cuba está usando bolsas de supermercado, porque no hay bolsas de colostomía”, le declaró Rodríguez al New York Times.

La Organización Mundial de la Salud ha cancelado entregas de medicamentos contra el cáncer, y miles de viales donados del agente quimioterapéutico doxorrubicina nunca llegaron, después de que las aerolíneas dejaran de volar a Cuba. People's Forum, una organización con sede en Nueva York, tiene 1.000 paneles solares destinados a las unidades de cuidados intensivos hospitalarios varados en México.

Washington insiste en que los alimentos y las medicinas están exentos, pero Francisco Pichón, coordinador humanitario de la ONU en Cuba, explicó:

Estamos enfrentando algo muy real, que es un fenómeno llamado “sobrecumplimiento”. El sobrecumplimiento es una precaución realmente excesiva por parte de las empresas, para no exponerse a las sanciones.

El gobierno cubano reporta 100.000 pacientes a la espera de cirugía, entre ellos 12.000 niños. Las agencias de la ONU encontraron en mayo que unos 5 millones de personas con enfermedades crónicas enfrentan la interrupción de sus tratamientos, incluidas más de 16.000 que requieren radioterapia y 12.000 que reciben quimioterapia.

Los apagones de 20 horas o más han obligado a los hospitales a suspender operaciones quirúrgicas y a apagar la refrigeración. La escasez de diésel ha paralizado ambulancias y autobuses, dejando a los trabajadores sin poder llegar a sus centros de trabajo.

Las estaciones de bombeo no pueden entregar agua potable, y las agencias de la ONU advierten sobre la propagación del dengue y la chikunguña, transmitidos por mosquitos. Sin combustible, la cosecha y el transporte de cultivos se han paralizado casi por completo.

Los precios de los alimentos subieron un 60 por ciento entre enero y agosto, según el economista cubano Omar Everleny Pérez Villanueva. Un cartón de 30 huevos cuesta ahora 11 dólares, más que el salario mensual promedio.

Carmen Carballo García, de 66 años, esperando en un comedor comunitario de La Habana con su nieta de cinco años, le declaró al Times: “Los médicos me dicen que está baja de peso. Necesita leche, pero no hay”.

Las designaciones de sanciones del 17 de septiembre se emitieron bajo la Orden Ejecutiva 14404, del 1 de mayo, cuya disposición decisiva apunta no a Cuba, sino al mundo. Cualquier empresa extranjera que opere en los sectores energético, de defensa, minero, financiero o de seguridad de Cuba está, en palabras de la orden, “sujeta a sanciones”.

Sherritt International, la minera canadiense presente en Cuba durante tres décadas, anunció el 15 de mayo que disolvería su empresa conjunta de níquel y cobalto, y renunciaría a su participación en el negocio eléctrico Energas.

La cadena española Meliá Hotels International completó su salida el 24 de julio, abandonando 34 hoteles tras 36 años, después de que Washington incluyera en su lista negra al Ministerio de Turismo de Cuba. Iberostar rompió sus contratos con el grupo Gaviota, gestionado por los militares. Las llegadas cayeron un 55,8 por ciento en los primeros cuatro meses del año.

Air Canada, Air France, Iberia y la rusa Rossiya han suspendido vuelos por falta de combustible de aviación. Hasta dos tercios de la capacidad de transporte de contenedores hacia la isla ha desaparecido, según Gordon Wilmsmeier, de la Universidad de los Andes.

La recolonización del hemisferio

Cuba es un frente en una ofensiva del imperialismo estadounidense por recolonizar el hemisferio, como base para la guerra mundial. Tras el secuestro por parte de EE.UU. del presidente venezolano, Nicolás Maduro, en enero, el Pentágono ha adquirido una participación en los yacimientos petroleros venezolanos, convirtiéndose en accionista del saqueo del país que invadió.

En marzo, Washington fundó el Escudo de las Américas, una coalición militar hemisférica, y ha anunciado operaciones militares conjuntas con Ecuador, Colombia, Honduras y Guatemala. El viernes, el día en que Cuba se quedó a oscuras, Trump anunció un acuerdo con Dinamarca que le otorga a Estados Unidos “control permanente sobre la seguridad” en Groenlandia, y una “gran presencia militar” allí.

La guerra comercial contra Canadá ha llevado a Ottawa a imponer aranceles de hasta el 50 por ciento sobre más de 700 productos estadounidenses, con analistas advirtiendo sobre 100.000 pérdidas de empleo. El primer ministro Mark Carney declaró en agosto que su país está “en guerra” con Estados Unidos.

Los trabajadores ya están pagando por la guerra estadounidense contra Irán, enfrentando fuertes aumentos en los precios del petróleo y los alimentos. Las plantas están cerrando y los trabajadores están siendo despedidos como consecuencia de las guerras comerciales y militares.

Lo que se le está infligiendo a Cuba augura la conclusión lógica de este proceso, y el futuro que el imperialismo estadounidense reserva para la población de cualquier país que considere un obstáculo para su reparto del mundo.

Frente a esta agresión, la élite gobernante cubana no tiene respuesta, salvo hacerle concesiones al imperialismo para asegurar sus privilegios. Según un reciente reportaje del Miami Herald, citando fuentes oficiales, la administración Trump ofreció en secreto petróleo e inversión estadounidense a cambio de la privatización de la empresa energética estatal CUPET, el control de inversores estadounidenses sobre ella, y la salida del presidente cubano, Miguel Díaz-Canel. La propuesta fue llevada en febrero a Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro.

La respuesta de La Habana fue que Cuba podía aceptar los cambios económicos, pero que Washington no podía dictar cambios de gobierno. Su objeción no era entregarle la industria energética de la isla al capital estadounidense. Era la exigencia de que la camarilla gobernante renunciara a sus cargos.

Al no haber logrado vender CUPET, Díaz-Canel apela ahora a un ala de la misma clase dominante que estrangula a la isla. El sábado le agradeció públicamente a la representante demócrata Maxine Waters por confrontar al secretario del Tesoro, Scott Bessent, elogiando a “los dignos norteamericanos que denuncian el crimen”.

El Partido Demócrata hizo cumplir el bloqueo durante seis décadas, y ha aprobado los presupuestos usados para financiar el asedio del Pentágono contra Cuba y sus operaciones en todo el hemisferio.

La clase obrera cubana no puede ser defendida por la élite gobernante castrista, ni por ningún ala de la burguesía estadounidense. Debe orientarse conscientemente hacia la clase obrera internacional —los estibadores que manejan los contenedores varados, los trabajadores automotrices expulsados de las plantas por la guerra comercial, y todos los trabajadores dentro de los propios Estados Unidos— y luchar por la movilización política independiente de los trabajadores en todo el hemisferio contra el capitalismo, que produce la guerra. Esta es la perspectiva del Comité Internacional de la Cuarta Internacional.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 21/09/2026).

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