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Mamdani recibe a Trump, Trump amenaza con la “aniquilación” de 90 millones de iraníes: el DSA como apéndice del imperialismo estadounidense

El presidente Donald Trump y el alcalde de la ciudad de Nueva York, Zohran Mamdani, hablan con periodistas tras su reunión en Gracie Mansion en la ciudad de Nueva York, el 21 de septiembre de 2026. [Foto: C-SPAN] [Photo: C-SPAN]

El lunes, Zohran Mamdani, el funcionario electo más prominente de los Socialistas Democráticos de Estados Unidos (DSA, por sus siglas en inglés), recibió a Donald Trump en Gracie Mansion. El martes, Trump compareció ante la Asamblea General de las Naciones Unidas y amenazó con “aniquilar a la República Islámica” de Irán y “mandarlos al infierno”.

La secuencia tiene un precedente. La última reunión de Mamdani con Trump, en la Casa Blanca, tuvo lugar dos días antes de que la Administración lanzara la guerra contra Irán. La cronología lo dice todo sobre el carácter político del DSA. No es un oponente del imperialismo estadounidense. Es un apéndice de este.

La amenaza de Trump contra Irán corresponde al lenguaje de Hitler: una amenaza de genocidio contra un país de más de 90 millones de personas. Es, en sí misma, un crimen de guerra. Se produjo en medio de las fanfarronadas de Trump (“al vencedor le pertenecen los despojos”) sobre el saqueo de Venezuela, cuyo presidente fue capturado por las fuerzas estadounidenses a principios de este año y ahora se encuentra en una prisión federal en Nueva York.

Mamdani no dijo nada sobre Irán cuando habló junto a Trump el lunes. Irán tampoco fue mencionado en una entrevista posterior, de 22 minutos, con Christiane Amanpour de CNN, que fue favorable a Mamdani. Al explicar su alianza con Trump, Mamdani dijo que, pese a todas sus diferencias, “tenemos una cosa que nos une, que es el amor por la ciudad de Nueva York”. Desde el martes, el alcalde de la ciudad más grande de Estados Unidos no ha dicho nada sobre una amenaza de exterminar a una nación.

Esto no es un descuido. El silencio de Mamdani sobre Irán es una posición política. Expresa la aceptación y el apoyo del DSA a los objetivos globales del imperialismo estadounidense.

En la entrevista con CNN, Mamdani llamó a Netanyahu “un criminal de guerra” y dijo que se debe respetar la orden de arresto de la Corte Penal Internacional. Sin embargo, abraza al principal patrocinador y protector de Netanyahu, quien, según cualquier criterio jurídico racional, debería ser arrestado él mismo por crímenes de guerra. La denuncia de Netanyahu es una hoja de parra para sus partidarios. El abrazo a Trump —aspirante a dictador y asesino en masa— es la verdadera política de Mamdani.

El DSA es una facción del Partido Demócrata, un partido de Wall Street y el Pentágono. La crítica de los demócratas a la política exterior de Trump nunca ha sido que sea demasiado agresiva. Su queja es que no es lo suficientemente agresiva contra Rusia. Cuando la Cámara de Representantes votó este mes sobre el proyecto de ley de sanciones de Lindsey Graham, el líder demócrata Hakeem Jeffries (a quien Mamdani ha respaldado como próximo presidente de la Cámara de Representantes) se opuso porque no iba lo suficientemente lejos, declarando que hay que “enfrentar al matón, no apaciguar al matón”.

Esta posición es compartida por el DSA y todo el entorno de pseudoizquierda que lo rodea. Las dos legisladoras del Congreso pertenecientes al DSA, Alexandria Ocasio-Cortez y Rashida Tlaib, votaron tanto a favor del paquete de 40.000 millones de dólares para la guerra en Ucrania en 2022 como del paquete de 61.000 millones de dólares en 2024. En la conferencia Socialism 2026, celebrada en Chicago a principios de este mes, organizada por Haymarket Books y respaldada por el DSA, los paneles sobre política exterior presentaron el apoyo a la guerra de Estados Unidos y la OTAN contra Rusia y al conflicto con China como “antiimperialismo”. Un orador se quejó de que el apoyo estadounidense a Ucrania antes de 2022 había sido “extremadamente limitado”. Los oradores pasaron por alto el hecho de que el Estado ucraniano homenajea a colaboradores nazis implicados en el Holocausto.

La genealogía política del DSA se remonta a Max Shachtman, quien rompió con León Trotsky y la Cuarta Internacional en 1940. Bajo la presión de la opinión pública burguesa, se negó a defender a la Unión Soviética frente al imperialismo. Apenas en una década, Shachtman ya apoyaba la guerra estadounidense en Corea. Posteriormente respaldó la invasión de Cuba en bahía de Cochinos y la guerra de Vietnam, y colocó a sus seguidores en el aparato anticomunista de la confederación sindical de la AFL-CIO.

Michael Harrington, protegido de Shachtman y fundador del DSA, trasladó esa misma política esencial a una nueva forma organizativa. La izquierda estadounidense, sostenía, debía desempeñar “un papel proestadounidense, de Guerra Fría, del tipo del Departamento de Estado”, y fue un partidario de Israel durante toda su vida. En 1973, fundó el Comité Organizador Socialista Democrático sobre el programa de “realineamiento” dentro del Partido Demócrata, el “ala izquierda de lo posible”, con lo posible definido en cada momento por la clase dominante. En 1982, el DSOC se fusionó con el Nuevo Movimiento Estadounidense, un remanente del SDS, para formar el DSA.

Hay otra parte del discurso de Trump que fue muy significativa. El Gobierno cubano, que, según dijo, “caería”, ha “cultivado vínculos con grupos subversivos y radicales como el Partido Comunista de Estados Unidos, Antifa y los Socialistas Democráticos de Estados Unidos”. Trump estaba repitiendo el informe del Departamento de Estado sobre Cuba de julio, que trata al DSA, al Partido Comunista, al Gremio Nacional de Abogados y a Code Pink como extensiones de La Habana. Antifa ya ha sido designada una “organización terrorista”. Nombrar al DSA junto a ella equivale a declarar que sus actividades también podrían ser criminalizadas.

En respuesta a esta amenaza directa, Mamdani no ha dicho nada. Jacobin no ha publicado nada. La única respuesta formal del DSA a las acusaciones sigue siendo su declaración sobre el informe del Departamento de Estado de agosto, en la que suplicaba que “[el] informe de Trump admite que DSA no se organiza en nombre del Gobierno cubano”.

Tampoco el DSA ha emitido ninguna declaración pública sobre la reunión en Gracie Mansion en sí. Lo más cercano a ello provino de Grace Mausser, copresidenta del capítulo del DSA de la ciudad de Nueva York, quien dijo a Politico: “La mayoría de las personas dentro del DSA entienden que es una estrategia y que Trump es una persona muy sensible y susceptible que recibe cualquier desaire percibido de maneras impredecibles. Insultarlo directamente sería muy arriesgado no solo para el propio Zohran sino para toda la ciudad”.

Es difícil imaginar una declaración más servil. Las respuestas “impredecibles” de Trump incluyen amenazar a una nación de 90 millones de personas con la aniquilación y calificar de terroristas a sus adversarios políticos. La respuesta del DSA no es oponérsele, sino tener cuidado de no molestarlo. Es la lógica del cortesano. El tirano es sensible, así que hay que halagarlo.

El verdadero temor de Trump no es el DSA. La oligarquía capitalista ha tomado la medida de personas como Mamdani y Trump sabe con quién está tratando. El blanco de la diatriba del martes es la clase trabajadora, la fuerza social cuyo desplazamiento hacia la izquierda ha encontrado una forma inicial y distorsionada en los éxitos electorales del DSA. Millones de trabajadores y jóvenes están entrando en oposición a la guerra y a la oligarquía y sacando la conclusión de que el capitalismo mismo es el problema.

La conducta de Mamdani y del DSA no puede explicarse simplemente por el oportunismo personal y la ruindad general de los individuos involucrados. Proviene de sus intereses de clase. El DSA representa a sectores privilegiados de la clase media-alta, cuya cómoda posición depende de la estabilidad del orden capitalista y del dominio global del capitalismo estadounidense. Quieren una mayor parte de los despojos que se pueden obtener en el país. No tienen ningún problema con la manera en que se obtienen los despojos en el extranjero.

Tampoco su oportunismo servil necesariamente los salvará. Mamdani ahora se deleita con el resplandor de la villanía sonriente de Trump. Tres semanas antes de su primer encuentro, Trump lo llamó “un lunático 100 por ciento comunista”. A principios de este mes, todos los republicanos de la Cámara de Representantes votaron para declarar que la ideología del DSA es “incompatible con los valores estadounidenses y la Constitución de Estados Unidos”. Cuando cambien los vientos políticos, Mamdani puede ser vilipendiado con la misma rapidez con que ha sido acogido.

La lucha contra la guerra imperialista no puede librarse a través del DSA. Solo puede librarse en oposición a este, mediante la movilización política independiente de la clase trabajadora, en Estados Unidos e internacionalmente, contra ambos partidos de Wall Street y el sistema capitalista que produce la guerra y la dictadura. Eso requiere una dirección genuinamente socialista e internacionalista: el Partido Socialista por la Igualdad y el Comité Internacional de la Cuarta Internacional.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 24/09/2026)

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