El lunes por la tarde, el alcalde de la ciudad de Nueva York, Zohran Mamdani, el miembro electo más destacado de los Socialistas Democráticos de Estados Unidos (DSA, por sus siglas en inglés), recibió a Donald Trump en Gracie Mansion, la residencia oficial del alcalde. Tras una hora a puerta cerrada, ambos salieron juntos a un podio en el césped.
Lo que siguió fue un espectáculo repugnante, con el alcalde “socialista” haciendo de anfitrión y de comparsa del presidente fascista.
Esta fue la tercera reunión de Mamdani con Trump en 10 meses, después de dos encuentros en la Casa Blanca. La regularidad de estas reuniones, combinada con lo que el propio Mamdani reconoce como una conversación permanente con Trump “en persona” y “por teléfono”, deja claro que se trata de una orientación y un programa definidos. El DSA, personificado en su principal funcionario público, ha formado una alianza política con Trump.
La reunión tuvo lugar en condiciones de índices de aprobación históricamente bajos para Trump: 36 por ciento, según la encuesta más reciente de NBC News, el nivel más bajo de su segundo mandato. En pocas ciudades Trump es tan odiado como en Nueva York, donde no puede asistir a actos públicos sin ser abucheado. Mamdani responde no denunciando a Trump, ni mucho menos llamando a oponerse a él, sino prestándole legitimidad. A cambio, Trump le arroja unas pocas migajas.
Mamdani está haciendo el trabajo sucio político para la clase dominante. Intenta presentar de nuevo al criminal de guerra fascista Trump, cuyo Gobierno está dedicado a dar a los oligarcas lo que les quita a los trabajadores, como un defensor de la “asequibilidad”. En el proceso, busca arrastrar por el fango la palabra “socialismo”.
El alcalde comenzó declarando que cada vez que él y el presidente hablan, “es sobre los mismos temas: cómo mejorar la vida de los neoyorquinos y cómo utilizar el poder del Gobierno para hacer frente a la crisis del costo de vida...”.
Qué absurdo tan ridículo. El hombre que estaba a su lado ha lanzado una guerra criminal contra Irán que ha hecho subir los precios de la gasolina un 27 por ciento en un año. La ley presupuestaria de Trump ha dejado a decenas de miles de residentes de la ciudad sin prestaciones del SNAP. La misma ley priva de cobertura de Medicaid a unos 1,5 millones de personas en el estado de Nueva York, solo uno de los frentes de la ofensiva más amplia contra los programas sociales emprendida por un Gobierno de la oligarquía, por la oligarquía y para la oligarquía.
Cuando le preguntaron por los “resultados tangibles” que ha producido su relación con Trump, Mamdani solo pudo señalar un acuerdo para “establecer un nuevo nivel de esa conversación” entre la Alcaldía y la Casa Blanca sobre la construcción sobre Sunnyside Yard, en Queens. Elogió a Trump como “alguien que ha construido bastantes viviendas aquí en nuestra ciudad”, una alusión cortés a las estafas inmobiliarias y operaciones criminales en las que Trump se especializó antes de dedicarse a la política.
El proyecto, al igual que toda la “agenda de asequibilidad” de Mamdani, está subordinado a los intereses de los promotores privados (un titular de The Economist de la semana pasada decía: “Los desarrolladores inmobiliarios están aprendiendo a amar a Zohran Mamdani”). Sobre esto, el alcalde del DSA y el estafador inmobiliario hablan el mismo idioma.
Más significativo, sin embargo, fue lo que Mamdani no dijo. La última reunión de Mamdani con Trump, el 26 de febrero, tuvo lugar dos días antes de que Estados Unidos lanzara su guerra contra Irán. La reunión del lunes se produjo en vísperas del discurso de Trump ante la Asamblea General de la ONU, que será una ocasión para amenazar con la guerra al mundo entero. El domingo declaró a Fox News que está eligiendo entre “borrar a Irán del mapa”, dejar que “se pudra económicamente” y llegar a un acuerdo, y preguntó: “¿Si lo hago y cuándo hago volar por los aires a toda la nación?”.
En el podio, Trump volvió al tema sin que nadie se lo preguntara. Irán “no va a tener un arma nuclear”, dijo. “Les está yendo muy mal. De hecho, hoy tengo reuniones sobre eso”. Es decir, Trump anunció desde el césped de la residencia del alcalde que estaba planeando la siguiente etapa de la guerra. Continuó con una diatriba en la que denunciaba a los medios de comunicación como “noticias falsas” por los artículos sobre Irán y declaraba que “la prensa también tiene la obligación” de no criticarlo porque “ganó por goleada”.
Mamdani, de pie a unos metros de distancia, mantuvo debidamente la boca cerrada.
Trump también se prepara esta semana para imponer sanciones contra la Corte Penal Internacional, con el objetivo de obligarla a retirar su orden de arresto contra Benjamín Netanyahu. Esto ocurre días después de que una misión de investigación de la ONU concluyera que existen “motivos razonables para creer” que Estados Unidos cometió un crimen de guerra el primer día de la guerra contra Irán. Ni la CPI ni Netanyahu fueron mencionados en el césped de Gracie Mansion.
El propio Netanyahu habla ante la ONU el jueves, y se han planeado protestas masivas. Como candidato a alcalde, Mamdani se comprometió a hacer que fuera detenido. La semana pasada dijo a los periodistas: “No tengo planes de asistir a ninguna protesta en la Asamblea General de la ONU”. Añadió: “A los neoyorquinos, nunca los he alentado a protestar”.
¡Qué cobardía y servilismo rastreros! Mamdani debe su victoria electoral a la oposición masiva al genocidio en Gaza. Ahora asegura a la clase dominante que él no tuvo nada que ver con ello.
Mamdani hizo esa declaración flanqueado por su comisionada de Policía, la heredera multimillonaria Jessica Tisch, y la comisionada adjunta Rebecca Weiner. Días antes, junto a Mamdani, Weiner había incluido a la “extrema izquierda” entre las amenazas terroristas a las que se enfrenta la ciudad.
Sobre la inmigración, Mamdani dijo que había “compartido mis opiniones muy firmes” sobre la importancia de los neoyorquinos inmigrantes, “especialmente los neoyorquinos haitianos”, y dijo que “apreciaba la conversación” con Trump sobre estas cuestiones.
Mamdani sabe algo sobre los neoyorquinos haitianos. El 7 de agosto, después de que el Gobierno de Trump retirara el Estatus de Protección Temporal (TPS) a unos 350.000 haitianos, anunció que los empleados municipales haitianos que habían perdido su autorización de trabajo serían despedidos. No convocó ninguna protesta ni emprendió ningún desafío, declarando que la ciudad estaba “obligada por la ley federal” a actuar. Además, según la propia auditoría de la ciudad, los arrestos de ICE en el área de Nueva York han aumentado un 71 por ciento.
Después de la primera reunión, Jacobin, el órgano de del DSA, elogió los “astutos instintos políticos” de Mamdani. Después de la segunda, calificó su adulación a Trump de estrategia sagaz y explicó que “gobernar implica cooperación y compromiso, incluso con un presidente autoritario nocivo”.
Sin duda, los apologistas de Jacobin, bien acolchados de estupidez y engaño, tendrán amplias explicaciones para esta última reunión. Esta gente sabe exactamente lo que está haciendo. Toda justificación pragmática de la colaboración con Trump constituye, por sí misma, un acto de colaboración.
Esto no es simplemente una cuestión de las cualidades personales de Mamdani ni de las de sus apologistas. Él personifica lo que representa el DSA: una facción del Partido Demócrata, que habla en nombre de sectores privilegiados de la clase media-alta, puesta en primer plano para dar un lavado de cara a un orden político detestado por las masas. Su verdadero enemigo es la clase trabajadora y la izquierda.
Y estas personas no han llegado al final de su recorrido. A medida que se expanda la guerra y se profundice la crisis del Gobierno de Trump, del DSA y el ala sandersista del Partido Demócrata se desplazarán aún más hacia la derecha.
La dirección de este proceso quedó expuesta la semana pasada en la “Asamblea Pro-Humana” en Washington. Allí, el senador Bernie Sanders agradeció a los organizadores por reunir “diferentes perspectivas políticas”, y luego cedió el escenario al ideólogo fascista y exasesor de Trump Steve Bannon, quien elogió a Sanders y luego pidió la expulsión de todos los ciudadanos chinos. El WSWS escribió que en ese acto eran visibles las líneas generales de un nuevo “nacionalsocialismo” estadounidense. Gracie Mansion es el mismo proceso, personificado en el funcionario electo más destacado del DSA.
Encuesta tras encuesta registra un apoyo creciente al socialismo. Una encuesta de CNBC realizada el mes pasado encontró que el 46 por ciento de los estadounidenses de entre 18 y 34 años tiene una opinión favorable del socialismo democrático, el doble de la proporción que lo ve desfavorablemente. Los trabajadores y jóvenes que se desplazan hacia la izquierda chocarán con la política derechista del DSA.
Sin embargo, el desarrollo de la conciencia política no es automático. Quienes votaron por Mamdani creyendo que representaba una alternativa deben sacar conclusiones. Esto requiere un estudio serio de qué es el DSA y de dónde proviene, por qué podía preverse su evolución y de las cuestiones centrales del siglo XX, sobre todo la historia del movimiento trotskista.
La inmensa oposición a la guerra, a las redadas de ICE y a la oligarquía no puede encontrar expresión a través del DSA ni de ninguna sección del Partido Demócrata. Requiere la movilización política independiente de la clase trabajadora, en Estados Unidos y a escala internacional, sobre la base de un programa socialista. Esta es la perspectiva por la que lucha el Partido Socialista por la Igualdad.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 21/09/2026)
