Stellantis se dispone a cerrar definitivamente su planta de ensamblaje de Brampton, en Ontario, lo que supondrá la eliminación de 2.200 empleos, es decir, cerca de una cuarta parte de su fuerza laboral canadiense. El mes pasado, la automotriz incumplió sus repetidas promesas de que la planta de Brampton volvería a abrir para producir la próxima generación del Jeep Compass.
El 11 de septiembre, anunció un memorando de entendimiento para vender la planta a Roshel, un fabricante de armas con sede en Canadá cuyos vehículos blindados se han suministrado a las fuerzas armadas ucranianas y a la fuerza antiinmigrante ICE de EE. UU.
La semana pasada, el presidente de Stellantis Canadá, Trevor Longley, envió una carta a los trabajadores de Brampton en la que confirmaba la intención de la empresa de cerrar definitivamente la planta, declarando que, debido a “políticas comerciales impredecibles, requisitos regulatorios exigentes y presiones de rentabilidad”, Stellantis no ve “un modelo de negocio sostenible a largo plazo que respalde la continuidad de las operaciones en la planta”.
Unifor, que cuenta con 9.000 miembros en Stellantis, ha declarado que las negociaciones se encuentran en un “punto muerto” pero no ha convocado una huelga, a pesar de que el contrato venció el 21 de septiembre. En cambio, la presidenta de Unifor, Lana Payne —miembro del consejo consultivo tripartito sobre la guerra comercial del gobierno del primer ministro Mark Carney— ha suplicado a la ministra de Industria, Mélanie Joly, que presione a Stellantis para que revierta el cierre, planteando el llamado en términos nacionalistas canadienses como algo vital para que Canadá prevalezca en la reaccionaria guerra comercial entre Canadá y Estados Unidos.
El Sindicato de Trabajadores Automotores Unidos (United Auto Workers; UAW), por su parte, ha guardado silencio ante la destrucción de empleos canadienses. Bajo el liderazgo de Shawn Fain, el UAW ha respaldado los aranceles impuestos por el aspirante a dictador fascista Donald Trump, que le han costado al hogar promedio de Michigan 6.419 dólares adicionales al año, según la Michigan Smart Trade Alliance. En octubre de 2025, Fain elogió la decisión de Stellantis de trasladar la producción del Compass de Brampton a Belvidere, calificándola de “gran victoria para los miembros del UAW” y prueba de que los aranceles pueden “traer de vuelta a EE. UU. miles de empleos sindicales bien remunerados”. El aparato de la UAW no ha movido un dedo para defender a los miles de trabajadores canadienses y mexicanos que están perdiendo sus empleos a causa de la guerra comercial respaldada por el UAW.
Fain ha intentado encubrir su nacionalismo con un internacionalismo falso. El lunes pasado, publicó un video en el que expresaba “solidaridad” con las protestas organizadas por el sindicato alemán IG Metall contra los recortes de empleos en VW, BMW y Porsche, declarando: “IG Metall, el UAW está con ustedes en plena solidaridad”. Pero al igual que sus contrapartes norteamericanas, IG Metall está ayudando a implementar recortes masivos de empleos en lugar de luchar contra ellos.
Sus representantes en el consejo de supervisión de Volkswagen votaron a favor de recortar otros 50.000 puestos de trabajo, además de los 35.000 puestos y la reducción salarial de hasta un 20 por ciento acordados en diciembre de 2024. La directora de IG Metall, Christiane Benner, recibió más de 380.000 euros (386.737 dólares estadounidenses) el año pasado solo por su puesto en el consejo de administración de VW.
La “solidaridad internacional” de Fain es un pacto de defensa mutua entre burócratas cuyos ingresos dependen de la supresión de la lucha de clases.
Lehman: “¡Acción transfronteriza para detener el cierre de la planta de Stellantis en Brampton!”
Solo un candidato a la presidencia del UAW ha denunciado el apoyo de Fain a las medidas de guerra comercial de Trump y ha llamado a la unidad de los trabajadores de ambos lados de la frontera para defender los empleos.
Will Lehman, trabajador automotriz de Mack Trucks y candidato socialista a la presidencia del UAW, presenta un programa para abolir la burocracia sindical y transferir el poder a los trabajadores de la planta a través de comités de base en cada fábrica, universidad y lugar de trabajo. Ha emitido un comunicado titulado “¡Defiendan a los trabajadores automotrices canadienses! ¡Por una acción transfronteriza para detener el cierre de la planta de Stellantis en Brampton!”.

En él, Lehman afirma: “Stellantis está tomando medidas para cerrar definitivamente la planta de ensamblaje de Brampton, en Ontario, lo que eliminará 2.200 empleos y pondrá en riesgo miles más en el sector de las piezas automotrices. Pero Brampton es solo la punta del iceberg de un ataque más amplio contra los empleos en Canadá y a nivel internacional”.
Lehman señala que el presidente de la sección local 444 de Unifor, James Stewart, dijo este mes que Stellantis no le ha dado al sindicato información clara sobre cómo planea mantener el tercer turno en la planta de ensamblaje de Windsor —que se restableció apenas en febrero— ni sobre el futuro de la planta de fundición de Etobicoke. Más de 1.000 empleos en el tercer turno de Windsor están en riesgo.
El cierre de Brampton forma parte de una ofensiva global, afirma el comunicado. El Grupo VW, con sede en Alemania, se dispone a recortar unos 90.000 empleos. Desde que el UAW firmó su contrato traidor en 2023, GM, Ford, Stellantis y los fabricantes de autopartes han recortado miles de empleos en Estados Unidos. La reapertura de la planta inactiva de Belvidere, aclamada como la pieza central del supuesto contrato «histórico» de Fain, se ha retrasado un año más, hasta al menos junio de 2028.
“Las corporaciones transnacionales están utilizando la guerra comercial, la transición a los vehículos eléctricos y el impulso hacia la guerra imperialista como pretexto para recortar empleos y aumentar las ganancias”, continúa el comunicado. “En respuesta, el UAW en Estados Unidos y Unifor en Canadá se están alineando detrás de sus respectivos gobiernos, peleando por qué trabajadores de qué país conservan sus empleos y cuáles quedan en la calle. En nombre de ‘salvar’ empleos, están cediendo aún más concesiones en salarios, prestaciones y condiciones laborales”.
Lehman denuncia el apoyo de Fain a los aranceles y su celebración por el traslado de la producción del Jeep Compass a Belvidere. “Esto no es una defensa de los trabajadores estadounidenses. Es una declaración de guerra contra los trabajadores canadienses. Nos divide y le hace el juego a los ejecutivos, que quieren que luchemos entre nosotros mientras ellos se embolsan las ganancias”.
Y continúa: “No existen los autos ‘estadounidenses’ ni los ‘canadienses’. Cada vehículo es el producto del trabajo colectivo de trabajadores de docenas de países. No podemos tener éxito en ninguna lucha si permitimos que nos dividan”.
La declaración de Lehman aboga por una huelga organizada no por el aparato sindical, sino por los propios trabajadores, a través de comités de base independientes de la burocracia.
El ataque contra Brampton, Windsor y Etobicoke puede y debe detenerse. Pero no lo detendrá el hecho de que Unifor presione al gobierno canadiense o negocie con Stellantis sobre qué planta recibirá el próximo producto. Tampoco lo detendrá el aparato del UAW, que se opone a cualquier acción conjunta para defender a los trabajadores automotrices canadienses. A los burócratas del UAW no les preocupan los salarios ni las condiciones de los miembros del UAW, sino únicamente el flujo continuo del dinero de las cuotas, la protección de sus abultados sueldos y los 1,1 mil millones de dólares en activos del sindicato.
Dado que las operaciones de Stellantis en Canadá, Estados Unidos y México están integradas, “una huelga en una sola planta puede absorberse. Una huelga que paralice las operaciones de Stellantis en toda América del Norte, no”. Lehman exhorta a los trabajadores de Brampton, Windsor y Etobicoke a dirigirse directamente a sus compañeros y compañeras de las plantas de Stellantis en Estados Unidos y México, “no a través de las burocracias nacionalistas del UAW y Unifor, sino a través de comités de base. La demanda debe ser sencilla: No al cierre de plantas, no a los recortes de empleos, en ningún lado. Defender cada empleo. Unirse más allá de las fronteras”.
La declaración hace referencia a las tradiciones militantes que construyeron al UAW como un sindicato transfronterizo. En diciembre de 1936, los trabajadores de Kelsey Wheel en Windsor llevaron a cabo la primera huelga de brazos caídos registrada en Canadá y formaron el Local 195 del UAW. Dos meses después de que la huelga de brazos caídos de Flint obligara a GM a reconocer al UAW en febrero de 1937, 4.000 trabajadores de GM en Oshawa se declararon en huelga con la misma demanda. En 1945, los trabajadores de Ford en Windsor bloquearon las calles alrededor de su planta con más de 1.500 autos para detener un asalto policial contra sus piquetes.
Fue la burocracia, en 1985, la que separó la sección canadiense para formar el Sindicato Canadiense de Trabajadores Automotrices (Canadian Auto Workers), precursor de Unifor, “porque el aparato quería jugar con los empleos, los salarios y las condiciones laborales entre los dos países. Esa escisión fue un crimen contra la clase trabajadora. La forma de revertirla es construir organizaciones de trabajadores que ignoren por completo la frontera'.
La declaración concluye dirigiéndose directamente a los trabajadores de Canadá y Estados Unidos:
A los trabajadores de Stellantis en Brampton, Windsor y Etobicoke: No esperen a que Unifor actúe. No lo hará. Formen comités de base. Exijan una huelga para detener los cierres y defender cada empleo. Hagan un llamado a los trabajadores de las plantas de Stellantis en Estados Unidos y México para que se unan a ustedes. Su lucha es nuestra lucha.
A los trabajadores de Belvidere y de todo Estados Unidos: No se dejen engañar por el nacionalismo de Fain. Si es que llega a suceder, el traslado de la producción del Jeep Compass a su planta se hará a costa de salarios más bajos, mayor ritmo de trabajo y la destrucción de las condiciones por las que los trabajadores canadienses lucharon durante generaciones. Lo que hoy se les hace a los trabajadores canadienses, mañana se les hará a los trabajadores estadounidenses.
La clase trabajadora no tiene patria. Nuestro enemigo no es el trabajador del otro lado de la frontera. Son las corporaciones, los bancos, los gobiernos y las burocracias sindicales que les sirven. Lucharemos contra ellos juntos.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 27 de septiembre de 2026)
