Más de 300.000 personas se manifestaron ayer en ciudades de toda Francia con motivo de una huelga de un día del sector público. Los trabajadores de la educación, la salud, el cuerpo de bomberos, la energía y el transporte se declararon en huelga en contra del paquete de austeridad de 54 mil millones de euros del primer ministro Sébastien Lecornu y de la congelación salarial en el sector público. La policía francesa también reprimió brutalmente una ola de ocupaciones de escuelas secundarias en protesta por los recortes de personal y salariales en las escuelas públicas.
Hubo 170 marchas en toda Francia: 70.000 personas se manifestaron en París, 30.000 en Marsella, 10.000 en Burdeos, 8.000 en Lyon, 7.000 en Toulouse y Nantes, y 5.000 en Ruán y Rennes. Aproximadamente el 10 por ciento de los trabajadores del sector público, incluido el 14 por ciento de los docentes, se sumaron a la huelga.
Las ocupaciones de escuelas secundarias habían comenzado el 21 de septiembre en la escuela secundaria Saint-Exupéry de Créteil, y se extendieron rápidamente a otros suburbios de París y luego a todo el país. Unas 416 escuelas secundarias fueron escenario de protestas el martes, cuando la Unión de Estudiantes de Secundaria (USL) convocó a la acción en solidaridad con la huelga del sector público. La policía detuvo al menos a 600 personas durante la represión en las escuelas secundarias, y decenas de estudiantes y maestros resultaron heridos.

Los trabajadores y los jóvenes hablaron con el WSWS en la marcha de ayer en París sobre su creciente enojo y preocupación. Abordaron las dificultades económicas, la oposición a la guerra y el temor a una dictadura de extrema derecha, ya que se prevé que las elecciones presidenciales del próximo año den lugar a una segunda vuelta entre la neofascista Marine Le Pen y el líder populista de La France Insounise ' Los trabajadores y los jóvenes hablaron con el WSWS en la marcha de ayer en París sobre su creciente enojo y preocupación. Abordaron las dificultades económicas, la oposición a la guerra y el temor a una dictadura de extrema derecha, ya que se prevé que las elecciones presidenciales del próximo año den lugar a una segunda vuelta entre la neofascista Marine Le Pen y el líder populista de Los trabajadores y los jóvenes hablaron con el WSWS en la marcha de ayer en París sobre su creciente enojo y preocupación. Abordaron las dificultades económicas, la oposición a la guerra y el temor a una dictadura de extrema derecha, ya que se prevé que las elecciones presidenciales del próximo año den lugar a una segunda vuelta entre la neofascista Marine Le Pen y el líder populista de la France Insoumise (LFI), Jean-Luc Mélenchon. También expresaron su descontento con las burocracias sindicales tras la traición a la lucha de 2023 contra los recortes a las pensiones, y exigieron la liberación del trotskista ucraniano encarcelado Bogdan Syrotiuk.
Vincent Bohan, un dirigente del sindicato Confederación General del Trabajo (CGT) en Poitiers, habló sobre los trabajadores de la salud, el cuidado infantil y los hogares de ancianos. “Estamos hartos de las congelaciones salariales; el 60 por ciento de los trabajadores de bajos ingresos del sector público ganan menos que el salario mínimo por una semana laboral completa”, dijo. “Cada vez más personas dependen de nosotros, pero no somos suficientes para satisfacer las necesidades de la población”.
Al ser preguntado sobre la declaración de Macron de la semana pasada, en la que dijo que Francia y Rusia podrían estar pronto en guerra, respondió: “Cuando escuchas los discursos de Macron, cada uno más provocativo que el anterior, con miles de millones de euros gastados en matar, mientras la gente en Francia se muere de hambre, dan ganas de decirle: basta… ayuda a la gente que está pasando apuros aquí en lugar de matar gente en otros lugares. Francamente, estamos muy preocupados”.
Sobre las elecciones presidenciales, Bohan advirtió sobre una posible victoria neofascista, pero señaló que los trabajadores también entrarían en conflicto con Mélenchon si él ganara: “No hay un candidato ideal. Analizamos los programas de los candidatos. El que más nos identifica, por ahora, es Mélenchon; de todos modos, no tenemos otra opción. Pero incluso si Mélenchon resulta elegido, la noche de su elección no será una noche de revolución. Tendremos que salir a la calle para obligarlo a hacer lo que queremos que haga”.
Stéphane, miembro de la CGT que trabaja en las cafeterías universitarias, criticó los bajos salarios y la falta de personal ante el aumento de la demanda tras la implementación de los almuerzos a 1 euro en las universidades. “Hoy en día estamos en serios problemas: no hay suficiente equipo ni personal, y nuestros salarios son extremadamente bajos”. Un trabajador con antigüedad gana 1500 euros al mes, lo cual no es un salario digno en París, dijo: “A menudo nuestras cuentas bancarias están vacías para el quinto día del mes, tenemos que pedir préstamos. Es muy complicado, insostenible”.
Stéphane dijo que sus compañeros de trabajo sienten “miedo, no hay otra palabra” ante las medidas de austeridad, y desilusión con la política oficial: “Estamos ansiosos por que termine [la presidencia de Macron], pero no vemos mucho futuro”.
Al preguntársele sobre la traición a la lucha por las pensiones, Stéphane dijo que hay “desacuerdos” en la CGT, cuya nueva secretaria general, Sophie Binet, “no es una persona particularmente impresionante. Pero nosotros estamos muy alejados de todo eso, luchando en las cafeterías universitarias”.
Los estudiantes levantan pancartas en protesta por el aumento de las cuotas de matrícula para los estudiantes extranjeros; “Preferencia nacional: el RN [neofascista] lo soñó, Macron lo está haciendo”.
Sara y Alex, estudiantes de la Universidad de la Sorbona, dijeron al WSWS que estaban protestando contra “la congelación de las ayudas para la vivienda estudiantil y el aumento de la cuota de matrícula para los estudiantes extranjeros; se trata de una medida racista y xenófoba que busca impedir que los extranjeros tengan acceso a nuestras universidades y a la educación”. También criticaron la represión policial: “Es una locura enviar a policías de civil a golpear a estudiantes de secundaria que solo están protestando por el acceso a la educación”.
Sara agregó: “Los jóvenes no entienden por qué todo este dinero se destina a la guerra, por qué Macron lanza ataques en el extranjero cuando hay problemas muy graves en su propio país. Estamos firmemente en contra de la guerra y de financiarla”.
Eric, un trabajador de la empresa petrolera y energética Total, dijo que estaba en huelga en solidaridad con los trabajadores del sector público: “No puede haber industria sin servicios públicos ni servicios públicos sin industria”. También se opuso a la militarización europea: “Todos los miles de millones que Macron gasta en el ejército, debería invertirlos en hospitales, escuelas y bomberos que combaten incendios cada verano. Es evidente que este dinero no tiene por qué destinarse a armas”.
Dijo que esperaba que las elecciones presidenciales, sin importar su resultado, no resolvieran nada. “Una vez que se elija al presidente, la gente tendrá que seguir presionando… obligando al gobierno a tomar medidas por el bien del pueblo”, dijo, y agregó: “Mélenchon por sí solo, sin el pueblo, no hará nada. Los trabajadores tendrán que seguir presionándolo. ¿Y cómo? Haciendo huelga, exigiendo que se tomen medidas sociales reales”.
Hillah, una asistente de salud, le dijo al WSWS: “El trabajo de asistente de salud es precario, está infravalorado y muy mal pagado, con muchos contratos a corto plazo. He tenido trabajos temporales durante tres años y obtuve mi título hace cinco años. Hacemos el trabajo de varias personas. Estoy completamente sola por las noches en la unidad de cuidados intensivos con 27 pacientes; esto les priva de la oportunidad de recibir atención y genera fatiga crónica y estrés psicológico en el personal de salud'.
Cuando se le preguntó qué significan las medidas de austeridad de Lecornu, respondió: “Lavo a los pacientes con papel porque no tengo guantes. Llego al trabajo y me dicen que no hay equipo de protección, que no podemos cambiar la ropa de los pacientes, que no hay sábanas, que los pacientes tienen frío pero no tengo mantas para darles”.
Hillah destacó su oposición a la guerra con Rusia: “Nosotros, como trabajadores de la salud, podríamos ser reclutados. Yo no me alisté para esta guerra. … Pero hoy en día, la violencia no deja de aumentar”. También criticó con amargura la represión policial: “Francia es el país de la libertad, de la libertad de expresión. Pero hoy tenemos miedo de asistir a las manifestaciones, de expresar nuestras ideas, porque nos pueden sacar los ojos con balas de hule”.
Hillah y otros manifestantes exigieron la liberación de Bogdan Syrotiuk, condenado a 15 años de prisión por el gobierno ucraniano respaldado por la OTAN bajo falsos cargos de traición por haber llamado a unificar a los trabajadores ucranianos y rusos contra la guerra. Destacaron la importancia de luchar por un movimiento político que una a los trabajadores a nivel internacional contra la guerra y en defensa de los derechos sociales.
Bogdan, dijo Hillah, “no merece estar encarcelado por expresar sus opiniones. Hoy en día, no hay nada más que hacer que detener las guerras. No será fácil, pero hay que encontrar puntos en común, porque Ucrania está siendo destruida. Al fin y al cabo, ¿qué es lo que [Bogdan] exige? Exige paz. Y no hay nada más importante que la paz, la libertad y la solidaridad”.
Stéphane, el trabajador de la cafetería, dijo que “15 años es inaceptable, se debe respetar la libertad de expresión. [Bogdan] tiene derecho a pensar lo que quiera; no debe ser el único que piense así. … El simple hecho de decir lo que uno piensa no justifica una pena de prisión”.
Alex, un estudiante de la Universidad de la Sorbona, dijo: “Exijo su liberación”, y agregó que los gobiernos lo están persiguiendo porque «saben que podemos reunirnos y protestar… Saben que si todos nos unimos, eso los amenaza a ellos y a sus intereses económicos”.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 29 de julio de 2026)
