El mercado laboral de EE. UU. creó solo 29.000 empleos en septiembre, mientras que las cifras de empleo de los dos meses anteriores se revisaron a la baja en 60.000. Las cifras apuntan a un estancamiento prolongado en la contratación, aunque, como era de esperarse, la administración de Trump presenta el informe como evidencia de fortaleza económica.
La Oficina de Estadísticas Laborales (BLS) informó el viernes que «tanto el empleo asalariado no agrícola (+29 000) como la tasa de desempleo (4,2 por ciento) variaron muy poco en septiembre». El aumento de empleo anunciado estuvo muy por debajo del ya bajo incremento mensual promedio de 45.000 registrado en los últimos 12 meses y se produce tras una revisión a la baja que convirtió el aumento de 21.000 empleos, reportado anteriormente para julio, en una pérdida de 10.000 puestos de trabajo. El crecimiento del empleo en agosto también se revisó a la baja, de 162.000 a 133.000.
El nuevo informe es significativo porque confirma que el mercado laboral se ha mantenido estancado durante meses. La tasa de desempleo se ha mantenido entre el 4,1 % y el 4,3 % desde marzo de 2026, pero este dato oculta un deterioro más amplio en las condiciones que enfrentan los trabajadores. El número de trabajadores desempleados se situó en 7,1 millones, mientras que 1,9 millones llevaban sin trabajo al menos 27 semanas. Los desempleados de larga duración representaban el 27,1 % del total de personas sin empleo.
Además, la cifra oficial de desempleo excluye a millones de trabajadores que han quedado fuera de la fuerza laboral o que están atrapados en empleos precarios. La Oficina de Estadísticas Laborales (BLS) contabilizó 4,5 millones de personas que trabajaban a tiempo parcial por razones económicas, lo que significa que deseaban un empleo de tiempo completo, pero les habían reducido las horas o no podían encontrar un puesto de tiempo completo. Otros 5,8 millones de personas fuera de la fuerza laboral indicaron que actualmente buscaban trabajo, incluyendo 1,5 millones clasificados como marginalmente vinculados a la fuerza laboral.
La BLS señaló que el empleo «cambió poco» en todos los sectores principales. El sector de la salud creó 17.000 empleos, menos de la mitad de su promedio mensual de los últimos 12 meses, que es de 33.000, mientras que la construcción creó 11.000 y el sector manufacturero, 9.000. Incluso estos modestos aumentos se vieron parcialmente contrarrestados por una pérdida de 9.000 empleos en centros de enfermería y de atención residencial. El sector financiero perdió 7.000 empleos en septiembre y ha perdido 129.000 desde mayo de 2025, incluidos 90.000 en compañías de seguros y actividades relacionadas.
Estas cifras muestran que el crecimiento extremadamente limitado que queda se concentra en un grupo reducido de sectores, mientras que el mercado laboral en general es incapaz de generar suficiente empleo para una población en crecimiento. La relación empleo-población se mantuvo sin cambios en 59,2 por ciento, mientras que la tasa de participación en la fuerza laboral se mantuvo en 61,8 por ciento; ambas muestran pocos cambios netos desde enero.
Los economistas de Wall Street afirman que el mercado laboral se está «enfriando» y consideran que esto es positivo porque reduce la presión sobre la Reserva Federal para que aumente las tasas de interés. Sus preocupaciones no tienen nada que ver con la erosión del nivel de vida de los trabajadores, sino con si una contratación más débil ayudará a mantener elevados los valores de las acciones y los activos.
Las acciones estadounidenses se dispararon el viernes porque el informe mostró que se crearon menos empleos de lo que esperaba Wall Street. El Dow Jones Industrial Average subió un 0,5 por ciento, el S&P 500 ganó un 0,7 por ciento y el Nasdaq Composite se disparó un 1,2 por ciento tras alcanzar un máximo histórico intradía durante la sesión.
El informe de empleo refleja condiciones compatibles con una desaceleración económica más amplia, aunque los economistas afirman que no es evidencia de una recesión. La creación insignificante de empleo, las revisiones a la baja de las estimaciones de empleo anteriores, el creciente desempleo de larga duración, la reducción de la contratación fuera de unos pocos sectores y la subutilización persistente del mercado laboral son, todos ellos, indicadores significativos del debilitamiento de las tendencias económicas subyacentes.
El sistema financiero también se enfrenta a presiones que van mucho más allá de las cifras mensuales de empleo. Las altas tasas de interés, los costos del servicio de la deuda, la volatilidad de los mercados de bonos y las enormes necesidades de endeudamiento del gobierno han creado un entorno frágil en el que una contracción más pronunciada del empleo podría interactuar rápidamente con una inestabilidad financiera más amplia. La contradicción radica en que la clase dominante exige reducciones en las tasas de interés y mayor liquidez, al tiempo que sigue imponiendo a la clase trabajadora los costos de la inflación, los despidos y los recortes al gasto público.
Los rendimientos de los bonos del Tesoro cayeron inicialmente tras el informe de empleo, pero luego volvieron a subir. El bono del Tesoro a 10 años se situó en el 5,28 por ciento, mientras que el rendimiento a 30 años se mantuvo cerca del 5,63 por ciento.
Como era de esperarse, la Casa Blanca respondió a los datos de septiembre afirmando que demostraban la eficacia de las políticas económicas del presidente Donald Trump. El portavoz de la Casa Blanca, Taylor Rogers, declaró que la creación de 9.000 empleos en el sector manufacturero y 12.300 en el de la construcción sirven como «prueba de que la agenda de reindustrialización del presidente Trump está funcionando». En declaraciones a Fox News, el director del Consejo Económico Nacional, Kevin Hassett, se hizo eco del entusiasmo de Wall Street al afirmar: “Estamos muy, muy contentos con las cifras de esta semana, y creo que los mercados también lo están”.
El intento oficial de presentar el estancamiento y la caída de los salarios reales como prosperidad queda al descubierto ante la realidad de los trabajadores que se enfrentan al aumento de los gastos del hogar, la disminución de la seguridad laboral y el acceso cada vez más limitado al empleo de tiempo completo. Una tasa de desempleo estable no significa condiciones de vida estables cuando millones de personas quedan excluidas del recuento oficial de desempleados o se ven obligadas a aceptar trabajos de tiempo parcial y precarios.
El salario promedio por hora para todos los trabajadores del sector privado subió solo 5 centavos en septiembre, o un 0,1 por ciento, hasta alcanzar los 37,81 dólares. En los 12 meses anteriores, el salario promedio por hora subió un 3,0 por ciento. Los trabajadores de producción y no supervisores, que constituyen la mayor parte de la clase trabajadora, registraron un aumento de 7 centavos por hora, o un 0,2 por ciento, hasta los 32,60 dólares.
Para millones de trabajadores, los aumentos salariales nominales están siendo absorbidos por estos costos. La medida de ingresos reportada tampoco dice nada sobre los trabajadores que pierden horas, se cambian a empleos peor remunerados o son expulsados por completo de la fuerza laboral.
El informe sobre el empleo se da en medio de un giro corporativo generalizado hacia la inteligencia artificial como instrumento para eliminar puestos de trabajo, intensificar el trabajo y ampliar los márgenes de ganancia. Los efectos se concentran de manera más visible en los sectores de tecnología, software, servicios de información, finanzas, seguros, atención al cliente, medios de comunicación, logística, administración minorista y otras ocupaciones del sector de servicios que implican el procesamiento rutinario de información o comunicaciones.
Las actividades financieras ya han sido una de las áreas más evidentes de deterioro, con una pérdida de 129.000 empleos desde mayo de 2025. La pérdida de 90.000 empleos en el sector de seguros durante ese período es especialmente significativa, dada la adopción agresiva por parte de la industria de la automatización, la suscripción algorítmica, el procesamiento de reclamaciones y los sistemas de servicio al cliente impulsados por IA. El informe de la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS) califica la pérdida de 7.000 empleos en el sector financiero en septiembre como «apenas variada», lo que refleja la normalización de una gran destrucción acumulada de empleos.
Los ejecutivos corporativos presentan cada vez más los despidos como prueba de la eficiencia gerencial. Celebran el reemplazo de los trabajadores por sistemas de IA generativa, centros de atención telefónica automatizados, software de flujo de trabajo algorítmico y plantillas más reducidas de las que se espera un mayor rendimiento. Bajo el régimen de propiedad capitalista, las ganancias de productividad que la IA hace posibles son apropiadas por inversionistas y ejecutivos, mientras que los trabajadores se enfrentan al desempleo, al aumento del ritmo de trabajo y a la amenaza de una caída de los salarios.
Este proceso es internacional. El director general de la Autoridad de Innovación de Israel, Dror Bin, ha descrito los despidos en el sector tecnológico como una forma necesaria de “destrucción creativa” —una expresión que trata la pérdida de los medios de vida de los trabajadores como un subproducto aceptable de la reestructuración corporativa—. La misma perspectiva prevalece en Silicon Valley, en Wall Street y entre los ejecutivos del sector tecnológico a nivel internacional: la IA se valora no porque pueda reducir la mano de obra necesaria y mejorar la calidad de vida de los trabajadores, sino porque puede reducir la nómina y aumentar la rentabilidad.
Los trabajadores de todos los países se enfrentan a la misma política básica: las empresas utilizan la automatización y la IA para aumentar su control sobre la producción, eliminar puestos de trabajo y exigir una mayor producción a quienes siguen empleados. La respuesta no puede ser la competencia nacional por la inversión ni los llamamientos a los ejecutivos que imponen los recortes. El desarrollo de la IA deja en claro la necesidad de un control democrático por parte de la clase trabajadora sobre la tecnología, la producción y los inmensos recursos sociales que los propios trabajadores crean.
Las cifras de empleo de septiembre muestran un mercado laboral que ya es incapaz de brindar empleo seguro a millones de personas. La continua expansión de la reestructuración impulsada por la IA amenaza con agravar esa crisis, a menos que los trabajadores se organicen de manera independiente contra la subordinación de las necesidades sociales a las ganancias corporativas.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 2 de octubre de 2026)
