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Perspectiva

Con la complicidad de los medios y los demócratas, Trump prepara una importante escalada de la guerra contra Irán

En esta fotografía difundida por la Marina de EE. UU., aviones militares se encuentran en la cubierta de vuelo del portaaviones USS Theodore Roosevelt, de la clase Nimitz, el 4 de julio de 2024, en el mar de China Meridional. [AP Photo/Marinero Ryan Holloway] [AP Photo/Seaman Ryan Holloway]

Los acontecimientos de la última semana no dejan lugar a dudas de que la administración Trump, con la complicidad de todo el establishment político estadounidense, está preparando una importante escalada de la guerra contra Irán. Tras fracasar en alcanzar sus objetivos mediante un bombardeo masivo y posteriormente un bloqueo del país, la Casa Blanca está preparando una nueva y desesperada maniobra, que podría implicar el despliegue de tropas terrestres o incluso el uso de armas nucleares.

El mayor peligro es el abismo entre la magnitud de lo que se está preparando y el conocimiento que tiene la población al respecto. A un mes de las elecciones de medio mandato de 2026, la conspiración de Trump para intensificar la guerra está siendo recibida con un muro de silencio por los medios estadounidenses —que dedicaron apenas unos minutos a la guerra en los programas dominicales de tertulia de este fin de semana— y por el Partido Demócrata, que no ha hecho nada para alertar a la población sobre la nueva ofensiva contra Irán que la administración está preparando.

El 22 de septiembre, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenazó en su discurso ante las Naciones Unidas con “aniquilar a la República Islámica y hacerlo rápidamente”. Su amenaza siguió a una reunión secreta en la Casa Blanca, de la que informó el periodista Seymour Hersh el 10 de junio, en la que Trump habló “sobre una opción nuclear que quizá podría poner fin a la guerra más rápidamente”.

Estas amenazas no pueden descartarse como mera fanfarronería. Trump es el presidente de Estados Unidos y ya ha matado a miles de personas en el bombardeo de Irán, que lleva meses. Las fuerzas que ahora acumula en el golfo Pérsico le proporcionan los medios para cumplir sus amenazas. Nada sería más peligroso que la complacencia.

Después de siete meses de guerra, el imperialismo estadounidense no ha logrado sus objetivos de dominar el estrecho de Ormuz, derrotar militarmente a Irán y derrocar su Gobierno. La administración está improvisando, buscando desesperadamente una salida al desastre político que ha producido la guerra. Pero su improvisación está impulsada por la lógica de los acontecimientos. El imperialismo estadounidense no puede aceptar una derrota en el golfo Pérsico, y cada fracaso se convierte en la base de una escalada aún mayor.

La semana pasada, el Wall Street Journal y la Associated Press informaron de que la Casa Blanca había enviado un tercer portaaviones a Oriente Próximo. El USS Theodore Roosevelt partió de San Diego el 27 de septiembre, seguido al día siguiente por el buque de asalto anfibio USS Makin Island con unos 2.200 infantes de Marina. Se unirán al portaaviones USS George Washington y a más de 50.000 soldados estadounidenses desplegados por toda la región.

El Journal informó el 25 de septiembre que Trump “ha dicho a sus asesores que espera reanudar los bombardeos contra Irán después de las elecciones de medio mandato de noviembre”. El Journal informó el mes pasado que en agosto fue informado sobre opciones que incluían “enviar fuerzas terrestres para apoderarse de islas iraníes cercanas a Ormuz”.

El despliegue de buques de asalto anfibio junto con miles de infantes de Marina es particularmente ominoso. Son los medios para apoderarse de territorio, y la próxima fase de la guerra podría incluir desembarcos en las islas cercanas a Ormuz, en la terminal petrolera de la isla de Jark o en las instalaciones nucleares de Irán.

Los principales funcionarios de seguridad nacional de la administración se reunieron el viernes en Camp David, el retiro presidencial, “para discutir los próximos pasos en la guerra contra Irán y el conflicto entre Arabia Saudita y los hutíes en Yemen”, informó Axios esa noche. La última reunión similar, señaló Axios, tuvo lugar en junio de 2025, apenas unos días antes de que Israel y luego Estados Unidos atacaran Irán. Los nuevos despliegues militares estadounidenses dirigidos contra Irán son paralelos a una renovada ofensiva de Arabia Saudita, apoyada por Estados Unidos, en Yemen.

El Pentágono confirmó el domingo que todos los bombarderos estadounidenses de la base aérea británica de Fairford, utilizada para ataques contra Irán, habían sido trasladados de regreso a Estados Unidos. La retirada se produjo después de que el primer ministro británico Andy Burnham afirmara el 30 de septiembre que Irán “había desempeñado un papel” en un supuesto complot contra la base. La acusación, que no ha sido demostrada, proporciona un pretexto listo para la escalada.

La guerra contra Irán forma parte de una ofensiva global más amplia del imperialismo estadounidense, dirigida principalmente contra Rusia y China. Significativamente, los planes para ampliar la guerra contra Irán vienen acompañados de una fuerte intensificación de la guerra de la OTAN contra Rusia en Ucrania, que amenaza en cualquier momento con convertirse en una guerra directa entre Estados con armas nucleares.

Cada presidente desde la revolución iraní de 1979, tanto demócrata como republicano, ha trabajado para volver a poner a Irán bajo la dominación estadounidense. La guerra de Trump contra Irán es la etapa más reciente de una ofensiva de 35 años para someter a Oriente Próximo y Asia Central: la Guerra del Golfo de 1991, las invasiones de Afganistán e Irak, la destrucción de Libia, la guerra por delegación en Siria y el genocidio de Israel en Gaza.

En medio de una oposición popular abrumadora a la guerra y del consiguiente aumento del costo de vida, particularmente de la energía, se espera que el Partido Demócrata logre avances significativos el 3 de noviembre. Sin embargo, está decidido a garantizar que cualquier repudio electoral a Trump no conduzca a una pausa en la ofensiva del imperialismo estadounidense en Oriente Próximo.

La política de los demócratas es “ganar esta guerra”, como dijo el senador Ruben Gallego de Arizona en CNN el 30 de septiembre. El senador Chris Coons de Delaware, el demócrata de mayor rango en las asignaciones del Pentágono, dijo en CNN el jueves que Trump necesitaba “idear un plan que pueda funcionar y que no deje a Irán con el control permanente del estrecho de Ormuz”. El senador demócrata Mark Kelly de Arizona, antiguo piloto de la Marina, criticó a Trump en “This Week”, de ABC, el 27 de septiembre, diciendo: “No podemos dejar el estrecho en manos de los iraníes”.

Ninguno de los dirigentes parlamentarios del partido ha pedido detener el nuevo despliegue. Por el contrario, 58 demócratas de la Cámara de Representantes, entre ellos la expresidenta de la Cámara Nancy Pelosi, votaron junto con los republicanos el 16 de septiembre a favor de un proyecto que ampliaba las facultades arancelarias de Trump contra Rusia y extendía las sanciones contra Irán. El partido presenta a 67 candidatos al Congreso “con experiencia en seguridad nacional, más del doble de los que se presentaron en cualquiera de las últimas cuatro elecciones”, informó el World Socialist Web Site en una serie que comenzó la semana pasada. Después de las elecciones, los demócratas tienen la intención de trabajar con Trump para intensificar la guerra en todo el mundo.

La oposición a la guerra es abrumadora, pero los medios, el Partido Demócrata y los Socialistas Democráticos de Estados Unidos (DSA, por sus siglas en inglés) están trabajando para impedir que se traduzca en acción. El DSA desempeña un papel crítico en la desmovilización de la oposición a la guerra. Jacobin, la revista alineada con el DSA, no ha informado sobre los planes de Trump de atacar Irán después de las elecciones, y ni el senador Bernie Sanders de Vermont ni la legisladora Alexandria Ocasio-Cortez de Nueva York, miembro del DSA, han emitido una declaración sobre ellos.

La escalada de la guerra en el extranjero va acompañada de una ofensiva contra la clase trabajadora en el país. El alza de los precios provocada por la guerra ha llevado a una reducción desastrosa del nivel de vida de los trabajadores. El diésel ha aumentado de 3,76 dólares por galón el día antes de que comenzara la guerra a 6,34 dólares el domingo, según AAA.

Trump dijo el 1 de abril que, con el país “librando guerras”, “no es posible para nosotros atender las guarderías, Medicaid, Medicare, todas estas cosas individuales”. La Casa Blanca ha pedido al Congreso un presupuesto militar de 1,5 billones de dólares para el año fiscal 2027, un aumento del 42 por ciento, mientras recorta el gasto no relacionado con la defensa en un 10 por ciento. El presupuesto de guerra y el ataque contra los programas sociales constituyen una sola política de clase.

La lucha contra la guerra y sus desastrosas consecuencias económicas no puede subordinarse al Partido Demócrata, que está plenamente comprometido con los objetivos depredadores del imperialismo estadounidense. Poner fin a la guerra contra Irán y detener la erupción global del imperialismo estadounidense requiere la movilización independiente de la clase trabajadora sobre la base de un programa socialista, buscando unir la lucha contra la guerra con la defensa de los empleos y el nivel de vida.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 04/10/2026)

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