El desahucio forzoso por parte de la policía de Maricarmen Abascal, de 87 años, de su casa en Madrid ha provocado protestas de millones de jóvenes y trabajadores en ciudades a lo largo y ancho de España. Marcharon u ocuparon plazas por toda España, en medio de una oleada de oposición de izquierdas al gobierno 'progresista' del Partido Socialista (PSOE)-Sumar. En el centro del movimiento están los llamamientos a una huelga general por el derecho a la vivienda y otros derechos sociales fundamentales.
La muerte en el hospital de Maricarmen el 7 de octubre provocó marchas de protesta y resoluciones que pedían continuar la lucha por parte de jóvenes y trabajadores que ocupan plazas de toda España. El jueves, unas 20.000 personas se manifestaron en Madrid al grito de “Maricarmen no ha muerto, la han matado” y “La lucha sigue, Maricarmen vive”.
La muerte de Mari Carmen fue un acto de asesinato social del que son responsables tanto los fondos capitalistas que especulan con el mercado inmobiliario como el Gobierno del PSOE y Sumar, bajo cuyo mandato se ejecutó su desahucio. Consignas como “Ocho días de apoyo popular han conseguido más que ocho años de Gobierno progresista” y “¿Para quién gobernáis?” dan testimonio de la oposición de los manifestantes al Gobierno actual. Ponen al descubierto al PSOE, Sumar y sus aliados como instrumentos de los bancos y de los propietarios capitalistas, hostiles a la clase trabajadora.
La cuestión es cómo puede este movimiento luchar por sus objetivos y evitar que el Gobierno del PSOE-Sumar lo desmovilice o lo someta a su control. Las protestas por la vivienda han puesto de manifiesto la gran oposición a la caída de los salarios reales, el deterioro de los servicios públicos y el desvío de decenas de miles de millones de euros hacia el rearme y la escalada de la guerra de la OTAN con Rusia. Existe entre los jóvenes y los trabajadores que se manifiestan una conciencia extendida de que, para frenar la austeridad y el militarismo, es necesaria una movilización más amplia de la clase trabajadora en lucha, mediante una huelga general.
Esta huelga general no puede ser una acción simbólica de un solo día destinada a apoyar a las autoridades gubernamentales responsables de la crisis. Debe surgir de la movilización de la energía revolucionaria de los trabajadores y los jóvenes que está irrumpiendo en España, en toda Europa y a escala internacional, como demuestran el creciente movimiento huelguístico en Estados Unidos, las continuas huelgas del sector público en Portugal y las protestas de los estudiantes de secundaria en Francia.
Lo que es necesario es la formación de comités de acción independientes construidos desde la base, entre los trabajadores y jóvenes movilizados por las protestas por la vivienda en España. Estas organizaciones pueden permitir que los trabajadores y los jóvenes decidan por sí mismos las reivindicaciones y el alcance de las luchas en curso; luchen por incorporar a la huelga a sectores más amplios de la clase trabajadora; y preparen una huelga general contra el Gobierno del PSOE-Sumar. Sobre todo, pueden establecer vínculos con los trabajadores y jóvenes de distintos sectores y de otros países que también luchan contra la austeridad, la guerra, el Estado policial y el sistema capitalista.
La formación de organizaciones independientes de lucha es decisiva para evitar que las burocracias y sus defensores pequeñoburgueses canalicen las protestas en España de nuevo hacia el régimen PSOE-Sumar. Esto es precisamente lo que pretenden hacer ahora las burocracias sindicales españolas —tanto la de Comisiones Obreras (CCOO), próxima a los partidos pseudoizquierdistas Podemos y Sumar, como la de la Unión General de Trabajadores (UGT), alineada con el PSOE—.
El pasado lunes, tras el anuncio de elecciones anticipadas para el 29 de noviembre del presidente del Gobierno Pedro Sánchez, las principales burocracias sindicales españolas convocaron una huelga general de un día. Sin embargo, pospusieron dicha acción durante más de un mes, hasta una huelga de un día el 11 de noviembre, poco antes de las elecciones. Con este retraso, las burocracias sindicales esperan contener la creciente lucha de trabajadores y jóvenes y canalizarlos hacia una perspectiva falsa de apoyo al PSOE y a Sumar en las próximas elecciones.
Esto es un callejón sin salida, especialmente para la oposición a la rápida escalada de la guerra de la OTAN contra Rusia. En su anuncio electoral, Sánchez presumió de su apoyo a Ucrania y calificó a España como una “referente mundial de paz, feminismo y prosperidad”. Pero su Gobierno ha respaldado la guerra de la OTAN contra Rusia, que amenaza con desembocar en una guerra nuclear, al tiempo que ha supervisado un enorme aumento del gasto militar. El año pasado elevó el gasto militar total de España a 65.000 millones de euros (el 3,92 % del PIB), mientras privaba de recursos a los servicios públicos.
La convocatoria electoral de Sánchez es un chantaje político reaccionario: pretende obligar a los trabajadores a votar por el PSOE y sus aliados, para evitar la elección del derechista Partido Popular (PP) y del partido fascista Vox. Pero la amenaza de una dictadura fascista no puede combatirse aplazando y reprimiendo la lucha de clases ni apoyando a un Gobierno del PSOE-Sumar cada vez más impopular. Combatir el fascismo y la guerra requiere la movilización más amplia posible de la clase trabajadora en la lucha.
Esto es lo contrario de lo que prefieren los líderes sindicales, el Gobierno PSOE-Sumar y sus satélites políticos. De manera significativa, CCOO y la UGT se negaron a organizar una huelga general de un día en Ceuta, el enclave norteafricano de España. Desde que decenas de miles de migrantes llegaron desde Marruecos este verano, Ceuta ha sido escenario de una sangrienta represión policial-militar contra los migrantes. Sin embargo, los líderes sindicales no quieren huelgas en Ceuta, que podrían alentar la oposición a las políticas antimigrantes del PSOE-Sumar.
Sus maniobras cuentan con el respaldo de dirigentes del PSOE y Sumar, que sostienen que la huelga va dirigida contra la oposición de derechas y no contra ellos. “Las huelgas generales se convocan contra los gobiernos”, afirmó la vicesecretaria general del PSOE, María Jesús Montero, pero “en este caso, la huelga general se convoca contra la oposición”. Sánchez acogió favorablemente la convocatoria de huelga de un día por parte de las burocracias sindicales: “Es un derecho constitucional. Nosotros no podemos hacer otra cosa como Gobierno que respetar el ejercicio de la misma”. El Ministerio de Trabajo, dirigido por la líder de Sumar, Yolanda Díaz, expresó su “absoluto respeto” por la huelga y reconoció que la vivienda es “un problema esencialmente de los y las trabajadoras”.
Del mismo modo, las burocracias sindicales insisten en que la huelga del 11 de noviembre debe apoyar al Gobierno, no oponerse a él. El secretario general de CCOO, Unai Sordo, insistió en que la huelga “no es una huelga propiamente contra el Gobierno”, y subrayó que el bloque gubernamental “tiene una oportunidad” en las elecciones de noviembre. El secretario general de UGT, Pepe Álvarez, insistió en que la huelga del 11 de noviembre en España “no es una huelga general clásica”, ya que “las políticas económicas y laborales en España han funcionado”.
Pero en España y Europa están estallando en protestas porque la austeridad y el militarismo no “funcionan” para la clase trabajadora. El llamamiento de Maricarmen resuena hoy como un llamamiento a seguir luchando no solo contra la amenaza de la extrema derecha, sino también contra el régimen PSOE-Sumar: “No conseguí defender mi casa, pero sí luché para que otros aprendieran a luchar por la suya … No ha podido ser, pero, por favor, luchad”.
La tarea que tienen por delante los trabajadores es luchar para preparar una verdadera huelga general, en lugar de limitarse a acciones de un solo día controladas por organizaciones favorables al Gobierno. En vísperas de la huelga general de 1936 en Francia, Trotsky explicó esta cuestión al combatir las políticas de la burocracia sindical de la CGT francesa:
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La huelga general es, por su misma esencia, un acto político. Opone a la clase trabajadora, en su conjunto, al Estado burgués. Agrupa a trabajadores sindicados y no sindicados, socialistas, comunistas y personas sin afiliación política. Requiere un aparato con prensa y agitadores...La huelga general plantea directamente la cuestión de la conquista del poder por parte del proletariado. La CGT se ha dado la vuelta y está dando la espalda a esta tarea (los líderes de la CGT vuelven la cara hacia el poder burgués).
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Trotsky advirtió contra las maniobras de las burocracias para “hacerse con la dirección nominal de la resistencia, precisamente para impedir que se transforme en una huelga general revolucionaria”. Este es el obstáculo que representan hoy las direcciones de CCOO y UGT en España y que los trabajadores y los jóvenes deben superar.
La organización independiente de trabajadores y jóvenes en lucha en comités de acción es decisiva. Esto puede agruparlos, permitir el debate necesario sobre una perspectiva revolucionaria internacional y organizar delegaciones que acudan a fábricas, centros de trabajo, centros de estudiantes y barrios obreros para llamar a desarrollar la lucha de clases de la forma más amplia posible.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 11 de octubre de 2026)
