Español
Perspectiva

La prensa corporativa y el DSA falsifican el resultado de las elecciones del UAW e inventan un “mandato” para Shawn Fain, el “presidente del 6 por ciento”

El presidente de United Auto Workers, Shawn Fain, se dirige a los delegados durante la Convención Estatal de Apoyo del Partido Demócrata de Michigan, el domingo 19 de abril de 2026, en Detroit. [Foto: AP/Jose Juarez] [AP Photo/Jose Juarez]

Las elecciones de United Auto Workers (UAW), que concluyeron la semana pasada, fueron un completo desastre para el aparato sindical. Apenas el 9,06 por ciento de los aproximadamente 1,1 millones de afiliados con derecho a voto enviaron su papeleta, siendo la participación más baja en unas elecciones sindicales nacionales en la historia de Estados Unidos, incluso inferior a la de las últimas elecciones del UAW, celebradas en 2022. Más de un millón de afiliados no votaron.

El presidente en funciones, Shawn Fain, obtuvo el 68,1 por ciento de los votos emitidos para la presidencia, pero, dada la participación total, fue elegido por apenas el 6,1 por ciento del total estimado de afiliados, aproximadamente uno de cada 16. Incluso esa cifra incluye los votos de los miles de funcionarios, empleados y designados cuyos puestos dependen del aparato.

Hace cuatro años, una participación inferior al 10 por ciento en las primeras elecciones directas del sindicato ya fue reconocida como una crisis. Will Lehman, que también se presentó como candidato a la presidencia, documentó que grandes cantidades de trabajadores nunca recibieron papeletas ni sabían que se estaban celebrando elecciones, y llevó el asunto ante un tribunal federal. El juez David Lawson desestimó la demanda, pero admitió que las quejas “sin duda son graves y deberían causar preocupación” y señaló la “participación extraordinariamente baja”.

Ahora, después de tres años y medio de una dirección que se presentó como una

 transformación del sindicato, la participación ha caído aún más.

No se trató simplemente de una participación récord por lo baja. Fue un boicot masivo. La votación cayó en siete de las nueve regiones del sindicato. Desde las plantas automotrices del área de Detroit, el centro histórico del sindicato, hasta los sindicatos locales universitarios que han sido la base de su crecimiento reciente, la abrumadora mayoría de los afiliados se negó a participar.

Un factor, al igual que la vez anterior, fue que no se notificó debidamente a los trabajadores y que estos no pudieron conseguir las papeletas.

Un segundo factor fueron las onerosas reglas dirigidas contra Lehman, un trabajador socialista de Mack Trucks que se presentó con un programa para abolir la burocracia y reemplazarla por comités de base. Las reglas se aprobaron en la convención del UAW de 2022 y fueron aplicadas por el supervisor federal. Se impidió que el World Socialist Web Site (WSWS) lo respaldara e hiciera campaña a su favor. A los activistas de la campaña de Lehman los expulsaron impunemente de las plantas, mientras que Fain y otros funcionarios hicieron campaña abiertamente, lo que redujo aún más la participación de quienes buscaban una forma de combatir al aparato.

Pero el factor decisivo fue la hostilidad de los trabajadores hacia el propio aparato. Expresaron su rechazo absteniéndose. Emitieron su veredicto no solo sobre la administración de Fain, sino sobre todo el aparato, tras tres años y medio de traiciones, miles de despidos y sabotajes de huelgas.

La prensa corporativa responde ahora con un encubrimiento que alcanza proporciones verdaderamente absurdas. Está convirtiendo este voto de desconfianza hacia el aparato en un enorme “mandato” para Fain.

El Wall Street Journal proclamó una “paliza electoral” de Fain. El Detroit Free Press calificó el resultado de “contundente referéndum sobre la popularidad de Fain”. The Guardian anunció que Fain “gana fácilmente la reelección”. Common Dreams puso en su titular la propia afirmación de Fain: “Los afiliados han hablado”. La publicación pseudoizquierdista Labor Notes se sumó al coro y celebró un “mandato renovado” y un “referéndum sobre la nueva orientación combativa”.

En su mayor parte, estos reportajes no hicieron ninguna referencia a la participación. Los que sí lo hicieron trataron el hecho de que los trabajadores no participaran en este “mandato” como una salvedad menor. Esto refleja el desprecio de la prensa corporativa por los trabajadores. Lo que les importa a los medios y a las empresas automotrices es que su lacayo Fain, a quien también promocionan como un aspirante inesperado a la candidatura presidencial demócrata de 2028, consiguió otros cuatro años en el cargo.

El Free Press tiene razón al afirmar que las elecciones fueron un “contundente referéndum”, aunque no en el sentido que pretendía. En cualquier referéndum, la primera pregunta es cuántas personas participaron. Todo régimen que organiza un plebiscito primero examina la participación, porque sabe lo que la abstención masiva dice sobre el odio de la población hacia él. En este caso, el aparato organizó una fiesta a la que no acudió nadie y luego la declaró un éxito rotundo.

Hay algo más que un simple encubrimiento de Fain. Al inventar un apoyo masivo al aparato, estas publicaciones también buscan deslegitimar toda oposición a la burocracia y presentarla como obra de un puñado de descontentos y saboteadores. Están validando las acciones del aparato contra la oposición de las bases.

El premio a la mentira más cínica cínica al servicio del aparato corresponde a los Socialistas Democráticos de Estados Unidos (DSA, por sus siglas en inglés), cuyos miembros ocupan puestos destacados en la burocracia sindical y han sido los principales asesores de Fain. Chris Brooks, exjefe de gabinete de Fain, escribió en la revista Jacobin, alineada con el DSA, que “los afiliados de United Auto Workers respaldan abrumadoramente a Fain y la orientación combativa que está dando al sindicato”.

Brooks reconoce que la participación fue de “alrededor del 10 por ciento del total de afiliados activos y jubilados” y menor que en 2022. Sin embargo, no ofrece ninguna explicación para este hecho. Si Fain ha hecho un trabajo tan magnífico, ¿por qué nueve de cada diez afiliados se negaron a participar en su reelección?

El ficticio apoyo “abrumador” de Brooks se desvanece al contrastarlo con las cifras. En las regiones 1 y 1A de Michigan, el centro de la industria automotriz y sede de la dirección del UAW, se contabilizaron 26.975 papeletas entre más de 300.000 afiliados activos y jubilados.

En Harvard, donde más de 4.000 trabajadores de posgrado hicieron una huelga de 40 días en primavera, el sindicato local emitió 53 votos, en la práctica no más que los de sus funcionarios y unos cuantos amigos. Harvard era la base de Brandon Mancilla, director de la Región 9A y miembro del DSA. En Columbia, donde el aparato regional de Mancilla se negó a autorizar una huelga a menos que los trabajadores de posgrado abandonaran sus reivindicaciones políticas, unos 3.000 afiliados emitieron apenas 29 votos.

Brooks afirma que los adversarios de Fain “querían devolver al sindicato a los tiempos en que cedía ante los patrones y carecía de una visión más amplia de lo que el movimiento obrero organizado puede hacer, incluso en su estado debilitado”. Esto es una calumnia contra Lehman, cuya campaña fue combatida por el DSA y Labor Notes, que sostenían que su programa de abolir la burocracia y transferir el poder a los trabajadores era “antisindical”.

“Ese apoyo se ha ganado”, declara Brooks, refiriéndose a “contratos que cambiaron vidas” en Daimler Truck, American Axle, Allison Transmission, la Universidad de Cornell y Rolls-Royce. El resultado sí se lo ganaron, pero no es el que describe Brooks. Lo que el aparato se ganó fue el rechazo masivo de los afiliados.

A los pocos meses de los acuerdos de 2023 con los Tres Grandes fabricantes de automóviles, Stellantis despidió a 2.000 trabajadores temporales, mientras que su contrato supuestamente destinado a “salvar empleos” autorizó el cierre de Tipton Transmission y de 10 centros de distribución de piezas. Después llegaron despidos y recortes de turnos en Mack, Toledo y Warren Truck. Ford redujo a un solo turno la producción de vehículos eléctricos en Rouge, y GM anunció más de 3.000 despidos a finales de 2025.

En Daimler, al acuerdo “celebrado” le siguieron despidos temporales que afectaron a 573 trabajadores en Mount Holly y Gastonia. El UAW afirmó falsamente haber eliminado las escalas salariales en Cornell y Rolls-Royce. Ambos contratos mantienen salarios más bajos para los nuevos contratados, y Rolls-Royce conserva además la división entre los trabajadores con pensiones y aquellos relegados a planes 401(k).

El sindicato local de American Axle contabilizó apenas 179 papeletas en estas elecciones, después de la traición de la huelga de junio de casi 1.000 trabajadores; el sindicato local de trabajadores de servicios de Cornell contabilizó 51. En Nexteer, que Brooks omitió de su lista, los trabajadores rechazaron tres contratos antes de que el UAW celebrara una cuarta votación en las instalaciones de la empresa, sin autorizar la huelga que exigían. Su sindicato local contabilizó 978 papeletas.

Brooks también afirmó que las elecciones fueron una dura reprimenda al monitor judicial, cuyas investigaciones sobre graves acusaciones de corrupción llevaron a la destitución de Brooks. Ahora, Brooks está haciendo campaña para recuperar su antiguo puesto, que en 2025 le generó 238.294 dólares en salario y otros pagos.

El DSA, Labor Notes y las facciones pseudoizquierdistas que los rodean llevan décadas promoviendo el fraude de la autorreforma burocrática: la afirmación de que los trabajadores pueden defender sus intereses cambiando a quienes ocupan los puestos de dirección. Su propósito siempre ha sido defender el aparato frente a los trabajadores. Sobre todo, se oponen a cualquier política socialista mediante la cual la oposición creciente pueda adquirir una forma consciente y dirigirse contra el sistema capitalista del que dependen los privilegios de la burocracia.

Las elecciones muestran algo que el aparato y sus defensores no pueden ocultar. La abrumadora mayoría de los trabajadores considera que la burocracia del UAW no es su organización, sino un instrumento de la gerencia y del Estado. Ya han visto de qué está hecha. Saben que nada cambiará a través de ella.

Las elecciones no fueron un “mandato” para la burocracia, sino un mandato real para una rebelión contra ella. Esa rebelión requiere organización y una perspectiva. El rechazo de los trabajadores al aparato debe transformarse en una oposición activa y organizada. Esto significa construir comités de base en cada planta y lugar de trabajo, controlados por los propios trabajadores, para que asuman la dirección de estas luchas.

Estos comités deben vincularse entre empresas, industrias y fronteras nacionales a través de la Alianza Internacional Obrera de Comités de Base (AIO-CB). También significa asumir la lucha que promovió la campaña de Lehman: la abolición de la burocracia, la transferencia del poder a las bases y la construcción de un movimiento socialista de la clase trabajadora contra el sistema capitalista que defiende el aparato.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 14/10/2026)

Loading