El rápido aumento de la deuda pública en todas las principales economías está dominando las deliberaciones del Fondo Monetario Internacional en su reunión anual de octubre, que se celebra esta semana en Bangkok, Tailandia.
A lo largo de décadas, el FMI ha tenido que lidiar con las crisis de deuda soberana de muchos países, a los que generalmente se les denomina “economías de mercado emergentes”, imponiendo programas de “reestructuración” brutales que recortan drásticamente los fondos destinados a servicios sociales para pagar la deuda y los intereses a los bancos e instituciones financieras globales.
Pero hoy en día, la crisis mundial de la deuda está profundamente arraigada en las principales economías capitalistas e imperialistas, a la cabeza de las cuales se encuentra Estados Unidos, con una deuda de más de 40 billones de dólares y un gasto en intereses que supera el billón de dólares al año.
El gobierno de Estados Unidos, junto con los gobiernos de Francia, toda la zona del euro y Japón, así como países como Australia, se enfrentan a una situación en la que las tasas de interés de sus bonos, que se mantuvieron cercanas a cero durante gran parte del período posterior a la crisis financiera mundial de 2008, han vuelto a niveles del 5 por ciento y más, algo que no se veía desde hace un cuarto de siglo.
Ante el aumento vertiginoso de los costos de endeudamiento, los gobiernos deben destinar más dinero solo para pagar los intereses de su deuda. En Estados Unidos, por ejemplo, esto equivale a un dólar de cada cinco que el gobierno recauda en concepto de ingresos, lo que genera un «círculo vicioso» en el que se debe pedir prestado más dinero solo para pagar los intereses de las deudas anteriores.
En varios discursos y comentarios previos a la reunión de esta semana, la directora del FMI, Kristalina Georgieva, señaló el cambio en la situación y sus implicaciones tanto para las políticas que ahora deben implementar los gobiernos como para sus posibles consecuencias.
En una entrevista televisiva el mes pasado, señaló la combinación del aumento de los precios de la energía y la inflación. “En tiempos normales, eso no sería un problema enorme. Pero estos no son tiempos normales, porque tenemos niveles de deuda en las economías avanzadas en máximos históricos”, dijo.
Esto significaba que los gobiernos que tenían que pagar intereses más altos no podían hacer frente al costo de vida. “Debemos prepararnos para que la gente esté más descontenta. Quizás en las calles”.
Esto ya está ocurriendo con manifestaciones masivas, huelgas y protestas en Francia y España. Incluso antes del último aumento de los rendimientos (tasas de interés) de la deuda soberana a largo plazo —que se extendió de manera generalizada en mayor o menor medida—, el Instituto de Finanzas Internacionales informó que los gobiernos de las principales economías pagaban más de 3,3 billones de dólares en intereses anuales. Estableció un paralelismo con la crisis de endeudamiento de los “mercados emergentes”
Al llamar la atención sobre esta situación, un informe de Bloomberg señaló lo que se denomina el contexto “invertido” de la reunión del FMI en Bangkok. Hace casi 30 años, Tailandia y su moneda, el baht, estuvieron en el centro de la llamada “crisis financiera asiática”. Hoy, la atención se centra en los problemas de las principales economías, que son las “mayores infractoras” en materia de deuda, según Georgieva.
En un discurso de apertura pronunciado en Singapur de camino a la reunión de Bangkok, Georgieva se centró en el tema de la deuda pública. Afirmó que los gobiernos enfrentaban “decisiones políticas muy difíciles”, ya que debían controlar el gasto ante el aumento de los rendimientos de los bonos, que han elevado los costos de financiamiento a sus niveles más altos en más de dos décadas.
Y podrían subir aún más. La gigantesca firma de comercio de bonos Pimco ha señalado que el rendimiento del bono del Tesoro de EE. UU. a 10 años —el punto de referencia para el sistema financiero global—, que recientemente superó la marca del 5 por ciento, bien podría llegar al 6 por ciento.
El director de inversiones de Pimco, Dan Ivascyn, señaló que una nueva subida pronunciada era “factible” y que, si el rendimiento a 10 años alcanzara el 5,5 % o más, “se observaría una debilidad considerable en los mercados de riesgo, tanto de crédito como de acciones”.
Esos tipos no son altos en términos históricos, pero la diferencia radica en que ahora se aplican a un nivel de deuda sin precedentes.
En su discurso, Georgieva señaló que los niveles de deuda global en relación con el PIB estaban a punto de superar el 100 por ciento y que los planes de consolidación (término que en realidad significa recortes importantes en el gasto) eran la “necesidad del momento”, y que la situación exigía “un conjunto urgente y integral de respuestas de política pública”.
En respuesta al discurso de Georgieva, el presidente de Singapur, Tharman Shanmugaratnam, señaló que ahora eran “las economías de importancia sistémica del mundo las que enfrentaban los mayores desafíos fiscales” y que “el FMI no podrá rescatarlas”.
La necesidad de recortar el gasto público fue el tema central de la presentación del informe Perspectivas de la economía mundial (WEO) del FMI, titulado “Resiliencia bajo presión, decisiones urgentes”, que se publicó ayer.
Al presentar el informe en una entrada de blog, la recién nombrada asesora económica del FMI, Silvan Tenreyro (quien solo obtuvo el puesto después de que el favorito, Ricardo Reis, fuera descartado debido a sus críticas a los aranceles de Trump), advirtió que, si bien la economía mundial había demostrado ser “resiliente” ante la crisis de los precios del petróleo tras el inicio de la guerra contra Irán, esa resiliencia ahora se encontraba “bajo presión”.
El WEO pronosticó que el crecimiento mundial para este año sería del 3,1 por ciento, con una inflación que subiría al 4,7 por ciento.
El informe señaló que la “resiliencia” era desigual y había generado una “economía mundial dividida”. Algunos países contaban con un colchón gracias al aumento de las exportaciones de tecnología relacionadas con la inteligencia artificial, mientras que otros se enfrentaban a “facturas de importación más elevadas y una demanda más débil”.
Según el informe, la crisis del petróleo se había contrarrestado mediante el uso de las reservas, y los mercados financieros se habían visto “impulsados por el auge del sector tecnológico”. Sin embargo, no hay certeza de que esas condiciones vayan a perdurar.
“Las reservas se han agotado, los mercados de materias primas siguen siendo vulnerables, la fragmentación podría convertirse en un mayor lastre para la eficiencia, la incertidumbre prolongada podría acabar pesando más sobre la confianza, las restricciones energéticas podrían mermar el impulso impulsado por la IA, y las condiciones de financiamiento podrían cambiar abruptamente por diversas razones, incluidas las preocupaciones sobre la estabilidad fiscal”.
En sus comentarios durante una conferencia de prensa sobre el WEO, Tenreyro citó una cifra que muestra el impacto del auge de la IA. Se preveía que el crecimiento del comercio mundial aumentara un 8,3 por ciento, en gran parte como resultado del incremento del 29 por ciento en el comercio relacionado con la IA.
Como señaló en su entrada de blog, a menos que se tomaran medidas para reponer los amortiguadores de política (otra forma de referirse a los recortes de gasto), la economía mundial podría “poner a prueba pronto los límites de su resiliencia” y, si bien la inversión relacionada con la tecnología era “un importante respaldo frente a las crisis energéticas”, también estaba “concentrando los riesgos, lo que hace que la expansión mundial dependa en gran medida de un pequeño número de empresas, sectores y economías”.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 14 de octubre de 2025)
