A medida que continúa la ola de ventas de bonos a nivel mundial, con los rendimientos (tasas de interés) de la deuda pública alcanzando máximos de un cuarto de siglo, crece la atención sobre la situación financiera de Francia, que se está colocando en el centro de la tormenta.
Desde el inicio de la guerra de Estados Unidos contra Irán a finales de febrero y el aumento de la inflación mundial que ha provocado, el rendimiento de la deuda pública francesa a largo plazo ha subido más que en cualquier otro país del G7. El rendimiento del bono a 10 años se acerca al 5 por ciento, en comparación con el 3,2 por ciento antes del inicio de la guerra.
Además, existe la preocupación de que la creciente crisis de deuda francesa pueda comenzar a afectar al resto de la zona del euro, ya que el euro cayó a su nivel más bajo frente al dólar estadounidense en 17 meses al inicio de las operaciones de esta semana.
Lee Hardman, analista principal de divisas de la firma financiera global japonesa MUFG, declaró al Financial Times (FT) que la caída del euro se debía «al aumento de los temores sobre las condiciones financieras desestabilizadoras en la zona del euro, desencadenadas por la fuerte venta masiva de bonos del gobierno francés».
Al igual que otros, le preocupa que el aumento de los rendimientos franceses provoque una fragmentación cuando los rendimientos de los bonos de las economías financieramente más débiles comiencen a subir bruscamente por encima del resto.
Este proceso fue el eje central de la crisis de la eurozona de 2011-2012 y hay indicios de que está regresando, ya que el rendimiento de los bonos franceses es ahora 1,36 puntos porcentuales más alto que el de los bonos alemanes. Esta es una de las mayores divergencias desde la crisis de la eurozona y la brecha para la segunda economía más grande de la eurozona es ahora mayor que la de Italia y Grecia juntas.
A principios de septiembre, mientras la crisis se desarrollaba, Emmanuel Moulin, director del Banco de Francia, afirmó que no diría que Francia estaba «en peligro, pero sí en una situación preocupante e insatisfactoria».
En el mes transcurrido desde que se hicieron esos comentarios, parece que su preocupación ha aumentado.
En una entrevista con el FT a principios de esta semana, señaló que el país corría el riesgo de ser “estrangulado por las tasas de interés” si no tomaba medidas respecto a las finanzas públicas.
“Francia no es Grecia durante la crisis de la eurozona”, dijo. “Si logra aprobar este año un presupuesto para reducir el gasto y disminuir el déficit, tal como lo ha propuesto el gobierno, entonces los mercados se sentirán tranquilos ante esta medida concreta de consolidación fiscal”.
Pero se trata de un “si” muy grande, ya que el gobierno se enfrenta a una oposición social masiva por parte de la clase trabajadora y la juventud al intentar imponer recortes presupuestarios de 43 mil millones de euros, al tiempo que aumenta el gasto militar.
Como señaló el World Socialist Web Site en agosto, cuando se preparaban los recortes: “Los recortes a las pensiones para 2023 del [presidente] Macron provocaron el rechazo de una abrumadora mayoría de la población francesa y la mayor ola de huelgas desde la huelga general de mayo de 1968. No obstante, el gobierno sigue adelante, pisoteando la democracia, hacia una nueva confrontación con la clase trabajadora”.
En sus declaraciones al FT, Moulin advirtió: “Si no actuamos, existe de hecho el riesgo de que nos estrangulen gradualmente los tipos de interés al alza. Tenemos que seguir siendo dueños de nuestro propio destino”.
Las advertencias sobre la crisis de las tasas de interés, que está surgiendo en muchos otros países a medida que los pagos de intereses consumen una porción cada vez mayor del gasto presupuestario, no son infundadas. Se espera que el costo del servicio de la deuda francesa aumente un 25 por ciento este año, hasta alcanzar los 65 mil millones de euros. Esto es más de lo que se gasta en educación y en el ejército. La deuda pública total es de 3,5 billones de euros, lo que equivale al 120 por ciento del PIB.
Francia tiene más de 1 billón de dólares (cerca de 900 mil millones de euros) en deuda con vencimiento para 2030 y se espera que el costo del servicio de la deuda aumente un 59 por ciento para ese año, según un estudio reciente del Ministerio de Finanzas francés.
El crecimiento económico no brindará ningún alivio. El gobierno ya ha reducido su pronóstico de crecimiento para este año del 1 por ciento a un anémico 0,5 por ciento. Como reflejo de la desaceleración de la economía, la tasa de desempleo alcanzó el 8,3 por ciento en el segundo trimestre, el nivel más alto desde 2020, durante la pandemia.
La idea planteada por el director del banco central de que una «Francia fuerte» —es decir, una que lleva a cabo una devastación social contra la clase trabajadora y la guerra— puede seguir siendo “dueña” de su propio destino está siendo destrozada por la agitación en los mercados globales.
Esto quedó de manifiesto con el anuncio de la firma japonesa de gestión de activos Sumitomo Mitsui de que sus fondos globales de renta fija habían vendido la totalidad de sus tenencias de bonos del gobierno francés. Redirigió su dinero hacia bonos alemanes y bonos del gobierno japonés a corto plazo.
Shinji Kunibe, gestor principal de carteras de la firma, señaló que los bonos franceses habían ofrecido anteriormente rendimientos atractivos, pero que los recientes acontecimientos fiscales y políticos habían alterado el equilibrio entre riesgo y rentabilidad.
Uno de los principales cambios es el aumento de las tasas de interés en Japón, donde los bonos a largo plazo ofrecen un rendimiento del 3 por ciento. Este cambio está socavando el llamado “carry trade” (operación de carry), en el que los inversionistas tomaban dinero prestado a tasas ultrabajas en Japón para invertir en activos de mayor rendimiento en otras economías importantes. Las aseguradoras, los fondos de pensiones y las administradoras de activos japonesas se han contado entre los mayores inversionistas en deuda pública a nivel internacional.
Japón ha sido uno de los mayores acreedores de Francia, con alrededor del 5,2 % de la deuda externa francesa en 2025. Otra estimación situaba las tenencias japonesas de deuda francesa en unos 145 mil millones de dólares en julio de este año.
Algunos comentarios de Bloomberg señalaron el cambio en la situación. En un artículo publicado el viernes pasado, antes de que se diera a conocer la decisión de Sumitomo, se afirmaba que, durante la mayor parte de la historia del euro, «los inversionistas consideraban que Francia lograría superar sus desafíos políticos y económicos y seguiría siendo una apuesta relativamente segura. Esa idea ya no se sostiene».
La ola de ventas de deuda global había “alimentado una caída que está golpeando a Francia con más fuerza y rapidez de lo que nadie esperaba”.
En comentarios adicionales esta semana, se señaló que “se está produciendo una gran migración de activos en Japón” y que, a medida que los inversionistas trasladan capital de los bonos a las acciones y liquidan las operaciones de carry trade financiadas con yenes, “también están agravando la crisis de la deuda soberana de Francia”.
El desarrollo de la lucha de clases en Francia también se está convirtiendo en un factor importante, como comentó Bloomberg: “Si eres un inversionista japonés capaz de obtener un 3 por ciento sin riesgo en tu país, ¿por qué querrías exponerte a la volátil política francesa?”
La crisis de la deuda francesa y la intensificación de la lucha de clases que está generando no es, en absoluto, un simple acontecimiento nacional.
Es la expresión en Francia, con todas sus peculiaridades, de un colapso creciente del sistema capitalista mundial, a medida que los gobiernos de todo el mundo —los representantes de los oligarcas— libran una guerra contra la clase trabajadora, un dictado que les llega a través de los mercados globales de bonos. Esto plantea ante la clase trabajadora de Francia y a nivel internacional la lucha por un programa socialista como la única respuesta realista y viable a esta crisis.
(Artículo publicado originalmente en inglés el de octjulio de 2026)
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