El miércoles, los trabajadores de base del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) rechazaron un acuerdo salarial aceptado por el Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social (SNTSS). La votación repudió tanto a la dirección sindical que negoció el acuerdo como al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, que lo ha defendido. Se produjo un día después de una marcha nacional que los trabajadores de base convocaron mediante su propia asamblea independiente, por encima de la dirección sindical, desde la cual exhortaron a sus compañeros a votar por el No.
Alrededor de las 2:30 de la madrugada del jueves, el secretario general del SNTSS, Rafael Olivos Hernández, publicó un video en el que reconocía la derrota. “Los resultados son claros: la mayoría de quienes participaron decidió no aprobar la propuesta salarial”, dijo, sin dar cifras. Horas después, Sheinbaum afirmó que el director del IMSS, Zoé Robledo, “tiene que abrir una mesa de trabajo para buscar alternativas y presentar una mejor propuesta”, pero añadió explícitamente que la nueva oferta debía mantenerse dentro de lo posible.
El paquete rechazado aumentaba apenas un 2,9 por ciento el salario base, por debajo de la inflación anual del 3,45 por ciento registrada en septiembre. Los trabajadores exigen un aumento del 10 por ciento que se incorpore directamente al salario base, sobre el cual se calculan sus pensiones.
El voto por el No es un paso importante, pero no resuelve nada. Marca una nueva etapa en la lucha. La dirección que redactó el acuerdo, el director que lo aprobó y la Secretaría del Trabajo que supervisó la votación proponen ahora elaborar entre ellos la siguiente oferta. Lo “posible” está determinado por un presupuesto que destina más dinero a los tenedores de la deuda pública que a la atención médica. Además, el gobierno ya ha demostrado, con la policía desplegada en las calles de la capital, cómo pretende imponer cualquier acuerdo.
La marcha nacional del 13 de octubre no fue convocada por la burocracia sindical. Fue aprobada el 10 de octubre en una asamblea de cinco horas celebrada en el campamento de los trabajadores frente a la sede del IMSS en Ciudad de México, que también llamó a los sindicatos independientes a sumarse. Maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), trabajadores del Metro, del ISSSTE y de Pemex, así como estudiantes, anunciaron que participarían.
El gobierno de Ciudad de México calculó la asistencia en unas 7.000 personas; El Universal informó de alrededor de 35.000. Contingentes de enfermeros, médicos, jubilados y personal de limpieza llegaron de más de diez estados y añadieron una nueva exigencia: que el gasto en salud equivalga al menos al 7 por ciento del PIB. “Todos los trabajadores tienen que votar por el No”, dijo a la multitud Rafael Soto, enfermero del Centro Médico Nacional Siglo XXI y portavoz del movimiento. La marcha terminó en el campamento de los padres de los 43 estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos y se repitió en al menos 12 estados, donde los trabajadores de base ocuparon nueve secciones sindicales.
El 14 de octubre, unos 474.000 trabajadores activos fueron convocados a votar en 670 casillas, sobre una pregunta redactada por el sindicato. Para las 7 de la tarde, habían votado alrededor de 282.000, es decir, el 59,47 por ciento. Las papeletas no estaban numeradas y en algunas mesas no había observadores obreros, mientras que el Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral (CFCRL) sostiene que el proceso se desarrolló con normalidad.
En menos de dos horas, los trabajadores publicaron fotografías de las actas de recuento de sus unidades. En el Hospital de Especialidades La Raza, en Ciudad de México, el acuerdo fue rechazado por 750 votos contra 183; en el Hospital General de Zona conocido como Troncoso, por 1.260 contra 64. Solo en Ciudad Juárez, el recuento preliminar arrojó 7.548 votos en contra y 325 a favor. Según el recuento del movimiento en casi 100 hospitales y clínicas, el No se impuso por 28.400 votos contra 4.350.
El secretario general del SNTSS, Olivos, reconoció la derrota cinco horas después, pero ni el sindicato ni el CFCRL habían publicado un recuento nacional para el mediodía del viernes.
El gobierno y la burocracia se reagrupan
Olivos calificó la votación como “un ejercicio de participación democrática y transparente que esta dirigencia decidió convocar”, y el secretario del Trabajo, Marath Bolaños, la elogió como “un proceso fundamental para la democracia sindical”. La votación no fue un regalo de la dirección. Desde la reforma laboral de 2019, las revisiones de los contratos deben ser ratificadas por los afiliados, y la dirección convocó la votación con solo nueve días de aviso para ratificar el acuerdo antes de que entrara en vigor el 16 de octubre. Los trabajadores volvieron la votación contra la dirección.
El día de la votación, un trabajador de un hospital del IMSS dijo al World Socialist Web Site que en su centro de trabajo el sindicato “prácticamente no dice nada”. Sus representantes, explicó, se limitan a decir que las marchas “no tienen nada que ver con el sindicato y que es un asunto personal decidir si queremos ir o no”.
Olivos no solo es secretario general del sindicato, sino también diputado federal suplente registrado por el partido gobernante Morena. En la firma del acuerdo salarial de 2024, el director del IMSS, Robledo, lo elogió como “un gran aliado de las causas del sindicalismo mexicano”. Robledo, del IMSS; Olivos, del SNTSS; y Sheinbaum, de Morena, trabajan estrechamente para sofocar el movimiento de los trabajadores de base.
El gobierno también ha respondido a los trabajadores con la policía. El 9 de octubre, la policía de Ciudad de México despejó bloqueos simultáneos de trabajadores del IMSS y los hizo retroceder con escudos antidisturbios en Viaducto; la policía estatal despejó bloqueos en Pachuca, Hidalgo. Ambos gobiernos están en manos de Morena. La Secretaría de Seguridad Ciudadana de Ciudad de México afirmó inicialmente que había seguido su protocolo para las protestas; solo después de que circularan videos abrió una investigación interna sobre tres casos de uso indebido de la fuerza.
Los límites de lo “posible” están escritos en el presupuesto de Sheinbaum para 2027. Este elevaría el gasto total en salud al 2,9 por ciento del PIB, menos de la mitad del 6 por ciento recomendado por la Organización Panamericana de la Salud, mientras que el servicio de la deuda absorbería alrededor del 4 por ciento. Lo “posible” es lo que queda después de pagar a los acreedores de Wall Street.
“No fue el sindicato, fue la base”
El movimiento respondió a Olivos en cuestión de horas. En un comunicado, el Movimiento Nacional de Trabajadores exigió un aumento de al menos el 10 por ciento, la destitución de Olivos y de su comité ejecutivo, y un congreso nacional extraordinario. Rechazó cualquier “parche” y convocó una segunda marcha nacional en un plazo de 15 días. “Los resultados muestran que el comité no nos representa”, dijo el enfermero Soto. “Volvemos a la mesa de negociación, pero Rafael Olivos ya no puede estar ahí”.
Muchos trabajadores están llegando a la conclusión de que necesitan nuevos dirigentes y un nuevo sindicato. “Necesitamos un sindicato real que represente nuestras necesidades”, dijo Soto. La indignación que sustenta esta exigencia está justificada. Pero sustituir a Olivos mediante un congreso extraordinario o formar un nuevo sindicato “independiente” mantendría a los trabajadores dentro de la maquinaria legal que acaba de utilizarse contra ellos.
La reforma laboral de 2019, aprobada por Morena para cumplir las condiciones laborales del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, creó el CFCRL y sus “consultas” para dar a los contratos un sello democrático y, al mismo tiempo, atar a los trabajadores al Estado. En Matamoros, el sindicato “independiente” formado después de las huelgas maquiladoras de 2019 se convirtió en un instrumento para suprimir la rebelión y en el vehículo que llevó a su dirigente al Congreso por Morena.
León Trotsky escribió en 1940 que en México los sindicatos “se han transformado por ley en instituciones semiestatales”. Advirtió que, en la época del imperialismo, los sindicatos se convierten en instrumentos del capital “para la subordinación y la disciplina de los trabajadores”, y que “los sindicatos democráticos en el viejo sentido del término […] ya no pueden existir”.
Soto también pidió una nueva dirección “libre de partidos políticos”. La hostilidad hacia Morena, el PRI y los demás partidos establecidos que subyace a esta postura está justificada, pero los trabajadores no pueden mantener su lucha al margen de la política. Se enfrentan a un Estado capitalista, a su presupuesto y al partido que controla su sindicato. Declarar que el movimiento está por encima de la política deja el terreno libre a Morena, que ya ha fijado los límites de la siguiente oferta.
El instinto de extender el movimiento a los maestros, los trabajadores petroleros y los del Metro es correcto. Pero no se puede entregar su dirección a ninguna burocracia sindical, sea “oficial” o “independiente”. En junio, la CNTE puso fin a una huelga nacional de casi tres semanas contra la ley de pensiones del ISSSTE de 2007, que siguió vigente. FINTRAS, la autoproclamada alternativa independiente en IMSS-Bienestar, se ha limitado a presentar peticiones y quejas ante la Fiscalía General de la República. Destituir a Olivos solo cambia el rostro en la mesa de negociación.
Por eso son cruciales los comités de base. Los trabajadores del IMSS deben elegir comités en cada hospital, clínica y departamento, independientes del SNTSS, del SNTSA, de Morena y de todos los demás partidos capitalistas, con delegados elegidos en asambleas laborales y sujetos a revocación. Las decisiones sobre las demandas, las fechas y cualquier regreso a las negociaciones deben quedar en manos de esos delegados. Tales comités pueden contactar directamente a los maestros, trabajadores petroleros y del Metro, por encima de sus aparatos sindicales, y vincular a los trabajadores del IMSS con los trabajadores de la salud de todo el mundo mediante la Alianza Internacional Obrera de Comités de Base (AIO-CB).
Los comités pueden comenzar de inmediato levantando un inventario de las carencias, exigiendo el recuento completo de la votación sección por sección y creando su propio fondo de huelga. Pueden luchar por un aumento del 10 por ciento sobre el salario base, indexado a la inflación; dotación completa de personal e insumos; la restauración de la pensión de prestación definida para todos los trabajadores; y un gasto en salud de al menos el 7 por ciento del PIB, financiado mediante la suspensión de los pagos a los acreedores que protege el “posible” de Sheinbaum.
Estas tareas apuntan a la función más trascendente de los comités. Cuando organizan una huelga, inspeccionan los insumos, controlan la votación y publican las cifras reales, comienzan a ejercer funciones que ahora corresponden no solo a la burocracia sindical, sino también al Estado. A medida que se desarrolle la lucha, deben convertirse en los órganos mediante los cuales los trabajadores abran los libros contables del IMSS y del sindicato, ocupen los hospitales y los administren bajo control obrero. Ese es el comienzo de la instauración del poder propio de los trabajadores, en oposición al Estado y al sindicato, y la única vía capaz de imponer lo que ninguna negociación dentro de los límites de lo “posible” concederá jamás.
Los comités necesitan una dirección política. La lucha contra Morena, su presupuesto y los acreedores a los que sirve es una lucha política. Exige un programa socialista y la construcción de un partido revolucionario de la clase trabajadora, una sección en México del Comité Internacional de la Cuarta Internacional, en oposición a Morena y a todos los demás partidos capitalistas.
El World Socialist Web Site exhorta a los trabajadores del IMSS y de IMSS-Bienestar que quieran construir estos comités a ponerse en contacto con nosotros.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 17/10/2026)
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