Desde el martes, una ola de protestas estudiantiles ha estado sacudiendo la capital albanesa, Tirana. Lo que comenzó el 13 de octubre como una manifestación de unos pocos cientos de estudiantes frente al Ministerio de Educación se ha convertido, en cuestión de días, en un movimiento de amplia base contra todo el gobierno del primer ministro Edi Rama.
Para el miércoles, ya se habían reunido miles de personas frente al ministerio, después de que numerosos residentes de Tirana se unieran a los estudiantes. Los edificios que albergan el Ministerio de Educación y el Ministerio de Justicia fueron incendiados durante las protestas, y los manifestantes también irrumpieron en el Ministerio de Finanzas y quemaron documentos.
El jueves, los estudiantes de secundaria se unieron a las protestas, y las escuelas de la capital suspendieron las clases. Debido a las protestas, el Parlamento pospuso una sesión plenaria programada hasta la próxima semana. El sábado, miles de personas volvieron a manifestarse y se desataron violentos enfrentamientos callejeros en el centro de Tirana.
El movimiento se ha extendido ahora por todo el país. Comenzando en Kamza, en las afueras de Tirana, se han llevado a cabo protestas en Shkodra, Vlora, Lushnja, Elbasan, Durrës y Korçë. Muchos jóvenes viajaron desde las provincias a Tirana para seguir manifestándose allí.
Hasta el viernes, alrededor de 50 manifestantes y varios agentes de policía habían resultado heridos solo en la capital. Para el sábado, más de 167 manifestantes, en su mayoría jóvenes, habían sido detenidos. Se presentaron cargos penales contra 388 personas. En el centro de Tirana, un banco y las instalaciones de una universidad sufrieron actos de vandalismo.
La policía está empleando una brutalidad extrema contra los manifestantes, algunos de los cuales son menores de edad. Están utilizando gas lacrimógeno, cañones de agua, porras —y, por primera vez el sábado, balas de hule— contra los jóvenes manifestantes. Tras la indignación generalizada por la brutal represión, se informó que cinco agentes fueron suspendidos por agredir a transeúntes.
Los estudiantes protestan directamente contra las elevadas cuotas de matrícula, los alquileres inasequibles, la falta de apoyo financiero, las condiciones deplorables en las universidades y la escasez de perspectivas laborales tras la graduación. Detrás de todo esto se esconde una crisis social profundamente arraigada. Sobre el papel, Albania es considerada uno de los países candidatos a la Unión Europea (UE) más avanzados; sin embargo, los salarios, el poder adquisitivo y los servicios públicos se encuentran muy por debajo del promedio de la UE. Desde hace muchos años, los jóvenes en particular han estado abandonando el país en masa.
El politólogo Afrim Krasniqi señaló que los estudiantes llevaban casi tres meses protestando pacíficamente. Dijo que el gobierno ha ignorado sus demandas y ha respondido con una despiadada campaña de desprestigio. Un estudiante de derecho le dijo a la Red Balcánica de Periodismo de Investigación (BIRN) que se manifestaba para que los políticos corruptos fueran llevados ante la justicia.
Anjeza Marku, una estudiante y profesora de música de 24 años, declaró al periódico austriaco Der Standard: “Hemos protestado pacíficamente durante 135 días, pero quienes están en el poder se limitaron a insultar a los participantes. El público ve a la juventud como la última esperanza de Albania; incluso nos han comparado a menudo con la juventud de Francia. Pero al gobierno no le importa en absoluto que protestemos pacíficamente. De todos modos, no escuchará nuestras voces”.
Agregó: “Nos negamos a entablar cualquier diálogo con este gobierno corrupto. Ha traicionado nuestra confianza y no merece una segunda oportunidad”.
Las protestas estudiantiles forman parte de un movimiento de protesta más amplio que ha sacudido al estado balcánico desde finales de mayo. El detonante fue un proyecto turístico por un valor aproximado de 1,4 mil millones de euros en la isla de Sazan y a lo largo de la costa cerca de Zvërnec, justo al lado de la laguna de Narta, un hábitat protegido para los flamencos. El principal inversionista es Jared Kushner, yerno del presidente de EE. UU., Donald Trump. Tras el acordonamiento de la costa, los primeros habitantes del pueblo salieron a las calles el 23 de mayo; el 30 de mayo, personal de seguridad privada atacó a los manifestantes.
El movimiento, que lleva el nombre de las aves de la laguna, se extendió rápidamente a Tirana y otras ciudades. Se ha convertido en la mayor ola de protestas desde el colapso del régimen estalinista a principios de la década de 1990 y está organizada deliberadamente de manera independiente de los partidos políticos. Su punto de partida —que las playas, bahías y reservas naturales se entreguen a multimillonarios mientras que a la población se le excluye literalmente— se ha convertido en un símbolo de un sistema en el que una élite reducida está vendiendo el país al capital internacional.
Albania es uno de los países más pobres de Europa. Más de una quinta parte de la población está clasificada oficialmente como pobre. La tasa oficial de desempleo se situó en alrededor del 8 por ciento en el tercer trimestre de 2025, aunque entre los jóvenes era casi el doble. Sin embargo, estas cifras oficiales apenas reflejan la realidad.
Rama desestimó el movimiento en el verano como parte de una “guerra híbrida” supuestamente impulsada por la desinformación y los intereses extranjeros. El viernes, culpó a la oposición y a “actores extranjeros” por la violencia, alegando que buscaban obstaculizar el camino de Albania hacia la UE.
A finales de la década de 1990, Rama —quien no tenía experiencia previa en política— asumió el liderazgo del Partido Socialista (PS), el antiguo partido gobernante estalinista, al que transformó en un partido pro-UE. Lleva en el poder desde 2013 y el año pasado ganó un cuarto mandato.
Ha respondido a las protestas con su habitual desprecio hacia la población y, hasta ahora, ha descartado categóricamente renunciar. El líder del grupo parlamentario del PS, Taulant Balla, culpó al Partido Democrático (PD), de la oposición, por los disturbios.
Rama y su gobierno son profundamente odiados y están plagados de escándalos de corrupción. La Fiscalía Especial Anticorrupción (SPAK) ha acusado a la viceprimera ministra Belinda Balluku de interferir en la adjudicación de contratos de construcción del Estado; Rama inicialmente la reincorporó tras una breve suspensión y solo la destituyó en febrero de 2026 durante una reorganización del gabinete. Varios exministros están bajo investigación.
Los manifestantes no pueden esperar ningún apoyo de la UE. La delegación de la UE en Tirana se limitó a emitir un escueto llamado a una respuesta «proporcionada» por parte de las autoridades. Sin embargo, Bruselas ha estado apoyando al gobierno de Rama durante años —sobre todo debido a su acuerdo con la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, respecto a los campamentos para refugiados en territorio albanés, diseñados para impedir que estos viajen hacia países de la UE.
El partido de derecha PD, liderado por el expresidente y ex primer ministro Sali Berisha, está intentando cooptar el movimiento. Afirma apoyar las demandas de los estudiantes y exige un gobierno de transición y elecciones generales anticipadas. Berisha, de manera hipócrita, dio su respaldo a las protestas y llamó a los médicos y al personal de enfermería a sumarse a ellas.
Sin embargo, el pueblo albanés ya ha tenido experiencia más que suficiente con Berisha y otros políticos corruptos de derecha de su misma calaña. En Tirana, los manifestantes corean: “Rama a la cárcel, Berisha a la cárcel”. A los diputados del PD que intentaron sumarse a la protesta se les pidió que abandonaran las manifestaciones.
Berisha, quien fue acusado de corrupción y lavado de dinero en 2023 y está sujeto a una prohibición de viajar impuesta por Estados Unidos, apoyó inicialmente el proyecto de Kushner y solo se opuso a él una vez que las protestas se extendieron. Tanto el PS como el PD defienden la privatización, los ataques al bienestar social y el enriquecimiento personal, que han imperado en Albania desde la restauración capitalista.
Ya en 2018, un movimiento estudiantil obligó a Rama a destituir a ocho ministros y a anunciar un “Pacto por la Universidad”. Esto no sirvió para cambiar las condiciones fundamentales. Ni una reorganización del gabinete ni el regreso de Berisha resolverán los problemas.
Los acontecimientos en Albania no son un fenómeno aislado. En Francia, los estudiantes de secundaria han estado bloqueando sus escuelas desde mediados de septiembre. Protestan contra las aulas superpobladas y en mal estado, la falta de maestros, los horarios abrumadores y Parcoursup, el portal en línea francés para el ingreso a la universidad. Al mismo tiempo, el primer ministro Sébastien Lecornu está impulsando medidas de austeridad por un total de 54 mil millones de euros, mientras que se destinan decenas de miles de millones al ejército.
El sábado, mientras la situación en Albania se agravaba, 800.000 personas salieron a las calles en Francia. Desde hace semanas también se han estado llevando a cabo manifestaciones masivas contra los altos alquileres, el aumento de los precios y las condiciones de vida insostenibles en España, Bélgica, Portugal e Irlanda.
En Francia también, el movimiento se intensificó hasta convertirse en un enfrentamiento entre los jóvenes, la clase trabajadora y el gobierno. Según el Ministerio de Educación, se suspendieron las clases, total o parcialmente, en 891 escuelas de toda Francia, 250 de las cuales se encontraban en el área metropolitana de París. La Unión Nacional de Estudiantes de Secundaria (USL) estimó en alrededor de 1.800 el número de escuelas bloqueadas por los alumnos o cerradas por las autoridades, mientras que la Unión de Estudiantes informó de bloqueos en 57 universidades, incluidas la Sorbona y la ENS Paris-Saclay.
La policía respondió a las protestas con una fuerza brutal. Dos estudiantes perdieron una mano cada uno a causa de granadas policiales, y otro quedó ciego de un ojo. Desde el 28 de septiembre, más de 6.000 personas han sido detenidas, la gran mayoría de ellas menores de edad.
Aquí también, la ira no se dirige en absoluto únicamente a las escuelas en mal estado. Muchos jóvenes recuerdan mayo de 1968, cuando la represión contra los estudiantes desencadenó una huelga general.
Las protestas en Albania y Francia forman parte de una ola internacional de lucha de clases que también ha sacudido a otros países, como España y Bélgica. En todas partes, la ira de los jóvenes y los trabajadores se dirige contra las mismas tendencias: la austeridad, la desigualdad social, la represión policial, la militarización y la guerra.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 18 de octubre de 2026)
