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Perspectiva

Tras la protesta masiva del 17 de octubre, el Gobierno francés prepara una dictadura

Un agente de policía apunta durante una protesta el viernes 30 de junio de 2023 en Estrasburgo, al este de Francia. [Foto: AP/Jean-Francois Badias] [AP Photo/Jean-Francois Badias]

Los estudiantes de secundaria de Francia, que llevan semanas protestando contra los recortes en educación y la represión policial, se unieron el sábado a los “chalecos amarillos”, opuestos al aumento del coste del combustible y de la vida, en una jornada nacional de acción. Más de 550.000 personas marcharon, según el Ministerio del Interior, y se desplegaron unidades antidisturbios en ciudad tras ciudad. En Francia quedó a la vista una crisis del dominio burgués.

Los jóvenes protestan por las aulas abarrotadas, la falta de profesores y el sistema de selección universitaria Parcoursup. Los trabajadores ya no pueden permitirse pagar el combustible y los alimentos. Detrás de estas reivindicaciones crece la ira contra la desigualdad social, la represión, la guerra imperialista, el neofascismo y la oligarquía capitalista.

Los explosivos acontecimientos en Francia repercuten en toda Europa y más allá. Las protestas masivas por la vivienda han sacudido España, crecen las protestas juveniles en Albania, las huelgas del sector público han golpeado a Irlanda, Bélgica y Portugal, y las protestas contra la guerra han desembocado en enfrentamientos con la policía en toda Italia.

El establishment gobernante francés sigue una estrategia de dos vías. Mientras la burocracia sindical y La Francia Insumisa (LFI), de Jean-Luc Mélenchon, trabajan para subordinar las protestas al Estado capitalista, el propio Gobierno avanza en la preparación de una dictadura.

Para la noche del domingo, casi 2.400 personas habían sido detenidas por las protestas del 17 de octubre. En un discurso televisado, el presidente Emmanuel Macron culpó de la violencia a “sediciosos de pequeños grupos de la ultraizquierda”. Exigió que los partidos y los sindicatos la “condenaran inequívocamente” e invitó a organizaciones estudiantiles a reunirse con empresarios, funcionarios sindicales, autoridades locales y parlamentarios para negociar el fin de las protestas.

El lunes, el primer ministro Sébastien Lecornu habló después de una reunión de emergencia del Consejo de Ministros y prometió una “respuesta penal masiva”. Anunció “toques de queda parciales y muy localizados”, mientras la prefectura de policía de Marsella prohibía las concentraciones en toda la ciudad. Cuando le preguntaron si declararía el estado de emergencia, que suspende derechos democráticos y permite a la policía detener a ciudadanos a voluntad, Lecornu respondió: “Si es necesario, claramente podríamos hacerlo. Por ahora, los toques de queda parecen más adecuados para la situación”.

Lecornu ha invitado a la ultraderechista Agrupación Nacional (RN) a participar en las reuniones sobre la respuesta del Gobierno a la crisis, y dijo que debía proteger de la oposición de izquierda las elecciones presidenciales de 2027, en las que actualmente la RN encabeza las encuestas. “Es un hecho demostrado que un movimiento de ultraizquierda quiere organizar un profundo desorden en el país hasta las elecciones presidenciales”, alegó, y añadió: “Existe una red nebulosa que puede activarse para cuestionar la fecha e incluso la celebración de las elecciones presidenciales”.

Lecornu no presentó pruebas de su “hecho demostrado”. En realidad, la amenaza a la democracia proviene de las propias operaciones policiales de su Estado. Lecornu, que participó en conversaciones previas a las elecciones de 2024 sobre la posibilidad de instalar un Gobierno de la RN bajo Macron, teme que las protestas pongan en peligro los planes de la élite gobernante para propiciar en 2027 una victoria de la RN o de un partido derechista represivo similar.

Mientras Lecornu presenta hoy ante el Parlamento un presupuesto de austeridad de 54.000 millones de euros, los inversores internacionales estudian el llamado de la RN a aplicar una austeridad profunda para estabilizar la enorme deuda de Francia. La propuesta del 6 de octubre de Marine Le Pen, líder de la RN, de recortar 140.000 millones de euros hasta 2032 llevó a los mercados de bonos a retirarse de la especulación contra la deuda francesa. Sectores poderosos de la oligarquía capitalista empiezan a considerar que una presidencia de la RN el próximo año es una vía viable, e incluso deseable, para garantizar que sus préstamos al Estado francés se devuelvan con intereses.

La irrupción de una oposición masiva en Francia amenaza estos planes. También se interpone en la temeraria escalada de la guerra de la OTAN contra Rusia. En la cumbre celebrada en Bruselas la semana pasada, las potencias europeas prometieron seguir financiando la guerra de Ucrania después del acuerdo de Washington con Moscú sobre el diésel. Se preparan para destinar hasta 800.000 millones de euros adicionales al gasto militar en el marco del plan “Rearmar Europa”.

Una guerra de esta magnitud se pagará desmantelando el gasto social, y para ello es necesario suprimir la oposición interna. Los toques de queda de Lecornu defienden los intereses financieros y militares del imperialismo francés y mundial.

Las declaraciones de la RN fascista confirman que la clase dominante la está preparando para aplastar a la oposición de izquierda. Jordan Bardella declaró que el sábado en las calles solo había “profesionales del caos”, y no “la Francia trabajadora”. Marine Le Pen escribió que los alborotadores que “saqueaban, arrasaban, destruían y atacaban a las fuerzas de seguridad” habían “estropeado” las protestas del 17 de octubre, que habían sido “secuestradas por la extrema izquierda”. Dijo que, si resultaba elegida, protegería al pueblo francés “de la violencia de la extrema izquierda”.

La represión es una de las vías de la estrategia de la clase dominante. La otra es el esfuerzo de la burocracia sindical y de LFI por devolver el movimiento al control del Estado. En este sentido, la respuesta de Mélenchon a las protestas del 17 de octubre fue muy reveladora. En la cadena de televisión LCI el domingo, sembró ilusiones de que Macron haría concesiones a los jóvenes y, sobre todo, pidió que el movimiento terminara.

Adelantarse a la indignación social para contenerla

“Nuestros jóvenes necesitan un buen desenlace para esta secuencia de acontecimientos. Hay que escuchar sus reivindicaciones”, dijo Mélenchon. Cuando le preguntaron qué podría ofrecer Macron para poner fin al movimiento, respondió: “Responder al alto coste de la vida, congelar los precios. En segundo lugar, responder a los jóvenes, darles 10.000 millones de euros y eliminar Parcoursup. Y responder a la angustia de las personas desafortunadas cuyos comercios han sido saqueados”.

Mélenchon se refirió entonces a la huelga general de mayo de 1968, que estalló después de una violenta represión policial de las protestas universitarias. No lo hizo para proponer la preparación de una huelga general contra la represión o la dictadura. En cambio, presentó los Acuerdos de Grenelle, negociados por el primer ministro Georges Pompidou con la burocracia estalinista de la Confederación General del Trabajo (CGT) para poner fin a la huelga, como un ejemplo de lo que se podía conseguir.

Según Mélenchon, Lecornu “puede inspirarse en la historia… ¿Qué hizo Pompidou? Reunió a todo el mundo, ¿para qué? Pues para conceder todo lo posible. En una sola noche conseguimos un aumento del 30 por ciento del salario mínimo, protección de la actividad sindical en las empresas y más cosas”. La lección de historia de Mélenchon omite cómo terminó 1968. Cuando el dirigente de la CGT Georges Séguy presentó las condiciones de Grenelle a los trabajadores de Renault-Billancourt el 27 de mayo, estos lo abuchearon y la huelga continuó. El 30 de mayo, De Gaulle disolvió la Asamblea Nacional y convocó elecciones. El Partido Comunista Francés (PCF) respaldó esa decisión esa misma noche, y la CGT volcó todos sus esfuerzos en poner fin a las huelgas y ocupaciones antes de la votación. Fueron los estalinistas quienes, al canalizar la huelga general hacia las elecciones, salvaron a De Gaulle.

Mélenchon está desempeñando un papel análogo. Pero no habrá Acuerdos de Grenelle en 2026. Como ocurre en toda Europa, el Estado francés está en bancarrota, acosado por sus acreedores de la oligarquía capitalista y desviando decenas de miles de millones de euros hacia la guerra. Lecornu habla de toques de queda y estados de emergencia porque el Estado no tiene margen presupuestario para hacer concesiones sustanciales. Si Mélenchon logra vender el movimiento, atando a los trabajadores al Estado capitalista y frustrando sus esperanzas, la ultraderecha será la beneficiada políticamente.

La burocracia de la CGT desempeña el mismo papel. Su declaración exige una “comisión de investigación” sobre la violencia policial del 17 de octubre, al tiempo que pide al Gobierno que encuentre “soluciones políticas” para las “reivindicaciones sociales expresadas desde hace meses”. Pero el Gobierno no tiene intención de castigar a su propia policía ni de hacer concesiones sociales sustanciales. Cuenta con la CGT, que ha pospuesto la acción nacional hasta el 5 de noviembre, para retrasar y bloquear una movilización más amplia de la clase trabajadora.

Esto pone de relieve la bancarrota de grupos de clase media como Révolution permanente (RP), de orientación morenista, que insisten en que, en última instancia, la burocracia sindical debe dirigir la lucha. La declaración de RP del 17 de octubre, titulada “El movimiento obrero debe entrar en combate como en 1968”, afirma que “imponer un plan de batalla a las direcciones sindicales es la clave para construir una fuerza capaz de paralizar la economía” y derrotar la austeridad del Gobierno.

El Partido de la Igualdad Socialista (PES) insiste en que la lucha contra Macron, los mercados financieros y el neofascismo no puede librarse con la perspectiva de obligar a los Gobiernos capitalistas a retroceder. Ha surgido un conflicto de clases irreconciliable. La alternativa que enfrentan los trabajadores y los jóvenes no es entre Macron, Mélenchon y Le Pen, sino entre el capitalismo y el socialismo.

Las protestas han revelado la profunda y explosiva oposición social existente. Sin embargo, hasta ahora se basan principalmente en la juventud. El PES lucha por extender el movimiento lo más ampliamente posible a la clase trabajadora. La clase trabajadora no puede esperar al calendario fijado por las burocracias sindicales y sus aliados de LFI.

El PES llama a construir comités de acción en escuelas, universidades, lugares de trabajo y barrios, elegidos y controlados por quienes participan en la lucha e independientes de las burocracias sindicales y los partidos capitalistas. Estos comités deben arrebatar a las burocracias el control de la lucha. Deben unir a los trabajadores y jóvenes de Francia con quienes están entrando ahora en lucha en toda Europa y en el mundo, para preparar una huelga general contra la austeridad, la represión y la guerra.

Esto requiere una perspectiva política revolucionaria: la lucha por el poder obrero y por los Estados Socialistas Unidos de Europa, contra el fascismo, la guerra y el capitalismo. El PES llama a todos los trabajadores y jóvenes que estén de acuerdo con esta perspectiva a afiliarse y a construirlo como dirección revolucionaria de la clase trabajadora en Francia.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 20/10/2026)

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