El sábado se produjo la mayor movilización contra el gobierno de Macron desde la lucha contra la reforma de las pensiones de 2023. En un contexto social explosivo marcado por el aumento de los precios del combustible, la austeridad y la militarización de la economía francesa, los jóvenes que bloqueaban los liceos y los trabajadores del movimiento de los chalecos amarillos de 2018 se movilizaron en un gran número en las distintas regiones del país.

La revuelta de los estudiantes de secundaria en octubre ha reavivado el fantasma de una huelga general como la de mayo de 1968, que el Gobierno trata de aplastar mediante una feroz represión policial y la detención de miles de estudiantes de secundaria. El ambiente de las movilizaciones fue particularmente tenso para la policía y el gobierno, que habían subestimado la fuerza de la movilización. Fueron repetidamente superados por los manifestantes.

En Marsella, la manifestación programada para las 2 p.m. en el Vieux-Port el sábado 17 de octubre finalmente tuvo lugar una hora después en los Réformés, en un ambiente festivo, en apoyo al movimiento de las escuelas secundarias y para expresar el enojo de la gente por el alto costo de vida.
Al final de la rue de la République, Pierre, un chaleco amarillo y jubilado de Bandol, declaró al periódico La Provence: “Esperábamos poder expresarnos, pero hicieron todo para robarnos la manifestación. Me han gaseado cinco veces desde esta mañana, y ahora la policía sacó su vehículo blindado Centaure... Están declarando la guerra al pueblo”.
Los manifestantes, coreando “¡Esto es la Revolución, vamos a tomar la Bastilla!”, entraron en el Ayuntamiento de Marsella antes de ser expulsados por los CRS, las unidades antidisturbios de la policía francesa. Los violentos enfrentamientos entre los jóvenes manifestantes y la policía continuaron durante toda la jornada.

Benoît Payan, alcalde del Partido Socialista (PS) en Marsella, emitió llamamientos histéricos a la represión: “Los manifestantes no son alborotadores. A los alborotadores, en cambio, quiero verlos en prisión, de hecho. Quiero que respondan ante la justicia. Quiero saber cuántos han sido detenidos, quiero saber qué está pasando”.

En Aviñón, tras una movilización pacífica durante toda la mañana, marcada por la solidaridad entre estudiantes de secundaria, universitarios, sindicatos y jubilados, la tarde tomó un rumbo diferente. Alrededor de las 2:30 p.m., en la prefectura, cuando todos parecían haberse dispersado, estallaron los primeros enfrentamientos entre la policía y los manifestantes. Durante casi una hora, ambos bandos se enfrentaron con gases lacrimógenos, piedras y fuegos artificiales, mientras los manifestantes abucheaban a la policía. La multitud finalmente se dispersó y regresó a manifestarse en la plaza frente al Palais des Papes.
Después de los primeros bloqueos en la Gironda el sábado por la mañana, la manifestación comenzó en la Place de la Bourse en Burdeos a las 2 p.m., donde se reunieron 7.000 personas según la prefectura y 100.000 según la CGT. Poco después de las 2 p.m., la policía intentó en vano despejar la Place de la Bourse con gas lacrimógeno. Al mismo tiempo, los manifestantes dañaron la fachada de la Cámara de Comercio e Industria de Burdeos.

La RAID, una unidad de élite de la policía, fue movilizada después de que la residencia de la prefecta de policía, Sophie Brocas, fuera saqueada.

La noche estuvo marcada por los incendios en contenedores de basura y bicicletas eléctricas, barricadas y el saqueo de tiendas. “Los autores de los hechos atacaron directamente a las instituciones de la República y a la autoridad del Estado. Condeno firmemente los daños y la violencia”, escribió el alcalde de Burdeos, Thomas Cazenave, en un comunicado.
El Ayuntamiento de Limoges fue incendiado y el edificio del siglo XIX ha quedado “prácticamente perdido”. El alcalde de Limoges respondió: “No habéis destruido todas las cámaras de la ciudad; habéis pasado por delante de ellas. Voy a presentar denuncias por todas partes y voy a ir a por quienes se esconden detrás de las cuentas de internet”.

Ante la previsión de que la manifestación del sábado 17 de octubre congregara a decenas de miles de personas, el Ayuntamiento de Toulouse (Alto Garona) pidió a los vecinos que no sacaran los cubos de basura, con la esperanza de evitar incendios. Se produjeron enfrentamientos entre la policía y 200 manifestantes que se habían situado a la cabeza de la marcha en Saint-Cyprien, poco antes de las 16:00, tras cruzar el Pont des Catalans. La CGT denunció una “agresión policial contra el bloque sindical que encabezaba la manifestación”.
Los comercios fueron objeto de ataques, especialmente en la rue d’Alsace-Lorraine y la rue Saint-Rome, las principales calles comerciales del centro de la ciudad. Los antidisturbios de los CRS bloquearon a los manifestantes que intentaban acercarse al Ayuntamiento, situado en la Place du Capitole.

En Lyon, donde según cifras gubernamentales supuestamente se manifestaron 20.000 personas, la oficina de turismo fue incendiada mientras varios miles de manifestantes estaban presentes.

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