Las elecciones de medio mandato en Estados Unidos concluyen el martes en condiciones en las que los factores objetivos que definirán la política estadounidense, independientemente de quién obtenga el control del Congreso, están completamente excluidos de la campaña. Tres procesos interrelacionados darán forma a lo que suceda después de la votación.
El primero es la crisis económica. Esta semana trajo los indicios más graves hasta ahora de que la burbuja especulativa sobre la que descansa el capitalismo estadounidense está comenzando a colapsar. Alphabet, la empresa matriz de Google, perdió la cifra récord de 482.000 millones de dólares de valor bursátil en un solo día después de informar de un déficit de flujo de caja libre de unos 9.000 millones de dólares, impulsado por el gasto en inteligencia artificial. El viernes, el Nasdaq cayó un 2,86 por ciento. Intel se desplomó un 28,6 por ciento y el índice de semiconductores cayó un 7,2 por ciento, con una pérdida mensual superior al 15 por ciento.
La burbuja especulativa es un reflejo de una crisis prolongada del capitalismo estadounidense, que está entrando en una nueva etapa. El rendimiento del bono del Tesoro a diez años se sitúa cerca del 4,9 por ciento, la deuda nacional ha superado los 40 billones de dólares, la posición mundial del dólar se encuentra cada vez más amenazada y la Reserva Federal está discutiendo nuevas subidas de las tasas de interés.
El derrumbe de este castillo de naipes tendrá consecuencias incalculables. Cualesquiera que sean sus diferencias tácticas, ambos partidos responderán, como lo hicieron en 2008, con un rescate masivo de la oligarquía financiera, pagado por la clase trabajadora.
El segundo es la escalada de la guerra mundial. La administración ha pospuesto sus planes de ampliar la guerra contra Irán hasta que se cuenten los votos. Según Axios, los funcionarios estadounidenses e israelíes están preparando una campaña de bombardeos de una semana contra los líderes, las instalaciones nucleares, otras plantas energéticas e infraestructura de Irán, que comenzaría después del 3 de noviembre. Washington ha dicho a los gobiernos de la región que se preparen para las represalias iraníes.
Al mismo tiempo, la guerra contra Rusia en Ucrania avanza hacia un enfrentamiento directo entre potencias nucleares. En septiembre, Rusia advirtió que estaba dispuesta a utilizar “todo su arsenal, incluidas las armas nucleares”, si la OTAN actuaba para aislar Kaliningrado. El 18 de octubre, Ucrania atacó a Rusia con más de 1.000 drones. Las potencias europeas están intensificando el conflicto, y el objetivo principal del Partido Demócrata es garantizar que el imperialismo estadounidense protagonice la guerra contra Rusia.
El tercero es el crecimiento de la ira social y la lucha de clases. En Europa ya ha estallado. En Francia, cientos de miles de trabajadores y estudiantes han marchado durante seis semanas contra los recortes a las escuelas y el vertiginoso aumento del costo de vida, y el movimiento se ha extendido por todo el continente.
La clase dominante estadounidense es plenamente consciente de que aquí existen las mismas condiciones. Cuando estalló el movimiento en Francia, el Wall Street Journal advirtió a sus lectores: “No crean que no puede ocurrir en Estados Unidos, dado el estado actual de la política estadounidense”. Fortune publicó el titular: “Francia vive disturbios por la inflación disparada, la deuda nacional por las nubes y las escuelas en ruinas. Estados Unidos es su gemelo dormido”.
Es la completa supresión de la verdadera realidad que dará forma a la política estadounidense lo que confiere a todo este espectáculo su carácter degradado. Ninguno de los dos partidos puede decirle la verdad a la población, porque ambos defienden los intereses de la oligarquía capitalista que gobierna Estados Unidos.
Trump, que representa a las facciones más despiadadas de esa oligarquía, ha dedicado los casi dos años de su segundo mandato a erigir el andamiaje de una dictadura. Ha enviado a la Guardia Nacional a ciudades estadounidenses, construido una red de campos de detención de inmigrantes, llevado a cabo redadas masivas y trabajado sistemáticamente para criminalizar la oposición política.
Ante la perspectiva de grandes pérdidas en las elecciones de medio mandato, Trump está trabajando para anular los resultados. El Departamento de Justicia ha presentado una demanda para bloquear la certificación de las elecciones al Senado en Alaska si pierde el senador republicano en funciones, Dan Sullivan. El jueves presentó una demanda modificada, junto con unas 40 citaciones judiciales y requerimientos de conservación de documentos, sobre las afirmaciones de que operadores vinculados a la candidata demócrata, Mary Peltola, reclutaron a un segundo candidato llamado también Dan Sullivan.
En California, después de que los tribunales federales rechazaran la exigencia de la administración de apartar 20.000 papeletas, el Departamento de Justicia ha emitido citaciones de un gran jurado a funcionarios electorales locales. Según se informa, el subsecretario de Defensa Elbridge Colby dijo a senadores en septiembre que se había discutido desplegar a la Guardia Nacional en los centros de votación, y Trump se ha negado a descartar la invocación de la Ley de Insurrección.
El impulso por anular la votación está ligado a una agitación fascista y racista sin precedentes en la política estadounidense. Trump ha denunciado a Abdul El-Sayed, el candidato demócrata al Senado por Michigan, como un “yihadista miembro de los Hermanos Musulmanes”, y dijo en un mitin que Michigan debe “levantarse y luchar, tal como lo hizo Todd, para impedir que un yihadista entre al Capitolio”, refiriéndose a los pasajeros del vuelo 93 de United Airlines del 11 de septiembre. Los agentes federales han allanado la vivienda de la legisladora Ilhan Omar, y la Casa Blanca busca despojarla de la ciudadanía y deportarla.
La oposición de los demócratas a Trump se centra en la guerra contra Rusia. Cuando Trump autorizó las importaciones de diésel ruso el 9 de octubre, el líder de la minoría en el Senado, Charles Schumer, junto con las senadoras Jeanne Shaheen y Elizabeth Warren, denunció la decisión como “una traición total a Ucrania”, declarando: “Putin solo responde a la fuerza”.
Se han postulado 67 “demócratas de la CIA” —candidatos al Congreso procedentes de las Fuerzas Armadas y las agencias de inteligencia—, más que en cualquiera de las cuatro elecciones anteriores. En las semanas previas a la votación, el New York Times ha suministrado un flujo de reportajes sobre el “sabotaje” y la “guerra en la sombra” de Rusia a las capas acomodadas de la clase media-alta que constituyen la base del partido.
Esta histeria antirrusa está siendo azuzada para que los demócratas puedan presentar sus avances previstos como un mandato para la guerra. En el resto de la agenda de Trump, incluido el ataque a los derechos democráticos, buscarán un acomodo con la Casa Blanca y los republicanos.
En una conferencia en la Universidad George Mason, a las afueras de Washington, el miércoles, David North, presidente del Consejo Editorial Internacional del WSWS, resumió el carácter de los dos partidos. Trump, dijo, “es el representante de la oligarquía capitalista estadounidense. Personifica su crueldad, su gansterismo y su estupidez”. El Partido Demócrata “es la segunda mitad indispensable del sistema bipartidista capitalista. En la medida en que tiene un papel específico que desempeñar en la política estadounidense, este consiste en desviar y encauzar el descontento social de masas”.
Para desempeñar este papel, el Partido Demócrata se apoya en los Socialistas Democráticos de Estados Unidos (DSA, por sus siglas en inglés) —su brazo de relaciones públicas— para redirigir la creciente oposición al capitalismo entre los jóvenes de vuelta al partido de Wall Street y las agencias de inteligencia. El viernes, Alexandria Ocasio-Cortez celebró un mitin electoral con el legislador Eugene Vindman —exoficial del Ejército, exfuncionario del Consejo de Seguridad Nacional y belicista antirruso— junto a la base de los Marines de Quantico, en Virginia.
La respuesta a la dictadura y la guerra, la desigualdad social y el fascismo reside en el desarrollo de la lucha de clases. La guerra y la dictadura no pueden detenerse presionando a los demócratas ni mediante elecciones burguesas, sino únicamente mediante una ruptura completa con el Partido Demócrata y la movilización independiente y revolucionaria de la clase trabajadora. Los demócratas, el aparato sindical que funciona como su brazo y la pseudoizquierda siembran la complacencia y minimizan el peligro de la dictadura.
El Partido Socialista por la Igualdad está construyendo la alternativa política a todo este establishment podrido. Lucha por movilizar la fuerza de la clase trabajadora contra la guerra y la dictadura mediante la formación de comités de base en cada fábrica y lugar de trabajo, independientes del aparato sindical y vinculados entre sectores y a través de las fronteras nacionales por medio de la Alianza Internacional Obrera de Comités de Base (AIO-CB).
Los trabajadores estadounidenses se enfrentan a los mismos ataques que los trabajadores y jóvenes que hoy están en las calles de Europa, y sus luchas deben unificarse sobre la base de un programa socialista e internacionalista: la expropiación de la riqueza de la oligarquía, la reorganización de la vida económica para satisfacer las necesidades sociales y el fin de la guerra imperialista.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 31/10/2026)
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