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Empiezan a aparecer grietas en el auge de la IA

Las fisuras que se han ido gestando en el auge de la alta tecnología y la inteligencia artificial durante los últimos meses se convirtieron en grietas significativas la semana pasada, cuando algunas de las empresas más importantes de la economía estadounidense y mundial vieron cómo su valor de mercado se reducía en cientos de mil millones de dólares.

El índice NASDAQ, con gran presencia tecnológica, cerró con una caída del 3,5 por ciento y entró brevemente en lo que se conoce como territorio de “corrección”, con una caída del 10 por ciento respecto a su máximo del 6 de octubre.

Un operador trabaja en el parqué de la Bolsa de Nueva York, el viernes 1 de agosto de 2025, en Nueva York. [AP Photo/Yuki Iwamura]

La caída comenzó el jueves, cuando las acciones de Alphabet (la empresa dueña de Google) bajaron un 13 por ciento y su valor de mercado se redujo en 500 mil millones de dólares —su mayor pérdida en un solo día hasta la fecha y una de las más grandes en la historia de Wall Street—. Las acciones de Intel, uno de los líderes de larga data en la producción de chips para computadoras personales, se desplomaron un 29 por ciento el viernes, después de que caídas significativas anteriores le restaran 140 mil millones de dólares al valor de mercado de la empresa. Fue la mayor caída desde agosto de 1974.

Las grandes empresas tecnológicas se vieron muy afectadas, con pérdidas totales de 900 mil millones de dólares tras anunciar planes para aumentar el gasto en el desarrollo de la inteligencia artificial. La principal preocupación es que no puedan generar ingresos suficientes y se estén endeudando cada vez más.

La fase inicial del auge de la IA se financió con las reservas de efectivo de estas empresas, pero estas se han agotado en gran medida. Google es un ejemplo claro.

Aumentó su gasto en IA a más de 50 mil millones de dólares en el tercer trimestre y ha comenzado a quemar efectivo. Se espera que gaste aún más en el trimestre actual, unos 71 mil millones de dólares.

Google anunció que su flujo de efectivo libre —el dinero que le queda de sus operaciones comerciales después de pagar el capital— se había hundido aún más en territorio negativo en el trimestre de septiembre, situándose en menos 9,1 mil millones de dólares, en comparación con los menos 5,9 mil millones del trimestre de junio.

Resumiendo la principal preocupación del mercado, los analistas de Deutsche Bank escribieron en una nota: “Los resultados plantearon dudas sobre si los beneficios llegarán lo suficientemente rápido como para justificar el gasto récord en inversión de capital de la empresa).

Todas las empresas involucradas en el desarrollo de la IA son muy conscientes de los peligros que esto implica. Sin embargo, se ven obligadas a seguir invirtiendo para obtener su parte de las ganancias que se esperan del uso de la IA. Si no lo hacen, corren el riesgo de quedarse atrás en la carrera por llegar a la cima.

La situación que enfrenta Google se complica por el hecho de que el desarrollo de la IA, en el que se ve obligada a participar, está afectando su negocio principal y su principal fuente de ingresos: el dinero que recibe por la publicidad derivada de su motor de búsqueda.

La empresa reveló que su unidad de Servicios de Google generó 96,3 mil millones de dólares en el tercer trimestre, por debajo de las expectativas de Wall Street, que eran de 98,3 mil millones de dólares. Los ingresos de Google Search crecieron un 12 por ciento en el año hasta el tercer trimestre, por debajo del crecimiento del 17 por ciento registrado en el segundo y del 19 por ciento en el primero.

Esto es un indicio de que Google está perdiendo ingresos porque los usuarios pueden eludir sus enlaces patrocinados mediante el uso de la IA. Esto significa que, al seguir desarrollando la IA, Google corre el riesgo de, en esencia, canibalizar su principal fuente de ingresos.

Las acciones de los cuatro principales hiperescaladores —Amazon, Meta, Microsoft y Alphabet— cayeron después de que sus resultados del tercer trimestre revelaran que los gastos de capital casi se duplicaron, pasando de 113 mil millones de dólares el año anterior a 207 mil millones, con otros 232 mil millones por gastar en el cuarto trimestre, lo que elevaría el gasto de este año a 740 mil millones de dólares.

Si bien Google fue el caso más destacado, las demás empresas también experimentaron caídas en los ingresos esperados que afectaron el precio de sus acciones. Amazon, por ejemplo, informó que su unidad de servicios publicitarios creció un 11 por ciento, la tasa de expansión más lenta desde que se estableció como una categoría separada en 2022, y que su negocio de tiendas en línea creció apenas un 2 por ciento, el nivel más bajo en tres años.

Un analista citado por el Wall Street Journal describió el cambio en el sentimiento del mercado. Hasta hace poco, dijo, “si gastabas, eso demostraba convicción en esta expansión. Se te recompensaba por gastar dinero. De repente, gastar efectivo se ve como un obstáculo, no como un impulso”.

Peter Boockvar, director de inversiones de una importante firma de gestión de inversiones, declaró al Journal: “En este momento, estamos viendo temblores en el suelo. No necesariamente se pueden relacionar las grietas entre sí. Pero cuando se producen suficientes grietas, ¿eso acaba provocando que la carretera se derrumbe?”. La experiencia pasada demuestra que sí, y la enorme burbuja especulativa de la IA presagia una crisis financiera sin precedentes.

El ánimo en Asia es aún más pesimista que en Estados Unidos. El índice Nikkei 225 de Japón, con fuerte presencia tecnológica, cerró con una caída del 2,1 por ciento. A la cabeza se encontraba SoftBank, uno de los principales inversionistas de OpenAI, cuyas acciones cayeron un 6 por ciento. Desde su máximo en junio, sus acciones han caído un 48 por ciento.

Como dijo un estratega de acciones al Financial Times: “Las grandes empresas tecnológicas están entrando en una tierra de nadie donde ya no son una opción de inversión. Cuando gigantes como Softbank pierden la mitad de su valor en unos pocos meses, no es momento ni de comprar ni de vender; los inversionistas simplemente querrán mantenerse al margen”.

En Corea del Sur, las acciones de Samsung Electronics cayeron más de un 4 por ciento después de que su división de fabricación de chips, que abastece a los centros de datos, reportara una utilidad operativa inferior a la esperada. Sus acciones han bajado ahora más de un 30 por ciento desde su máximo en junio, en medio de la incertidumbre que se extiende por todas partes sobre la sostenibilidad de los cientos de miles de millones de dólares que se están gastando en la expansión de la inteligencia artificial.

El escenario básico que se plantea es que la IA generará un aumento de la productividad tal que, a la larga, habrá enormes ganancias para aquellas empresas que logren abrirse camino hasta la cima al producir, mediante un gasto masivo, un producto superior al de sus rivales.

Sin embargo, se han planteado dudas considerables sobre esta perspectiva en un análisis reciente de Torsten Slok, economista en jefe de la importante firma estadounidense de gestión de activos Apollo, cuyos comentarios son ampliamente seguidos.

“A pesar de las inversiones masivas y el gran revuelo en torno a la inteligencia artificial, la tecnología no ha generado ningún beneficio financiero para las empresas estadounidenses fuera del sector tecnológico”.

Las utilidades aumentaban para las llamadas “7 magníficas” (Magnificent 7), pero los márgenes de utilidad de las otras 493 empresas del S&P 500 se mantuvieron estables y “no hay señales de que la IA esté impulsando el crecimiento de la productividad”.

“La conclusión es que el futuro de la IA se decidirá en el S&P 493, no en las 7 magníficas, y hasta ahora no hay evidencia de que el crecimiento de los ingresos o los márgenes estén mejorando fuera del sector tecnológico”.

Esto no niega el enorme aumento en la productividad del trabajo humano, el conocimiento y la capacidad que la IA tiene el potencial de generar. Pero el sistema capitalista funciona a base de la extracción de ganancias: una tasa de rendimiento suficiente sobre los enormes gastos que se han realizado y los que están por venir. Y eso se está cuestionando cada vez más.

La consultora Gartner ha resaltado el empeoramiento de la situación en un informe. Estimó que, para cubrir sus costos de capital y financiamiento, los propietarios de centros de datos necesitarían generar 8,5 billones de dólares en ingresos para finales de 2030. Sin embargo, proyectó que el gasto de los consumidores y las empresas en IA no superaría los “3,6 billones de dólares”.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 10 de noviembre de 2026)

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