A medida que la inversión relacionada con la inteligencia artificial se convierte en el factor dominante en Wall Street y en la economía estadounidense, surgen cada vez más dudas sobre su viabilidad y sobre si su propio modo de expansión —a medida que las empresas de inteligencia artificial se vuelven cada vez más dependientes unas de otras— está creando una burbuja que, inevitablemente, acabará por estallar.
El impacto de la inversión en inteligencia artificial, especialmente en la construcción de centros de datos, no es fácil de medir directamente, pero se estima que representa más de un tercio del crecimiento del PIB del 2,2 por ciento registrado en el segundo trimestre.
Otro componente importante es la expansión del gasto de los consumidores. Sin embargo, una parte significativa de este aumento proviene del segmento de ingresos más altos, debido al incremento de la riqueza resultante del alza del mercado bursátil impulsado por las acciones de IA y otras empresas de alta tecnología.
Resumiendo esta situación, en declaraciones publicadas por el LA Times, Michael Pearce, economista jefe para EE. UU. de Oxford Economics, dijo: “La economía depende cada vez más de los avances en IA y de los correspondientes efectos de riqueza que impulsan el poder adquisitivo de los hogares de ingresos más altos para alimentar el crecimiento reciente. La economía sigue siendo sensible a un cambio repentino en el optimismo respecto a la IA”.
Un estudio reciente del economista Stijn van Nieuwerburgh, publicado por la Brookings Institution, concluyó que se prevé que la inversión en centros de datos e infraestructura relacionada con la IA alcance un total de 10,3 billones de dólares entre 2025 y 2032.
Al informar sobre estos hallazgos el mes pasado, el Wall Street Journal comentó: «Eso representa un asombroso 3,6 por ciento del producto interno bruto anual, en promedio. Nunca antes la economía de EE. UU. había dependido tanto de la expansión de una sola industria».
El artículo señaló que, si bien la inversión estaba transformando cada rincón de la economía y “creando nuevos multimillonarios”, también estaba “generando un riesgo significativo, ya que gran parte de ella se basa en deuda” y una “desaceleración abrupta podría provocar ondas de choque en toda la economía de EE. UU.”
La dependencia de la economía respecto a las empresas de IA se refleja en el mercado de valores. El índice S&P 500 alcanzó un récord esta semana. Sin embargo, está impulsado por un pequeño grupo de acciones de IA y los billones de dólares invertidos en su desarrollo. Muchos sectores del mercado no han experimentado un repunte.
Según un informe publicado en el Financial Times (FT), Goldman Sachs ha pronosticado que las acciones de infraestructura de inteligencia artificial contribuirán con más de la mitad del crecimiento de las utilidades por acción de las empresas del S&P 500 en el tercer trimestre, y que solo dos empresas del sector de chips, Micron y Nvidia, representarán más de un tercio del crecimiento total de las utilidades del índice.
Se señaló que, desde el punto más bajo más reciente del S&P 500 a mediados de septiembre, solo un tercio de las acciones había subido, mientras que los otros dos tercios habían caído aún más “en medio de temores de nuevas subidas de las tasas de interés en EE. UU.” tras la decisión de la Reserva Federal de elevar su tasa por primera vez en tres años en su reunión del mes pasado.
Existen numerosos comentarios que indican que el continuo ascenso de los índices bursátiles, aunque a un ritmo más lento, demuestra que los efectos del aumento de las tasas de interés, tanto por parte de la Reserva Federal como en los mercados de bonos, se están superando.
Sin embargo, según Max Kettner, estratega de HSBC, en declaraciones al FT: «Las acciones sensibles a las tasas… realmente han sufrido. Hay daños ocultos».
Maija Veitmane, directora global de estrategia de acciones de la firma de gestión de inversiones State Street, dijo que esperaba que “las empresas con fundamentos más débiles se resquebrajaran ante las tasas de interés más altas” y que la venta masiva de bonos, que ha provocado un aumento en los costos de financiamiento, había comenzado a afectar a las empresas estadounidenses.
Hasta ahora, las empresas de IA no se han visto afectadas, pero su financiamiento depende cada vez más de la deuda en medio de preocupaciones de que su uso de acuerdos circulares represente un peligro para la estabilidad financiera.
Esta perspectiva se planteó en un informe elaborado por el personal del Banco de Pagos Internacionales a principios de este mes.
En él se señaló que las inversiones en IA habían alcanzado una «escala extraordinaria» y que el gasto de cientos de mil millones de dólares por parte de las empresas de IA se había vuelto “macroeconómicamente significativo en muchas economías”.
Sin embargo, continuaba el informe, “una parte significativa de este capital fluye a través de empresas que actúan simultáneamente como proveedoras de insumos e inversionistas en empresas que compran esos insumos. Cuando las relaciones financieras y comerciales se superponen, surge una estructura de inversión “circular”.
El informe identificó tres tipos de circularidad: una empresa tecnológica que recibe tanto financiamiento como negocio de otra empresa tecnológica; proveedores de productos tecnológicos que financian a los clientes para estimular la demanda de dichos productos; y, en sentido contrario, clientes que financian a los proveedores para asegurarse de tener acceso a sus productos.
Al analizar las actividades de unas 1246 empresas de IA entre 2021 y 2025, los autores del informe descubrieron que más de la mitad de las inversiones recibidas provenían de otras empresas de IA y que, dentro de ese grupo, la mitad tenía algún tipo de relación comercial, lo que da como resultado que “una parte significativa de las relaciones financieras y comerciales en el sector de la IA son autorreferenciales”.
Advertieron que, si bien los acuerdos circulares pueden resolver problemas de contratación a nivel de la empresa, su naturaleza altamente entrelazada y de gran intensidad de capital puede “traducirse en riesgos macroeconómicos” que se suman a los generados por el exceso de inversión y el financiamiento mediante deuda del auge de la IA.
La circularidad también dificultaba evaluar la rentabilidad real de una empresa de IA porque «cuando un proveedor financia a un cliente, parte del crecimiento de los ingresos del proveedor refleja su propia inversión de capital, en lugar de la demanda final orgánica».
Este problema ya había surgido durante el auge de las telecomunicaciones de finales de la década de 1990, cuando parte del crecimiento de las ventas de los proveedores era financiado por los propios proveedores, de modo que, cuando los ingresos de los operadores no se materializaban o se desaceleraban, estos no podían ni pagar los préstamos ni mantener la compra de nuevos equipos, lo que provocaba que los proveedores sufrieran pérdidas en las ventas y pérdidas financieras.
“Esta dinámica podría repetirse en el sector de la IA si el crecimiento de los ingresos y la demanda de los usuarios finales no cumplen con las expectativas de las empresas. En un contexto de elevadas valoraciones bursátiles globales impulsadas por la IA, esto podría generar una volatilidad significativa en los mercados financieros”.
Al hacer hincapié en este riesgo, el informe señaló que un inversionista que también sea proveedor en un acuerdo circular corre el riesgo de verse afectado por partida doble, ya que una perturbación que afecte al cliente reduce tanto el valor de la inversión como los ingresos futuros por productos.
Además, dado que los acuerdos circulares se concentran en un pequeño número de empresas muy grandes, las perturbaciones adversas podrían transmitirse simultáneamente a través de canales comerciales y financieros, lo que amplificaría el riesgo de contagio, es decir, la propagación de una crisis mucho más allá de su punto de origen.
“Estos riesgos” —concluyó— “pueden verse magnificados por el uso creciente de crédito privado y entidades con fines especiales [cuyas actividades se mantienen fuera del balance] para financiar la infraestructura de IA, lo que puede generar apalancamiento oculto y exposiciones interconectadas que amplifican el estrés financiero durante las recesiones”.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 8 de octubre de 2026)
