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Partido Socialista por la Igualdad (EE.UU.)
Las bases históricas e internacionales del Partido Socialista por la Igualdad

La globalización y la cuestión nacional

229. Una de las consecuencias políticas de la disolución de la Unión Soviética fue la proliferación de movimientos separatistas y nacionalistas que exigían la creación de nuevos estados. Luego del colapso de soviético, los estados multinacionales que se habían ubicado dentro del marco geopolítico creado después de la Segunda Guerra Mundial se vieron azotados por el resurgimiento de varias tensiones nacionales, étnicas y comunales basadas en la religión. En la mayoría de los casos, Estados Unidos y las potencias imperialistas europeas, en pos de sus propios objetivos geoestratégicos, exacerbaron esas tensiones. La desaparición de Yugoslavia a principios de los 1990 fue, con todas las consecuencias horripilantes, el resultado de los objetivos estratégicos de los imperialismos yanqui y alemán. Para Estados Unidos fue algo especial, pues el desplomo de la vieja Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y la creación de nuevos estados “independientes” le ofrecieron una extraordinaria oportunidad para proyectar su poder en el Cáucaso y Asia Central. Y el Ministerio de Relaciones Exteriores de Estados Unidos consideró que estos movimientos separatistas, tales como el que apareció en Chechenia, aún cuando se encontraban dentro de las fronteras de la misma Rusia ofrecían la posibilidad de una gran ventaja en su campaña para establecer su hegemonía mundial.

230. No obstante, no solamente fueron consideraciones políticas las que impulsaban la intensificación de la agitación comunal. El desarrollo de la globalización, explicó el CICI, ofreció:

“...un impulso objetivo para la creación de un nuevo tipo de movimiento nacionalista que busca descuartizar a los estados en existencia. El capital que ahora se mueve globalmente la ha dado a los territorios más pequeños la capacidad para colocarse a sí mismos directamente en el mercado mundial. Hong Kong, Singapur y Taiwán se han convertido en nuevos modelos de desarrollo. Puede que cualquier enclave costeño que posea conexiones de transportación adecuadas, cierta infraestructura y un abastecimiento de mano de obra de mano barata pruebe ser más atractivo para el capital multinacional que un país grande cuyo interior es menos productivo”. [141]

231. El Comité Internacional insistió que era imprescindible, en el interés internacional de la clase trabajadora, adoptar una actitud severamente crítica y hasta hostil hacia los movimientos separatistas. La repetición dogmática del eslogan, “El derecho de las naciones a la auto determinación”, no podía substituir a un análisis socioeconómico, político y, desde el punto de vista histórico, concreto, de las demandas nacionales. Esto fue más esencial todavía, durante una época en que los movimientos nacionales-separatistas contemporáneos generalmente se caracterizaban por una perspectiva socioeconómica y política descaradamente reaccionaria. Al comparar los movimientos nacionales durante épocas históricas diferentes, el CICI escribió lo siguiente:

“En India y China, los movimientos nacionales plantearon la tarea progresista de unificar a pueblos heterogéneos en una lucha común contra el imperialismo; tarea que probó ser irrealizable bajo la dirigencia de la burguesía nacional. Esta nueva forma de nacionalismo promueve el separatismo por medio de líneas étnicas, lingüísticas y religiosas con el objetivo de dividir a las naciones en existencia para beneficio de los explotadores locales. Tales movimientos no tienen nada que ver con la lucha contra el imperialismo, ni tampoco encarnan las aspiraciones democráticas de las masas oprimidas. Sirven para dividir a la clase trabajadora y desviar la lucha de clases al callejón de las guerras étnicas y comunales. “ [142]

232. Como se podía predecir, los radicales pequeño burgueses de la Spartacist League, quienes se habían adaptado oportunistamente a cierta variedad de tendencias separatistas, proclamaron que “David North ‘anula’ el derecho a la auto determinación”. [143] Además de la formulación obviamente absurda de esta mordaz crítica, el ataque de los espartacistas se basaba en una falsificación de la actitud que Lenín y Trotsky tenían hacia el dilema de la auto determinación. En ningún momento definieron ellos la demanda por la auto determinación como un pagaré que los marxistas estaban obligados a cobrar en cualquier momento y bajo toda circunstancia. Ellos nunca elevaron esta demanda por encima de los intereses del proletariado como clase revolucionaria internacional. Así como Lenín minuciosamente definió en 1913 los diferentes tipos de movimientos nacionales acondicionados por la historia, los marxistas estaban obligados a no ser menos exigentes cuando analizan el contenido objetivo de las demandas por la auto determinación que una u otra organización política proponía. Como lo explicara el CICI:

“El caso ha sido frecuente en la historia del movimiento marxista que las fórmulas y lemas cuyo contenido había sido progresista y revolucionario en cierta época adquieren un significado totalmente diferente en otra era.

El derecho a la auto determinación ha llegado a ser muy diferente a la manera en que Lenín lo definió hace ya más de ochenta años. No sólo han sido los marxistas los que han propuesto el derecho a la auto determinación; la burguesía nacional de los países en desarrollo y hasta los mismos imperialistas también lo han hecho. Desde el fin de la Primera Guerra Mundial, una que otra potencia imperialista ha invocado este ‘derecho’ para justificar conspiraciones cuyo objetivo es la partición de los territorios en cuestión”. [144]

233. Los movimientos nacionalistas separatistas que los espartacistas apoyan —en Bosnia, en los estados de Kashmir y Punjab en la India, Quebec y Sri Lanka— fueron precisamente aquellos en los que la índole reaccionaria de la demanda por la auto determinación encontró su más clara expresión. En el caso de Bosnia, la manipulación imperialista del nacionalismo basado en la religión de un sector de la población —los musulmanes— sirvió los intereses de una campaña mucho más amplia para desbaratar a Yugoslavia. Al promover el separatismo nacionalista en Punjab y Kashmir, los espartacistas decidieron ignorar el carácter totalmente reaccionario de estos movimientos basados en la religión y, sobre todo en el caso de Kashmir, de los vínculos que éstos tenían a conflictos geoestratégicos de mayor alcance entre los estados nacionales principales de la región. En cuanto a Quebec, el movimiento nacionalista durante décadas ha sido una de las maneras en que varios sectores de la burguesía canadiense han luchado entre sí. En relación a la clase trabajadora, la clase gobernante de Quebec no menos despiadada que la anglófila burguesía en Ontario o Saskatchewan. Y por último, la promoción de los espartacistas del nacionalismo Tamil significó que habían capitulado a la perspectiva separatista de la TLET [Tigres de la Liberación Eelam Tamil] y repudiado la lucha que el movimiento trotskista había llevado a cabo durante décadas para unificar las clases obreras de habla sinhala y tamil en lucha común contra el estado nacional burgués de Sri Lanka. Al pintar los movimientos nacionales con colores míticos y por encima de la historia, las tendencias pequeño burguesas tales como la Spartacist League decidieron ignorar el impacto de las traiciones políticas que las organizaciones oportunistas de la clase trabajadora cometieron al fomentar sentimientos nacionalistas entre las comunidades de las minorías oprimidas. En el caso de la comunidad Tamil, el crecimiento de tendencias nacionalistas durante los 1960 y 1970 estuvo muy vinculado a las traiciones políticas del Partido Lanka Sama Samaja [PLSS], sobre todo a la entrada de este al gobierno de coalición burgués en 1964 y, luego, a su participación en la composición de una constitución, adoptada en 1972, que institucionalizó la discriminación contra la lengua tamil.

234. Al Comité Internacional clarificar el significado de la demanda por la auto determinación y luchar contra el nacionalismo burgués y sus apologistas pequeño burgueses, contribuyó inmensamente a fortalecer las bases revolucionarias internacionalistas de la Cuarta Internacional. Luego de la disolución de la URSS y la enorme confusión política que este acontecimiento generó, el análisis del CICI confirmó que un verdadero programa internacionalista para la clase trabajadora sólo se podía desarrollar en base de la Teoría de la Revolución Permanente.


[141]

Globalization and the International Working Class: A Marxist Assessment, Statement of the International Committee of the Fourth International (Oak Park, MI: Mehring Books, 1998), p. 108.

[142]

Ibid., p. 109.

[143]

Cited in Globalization and the Working Class, p. 109.

[144]

Globalization and the Working Class, p. 112.