¿Había estado los Estados Unidos prevenido del ataque del 11 de septiembre?

Segunda parte: Vigilando a los piratas aéreos

12 February 2002

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Ver Primera parte: Advertencias; Segunda parte: Vigilando a los piratas aéreos; Tercera parte: Los Estados Unidos y el terrorismo del Medio Oriente; Cuarta parte: La negativa en investigar

Los Estados Unidos mantiene la mayor organización de espionaje y vigilancia de telecomunicaciones del mundo. Ésta se compone de varias agencias: la CIA, el FBI, la Agencia para la Seguridad Nacional [ National Security Agency, NSA], la Agencia de Espionaje para la Defensa [ Defense Intelligence Agenc, DIA], la Organización de Defensa para la Interceptación de Señales [ Defense Signals Intercept Organization, DSIO], etc. Se calcula que el presupuesto secreto que las financia a todas llega a la asombrosa cantidad de $30 mil millones anuales.

Aún así, el gobierno de Bush sostiene que esta enorme estructura para la seguridad nacional no tenía ni la menor idea que casi dos docenas de hombres se preparaban a secuestrar aviones jets de líneas comerciales y estrellarlos contra el World Trade Center y el Pentágono. Sobre ésto no existe siquiera una voz disidente en los dóciles medios de prensa estadounidenses. Tampoco el público ha pedido que quiten de sus puestos aquellos cuya aparente incompetencia—si es que vamos a creer la versión oficial—causó la muerte de casi 3,000 ciudadanos estadounidenses.

Lo que ha surgido durante los últimos cuatro meses, sin embargo, es muy diferente a los eventos del 11 de septiembre y su relación al complejo de espionaje militar de los Estados Unidos. No es solamente que hubo advertencias frecuentes, que se basaban en los informes de espionaje de países extranjeros y las investigaciones del propio Estados Unidos sobre previas agresiones terroristas [“Había estado los Estados Unidos prevenido del ataque del 11 de septiembre? Primera parte: Advertencias”], pero el mismo gobierno estadounidense tenía a su dispocisión suficiente información obtenida por medio del espionaje electrónico y directo, que se llevaba a cabo durante esos días en contra de Osama bin Laden y sus socios en la organización de Al Qaeda.

El espionaje electrónico contra bin Laden

Se sabe muy bien que la NSA en otra época tenía acceso casi total a las comunicaciones electrónicas de bin Laden y compañía. Durante el período justamente antes de los bombardeos de las embajadas estadounidenses en Kenya y Tanzania en agosto de 1998, el espionaje era de alcance tan largo que los funcionarios de la NSA solían reproducir las conversaciones entre bin Laden y su madre para causar impresión a los dignatarios visitantes y así lograr aumentos en su presupuesto, cuyos fondos los suministra el Congreso.

Según un informe, la NSA había grabado casi todas esas conversaciones marcadas por medio de un teléfono satélite que bin Laden usaba en Afganistán. Este aparato portátil había sido comprado en Nueva York para el dirigente de Al Qaeda, quien usó un poco más de 2,000 minutos—pagados por adelantado—para telefonear a sus cómplices en docenas de países, lo que sugiere que no era el mejor conspirador del mundo. (Fuente: Los Angeles Times, 21 septiembre 2001, “El odio une a un enemigo sin ejército”, de Bob Drogin; Chicago Tribune, 16 septiembre 2001, “Bin Laden y socios evaden la escucha oculta de agencia de espionaje”, de Scott Shane)

Funcionarios estadounidenses han sugerido que este acceso se canceló bruscamente luego que bin Laden se diera cuenta que las comunicaciones vigiladas le habían facilitado al Pentágono convertir a un campamento de entrenamiento en el este de Pakistán en el blanco de cohetes cruceros teledirigidos lanzados bajo órdenes del Clinton. Según estos funcionarios, el dirigente de Al Qaeda dejó de usar los teléfonos y otros dispositivos electrónicos por completo y recurrió a mensajeros y otras formas de comunicación directa que no pueden vigilarse tan fácilmente.

Pero muchos eruditos consideran que esta información por parte los funcionarios del gobierno estadounidense es intencionalmente errónea. Mohammed Heikal, periodista egipcio desde hace mucho y ex vocero de ese gobierno, expresó, en una entrevista con un periódico británico, su incredulidad que bin Laden y su grupo Al Qaeda fueron capaces de dirigir los ataques del 11 de septiembre sin el conocimiento de los Estados Unidos: “Bin Laden ha sido vigilado por años: todas sus llamadas telefónicas habían sido interceptadas electrónicamente y las agencias de espionaje de los Estados Unidos, Pakistán, Arabia Saudita y Egipto ya han penetrado a Al Qaeda. Es imposible mantener secreta una actividad tan organizada y sofisticada”. (Fuente: Entrevista de Haikal con el Guardián, 10 octubre 2001)

Mientras más sostiene los Estados Unidos que las actividades de bin Laden son de calidad mundial y que requieren una coordinación sofisticada, menos creíble es la declaración que el espionaje electrónico no ha dado ningún resultado. Desde el punto de vista práctico, sería casi imposible organizar una red mundial capaz de dirigir ataques contra el Medio Oriente, África, Asia, Europa y los Estados Unidos sin hacer uso del intercambio electrónico de información.

La prensa ha publicado informes acerca ocasionales del hecho que los socios de bin Laden, para no decir del dirigente fundamentalista mismo, han llevado a cabo comunicaciones electrónicas que han sido interceptadas por agencias de espionaje estadounidenses.

Richard Sale, corresponsal de la United Press Internactional [ UPI], escribió sobre los partidiarios de bin Laden que fueron sometidos a juicio el año pasado en Nueva York y ha reportado que la NSA había descifradolas comunicaciones en código de bin Laden. Puesto que los funcionarios estadounidenses “creen que el plan para los ataques del 11 de septiembre probablemente se iniciaron hace ya dos años” ( New York Times, 14 octubre 2001), ésto sugiere que parte de la información acerca de los preparativos para el 11 de septiembre ya se había interceptado electrónicamente”. (Fuente: United Press International, 13 febrero 2001)

Orrin Hatch, senador conservador que representa al estado de Utah y cuyos vínculos a los ámbitos encargados de guardar la seguridad nacional son muchos, expresó, de la manera más clara, que los Estados Unidos exitosamente había espiado la comunicación de Al Qaeda. Esta declaración fue la más próxima, en términos de tiempo, a los sucesos del 11 de septiembre . Hatch le informó a la Associated Press [ AP]el mismo 11 de septiembre que el gobierno de los Estados Unidos había estado vigilando la comunicación electrónica de bin Laden cuando se escuchó a dos de sus asesores celebrando la exitosa agresión terrorista. Le dijo Hatch a la AP: “Cierta información que se ha obtenido indica que se escuchó a ciertos socios de bin Laden confirmando que dos blancos habían sido afectados”. (Fuente: Associated Press, 11 septiembre 2001, “El World Trade Center se derrumba mediante ataque terrorista”, de David Crary y Jerry Schwartz)

En una entrevista con el noticiero de la cadena de televisión ABC ese mismo día, Hatch reiteró su declaración, indicando que la CIA y el FBI le habían informado lo mismo. La reacción del gobierno de Bush indica que esta declaración fue verosímil. Donald Rumsfeld, secretario de defensa, ferozmente criticó el informe ante el público, llamándole una revelación de información clasificada que no había sido autorizada. La Casa Blanca luego citó esta revelación de información secreta como base para negarle al Congreso información detallada sobre las actividades anti terroristas de los Estados Unidos. No obstante, Bush luego se vería obligado a seguir informando a miembros selectos del Congreso estadounidense.

Existen varios informes más de la prensa acerca de espionaje similar que se llevó a cabo exitosamente contra las comunicaciones de Al Queda. Der Spiegel, revista alemana, dijo que agentes del espionaje alemán, BND, habían interceptado conversaciones telefónicas entre dos de los seguidores de bin Laden. El 4 de octubre, el noticiero de la cadena de televisión NBC reportó que dos días antes del ataque contra el World Trade Center bin Laden había llamado a su madre para decirle que “En dos días te vas a enterar de grandes noticias y no vas a saber de mí por largo tiempo”. La cadena de televisión NBC dijo que cierta organización de espionaje extranjera había grabado la llamada y transmitido la información a los EE.UU. A estos informes hay que considerarlos con cautela, sobretodo porque surgieron durante la víspera del ataque aéreo estadounidense contra Afganistán. Sin embargo, es imposible cegarse ante la siguiente conclusión: si las agencias de espionaje de los Estados Unidos eran capaces de obtener semejante información después del 11 de septiembre, también lo eran antes de esa fecha. (Fuente: Toronto Globe & Mail, 5 octubre 2001)

Además de las comunicaciones actuales entre los secuestradores y sus compinches conspiradores, hubo otro indicio electrónico acerca del 11 de septiembre. Se ha circulado ampliamente que la semana antes de la piratería suicida, ocurrió una especulación repentina y sin explicación en el mercado de acciones capitales de las aerolíneas American y United. Se hicieron grandes apuestas que las acciones a ambas empresas sufrirían enormes pérdidas, tal como sucedió después que dos aviones jets de la American y dos de la United habían sido secuestrados y estrellados. Ninguna otra aerolínea atravesó por semejante especulación, y todavía no se ha revelado la identidad de las personas que hicieron miles de apuestas tipo “put”; es decir, apuestas que las acciones sufrirían pérdidas.

Menos conocido es el hecho que la CIA maneja un sistema de programas de computadoras llamado Promis, que vigila semejantes cambios repentinos en los precios y tiene un propósito único: advertir con anticipación que cierta industria o empresa puede convertirse en blanco de agresiones terroristas. Este programa provee 24 horas de vigilancia al día. Ya para el 7 de septiembre, pues, los agentes de la CIA, tienen que haber estado conscientes de la posibilidad que las aerolíneas American y United, iban a ser objetivos de ataques terroristas. Según la cadena de televisión Fox News Network, derechista y estridentemente a favor de Bush, el FBI y el Departamento de Justicia han confirmado que el espionaje estadounidense usaba a Promis desde el verano anterior. No hay ningún indicio que la CIA le advirtiera a las aerolíneas o a las agencias estadounidenses guardianes de la seguridad nacional.

¿A cuántos piratas aéreos se les conocía?

Según la versión oficial del gobierno de Bush sobre los ataques terroristas, antes del 11 de septiembre las autoridades estadounidenses sabían sólo de 2 de los 19 presuntos piratas suicidas: Kahlil Almihdhar y Nawaf Alhamzi. Luego que se descubriera que el primero tenía vínculos a un agente secreto de bin Laden en Malasia, la CIA le pidió al FBI que los pusiera en su “lista de los más buscados”.

Relatos incontables publicados en la prensa trataron de resolver las dudas que esta versión de los sucesos inevitablemente planteó. ¿Cómo lograron dos hombres buscados por el FBI y la CIA—a quienes se les sospechaba estar vinculados al hombre que el gobierno de los Estados Unidos había catalogado como el terrorista más peligroso del mundo—comprar pasajes de primera clase carísimos (y solamente de ida) y entonces abordar y secuestrar un avión jet el 11 de septiembre?

Almihdhar y Alhamzi aparentemente vivían en el sur de California, en la vecindad de San Diego, por casi dos años, saliendo y entrando de nuevo al país por lo menos una vez justamente semanas antes de emitirse la “lista de los más buscados”. Según cierto informe de prensa, el nombre de Alhamzi hasta apareció en la guía telefónica de San Diego. Ésto en sí pone en duda la manera en que la prensa ha pintado a los secuestradores suicidas: como conspiradores que no dejaban rastro y eran imposible de ser descubiertos. (Fuente: Washington Post, diciembre 29 2001).

No obstante la manera en que estos dos futuros secuestradores evitaron ser descubiertos, la lógica fundamental de la versión oficial—que estos dos habían sido los únicos secuestradores a quienes se les había sospechado de ser terroristas antes del 11 de septiembre—es falsa. Varios otros secuestradores u hombres a quienes ahora se les considera haber sido cómplices habían llegado a la atención de la policía y de las agencias de espionaje estadounidenses antes de la destrucción del World Trade Center. Sin embargo, se les permitió continuar sus planes.

También es extraño el caso Ziad Samir Jarrah, uno de los hombres bajo sospecha de secuestrar el jet de la Aerolínea United que se estrelló en el estado de Pennsylvania. Funcionarios de los Emiratos Árabes Unidos admiten que Jarrah arribó a EAU el 30 de enero de 2001 luego de haber pasado dos meses en Afganistán y Pakistán. A petición de los Estados Unidos, éste había sido interrogado por varias horas en el Aeropuerto Internacional de Dubai. Se le permitió salir del país y llegó a parar a Hamburgo vía Amsterdam. Luego voló a los Estados Unidos.

A pesar que los Estados Unidos había mostrado suficiente interés en que fuera detenido, se le permitió entrada al país y Jarrah pronto se inscribió en una escuela de vuelos. El 9 de septiembre—dos días antes del secuestro—Jarrah fue detenido por exceso de velocidad en la carretera interestatal 95. Recibió una multa y se le permitió seguir. La policía del estado de Maryland aparentemente buscó su nombre en sus computadoras y no encontró nada extraño. Reaccionando a las indagaciones que comenzaron después del 11 de septiembre, funcionarios del FBI y la CIA sostuvieron que ninguna de las dos agencias había tenido conocimiento de Jarrah o que lo habían puesto en la lista de los más buscados. Ésto a pesar que ocho meses anterior, en Dubai, una agencia del gobierno de los Estados Unidos había tratado de que lo detuvieran. (Fuente: Chicago Tribune, 14 diciembre 2001: Baltimore Sun, 14 diciembre 2001)

La revista Newsweek , en un ejemplar especial publicado inmediatamente luego de los ataques del 11 de septiembre, hizo una declaración asombrosa acerca de los vínculos que existían entre los secuestradores y el sistema de seguridad nacional de los Estados Unidos. Citando a fuentes militares de los Estados Unidos, la revista reportó que “durante la década de los 1990, cinco de los presuntos secuestradores de los aviones puestos al servicio de los ataques terroristas el martes pasado recibieron su capacitación en instalaciones militares estadounidenses que se consideraban seguras”. Tres habían declarado que residían en la Estación Naval Aérea [ Naval Air Station]en Pensacola estado de la Florida, cuando llenaron sus solicitudes para obtener sus licencias de conducir o registrar sus automóviles. Otro recibió su capacitación en el Instituto de la Guerra Aérea [ Air War College] en Montgomery, estado de Alabama. Y el quinto recibió instrucción de idioma en la Base Lackland de la Fuerza Aérea [ Lackland Air Force Base] en San Antonio, Texas. Los tres hombres que recibieron su instrucción en Pensacola se llamaban Saeed Alghamdi y Ahmad Alnani, quienes estuvieron abordo del vuelo 93 de la aerolínea United, el cual se estrelló en Pennsylvania, y Ahmed Alghamdi, quien iba abordo del vuelo 75 de la misma aerolínea que se estrelló contra la torre sur del World Trade Center.

Funcionarios del FBI le informaron a las oficinas del senador Bill Nelson (Demócrata, Florida) que agentes que habían sido asignados al caso del World Trade Center /Pentágono “estaban investigando todos los vínculos con las instalaciones militares”, pero que no se había llegado a ninguna conclusión debido a la incertidumbre que existía en cuanto a si los piratas aéreos habían robado las tarjetas de identificación de otros visitantes del Medio Oriente en los Estados Unidos. Entre éstos se encontraban muchos procedentes de la Arabia Saudita y de otros clientes de EE.UU. en ese rincón del mundo.

Funcionarios sauditas trataron de refutar los informes que decían que 15 de los 19 piratas eran ciudadanos sauditas. No obstante, este alegato resultó ser correcto. La prensa no ha seguido reportando lo de Pensacola. Ni Newsweek, ni ningún otro de los principales medios de prensa, ha seguido esta pista.

El caso de Mohammed Atta

Más extraordinario aún es el tratamiento dado a Mohammed Atta, presunto dirigente de la piratería aérea. Éste había despertado el interés de las policías egipcia, alemana y estadounidense, pero durante el 2000 y el 2001 logró viajar entre Europa y los Estados Unidos sin ningún contratiempo.

De acuerdo a un informe que salió por el canal de televisión pública ARD de Alemania, el servicio secreto egipcio había interceptado sus llamadas telefónicas, por medio de las cuales se averiguó que Atta recientemente había partido de su domicilio en Hamburgo, Alemania, y visitado a Afganistán. El programa alemán, difundido el 23 de noviembre, aseveró que el FBI estadounidense había seguido los pasos de Atta por varios meses en 2000, cuando viajó varias veces de Hamburgo a Frankfurt y compró grandes cantidades de substancias químicas con uso potencial para fabricar explosivos. En 1999, la policía alemana también interceptó una llamada telefónica entre varios fundamentalistas islámicos que mencionaba el nombre de Atta. La agencia de información británica, BBC, hizo el siguiente comentario sobre el informe alemán: “Las pruebas...ahondan las inquietudes acerca de las agencias de espionaje: quizás ya para el 11 de septiembre éstas sabían más acerca de Atta de lo que se suponía, pero que fracasaron en tomar acción”. (Fuente: informe de la British Broadcasting Corporation, 26 noviembre 2001)

Atta llegó a despertar la curiosidad de las autoridades estadounidenses durante varias ocasiones en el 2001. A pesar de haber excedido los términos de su visa, se le permitió entrar de nuevo a los Estados Unidos en enero luego de haber viajado a Alemania. Con visa de turista, aterrizó en Miami el 10 de enero en un vuelo desde Madrid; sin embargo, le dijo a los inspectores de Inmigración que estaba tomando clases de vuelo en los Estados Unidos, por lo cual se requería visa de estudiante. Jeanne Butterfield, directora ejecutiva de la Asociación Estadounidense de Abogados de Inmigración [ American Immigration Lawyers Association], le declaró al Washington Post: “En el noventa por ciento de los casos le hubiesen dicho que regresara al extranjero para solicitar la visa adecuada. Se suppone que uno no puede llegar al país como turista para entonces quedarse trabajando o asistir a la escuela”. Tenemos que enfatizar que este tipo, que recibía tratamiento tan cordial y ameno, ¡previamente había estado bajo la vigilancia del FBI por acumular materiales para la construcción de explosivos!

Un informe de la televisión canadiense afirma que Atta fue vinculado con un bombardeo terrorista en Israel y que la información se le había entregado a los Estados Unidos antes de otorgarle la visa de turista. (Fuente: Canadian Broadcasting Corporation [Corporación Canadiense de Teledifusión], 14 septiembre 2001: informe de Diasna Swain desde Vero Beach, Florida)

Atta hizo otros viajes a Europa. Regresó a Alemania en mayo y visitó a España en julio y, con el permiso de la aduana y las oficinas de inmigración estadounidenses, regresó al país cada vez. Otro informe de prensa británico informa que “Atta había estado bajo vigilancia entre enero y mayo del año pasado, cuando aparentemente se le observó comprando grandes cantidades de substancias químicas en Frankfurt, presuntamente destinados a la producción de explosivos y la guerra biológica. Se rumora que los agentes estadounidenses que supuestamente le seguían la pista a Atta fracasaron en informarle a las autoridades alemanas acerca de su investigación. Esta revelación—que a Atta le habían seguido la pista mucho antes del 11 de septiembre—plantea una interrogativa: ¿por qué fueron incapaces de detener a este individuo y así prevenir los ataques? (Fuente: El Observador, 30 septiembre 2001)

Durante el verano de 2001, Atta recibió un giro de $100,000 de una cuenta bancaria en Pakistán presuntamente bajo el control de un representante de Osama bin Laden. Funcionarios estadounidenses repetidamente han mencionado este giro como prueba que bin Laden inspiró los ataques del 11 de septiembre, pero lo que no han podido explicar es como una cantidad de dinero tan enorme pudo trasladarse sin ningún obstáculo a un individuo que estaba bajo observación del FBI. Otro hecho asombroso: según un periódico de la India, el hombre que en realidad había autorizado el giro a Atta era el General Mahmud Ahmed, dirigente de ISI, agencia de espionaje pakistani y principal auspiciador de régimen Talibán en Afganistán. Ahmed fue forzado a renunciar su puesto luego que la India hiciera público su rol, confirmado por el FBI. El 11 de septiembre, Ahmed se encontraba en Washington, D.C. consultando con funcionarios del sistema de espionaje estadounidense. Quizás ello haya sido una coincidencia. (Fuente: Informe de la CNN, 21 octubre 2001; The Times of India, 11 octubre 2001)

Continuará.