Conferencia de la WSWS: ¡Alto a la guerra contra Irak! Por la unidad internacional de la clase obrera

10 April 2003

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La World Socialist Web Site y el Partido Socialista por la Igualdad celebraron una conferencia internacional del 29 al 30 de marzo en la ciudad de Ann Arbor, estado de Michigan, bajo la consignia “ El socialismo y la lucha contra el imperialismo y la guerra: estrategia y programa para un nuevo movimiento internacional de la clase obrera”. Abajo siguen las resoluciones adoptadas por voto unánime.

Resolución: ¡Alto a la guerra contra Irak! ¡Estados Unidos y la Gran Bretaña fuera del Oriente Medio!

Esta conferencia condena la guerra de los Estados Unidos y la Gran Bretaña contra Irak como acto de gangsterismo internacional. Es una guerra imperialista en el sentido clásico de la palabra; guerra de conquista cuyo objetivo es establecer un régimen tipo colonial en Bagdad, tomar control de los recursos petrolíferos iraquíes, asumir una posición estratégica para dominar el Oriente Medio y lanzar otras guerras de conquista.

Todas las justificaciones del gobierno de Bush y sus cómplices en Londres se basan en verdades a medias, falsedades y mentiras absolutas. Irak no es responsable de los ataques terroristas del 11 de septiembre, 2001, y no representa ninguna amenaza militar a los Estados Unidos. Es un país empobrecido devastado por la guerra y por 12 años de embargo económico, encabezado por los Estados Unidos, que han privado al pueblo iraquí de alimentos, medicinas y otras necesidades esenciales, lo cual ha causado la muerte de más de un millón de personas.

La declaración del gobierno de Bush — que la guerra se ha lanzado para “liberar” al pueblo iraquí de la dictadura de Saddam Hussein — es totalmente cínica. Los días iniciales de la guerra han comprobado que es una mentira, pues el pueblo iraquí ha entablado una heroica resistencia popular contra los invasores.

El gobierno de los Estados Unidos ha auspiciado dictaduras bestiales por todo el mundo, desde Chile hasta Indonesia. La CIA fue de los primeros partidarios de Saddam Hussein y lo respaldó cuando éste reprimió los partidos de la clase obrera y a las minorías nacionales en el interior de Irak. Los gobiernos de Carter y Reagan respaldaron su guerra contra Irán del 1980 a 1988.

Aún después de la Guerra del Golfo durante 1990-91, el gobierno de Bush Padre decidió que era preferible aceptar el régimen de Saddam Hussein que tolerar las rebeliones kurdas y shiitas que podían desestabilizar los otros regímenes de la región que gozaban del respaldo estadounidense. Y ahora el gobierno de Bush Hijo se ha lanzado a la guerra, no para establecer la democracia, pero para imponerle al pueblo iraquí una dictadura militar dirigida por los Estados Unidos.

Los métodos bestiales que se han usado en esta guerra — cohetes cruzeros teledirigidos, bombas de dispersión, armas con uranio agotado y napalm — revelan el verdadero objetivo político de la guerra. Encontrándose cara a cara con una resistencia que más y más se intensifica y la posibilidad de una lucha de puerta en puerta en todos los centros urbanos, los Estados Unidos y la Gran Bretaña inexorablemente se dirigen a una guerra de exterminio, no sólo contra los militares iraquíes, cuya mayoría son jóvenes reclutados a fuerza, sino contra toda la población.

Lo que actualmente se despliega es una pugna terrible y desigual que le costará la vida a decenas, para no decir cientos, de miles de inocentes. Los pueblos de todo el mundo se sienten repugnados por este espectáculo en que una potencia militar desenfrenada pulveriza un país pequeño e indefenso. La gran mayoría de los pueblos del mundo correctamente se dan cuenta que Washington — y no Bagdad — es la verdadera amenaza contra la paz y la seguridad mundial.

Esta conferencia rechaza todos los esfuerzos de los políticos por justificar su apoyo a la guerra con el pretexto de “apoyar nuestras tropas.” La gran mayoría de jóvenes estadounidenses e ingleses — hombres y mujeres — que han sido enviados a pelear en Irak en base a la demagogia y las mentiras, también son victimas de la pandilla guerrera de Washington. Se les está obligando a matar o morir en nombre de una programática secreta a favor de las clases dirigentes, no del pueblo británico o del estadounidense.

El gobierno de Bush ha desafiado al Consejo de Seguridad de la ONU y lanzado una guerra unilateral, por lo cual le ha declarado al mundo que su gobierno, en pos de la hegemonía mundial, no va a respetar ningún acuerdo jurídico o diplomático. Toda la propaganda de los medios de prensa estadounidenses no puede esconder este hecho verídico: el gobierno de los Estados Unidos planeó e inició una guerra de agresión; que ha invadido, sin ninguna provocación, un país independiente; y que todas estas acciones las ha llevado a cabo en infracción flagrante del derecho internacional.

La doctrina promovedora de la guerra preventiva del gobierno de Bush ha resucitado la política bélica de las guerras agresivas que hicieron infame al imperialismo alemán durante el siglo pasado. Esta misma acción de Bush, Cheney, Rumsfeld y compañía — es decir, la planificación y práctica de guerras agresivas — fue el cargo principal que se le imputara a los líderes nazis durante los juicios de Nuremberg; cargo que terminara en fallo de culpabilidad y resultara en su ejecución. Así se definió a ese crimen de guerra en ese entonces, y todavía se define así hasta hoy día.

Todos los responsables de iniciar la guerra contra Irak — los altos funcionarios del gobierno de Bush, los dirigentes del Partido Demócrata y el Partido Republicano en el Congreso nacional, los comandantes militares, y los directores de los monopolios de la prensa — son culpables de crímenes de guerra y deben de ser obligados a comparecer ante un tribunal internacional para ser enjuiciados.

Esta conferencia llama a todos los trabajadores de los Estados Unidos y de todo el mundo a que exijan el cese inmediato de la guerra contra Irak; el retiro de todas las tropas estadounidenses y británicas de Irak, el Oriente Medio y Asia Central; la suspensión de todas las sanciones contra Irak; y la creación de un programa humanitario urgente y de ayuda económica para el pueblo de Irak.

Resolución: Por la unidad internacional de la clase obrera

Esta conferencia le envía sus más cordiales saludos a los millones personas por todo el mundo que se oponen a la agresión dirigida por los Estados Unidos contra Irak.

A partir del fin de semana durante el 15-16 de febrero, enormes manifestaciones por toda Europa y los Estados Unidos se han unido a manifestaciones en ciudades, pueblos y villas de todos los continentes que en términos de amplitud y concurrencia no tienen precedente.

La oposición mundial a esta guerra tiene un gran significado histórico. Marca la primera vez que toda una nueva generación de la clase obrera y la juventud a la lucha política. Representa, aunque de manera embrionaria, el principio de un movimiento social internacional contra el imperialismo.

La integración mundial de la producción capitalista durante los últimos 325 años, encabezada por las empresas internacionales, ha fortalecido la unidad objetiva de la clase obrera. Ha rendido totalmente obsoletos todos los programas nacionales para los trabajadores de las diferentes naciones que se basan la regulación estatal y protección de los mercados y recurren a sus “propios” gobiernos. Al mismo tiempo, ha intensificado la explotación y la desigualdad social en todos los rincones del mundo, y más y más empareja las condiciones a las que los trabajadores de los países adelantados y del “Tercer Mundo” se enfrentan. Así se han echado las bases para la coordinación mundial de grandes luchas sociales que más y más asumirán un carácter anti capitalista. La clase obrera se definirá a sí misma más y más en términos internacionales en vez de nacionales.

Así como la primera época de integración internacional a fines del Siglo XIX ocasionó amargos conflictos entre las potencias imperialistas principales - que culminaran en tres décadas de guerra, depresión y fascismo entre 1941 y 1945 - la evolución adicional de la producción mundializada ha desatado una nueva lucha feroz por los mercados, las materias primas y la mano de obra barata. Otra vez las contradicciones fundamentales del capitalismo — entre, por una parte, la economía mundial y el sistema de estados-naciones y por otra el desarrollo de la producción socializada y la expropiación privada de la riqueza — han reventado hasta llegar a la superficie y ahora amenazan a toda la humanidad con la catástrofe.

La única verdadera base para la lucha contra el imperialismo y la guerra es la clase obrera estadounidense e internacional. Esta lucha requiere una orientación y perspectiva internacionales conscientes. No se puede desarrollar desde arriba bajo los auspicios de una u otra potencia imperialista, de este o aquel gobierno nacional, o de instituciones como la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Los intereses imperialistas y los requisitos de su política exterior impulsan a Francia y a Alemania tanto como a los Estados Unidos y la Gran Bretaña. Ninguno de los gobiernos capitalistas representa las aspiraciones por la paz que el pueblo común siente. Por eso que las manifestaciones, no importa lo militante y amplias que sean, tienen como objetivo ponerle presión a los que tienen el poder, y así no puede acabar con la guerra.

Sólo si se establece un movimiento desde abajo — es decir, entre las amplias masas de los pueblos trabajadores — que asimila una estrategia socialista internacional cuyo objetivo es la transformación total de la sociedad, puede la lucha contra la guerra seguir adelante.

Esta conferencia se opone a todo esfuerzo que trate de dividir a los trabajadores por razones de nacionalidad, grupo étnico, raza, sexo o religión. Al elevar falsamente características secundarias más arriba de los intereses objetivos de clase — características que a fin de cuentas son insignificantes — semejante política termina por socavar y debilitar la unidad de la clase obrera. El socialismo internacionalista, por el contrario, corresponde a las tendencias históricas más revolucionarias y progresistas y encarna las aspiraciones (todavía no conscientes) de los trabajadores de todos los países para unificar sus luchas en base de una perspectiva mundial común por la paz, la igualdad social y la justicia.

Esta conferencia reconoce las responsabilidades políticas que la enorme movilización internacional contra la guerra imperialista ha planteado. Los sentimientos apasionados contra la guerra en casi todos los rincones del mundo es presagio de lo que viene. Ya el carácter internacional de las manifestaciones ha fortalecido a millones. Nuestra misión central consiste en alentar el desarrollo de la conscientización política de este nuevo movimiento y asistirle a que comprenda el eslabón esencial que existe entre las luchas contra la guerra imperialista y las luchas por el socialismo internacional.

Resolución: Por la independencia política de la clase obrera

La lucha contra el imperialismo y la guerra exige que se establezca la independencia política de la clase obrera de todos los partidos vinculados a los grandes comercios que se basan en la defensa del sistema capitalista de ganancias. La guerra imperialista nace de las contradicciones insolubles del capitalismo y se conduce en defensa de los intereses de la oligarquía financiera. Por ello la razón que ninguna lucha contra el imperialismo y la guerra es posible si se basa en la subordinación perenne de la clase obrera a los representantes políticos de la clase gobernante capitalista.

Esta conferencia condena al Partido Demócrata como cómplice del gobierno de Bush en la agresión contra Irak. El octubre pasado, los Demócratas del congreso nacional respaldadron a Bush con suficientes votos para adoptar la resolución que autoriza la invasión y la ocupación de Irak. Ninguno de los voceros dirigentes del partido seriamente se ha opuesto a la guerra, y todos los contrincantes principales que quieren postularse para las elecciones presidenciales de 2004 la respaldan en pleno. Los Demócratas hasta han rehusado insistir que el Congreso debata la guerra; por consiguiente han ayudado e instigado la confabulación con que ésta se planificó a escondidas del propio pueblo de los Estados Unidos.

El gobierno de Bush no pudo haber emprendido esta guerra sin el apoyo del Partido Demócrata. Una vez comenzada la guerra, los Demócratas en ambas cámaras del Congreso — senadores y diputados — votaron en su gran mayoría por las resoluciones a favor de la guerra, y sus voceros dirigentes en el Congreso declararon su “apoyo total a nuestro jefe supremo”.

Sería ingenuidad política creer que la instalación de Al Gore en la Casa Blanca, en vez de Bush, habría prevenido la guerra contra Irak. La política a favor de la guerra de Bush sólo expresa, de manera más aguda, la programática militarista que el gobierno de Clinton-Gore seguían. Clinton presidió sobre la invasión de Somalia; la ocupación militar de Haití; la intervención en Bosnia; el bombardeo de Irak en diciembre, 1998; los ataques, con cohetes teledirigidos, contra el Sudán y Somalia; y la guerra contra Serbia. Firmó el Acta para la Liberación de Irak que convirtió al “cambio de régimen” en Bagdad en la política oficial de los Estados Unidos. Dado los antecedentes y complicidad de los Demócratas con la campaña bélica de Bush, no hay ninguna razón para creer que el gobierno de Gore habría seguido una política fundamentalmente diferente en el Golfo Pérsico.

Los Demócratas no son menos cómplices del programa anti obrero del gobierno de Bush para el interior del país. Le dieron a Bush los votos necesarios para adoptar la enorme reducción de las rentas internas de los ricos durante las primeras semanas de su gobierno, y desde los acontecimientos del 11 de septiembre han respaldado los ataques más arrolladores contra los derechos democráticos y las garantías que la constitución federal de los Estados Unidos ofrece. Han conspirado con los Republicanos para suprimir toda investigación de los ataques terroristas, en septiembre, 2001, en Nueva York y Washington, así como también de los ataques de ántrax que siguieron, para encubrir la negligencia delictiva o la complicidad abierta a los niveles más altos del gobierno.

El colapso político del Partido Demócrata es consecuencia de un proceso prolongado. Durante décadas, el apoyo para este partido se justificaba con las modestas reformas sociales vinculadas al Nuevo Trato del gobierno de Roosevelt; la Nueva Frontera de Kennedy; y la Gran Sociedad de Johnson. Se afirmaba que estos programas mostraban que el sistema capitalista 1) podía garantizar la mejoría permanente y trascendente de los niveles de vida de la clase obrera; y 2) significantemente reducir las desigualdades en la riqueza y los ingresos. Pero la experiencia de los últimos treinta años han hecho añicos a todas estas aseveraciones; treinta años durante los cuales las conquistas de la clase obrera se han ido en retaguardia y la desigualdad social ha alcanzado niveles nunca vistos desde la década del 20 el siglo pasado. Durante toda esta época, los Demócratas se han ido gateando más y más hacia la derecha, pues han tenido que mantenerse a la par de los requisitos económicos y la trayectoria política de la clase gobernante.

La negativa de los Demócratas en desenmascarar la confabulación anti democrática que formaba las bases de la campaña Republicana para desacreditar y poner a Clinton en tela de juicio, además de su postración ante el robo de las elecciones presidenciales del 2000, mostró que el partido de ninguna manera se ha comprometido a defender los derechos democráticos.

Esta evolución no es ninguna casualidad. Es consecuencia inexorable del carácter capitalista del Partido Demócrata. Sus diferencias con el Partido Republicano son puramente tácticas. Los dos partidos están unidos en todos los fundamentos en que la oligarquía financiera se basa para controlar la vida económica en el interior del país y proteger sus intereses estratégicos en el exterior.

La subordinación política de los trabajadores estadounidenses al Partido Demócrata es de los grandes enigmas políticos en la evolución de la clase obrera. Es un dilema que no se puede evadir más.

La larga experiencia histórica indica que es necesario romper con los Demócratas. Una y otra vez, los movimientos progresistas sociales — desde la lucha por los sindicatos obreros industriales, al movimiento por los derechos civiles, al movimiento contra la guerra de Vietnam — se subordinaron a este partido de la clase gobernante y terminaron en un callejón sin salida. La AFL-CIO [Federación Estadounidense de Trabajadores-Congreso de Organizaciones Industriales] ha jugado un papel verdaderamente reaccionario al oponerse al establecimiento de un partido obrero independiente de las masas. Su alianza con los Demócratas selló el destino de los sindicatos. Los convirtió en los vasallos burócratas de las gerencias empresariales.

Esta conferencia insta a todos los que se oponen a la guerra contra Irak y a la agresión contra los derechos democráticos y la situación social del pueblo trabajador a que repudien el Partido Demócrata. Aquellos que proponen la “reforma” de este partido son unos charlatanes o se engañan a sí mismos.

Lo imprescindible, sin embargo, no es otro “tercer” partido capitalista, como los Verdes y otros partidos reformistas. La independencia política de la clase obrera se puede lograr solamente a través del establecimiento de un partido político que desafíe las bases económicas del sistema capitalista de la propiedad privada de los medios de producción y la producción para las ganancias. Ha de ser un partido que se opone a la monopolización de la riqueza social por un pequeño grupo y aboga para que el pueblo trabajador democráticamente controle la vida económica y logre la igualdad social; es decir, aboga por un programa totalmente socialista.

Esta conferencia se compromete a luchar por la independencia política de la clase obrera. Aboga por la ruptura con los Demócratas y todo partido que se para, con uno o los dos pies, en el terreno capitalista. Emprendemos la misión de establecer al Partido Socialista por la Igualdad como partido político de las masas trabajadoras que, basándose en un programa internacionalista y socialista, luchará por el poder.

Resolución: ¡Alto a la agresión contra los derechos democráticos!

El gobierno de Bush ha lanzado la agresión más sostenida de toda la historia de los Estados Unidos contra los derechos democráticos. Valiéndose de los ataques terroristas del 11 de septiembre como pretexto, sistemáticamente ha establecido, por medio del Acta Patriótica de los Estados Unidos de América, el proyecto de ley titulado La Seguridad de la Patria, además de otras medidas reaccionarias, la estructura para darle realidad a un estado policiaco.

Un constituyente esencial de la llamada “guerra contra el terrorismo” ha sido la guerra contra la Constitución de los Estados Unidos. El gobierno de Bush, con la complicidad de los Demócratas en el Congreso nacional y el respaldo de la prensa estadounidense, ha expandido enormemente sus poderes de espionaje en el interior del país, de investigaciones y embargo de bienes, para no decir la detención y el encarcelamiento sin juicio.

Para millones de inmigrantes, el derecho de Hábeas Corpus, que garantiza que a ningún individuo se le puede detener indefinidamente sin imputarle cargos, ya no existe. Inmediatamente luego del 11 de septiembre, el gobierno de los Estados Unidos declaró que tenía derecho de detener a extranjeros o a ciudadanos sospechados de ser amenazas a la seguridad nacional y mantenerlos sin comunicación. Pronto arrestó a más de mil inmigrantes, procedentes del Oriente Medio y el Asia Central, sin facilitarle comparecencia ante los tribunales y sospechándoles de terroristas. Hasta hoy día a ninguna de estas personas se le ha imputado cargos relacionados con el terrorismo. La mayoría ha sido deportada sumariamente.

El lanzamiento de hostilidades contra Irak fue la señal para que el FBI anunciara planes para interrogar aproximadamente a 11,000 iraquíes que viven en los Estados Unidos. Campamentos de internación para los iraquíes, igual que para otros tantos, no están lejos.

Dos ciudadanos estadounidenses — José Padilla y Yaser Esam Hamdi - han sido encarcelados indefinidamente como “combatientes enemigos”. El gobierno federal ha anunciado que se opondrá al dictamen de un juez que a Padilla se le permita reunirse con sus abogados luego de diez meses en aislamiento penal en un calabozo de la marina en el estado de Carolina del Sur.

El arresto de profesor militante palestino, Sami Amin Al-Arian y tres otros después de imputárseles cargos de conspiración terrorista, se basó principalmente en ciertas declaraciones políticas de los reos. Ello constituye un esfuerzo por convertir en criminal a todo el que se oponga políticamente a la programática del gobierno de los Estados Unidos y de su aliado, Israel.

El Acta Patriótica ha dado pauta a ciertas disposiciones siniestras. Ahora es obligatorio que las escuelas le rindan al gobierno los archivos estudiantiles y los récords bibliotecarios de toda persona que el FBI sostiene está bajo sospecha de ser terrorista. Los agentes del FBI también pueden exigir “expedientes comerciales”, inclusive las listas de subscripciones a periódicos, los recibos de compra de las librerías, y hasta las notas y fotografías de lo que los periodistas no han publicado.

El proyecto de ley Seguridad de la Patria ha creado una agencia federal centralizada para la seguridad interna. Combina 22 agencias federales con un total de 122,000 empleados. Se le ha otorgado poderes que van mucho más lejos que los poderes asignados a cada agencia por separado. Según una de las disposiciones del proyecto — cuyo título escalofriante es “Concientización Total de la Información” - al gobierno federal se le permitirá seguir la pista de compras por medio de tarjeta de crédito, los datos médicos, los itinerarios de viajes, las subscripciones a revistas y el uso de bibliotecas y del correo electrónico y el internet.

Los Estados Unidos y sus militares han demostrado su desprecio hacia las Convenciones de Ginebra en cuanto al tratamiento de prisioneros, pues ilegalmente mantiene a 660 en la Bahía de Guantánamo en Cuba. Ha torturado y causado la muerte de prisioneros capturados en Afganistán y ha entregado a otros a regímenes famosos por la bestialidad de sus métodos de interrogación. Por orden ejecutiva, Bush ha establecido tribunales militares para enjuiciar a personas que no son ciudadanas a quienes se les ha acusado de tener vínculos con los terroristas, privándoles así las protecciones legales más elementales.

La explosión de manifestaciones contra la guerra de Irak significa que la represión en el interior del país se intensificará. La hostilidad del gobierno de Nixon hacia los que manifestaban contra la guerra de Vietnam durante la década del 60 es famosa. ¿Cuál será la reacción de la Casa Blanca de Bush, que es aún más violentamente reaccionaria? No hay duda que elementos del gobierno preferirían ver otra masacre, como la que se dio en la Universidad de Kent, más temprano que tarde.

La emisión de “alertas de terror” por el ministro de la Seguridad de la Patria, Tom Ridge, no tienen que ver nada con la protección de la población estadounidense. Su objetivo consiste en desorientar al público y avisarle a la prensa y a los Demócratas que no se va a tolerar ninguna oposición a la política de Bush. También son un pretexto para castigar a la disidencia popular. Ya un legislador Republicano del estado de Oregón ha propuesto cierta medida que catalogará de terroristas a “manifestantes violentos” y posiblemente los castigue con cadena perpetua.

La única actividad terrorista que se ha detectado en los Estados Unidos desde el 11 de septiembre, 2001, ha sido el ataque con ántrax contra los dirigentes del Partido Demócrata, el cual casi cierto fue llevado a cabo por elementos de la seguridad nacional del país.

El gobierno de los Estados Unidos nunca ha emprendido una investigación seria de los ataques del 11 de septiembre. Nunca ha ofrecido ninguna explicación de esos trágicos eventos, inclusive la manera en que los perpetradores fueron capaces de cometer su delito a pesar del increíble espionaje al cual Osama bin Laden y sus compinches habían sido sometidos.

Que no haya rendición de cuentas apesta a encubrimiento y confabulación. Hace burla de las afirmaciones del gobierno que le concierne la seguridad del pueblo estadounidense.

La nueva agresión contra los derechos democráticos, inclusive la inexorable búsqueda por la pena de muerte y las nuevas hostilidades contra el derecho al aborto, tiene sus raíces fundamentales en los cambios que han ocurrido en la sociedad estadounidense. A fin de cuentas, es consecuencia del agudo aumento en la desigualdad social y la putrefacción del sistema político de los Estados Unidos. El abismo social entre la oligarquía rica y las amplias masas de la población ha crecido tan vasto que ya el círculo político que gobierna no puede ofrecer ninguna defensa de los derechos democráticos.

Este círculo considera que los derechos elementales de la población representan un obstáculo a la política impopular, inclusive a la guerra y la destrucción de los programas sociales, y a su propio enriquecimiento desenfrenado. El desarrollo de tendencias autoritarias en los círculos reinantes es síntoma del fracaso del capitalismo estadounidense. Este sistema no ofrece ninguna solución a los problemas de su población. Ofrece sólo cárcel, la fuerza policial y la guerra.

La agresión contra los derechos democráticos luego del 11 de septiembre es un fenómeno internacional. Muestra que el capitalismo mundial es incompatible con los derechos más básicos de la población La complicidad del Partido Demócrata con el ataque del gobierno de Bush contra los derechos democráticos pone en relieve que estos derechos sólo pueden defenderse a través de la movilización política independiente de la clase obrera.

Esta conferencia condena las agresiones contra los inmigrantes y exige que todos los encarcelados después del 11 de septiembre sean puestos en libertad. Exige que se retiren los cargos contra Sami Amin Al-Arian.

Además, esta conferencia condena la adopción del Acta Patriótica y el establecimiento del Ministerio de la Seguridad de la Patria.

Esta conferencia exige que los Estados Unidos respete las Convenciones de Ginebra y le conceda a todos los prisioneros de guerra sus derechos jurídicos; que se establezca una investigación verdaderamente independiente de los sucesos del 11 de septiembre; y llama a una campaña internacional en defensa de los inmigrantes y los derechos democráticos.

Resolución: La guerra y la crisis social de los Estados

Unidos

En Washington no existe ninguna barrera impenetrable que separa la política interior de la exterior. El cambio hacia el militarismo desenfrenado del gobierno de Bush manifiesta que la crisis interna que azota a la sociedad estadounidense es profunda y lo será más. Esta crisis encuentra su expresión más aguda en los niveles de desigualdad social no vistos desde la década del 20 durante el siglo pasado. Este fenómeno no es simplemente algo que pasa en los Estados Unidos. Es internacional. Agrava las tensiones sociales e intensifica el impulso que las clases gobernantes de todos los países sienten para poner en práctica la represión en el interior del país y desatar guerras en el extranjero.

El militarismo sirve dos funciones importantísimas: primero, la conquista y el saqueo puedan ofrecer, por lo menos a corto plazo, recursos adicionales que pueden aliviar los problemas económicos; y segundo, la guerra sirve de válvula de escape a las presiones de las tensiones sociales internas.

Pero estos “beneficios” de corto plazo no pueden curar los males sociales y económicos que afligen a los Estados Unidos. Aún si el país lograra una victoria rápida en Irak, la crisis socioeconómica continuará supurando y se intensificará. Ninguna de sus instituciones económicas, sociales y políticas tienen la capacidad para reaccionar de alguna manera positiva a la crisis general de la sociedad estadounidense.

La guerra misma representa un fracaso devastador de la democracia estadounidense. Un pequeño grupo conspiratorio político, que labora sus programas en secreto y llegó al poder por medio del fraude, ha llevado al pueblo estadounidense a una guerra que éste ni quiere ni comprende. Ninguna de las estructuras de la democracia burguesa — el sistema tradicional de verificación y equilibrio, el partido de oposición, los sindicatos obreros, una prensa que sabe criticar — ya funcionan para limitar las ambiciones y las acciones del círculo gobernante.

El decaimiento de la democracia estadounidense se arraiga en la inmensa en el inmenso abismo social, cada vez mayor, entre una oligarquía avariciosa que controla la economía y la vasta mayoría de la población. Las tres últimas décadas han presenciado una polarización social colosal entre un grupito privilegiado de arriba, fabulosamente rico, y el pueblo trabajador, quien constituye la mayoría del pueblo y cuyos niveles de vida han declinado sin parar.

A la vez que elimina las rentas internas a los ingresos multimillonarios y a la riqueza heredada, el gobierno de Bush ha abandonado la infraestructura del país, permitiendo que esta se desborone. La gran mayoría de los 50 estados de la nación están al borde de la bancarrota. Los programas locales del bienestar social han entrado en colapso. Los sistemas escolares son un desastre. El sistema consagrado al cuidado de la salud carece de fondos y los servicios que ofrece se están reduciendo drásticamente. Industrias enteras están casi desplomándose. En menos de un año, gran parte de la industria aérea dejará de existir. El enorme desvío de los recursos para financiar las reducciones de las rentas internas del sector más rico de la población amenaza con la insolvencia nacional.

El gobierno de Bush es la encarnación política de aquellos sectores de la clase gobernante estadounidense que salieron a ras durante la burbuja financiera especulativa de las dos últimas décadas, y sobretodo durante la década del 90. Lograron sus fortunas por medio del fraude, el robo, y actividades ilícitas a expensas de millones de trabajadores que perdieron sus empleos, sus beneficios, y sus condiciones de trabajo a través de la reestructuración y la reducción de puestos.

Los mismos métodos se han puesto en práctica en la política interior tanto como en la exterior. A nada se le puede permitir cerrarle el paso a la acumulación de la riqueza por este grupito gobernante. La subyugación militar de los países extranjeros corresponde muy bien a la programática interior para destruir los empleos, los servicios sociales, los niveles de vida y los derechos democráticos.

Esta conferencia insiste en que la lucha contra el militarismo es inseparable de la defensa de los derechos democráticos y de la posición social del pueblo trabajador. Tiene que basarse en la oposición contra una pequeña clase gobernante que monopoliza la riqueza y no le rinde cuentas a nadie, lo cual es totalmente incompatible con la sociedad democrática. El epicentro de la lucha contra la guerra tiene que dominarlo la lucha por una verdadera igualdad social cuyo objetivo es la eliminación de las injusticias sociales y garantizarle al pueblo trabajador sus necesidades: empleos, salarios para una buena vida, jubilaciones seguras, educación escolar adecuada, cuido de la salud y vivienda.

Esta conferencia exige que la riqueza y los ingresos se redistribuyan democráticamente por medio del establecimiento de un programa de rentas internas verdaderamente progresista, así como también la redistribución de los recursos que la clase trabajadora produce con el sudor de su frente y así satisfacer sus necesidades.

Esta conferencia exige que toda la industria de armas mortíferas se convierta en instituciones públicas para la producción de productos o mercancías de valor social. También exige la nacionalización de las grandes empresas, inclusive las del petróleo, gas y energía, para subordinarlas al control democrático de la clase obrera.

Resolución: Los medios de prensa de los Estados Unidos y el desarrollo de la World Socialist Web Site

Las frases “prensa amarilla” y “periodismo de cuneta”, las cuales uno asocia con los magnates periodistas de otra época anterior, no sirven para describir el papel que los medios de prensa han jugado en la guerra contra Irak y, por extensión, en la vida contemporánea general de los Estados Unidos.

Los pillos que controlan los medios de prensa de la televisión y el material escrito a diario buscan la manera de engañar al pueblo, envilecer el debate público y envenenar el ambiente moral y social.

Cuando los comentaristas de televisión y articulistas diseminan, con sus caras graves, las mentiras más absurdas del Pentágono y la Casa Blanca, reflejan fundamentalmente no tanto la corrupción de individuos, sino la desorientación y putrefacción intelectual de la clase gobernante de los Estados Unidos.

Los medios de prensa de los Estados Unidos han jugado un papel esencial en la preparación del desastre que ahora toma lugar en Irak. Al prohibir sus críticos y fomentar el mito de “unidad nacional” contra el diablo encarnado de Saddam Hussein, los periodistas han sido una gran ayuda a Bush, Rumsfeld, Cheney y compañía para que lleven a cabo sus agresiones.

Cuando más de 10 millones de personas llenaron las calles de las ciudades del mundo — día de las más concurridas manifestaciones internacionales de la historia - las cadenas de televisión de los Estados Unidos apenas le prestaron atención.

La “incrustación” de 500 periodistas estadounidenses en pelotones militares resume las relaciones entre los medios de prensa y el Pentágono. El objetivo de este arreglo consiste en garantizarle a los militares control total de las noticias y obligar a los periodistas que se identifiquen con el esfuerzo de guerra.

No se había visto semejante manipulación de la prensa desde que Goebbels fuera ministro de propaganda bajo Hitler. Tendría que ser un Goebbels quien llame “Operación Liberación de Irak” a esta guerra de agresión colonial. Y las telecadenas y periódicos, al estilo de la prensa alemana dominada por los nazis, siguen como perritos.

La radio de acción de los comentarios políticos en las telecadenas va de A a B: de lo conservador a lo fascista. El mismo grupo de “cabezas parlantes” aparece noche tras noche, ofreciendo comentarios que inevitablemente coincide con los intereses de las empresas y el orden político.

El comienzo de la guerra ha presenciado la aparición de un nuevo grupo de “peritos” y “consultores” — es decir, un chorro de generales jubilados y funcionarios de la CIA — que relamidamente predicen la aniquilación de los soldados iraquíes y la destrucción de un país indefenso.

Las manifestaciones de miles en Los Ángeles ante la sede de la CNN - telecadena noticiera de cable - expresaron la repugna instintiva que millones sienten hacia una prensa que se ha transformado en brazo propagandista del gobierno de los Estados Unidos. Es completamente justo que los manifestantes iracundos manifestaron su oposición a CNN, ABC, CBS, NBC y sobretodo la más aborrecible de ellas: Fox News, cuyo dueño es Rupert Murdoch.

Aquella prensa que antes se podía llamar “liberal” ha contribuido de manera muy específica a la guerra. El Washington Post no es más que un tambor de guerra partidario de la agresión en el Oriente Medio. Había predicho que multitudes de iraquíes le darían la bienvenida a sus “liberadores” llenos de regocijo. El New York Times le dio credibilidad a las mentiras de Bush y alabó lo “diplomático” de su comportamiento. Si el Times hoy día titubea acerca de la guerra, es solamente porque le inquieta que la dirección de Bush en cuanto al conflicto puede tener consecuencias negativas para los intereses de largo plazo del imperialismo Estadounidense.

La situación actual de la prensa es consecuencia de procesos que han tomado décadas en desenvolverse; procesos relacionados al incremento de la polarización social de los Estados Unidos y la decadencia de la democracia en los Estados Unidos. La hostilidad hacia todo adversario que critique la política del gobierno ha evolucionado conjuntamente con la monopolización de la televisión, la radio y empresas de periódicos por unos cuantos conglomerados.

La World Socialist Web Site [ WSWS], lanzada en febrero, 1998, por el Comité Internacional de la Cuarta Internacional [CICI], se fundó para ofrecerle a su lectoría internacional análisis y comentarios diarios, basados en la perspectiva socialista internacionalista, acerca de los acontecimientos mundiales. La WSWS no sólo ha ofrecido una alternativa política a la programática derechista de los varios regímenes capitalistas, sino que también ha ofrecido críticas serias de los desarrollos políticos, sociales y culturales contemporáneos.

En cuatro años, en sus miles de artículos escritos y en varios idiomas, la WSWS firmemente ha presentado un programa socialista e internacionalista. Ha logrado una lectoría mundial considerable, consecuencia de su filosofía basada en los principios. En la lucha para despertar y educar a la población, la WSWS recurre al intelecto, al sentido de justicia y equidad, a la inquietud por la verdad, al espíritu de auto sacrificio y a la solidaridad humana de sus lectores.

Los marxistas comprenden que cambios sociales de largo alcance toman lugar debido a procesos objetivos profundos e igualmente a la nueva orientación intelectual y cultural de las masas. Un obstáculo importante que se le interpone a aquellos que desean luchar contra la guerra imperialista y la desigualdad social de hoy es, por lo general, el bajo nivel de consciencia de clase y conocimiento histórico.

La WSWS ha de jugar un papel dominante en establecer otra vez la extraordinaria cultura política socialista que se dio durante las últimas décadas del Siglo XIX y que el estalinismo malograra de manera tan trágica. El marxismo, según lo consideraban sus partidarios principales, no era solamente un programa político. Era una corriente intelectual de profundidad y extensión sin paralelo que ponía a todo aspecto de la sociedad burguesa en tela de juicio.

Todavía falta mucho que hacer. La WSWS necesita nuevos lectores y escritores; le incumbe explorar nuevos temas y tópicos. Y siempre necesita profundizar la relación entre esos lectores y los escritores. La influencia creciente de la WSWS será constituyente esencial de los nuevos levantamientos revolucionarios.

Esta conferencia exige que el monopolio privado de los medios de información y comunicación por parte de las empresas gigantes, cuyos intereses en las ganancias en cada momento se oponen a la presentación honesta de la información y el pensamiento progresista. Exigimos que los medios de comunicación de masas — la televisión, la radio, y la prensa impresa — se conviertan en empresas públicas bajo el control del pueblo trabajador.

Además, esta conferencia se compromete a desarrollar la World Socialist Web Site como importante medio de oposición política, cultural y moral al capitalismo, y a expandir su influencia por todo el mundo.

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