El marxismo, el Comité Internacional y la ciencia de la perspectiva: un análisis histórico de la crisis del imperialismo estadounidense

1 February 2005

La versión original en inglés de este discurso apareció en nuestro sitio por primera vez en tres partes, publicadas el 11, el 12 y el 13 de enero, 2005, respectivamente.

Durante el fin de semana del 8 al 9 de enero, el Partido Socialista por la Igualdad [PSI] celebró una conferencia de militancia en la ciudad de Ann Arbor, estado de Michigan. David North, Secretario Nacional del PSI y presidente del Comité de Redacción de la WSWS, pronunció el discurso de apertura, el cual publicaremos en tres partes. La versión en castellano de la primera parte apareció en nuestro sitio ayer. Le segunda aparece hoy y sigue abajo. La tercera será publicada mañana.

Esta semana se cumplen exactamente 20 años desde que en enero, 1985, delegados de diferentes secciones del Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CIC) viajaran a Inglaterra para asistir al Décimo Congreso de la Cuarta Internacional. Este resultó ser el ultimo congreso dirigido por el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) de Inglaterra, dirigido por Gerry Healy, Cliff Slaughter y Michael Banda.

En aquel momento, una crisis política había estado acumulándose en, y apoderándose del, movimiento internacional por mas de una década. En los tres años previos a dicha crisis política, la dirigencia del Partido Revolucionario de los Trabajadores había acallado todos los esfuerzos para tratar, debatir y estudiar conceptos filosóficos erróneos y graves errores en la orientación política del Comité Internacional. Cuando el CICI se reunió en enero del 1985, el movimiento internacional estaba seriamente desorientado; y el Partido Revolucionario de los Trabajadores se encontraba en la peor situación de todas. El documento de perspectivas esbozado por Slaughter trató de ocultar su vacío analítico con una retórica rimbombante. Un fragmento característico de dicha retórica anunciaba que "Las leyes objetivas del ocaso del capitalismo, que ahora se mueven y funcionan sin obstáculos, han realizado un avance importante". De ser esto verdad significaría que se habría producido una situación sin precedentes en la historia del capitalismo, no obstante una situación que el Marx mismo habría considerado imposible desde el punto de vista teórico y práctico.

Afirmar que las leyes del capitalismo funcionan sin obstáculos sólo puntualizaría lo siguiente: 1) que la resistencia propia e intrínseca de la burguesía a esta decadencia se ha agotado; y 2) que aún aquellas tendencias contrarias, que surgen naturalmente de los procesos internos del capitalismo para atenuar y poner totalmente en reversa la decadencia, se han convertido en algo irrealizable. En otra palabras, la dialéctica socioeconómica del capitalismo como sistema histórico y mundial se habría detenido totalmente.

Otro fragmento anunciaba que "La realidad indica que ya se han entablado luchas revolucionarias decisivas". Al mismo tiempo que estas palabras surgían de la pluma de Cliff Slaughter, había signos inequívocos de que la clase trabajadora estaba en retaguardia en todo el mundo. Si hubiera sido cierto que "luchas revolucionarias decisivas" estaban desarrollándose, cualquiera se habría sentido obligado a reconocer que estas batallas se habían perdido.

Igualmente, envevenado por su propia retórica, Slaughter, afirmó que el "El invicto proletariado de Estados Unidos simultáneamente entablaba luchas de índole revolucionaria con el resto del mundo". Pero el hecho es que la la clase obrera de Estados Unidos, desde la entrada de Reagan en la Casa Blanca cuatro años antes, sufrió toda una serie de derrotas importantes sin tregua. Las huelgas, desanimadas por el peso de las traiciones, disminuyeron a su nivel más bajo en décadas. Que semejantes análisis políticos podrían presentarse como contribución a la elaboración de perspectivas revolucionarias era otra prueba de la confusión teórica y del fracaso político de los dirigentes del PRT.

Dada la extraordinaria historia política de los dirigentes del PRT, sobretodo la de Gerry Healy, la situación en que se encontraban era profundamente trágica. Healy había participado directamente en el movimiento socialista revolucionario por más de medio siglo. Había jugado un papel importantísimo como colega de James P. Cannon en la lucha internacional contra el revisionismo pablista que culminó en la fundación del Comité Internacional de la Cuarta Internacional en 1953. Durante la siguiente década, Healy resistió la recaída teórica y política del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) en Estados Unidos y se opuso a sus planes para reunificarse, sin basarse en ningún principio, con el movimiento pablista. La supervivencia del Comité Internacional ante una situación política tan desfavorable se debió, en gran parte, a la lucha incansable de Healy para defender los principios fundamentales del trotskismo. Sin la lucha que dirigiera, la Liga Obrera, predecesora del Partido Socialista por la Igualdad, nunca habría nacido.

Además, fue debido en gran parte a los esfuerzos de Healy que el Comité Internacional, sobretodo después de la escisión con el Partido Socialista de los Trabajadores [Estados Unidos] en 1963, comenzó a prestarle mayor atención a a una crisis económica cuyos indicios cada vez se hacían más evidentes. Al contrario de los pablistas, cuya política oportunista reflejaba su profunda—y continua—fe en la estabilidad del capitalismo tras la Segunda Guerra Mundial, el CICI siguió muy de cerca las señales que las bases económicas y monetarias del capitalismo mundial, establecidas al culminar la Segunbda Guerra Mundial, comenzaban a entrar bajo presión. El Comité Internacional, pues, se encontraba en buen lugar para comprender las insinuaciones económicas y políticas de largo alcance que se habían sembrado cuando el gobierno de Nixon, en 1971, abruptamente terminó "la Edad de oro" del capitalismo de post guerra.

Una noche de domingo, el 15 de agosto de 1971, el Presidente Richard M. Nixon se presentó por televisión nacional para anunciar que estaba tomando una serie de medidas económicas en reacción no sólo al marcado deterioro del comercio internacional y al pago de la balanza comercial de los Estados Unidos, sino también a las crecientes señales de presiones inflacionarias. Anunció que Estados Unidos ya no honraría sus obligaciones de convertir, automáticamente, los dólares en las bóvedas de sus socios comerciales en oro, según habían establecido los reglamentos del sistema monetario internacional de la conferencia de Bretton Woods en julio, 1944. Este acontecimiento pasó inadvertido para los Pablistas. Para el Comité Internacional, sin embargo, representó uno de los acontecimientos económicos más significantes desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial; acontecimiento que le abrió paso a una profundización de la crisis económica mundial e intensificó el conflicto internacional de clases. El corazón de esa crisis se encontraba en el deterioró de la posición mundial del capitalismo estadounidense.

En su análisis, el CICI hizo un repaso de la importancia del sistema económico internacional, cuyos fundamentos se habían establecido en la conferencia de Bretton Woods en 1944, hacia finales de la Segunda Guerra Mundial. En el exterior de Estados Unidos, los viejos poderes burgueses de la Europa láica se hallaban en decadencia irreversible. La burguesía francesa estaba desacreditada políticamente y su sistema financiero totalmente quebrantado. El régimen de Hitler había zambullido al capitalismo alemán en el abismo y el país ardía en las llamas. El costo de la Segunda Guerra Mundial, que siguió a la primera después de un intervalo de sólo 20 años, había llevado a Gran Bretaña a la bancarrota. Por toda Europa, la clase obrera había tomado la ofensiva en contra del fascismo y de la barbarie imperialista. Era agobiante el sentimiento popular de llevar a cabo un ajuste de cuentas revolucionario en contra del capitalismo. Una situación similar ocurría en Japón, donde la guerra estaba a punto de llegar a su horrible fin. Por toda Asia, el Oriente Medio y África, la marea antiimperialista y las luchas anti-coloniales crecían.

En medio del caos de la de guerra, Estados Unidos seguía como gran baluarte del capitalismo. La guerra había destruido a todos sus competidores capitalistas internacionales, y éste ahora podía imponerle a sus rivales postrados las condiciones del orden económico mundial que saldría de las cenizas de la guerra. La clase gobernante estadounidense, sin embargo, entendía muy bien que su propio destino dependía de la supervivencia de capitalismo en Europa. Si la ola post revolucionaria barría con el continente europeo, estableciendo el poder de la clase obrera en los viejos centros del capitalismo, se sellaría el destino final e inevitable de un capitalismo estadounidense aislado. Así, en una serie de decisiones perspicaces, la clase gobernante de Estados Unidos resolvió movilizar sus inmensos recursos industriales y financieros para estabilizar y reconstruir el sistema capitalista mundial. Las bases de este plan económico constaron de un nuevo sistema monetario internacional que mantendría los recursos necesarios para el reestablecimiento del comercio mundial y la reconstrucción de Europa y Japón tras una década de rupturas causadas por la depresión y la guerra.

Los desastres financieros de la post guerra mundial habían convencido a los Estados Unidos que la expansión del comercio mundial y la reconstrucción del capitalismo internacional era incompatible con el viejo régimen de crédito restrictivo establecido por la norma del oro. Pero, ¿qué podría reemplazar al oro como instrumento primordial del crédito y el comercio? La respuesta era simple: la moneda estadounidense.

Bajo reglas establecidas por el nuevo Fondo Monetario Internacional, creado en1947, el dólar estadounidense serviría de moneda principal de reserva mundial, es decir, la moneda con que la que se realizaría la mayor parte del comercio internacional. El valor de todas las monedas sería calculado en relación al dólar. En cuanto al dólar, su valor se definiría en relación directa al oro. Para ser preciso, $35 equivaldrían a una onza de oro.

Había dos hechos importantes que formaban las bases de este arreglo : primero, una porción considerable de la reserva mundial de oro se encontraba en las bóvedas del Fuerte Knox, en el estado de Kentucky. Segundo, y más importante, la enorme superioridad industrial de Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial garantizaba una balanza comercial que registraría grandes superávits. Los dólares invertidos o transferidos aol extranjero con el tiempo serian repatriados a medida que los países extranjeros comprasen bienes y servicios estadounidenses.

Así, el sistema monetario establecido después de la guerra—sistema basado en el dólar anclado al oro—una expresión de la superioridad mundial de Estados Unidos en los asuntos del capitalismo internacional. Si podemos referirnos a la era de hegemonía estadounidense, ésta fue el periodo iniciado por la puesta en marcha del un sistema monetario mundial basado en el dólar establecido por el acuerdo de Bretton Woods.

Sin embargo, el sistema de Bretton Woods contenía en sí mismo una contradicción fatal. El funcionamiento exitoso del sistema dependía de cierta premisa: la capacidad de Estados Unidos de mantener un nivel favorable en cuanto al comercio y sus cuentas y pagos, aún cuando a la vez le proporcionaba capital a Europa y a Japón para reconstruir sus industrias, y así proveerse a sí mismo un mercado para sus exportaciones. Pero era inevitable que la reactivación de las industrias japonesas y europeas socavarían el control inalterable de Estados Unidos sobre los mercados mundiales y tendría un impacto en la balanza de pagos y su comercio. La resultante acumulación de dólares en el extranjero, qué con el tiempo aumentaría substancialmente en exceso del valor de las reservas de oro estadounidenses, pondría en duda la viabilidad del sistema de Bretton Woods. Un economista europeo, Robert Triffin, advirtió acerca de dicha contradicción hacia finales de la década del 50. Para mediados de la década del 60, era indiscutible que las presiones sobre el sistema eran cada vez más severas. La crisis se exacerbó por una presión financiera de mayor influencia sobre el presupuesto estadounidense; presiones causadas por el costo de la guerra en Vietnam y la financiamiento de nuevos programas sociales concedidos por la clase gobernante de Estados Unidos ante las luchas de las masas.

Tal como el CCI lo había anticipado, el fracaso de Bretton Woods tendría consecuencias económicas, políticas y sociales de largo alcance. Se debilitaron y desequilibraron las relaciones económicas internacionales a un nivel no visto desde los años treinta. El antiguo sistema de tipos de cambio fijos cedió ante un sistema nuevo e imprevisible basado en monedas flotantes, en que el mercado determinaba el valor de cada moneda nacional. En cuanto al dólar, que ya no podía convertirse en oro a precio fijo, entró en un prolongado proceso de declive. La desvalorización del dólar llevó casi inmediatamente a una explosión inflacionaria de los precios mundiales y al colapso del valor de los bonos en los mercados accionarios. Para 1973, el capitalismo mundial se enfrentaba a una de las crisis políticas y económicas más peligrosas desde los años treinta.

Estos sucesos corroboraron el análisis del Comité Internacional de la crisis mundial del capitalismo internacional. Los años setenta presenciaron el resurgimiento revolucionario de la clase obrera. La clase obrera pasó a la ofensiva en reacción a la inflación. La huelga de los mineros británicos en el invierno de 1973-74 obloigó la renuncia del gobierno Conservador. En abril de 1974 se derrumbó la dictadura fascista en Portugal, y en julio se derrumbó la dictadura militar del General Papadopoulos en Grecia. Un mes después, en el 1974 de agosto, Richard Nixon renunciaba a la presidencia. Menos de un año después, entre abril y mayo de 1975, la guerra imperialista en Vietnam y Camboya llegó a su humillante conclusión.

Pero la política contrarrevolucionaria de las burocracias estalinista y socialdemócrata dentro del movimiento obrero internacional lisió este resurgimiento de la lucha de clases. Incluso en Irán, donde las huelgas de los trabajadores petrolíferos hacia finales de 978 habían sido decisivas en postrar al régimen del Shah (instalado por la CIA en 1953), la política de los estalinistas detuvo la victoria del la revolución socialista. En cambio, el poder cayo en manos de fuerzas religiosas nacionalistas. Las deslealtades en las luchas de la clase obrera proporcionaron al imperialismo del tiempo necesario para tramar su estrategia contra-revolucionaria y asestar su ofensiva contra la clase obrera.

A medida que la marea política cambiaba, el Partido Revolucionario de los Trabajadores en Inglaterra fracasó en hacer un nuevo y claro análisis de la situación, lo cual resultó en que no hicieran los cambios necesarios en su práctica. Cliff Slaughter a menudo le había advertido a secciones del CICI: "Cuando sus perspectivas se hayan comfirmado, verifíquenlas de nuevo". Pero el PRT no siguió su propio consejo y se tornó incapaz de adaptar su práctica al cambio en la situación política. A medida que las posibilidades de una revolución socialista desaparecían, el Partido Revolucionario de los Trabajadores trató de encontrar la manera de sostener su ímpetu organizacional por medio de nuevas y oportunistas relaciones con ciertas capas de la burocracia laborista británica y los movimientos nacionalistas burgueses en el Oriente Medio y en África. Dando la espalda a luchas del CICI en contra del revisionismo, el PRT desarrolló una línea política que cada vez más se parecía a la de los pablistas. Además, la línea de la sección británica, restringida por la obsesión con lo que Healy percibía era la imperativa organizacional del partido, asumió una orientación cada vez más nacionalista. La labor del CICI como partido internacional se subordinó cada vez más a actividades cuyo fin era la "construcción del partido" a base del nacionalismo.

La crisis que estalló dentro del PRT en el verano y el otoño de 1985 fue el resultado inevitable de su alejamiento prolongado de los principios trotskistas y de la desorientación política que resultó de dicha traición. El PRT había comenzado a valorar más sus varias alianzas con los burócratas sindicalistas, los nacionalistas burgueses y los radicales pequeño-burgueses que sus relaciones fraternales con sus camaradas y co pensadores del CICI. Incluso durante el otoño de 1985, cuando se encontraban en medio del naufragio creado por su desastrosa política, militantes del PRT se jactaban descaradamente de sus nuevos vínculos con tendencias anti trotskistas. En una reunión pública en Londres, Slaughter, con un gesto fanfarrón y petulante, le ofreció la mano a Monty Johnstone, entre los representantes más infames e indeseables del Partido Comunista británico.

Todas estas acciones se arraigaban en un análisis completamente falso de la situación política internacional. No se le ocurrió a ninguno de los dirigentes del PRT que las varias organizaciones reformistas, nacionalistas y oportunistas cuya simpatía querían ganar estaban al borde del desastre. Cuando el PRT abandonó la labor seria y sistemática sobre las perspectivas internacionales, el trabajo sistemático y serio de las perspectivas internacionales, el PRT fracasó rotundamante en percatarse de las nuevas tendencias en la economía capitalista mundial, y mucho menos consideró lo que estas tendencias significaban para el desarrollo de la lucha internacional de clases.

Tras la escisión con el Partido revolucionario de los Trabajadores en febrero, 1986, all Comité Internacional se le plantearon dos problemas teóricos cruciales y relacionados. El primero consistía en hacer un análisis detallado de las raíces de la traición del trotskismo por el PRT y refutar sus ataques contra la historia de la Cuarta Internacional. El segundo consistía de reanudar la elaboración de perspectivas que tan primordiales eran pero que el PRT había abandonado. La crítica al PRT y una nueva apreciación de la historia de la Cuarta Internacional le permitió al Comité Internacional reestablecer sus vínculos históricos conscientes a todo el patrimonio programático del movimiento trotskista, comenzando con la fundación de la Oposición Izquierdista en 1923. Al mismo tiempo, era necesario la reanudación del trabajo sistemático en relación a las perspectivas internacionales para reorientar la labor del CICI según las verídicas tendencias del desarrollo de la economía capitalista mundial.

La cuarta sesión plenaria del Comité Internacional en julio, 1987, se planteó el siguiente problema: ¿Cuáles son las tendencias que la Cuarta Internacional obligatoriamente expresa en el desarrollo de la economía mundial y la lucha de clases internacional? Desde un punto de vista histórico, siempre ha existido una relación profunda entre el desarrollo, a nivel mundial, de las fuerzas productivas del capitalismo, el impacto de éste sobre la evolución de la clase obrera como fuerza social, y las formas políticas a través de las cuales estas tendencias socioeconómicas encontraron su expresión en el desarrollo histórico del movimiento marxista internacional.

La fundación de la Primera Internacional a mediados de los 1860 fue el preludio político del surgimiento del proletariado internacional que la expansión de la industria capitalista y el comercio a nivel mundial habían iniciado. Las formas de estos procesos económicos y sociales reales todavía no habían alcanzado su completo desarrollo y fueron insuficientes para sostener los esfuerzos de la Primera Internacional, la cual cesó sus actividades prácticas a mediados de los 1870. Sin embargo, en menos de dos décadas, el extraordinariamente acelerado crecimiento de la industria en Europa Occidental y en América del Norte activó el desarrollo de un nuevo proletariado industrial cuyo movimiento era hacia el establecimiento de una organización política independiente. Al mismo tiempo, la expansión del sistema colonial arrastraba a las masas del mundo entero al remolino del desarrollo capitalista internacional.

La fundación de la Segunda Internacional en 1889, reflejó esta nueva fase en el desarrollo de capitalismo y en la expansión numérica y la importancia económica de la nueva clase obrera industrial que resultaron. Durante el próximo cuarto de siglo, el desarrollo de la Segunda Internacional estuvo vinculado a la expansión de la industria capitalista. Aunque este proceso era esencialmente internacional, la forma dominante en que se expresaba era el crecimiento de poderosas economías industriales nacionales y el surgimiento de poderosas organizaciones obreras nacionales. Es indiscutible que la Segunda Internacional defendía la perspectiva de la solidaridad internacional de la clase obrera; pero la labor práctica de sus secciones se arraigaba profundamente en la industria nacional. Pero la Segunda Internacional, cuando entraba en la segunda década del Siglo XX, fue incapaz de comprender hasta que punto el desarrollo de la amenaza creciente del militarismo imperialista manifestaba el deterioro de la soberanía de las economías nacionales bajo las presiones de la economía mundial.

El estallido de la de Primera Guerra Mundial, el derrumbamiento de la Segunda Internacional, y el surgimiento de la Tercera Internacional eran manifestaciones de este cambio fundamental. Como explicara Trotsky: "El 4 de agosto de 1914 el toque de ánimas anunció la muerte de los programas nacionales para siempre. El partido revolucionario del proletariado sólo puede basarse en un programa internacional acorde con a la naturaleza de la época actual, es decir, la época del máximo desarrollo y el derrumbamiento del capitalismo. De ninguna manera consiste el programa comunista internacional en la suma total de los programas nacionales; ni tampoco es una mescolanza de sus caracteríticas comunes. El programa internacional debe proceder de acuerdo al análisis de las condiciones y tendencias de la economía mundial y del sistema político en sus totalidades, tomando en cuenta todas sus conexiones y contradicciones, es decir, la interdependencia recíprocamente antagónica de sus diferentes elementos. En la época actual, y en mayor medida que en el pasado, la orientación nacional del proletariado debe y puede emanar solamente de una orientación mundial y no a la inversa. Esta es la diferencia primordial y básica entre el internacionalismo comunista y todas variedad de socialismo nacional." (La Tercera Internacional después de Lenín [Londres, 1974] pp. 3-4)

CuandoTrotsky escribió estas palabras en 1928, la idea de que la economía mundial formaba las bases fundamentales sobre las cuales la estrategia revolucionaria tiene que elaborarse ya estaban bajo ataque dentro de la misma Internacional Comunista. El programa estalinista del socialismo en un solo país era la antípoda del internacionalismo, el cual había sido la piedra angular teórica de la estrategia del Partido Bolchevique para la conquista del poder en octubre, 1917. El concepto estalinista de que el desarrollo de la economía nacional soviética sería el factor determinante y decisivo principal del éxito del proyecto socialista en la URSS fue un retroceso al nacionalismo que se había apoderado de la Segunda Internacional. Vale la pena que las dirigencias de muchas de las secciones de la Internacional Comunista respaldaron esta perspectiva de Stalin; compartieron con él la idea que el verdadero punto de partida para la actividad práctica eran las condiciones nacionales que directamente influían sobre la clase obrera de cada país.

Entre los que defendieron—y trataron de justificar—la orientación nacionalista de Stalin desde el punto de vista teórico y político se encontraba Antonio Gramsci, quien escribiera lo siguiente: "Seguro que la línea de desarrollo es hacia el internacionalismo, pero el punto de partida es ‘nacional'; y es desde este punto que hay que empezar". (Cuadernos de la prisión, Nuevea York,. 1971, péag. 240) A raíz de la historia posterior del Partido Comunista de Italia, que rescatara al capitalismo de la burguesía italiana luego de la caída del régimen de Mussolini y evolucionara hasta convertirse en el partido reformista por excelencia, las insinuaciones políticas de Gramsci ahora son explícitas. No es nada sorprendente que los estalinistas italianos ahora respeten la memoria de Gramsci, quien falleciera durante la década de los 30 debido al abuso criminal de los fascistas, y lo consideren su inspiración teórica.

Trotsky fundó la Cuarta Internacional en 1938 en reacción a la degeneración estalinista de la Tercera Internacional. El estallido de la segunda guerra mundial imperialista mostró de la manera más trágica la primordialidad de la economía y de la política mundiales. No obstante—y esto es una paradoja—la reestabilización del capitalismo tras la guerra, a base de los acuerdos de Bretton Woods, resucitó al reformismo nacionalista en el movimiento obrero internacional.

La nueva expansión del comercio mundial, el aumento del Producto Interno Bruto de las economías capitalistas nacionales, y hasta la extraordinaria mejora en los niveles de vida en la Unión Soviética durante las décadas del 50 y del 60, le dieron a los partidos reformistas nacionales, incluso a las organizaciones estalinistas, una nueva oportunidad de vida. Pero a pesar de lo impresionante del aumento de los Productos Internos Brutos y la mejora de los niveles de vida durante este período, la época resultó ser no más que el otoño del reformismo nacional. El colapso del sistema de Bretton Woods y el inicio de una crisis económica prolongada—frecuentes períodos inflacionarios, recesiones, aumentos en el desempleo, una prolongada baja en las ganancias y ciertos cambios por parte de la burguesía, sobretodo en Estados Unidos e Inglaterra, y una despiadada ofensiva contra la clase obrera—resultó en el colapso total del reformismo nacional como política viable.

Fue bajo estas circunstancias, en el verano de 1987, que el Comité Internacional comenzó a prepara el borrador de nuevas perspectivas. Para resolver el problema planteado al comienzo del debate durante la cuarta sesión plenaria, el Comité Internacional le hizo hincapié al estudio de las nuevas formas de producción mundial capitalista que habían surgido de las décadas del 70 y el 80; formas facilitadas por que la evolución de la tecnología de computadoras y la disponibilidad de nuevas formas de transporte y comunicación más veloces y menos caras. La creación de la empresa transnacional representó un adelanto cuantitativo en la integración mundial de la producción y de las finanzas capitalistas. Este desarrollo llevó la contradicción histórica entre la economía internacional y el sistema de naciones-estados—en que el capitalismo se arraiga históricamente y forma la unidad básica de la organización política—a un nivel de tensiones sin precedente.

Una solución revolucionaria a esta crisis sólo podía encontrarse a base del internacionalismo socialista; es decir, por medio de la unificación política y práctica de la clase obrera internacional. Ninguno de los partidos y ninguna de las organizaciones de la clase obrera cuya orientación es nacionalista—estalinistas, socialdemócratas, o laboristas reformistas—podía resolver esta crisis. Más bien, la interminable serie de derrotas que habían sufrido durante el período reciente había surgido inevitablemente de la impotencia total de su orientación nacionalista, a pesar de las nuevas formas de organización internacional capitalista que se habían producido. Sólo el programa internacionalista del Comité Internacional podía hacerle frente al problema que la integración mundial del capitalismo había planteado.