El marxismo, el Comité Internacional y la ciencia de la perspectiva: un análisis histórico de la crisis del imperialismo estadounidense

4 September 2008

La versión original en inglés de esta primera parte apareció en nuestro sitio por primera vez el 11 de enero, 2005. La segunda apareció el 12 del mismo y la tercera el 13.

Durante el fin de semana del 8 al 9 de enero, el Partido Socialista por la Igualdad [PSI] celebró una reunión de sus militantes en la ciudad de Ann Arbor, estado de Michigan. David North, Secretario Nacional del PSI y presidente del Comité de Redacción de la WSWS, pronunció el discurso de apertura, el cual publicaremos en tres partes. La primera parte en castellano fue publicada anteayer y la segunda ayer.

En el documento de perspectivas que se adoptaron en agosto, 1988, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI) identificó las siguientes características que esencialmente definen una crisis revolucionaria en proceso:

1. La integración histórica sin precedentes del mercado mundial y la integración global del proceso de producción, del cual la empresa transnacional es expresión institucional. Este proceso mundial intensificó la contradicción fundamental entre la economía internacional y el sistema de naciones-estados.

2. El fin de la hegemonía económica mundial de Estados Unidos, lo cual representa unatransformación histórica que se expresó concretamente cuando Estados Unidos pasó de nación acreedora a nación deudora. El desbordamiento precipitado de la economía estadounidense fue la causa fundamental del deterioro en el nivel de vida de amplios sectores de la clase trabajadora.

3. La intensificación del conflicto entre los imperialistas a medida que Europa y el Japón directamente desafiaron la posición de Estados Unidos en el mercado mundial.

4. La rápida expansión de las economías del Sudeste Asiático que bordean el Pacífico, que terminara en la creación de nuevas pelotones del proletariado industrial. Tendencias similares también estaban en proceso en África y Latinoamérica. Desde el punto de vista internacional, este desarrollo significó un enorme fortalecimiento del potencial económico y del poder social de la clase trabajadora.

5. El empobrecimiento continuo de gran parte del "Tercer Mundo" y el fracaso total deun conjunto de estrategias para el "desarrollo"de las burguesías nacionales de estospaíses.

6. La desestabilización del orden político, establecido luego de la Segunda Guerra Mundial, que surgió de la orientación de todos los elementos nacionales de laburocracia estalinista—en la URSS, Europa Oriental y China—hacia una política de restauración capitalista.

Casi diecisiete años han pasado desde la adopción de esas perspectivas. La elaboración de nuevas perspectivas mundiales requiere que repasemos de nuevo esas perspectivas con ojo crítico. Primero tenemos que admitir que las perspectivas no son pagarés. Simplemente son una prognosis, la cual, como notara Trotsky, mientras más concreta, más condicional.

Como reza el dicho, ¡las predicciones son muy difíciles de hacer, sobretodo cuando se trata del futuro! Aquellos que quieren adivinar el futuro con exactitud absoluta deberían dirigirse al oráculo más cercano.

No obstante, a pesar de estos obstáculos, creo que el análisis de 1988 ha sostenido su validez muy bien. Comenzaré con el último de los elementos esenciales de la crisis mundial que el CICI identificó en 1988: la desestabilización y las consecuencias revolucionarias que nosotros anticipamos como resultado del viraje de las burocracias estalinistas hacia una política a favor del libre mercado. Permítanme señalarles que las advertencias de estas perspectivas de 1988 (así como otros documentos de la época)—que la política que Gorbachev seguía bajo las insignias de la política del glasnost [apertura] y del perestroika representaba el apogeo de la política contrarrevolucionaria del estalinismo—pintaban un contraste muy marcado al apoyo entusiasta que el último líder soviético recibió de los teóricos pablistas.

Ernesto Mandel, quien había sido el colaborador teórico más íntimo de Michel Pablo y eventualmente teórico principal del movimiento revisionista, elogió a Gorbachev como el político más brillante del mundo y criticó de "absurda" la acusación que el objetivo de su programática política era la restauración del capitalismo. El protegido de Mandel, Tariq Ali, hasta llegó a dedicar uno de sus libros a Boris Yeltsin. Quizás podamos perdonar la visión limitada de los revisionistas si nos pertacamos de que la burguesía internacional también exhibió una visión bastante limitada acerca de las consecuencias de la política de Gorbachev. Todos luego confesaron que el colapso repentino de los regímenes estalinistas en Europa Oriental y la URSS los había sorprendido totalmente.

Cuando repasamos el análisis del CICI de la crisis de los regímenes estalinistas, podemos declarar, sin temor a ser ser refutados, que nos fue posible anticipar las rebeliones que ocurrieron entre 1989 y 1991, incluso la enorme rebelión de estudiantes y obreros en China que culminó en la masacre de la Plaza Tiananmen. Lo que no pudimos anticipar fueron las consecuencias políticas inmediatas de la crisis de los regímenes estalinistas. Durante la trayectoria de esta crisis, llegamos a entender que décadas de represión estalinista—dirigida sobretodo contra las tendencias socialistas en la clase obrera y los intelectuales—habían dejado profundas huellas en la conciencia de las masas. De la filosofía socialista que una vez había inspirado a amplios sectores de la clase obrera poco quedaba. Las manifestaciones de las masas que ocurrieron en Europa Oriental y en la URSS fueron desviadas, con el aliento de las burocracias, hacia una línea pro capitalista. El resultado inicial de las rebeliones anti estalinistas fueron, pues, el establecimiento de regímenes restauracionistas.

Pero esto no desmiente las perspectivas del CICI , sobretodo cuando si consideramos las ramificaciones históricas más amplias de los acontecimientos entre 1989 y 1991. ¿Qué, a fin de cuentas, condujo a la disolución repentina de los regímenes estalinistas en Europa Oriental y la USRR? Paradójicamente, estos regímenes probaron ser los menos adaptados al impacto de las tendencias económicas que el Comité Internacional había identificado en su análisis de crisis económica mundial; es decir, la aceleración de la "globalización" económica. No fue el atraso de las economías de Europa Oriental y de la Unión Soviética lo que imposibilitó el manejo del sistema nacional de auto suficiencia autártica, sino una complejidad cada vez mayor. Pero mientras más estas economías buscaban, bajo las presiones de la necesidad, acceso a los recursos del mercado mundial—expandiendo el comercio, animando las inversiones internacionales y tratando de conseguir crédito—más exponían a sus empresas nacionalizadas, protegidas artificialmente, a las despiadadas presiones de la economía mundial para las cuales no estaban preparadas.

La reacción inicial de la clase obrera soviética a la política promercadista de Gorbachev había consistido de una serie de huelgas bastante enérgicas, sobretodo por parte de los mineros. Las burocracias estalinistas llegaron a temer cada vez más que la clase obrera se virara hacia la izquierda e hicieron todo lo posible para asegurar que el colapso de sus ruinosos regímenes pondrían el poder en manos de elementos pro capitalistas. Y en esto tuvieron éxito. Pero las consecuencias políticas de las rebeliones no altera el hecho que sus bases ecómicas eran los explosivos procesos ecómicos que la a "globalización" había puesto en marcha.

La forma política que los hechos toman no es nada trivial. No somos indiferentes a las consecuencias políticas del colapso de los regímenes estalinistas. La restauración del capitalismo en Europa Oriental, la antigua URSS y en China tuvo un impacto colosal no sólo sobre la evolución de la política mundial, sino sobre la economía mundial durante la década de los 90 y la primera década del Siglo XXI. Para apreciar la magnitud de las consecuencias de la restauración capitalista sólo tenemos que preguntarnos como el mundo sería hoy día si los acontecimientos en Europa Oriental, la URSS y China habrían culminado en revoluciones políticas por medio de las cuales regímenes obreros democráticos y socialistas habrían llegado al poder. Dudo que habríamos sufrido la exhuberancia especulativa, a nivel mundial, que impulsó la subida de los valores de las acciones en Wall Street y de otros mercados de acciones durante la década del 90. No cabe duda que el colapso de la Unión Soviética alentó, por lo menos temporalmente, despertó la confianza en sí mismas de las burguesías norteamericana e internacional. Y fue sobretodo para Estados Unidos que la muerte de la URSS abrió enormes posibilidades para ejercer su poder militar.

Pero si consideramos la situación del capitalismo mundial y la posición de Estados Unidos dentro de otras restricciones establecidas por otros elementos de la crisis que el documento de 1988 identificara, y si consideramos el contexto aún más amplio de la situación general que se presentó luego de Bretton Woods, se produce un panorama más realista. Todos los elementos de crisis que el CICI había señalado en 1988 perseveran en el 2005. Más bien se han intensificado y puéstose más peligrosos.

Desde el punto de vista histórico, el colapso de la URSS no fue ninguna cura para los profundos males internos del sistema capitalista mundial; ni tampoco creó nuevos campos para que éste se desarrollara de manera progresista. Más bien, este suceso abrió nuevas esferas para la expansión de sus caraterísticas malignas. Al caer la URSS, la contradicción entre los procesos irreversibles de la mundialización de la economía y los rígidos imperantes del arcáico sistema de naciones-estados no disminuyó para nada; al contrario, la última década y media ha presenciado una horrible intensificación de esa contradicción. En cuanto a los conflictos entre las potencias capitalistas principales, el colapso de la URSS, cuya existencia había sido uno de los factores que desde la Segunda Guerra Mundial había frenado la tendencia de las naciones capitalistas hacia el conflicto, los ha exacerbado. La última década y media también ha presenciado un enorme desarrollo del poder y de la población de la clase obrera de Asia.

El documento de 1988 le dio gran énfasis a la decadencia económica de Estados Unidos y la resultante pérdida de su hegemonía. Este proceso no se ha invertido durante los últimos 17 años, a pesar de Estados Unidos tratar de lograrlo con su poderío militar. Más bien, el hecho que Estados Unidos ahora depende de una violencia cada vez más temeraria para lograr sus objetivos mundiales refleja dos tendencias: que su dominio económico se ha contraído; y que su clase gobernante, enloquecidamente ciega por el dinero, ha quedado profundamente desorientada.

Anteriormente mi informe se había referido al colapso del sistema de Bretton Woods. Éste, como ya expliqué, representó un nuevo punto de partida para el futuro del capitalismo después de la Guerra. El fin de un sistema basado en la convertibilidad del dólar en oro reveló los límites del poder económico mundial de Estados Unidos y puso en movimiento un prolongado proceso de decadencia económica. Un análisis de la actual posición del capitalismo estadounidense, que se concentra más bien en la enormidad de sus déficits y deudas que en la fortaleza de su arsenal militar, indica claramente que ahora nos encontramos en una etapa muy avanzada de la crisis que comenzó con el colapso del sistema de Bretton Woods en agosto del 1971.

Indicios objetivos de la decadencia económica de Estados Unidos

Durante el año pasado, los ámbitos financieros internacionales se han mostrado cada vez más inquietos ante la situación de la economía estadounidense, sobretodo con la enormidad de su posición inversionista internacional neta (PINN) y los déficits actuales de su balanza de pagos y el impacto de esos déficits sobre el valor del dólar norteamericano. La honestidad de las preocupaciones que estos déficits y la caída del dólar han ocasionado refleja lo que ya se sabe: que estos no son simplemente problemas de Estados Unidos, sino del mundo entero.

Aún luego de pasar casi 35 años, pero la burguesía mundial todavía no ha podido encontrar una alternativa estable a Bretton Woods. El sistema prevalente de tasas flotantes nunca ha sido más que una serie de arreglos improvisados perpétuamente vulnerables a las turbulencias de los mercados actuales de divisas. Antes del 1971, el dólar estadounidense había garantizado al mundo la estabilidad económica, pero desde ese entonces se ha convertido en causa principal de la inestabilidad económica que azota al mundo entero. Esta peligrosa situación surge del hecho que el dólar todavía es, a pesar de las eternas fluctuaciones de su valor en el mercado mundial de divisas, la moneda mundial principal de reservas. Tenemos que hacerle hincapié a varios puntos relacionados a este hecho.

En primer lugar, el significado sin excepciones de los males que azotan a las monedas es que expresa los desiquilibrios fundamentales de una economía mundial fracturada por la persitencia de la nación-estado. Una moneda única, universalmente válida y estable, estimularía enormemente la organización racional de la economía mundial. Esto lo entendieron muy bien los representantes de la burguesía de mayor visión durante la década del 40. Franklin Delano Roosevelt jugó con la idea de proponerle a los poderes gobernantes el establecimiento de una moneda mundial, la cual propuso llamar unitas, y le pidió a su asesor economista, Harry Dexter White, quien tenía ciertas inclinaciones socialistas, que comenzara los planes para su realización. Pero Roosevelt, siempre el realista, comprendió que esta expresión concreta de un altruismo instinctivamente social no era compatible con los intereses del capitalismo estadounidense. Sus planes nunca llegaron a ver la luz del día. Significantemente, al mismo tiempo, el economista británico, John Maynard Keynes, desarrollaba sus propios planes para una moneda internacional, la cual llamó bancor. Pero sin el apoyo de Estados Unidos, esto terminó en los que los ingleses llaman "non-starter" [idea que no puede ponerse en práctica]. Bajo el capitalismo, la moneda nacional funciona como emisario de la burguesía que rige el país donde se origina. Cualquier compatibilidad entre la política monetaria nacional que esa moneda representa y el bien general de la economía mundial es bienvenida, pero, a fin de cuentas, no se puede confiar en en ella.

En segundo lugar, Estados Unidos cuenta, y continúa contando, con una gran ventaja económica debido a la posición privilegiada que el dólar ha gozado desde 1947 como divisa principal mundial de reservas. Hasta el punto en que el dólar se usa como medio principal para cumplir las transacciones financieras internacionales, y que, por lo tanto, los bancos centrales de todo el mundo intencionalmente acumulan, Estados Unidos no tienen que obedecer las restricciones económicas y presupuestales que se le imponen a todos los otros países. Se le permite tener déficits por cuenta corriente mucho mayores de los que otros países consideran tolerable. No obstante, hasta para Estados Unnidos llega el punto en que la enormidad del déficit deja de ser una mera procupación y se convierte en alarma. Una deuda de un trillón de dólares por aquí y otro trillón por allá y de repente, como va el dicho, aparece la verdadera realidad. Y es en ese momento que hasta los banqueros centrales comienzan a sudar y a desvelarse, peocupadísimos acerca del valor del dólar que se acumula en sus bóvedas.

Tercero, la crisis actual del dólar se presenta en el momento en que la soberanía mundial de la moneda estadounidense se enfrenta una dificultad histórica sin precedente en la forma del euro. El economista Robert Mundell, ganador del Premio Nóbel, recientemente escribió que los dos acontecimientos más importantes del último medio siglo fue, en primer lugar, el fin del sistema de Bretton Woods en 1971, y en el segundo, el establecimiento del euro. Por primera vez desde que terminara la Segunda Guerra Mundial existe una moneda que ha llegado a ser aceptada como alternativa al dólar como moneda de las reservas mundiales. Un porcentaje bastante alto, que sigue aumentando a gran velocidad, de las transacciones comerciales internacionales ya se denominan en euros. Esto ha de aumentar las presiones económicas sobre Estados Unidos.

Aunque ciertos maniáticos ilusos de la derecha, como el columnista Charles Krauthammer, han elogiado el inicio de un mundo unipolar, dominado por Estados Unidos, los mercados financieros mundiales definitivamente se han vuelto bipolares. Y mientras otro estratega de la hegemonía estadounidense, Walter Russell Meade, quien desestima con menosprecio las objeciones europeas a la guerra contra Irak y predice que Estados Unidos, a su debido tiempo, le cobrará el alma a los obstruccionistas franceses. Observa sardónicamente que "la venganza es un plato que mejor se sirve cuando está frío", pero falla en considerar que puede que Estados se vea obligado a pagar por los ingredientes de ese plato en euros.

La explosión del militarismo estadounidense está profundamente vinculada a estas tendencias económica desfavorables. Por medio de su poderío militar, Estados Unidos espera obtener la ventaja geo estratégica que le permita desviar, paro no decir revertir, la disminución de su influencia económica. Sin embargo, el precio de mantener un enorme arsenal militar y financiar sus actividades militares por todo el mundo exacerban el problema económico esencial. Los enormes déficits presupuestales contribuyen al deterioro de los déficits por cuenta corriente, a una debilitación más aguda del dólar, y a que el euro parezca una alternativa más atractiva. Durante los últimos tres años, la tasa de cambio entre el dólar y el euro ha disminuído aproximadamente un 35% [Ver la Gráfica # 1]. Estados Unidos, pues, se ve atrapado en un dilema programático sin salida racional.

En cuanto al euro, su atracción es de carácter relativo, no absoluto. Sólo luce bien cuando se le compara a su hermano mayor y gordo. Contradicciones internas azotan al proyecto de la unidad europea, de la cual el euro es producto.

Examinemos las estadísticas. El déficit de la balanza comercial de Estados Unidos alcanzó $420.000.000.000 en 2002. En el 2004 excedió los $500.000.000.000. Se espera que el déficit sobrepasará $600.000.000.000 en 2005. La posición posición neta de inversiones internacionales (PNII) de Estados Unidos—es decir, la acumulación total de pagarés que Estados Unidos reclamos en contra de estados Unidos (menos la deuda y el dinero líquido) menos los reclamos de Estados Unidos contra el resto del mundo—aumentó de -$360.000.000.000 en 1997 a-$2.300.000.000.000.000 en el 2003. Todavía no tenemos las cifras finales, pero se espera que el PNII llegará aproximadamente a-$3.300.000.000.000.000 en el 2004. Esta cifra representa 24% del Producto Interno Bruto (PIB) de Estados Unidos. Deberíamos mantener en mente que el PNII de Estados Unidos fue positivo hasta el 1989. Para el 1995 el PNII todavía era solamente -$306.000.000.000. Pero para finales del 1999 había alcanzado $1.000.000.000.000. Se espera que la hemorragia continúe. Estados Unidos seguirá produciendo enormes déficits por cuenta corrientecurrent, los cuales lo obligaron a tomar prestado $665.000.000.000 en el 2004. Nadie, excepto quizás Bush y la corte que lo rodea, cree que esta situación pueda seguir por mucho tiempo más.

Permítanme citar un artículo escrito conjuntamente por tres autores: el Ministro de la Tesorería, Robert Rubin, y los conocidos economistas, Allen Sinai y Peter Orszag:

"El presupuesto federal de Etados unidos sigue un rumbo que no puede sostener. Se espera que, debido a que no hay cambios de política significantes, los déficits del gobierno federal alcanzarán un total de $5.000.000.000.000 durante la próxima década. Estos déficits causarán que la deuda del gobierno de Estados Unidos, relativa al PNB, aumente enormemente. De ahí en adelante, a medida que la generación nacida después de la Segunda Guerra Mundial comience a jubilarse y a reclamar los beneficios del Seguro Social y del Medicare [seguro federal médico para ancianos], lo más probable es que los déficits y la deuda del gobierno aumenten de manera aún más pronunciada. Los desiquilibrios presupuestales de la nación que se proyectan para el futuro han llegado a tal nivel que el riesgo de adversas y severas consecuencias tiene que considerarse en serio, aunque es imposible predecir cuando semejantes consecuencias puedan ocurrir...

"Si los inversionistas criollos y extranjeros, a causa de estos déficits, llegaran a perder la confianza, causarían un cambio: los portafolios se quitarían de encima los bienes valorizados en dólares y y se producirían presiones para que suban las tasas de interés internas. Estas mismas fuerzas podrían llevar a los inversionistas y a los negocios a reducir el uso del dólar como moneda principal del mundo para las transacciones internacionales. Eso a la vez podría restringir la capacidad de Estados Unidos para financiar los déficits por cuenta corriente por medio de pasivos dominados por el dólar y aumentar la posibilidad que el país sufra cambios radicales en el mecanismo de tipos de cambio".

El aumento de las tasa de interés, la depreciación del dólar, y un deterioro en la confianza de los inversionistas seguro reduciría los precios de la bolsa de valores y a los ingresos de los hogares, y aumentaría el coste del financiamiento de los negocios. Estos efectos podrían entonces pasar de los mercados financieros a la economía real". [2]

Un estudio publicado por las Oficinas Congresionales del Presupuesto, que Rubin, Sinai y Orszag citan en su informe, presenta la siguiente catástrofe hipotética:

"Los inversionistas extranjeros podrían cesar sus inversiones en el mercado de valores de Estados Unidos, el valor del dólar como divisa podría caer estrepitosamente, las tasas de interés podrían aumentar, los precios para los consumidores podrían subir, o la economía podría contraerse de manera tajante. Con todo el mundo anticipando que las ganancias [beneficios] de los negocios podrían declinar y que la inflación y las tasas de interés podrían aumentar, las bolsas de valores podrían estrellarse y los consumidores de repente tendrían que reducir su consumo. Además, los problemas económicos en Estados Unidos podrían desbordarse y afectar al resto del mundo, debilitando así a las economías de los socios comerciales del país.

"Una política que promueva mayor inflación podría reducir el valor real de la deuda del gobierno, pero la inflación no es una viable estrategia de largo alcance para resolver los déficits presupuestales que perseveran...Si el gobierno continuara imprimiendo dinero para saldar el déficit, la situación eventualmente llegaría a la hiperinflación (como sucedió en Alemania en los 1920, en Hungría en los 1940, y en Argentina a finales de los 80, y en Yugoslavia en los 1990)...Una vez que el gobierno pierde su credibilidad en los mercados financieros, es difícil que la obtenga de nuevo".

Cuando presentamos estas cifras y citamos la opinión de los expertos, no es nuestra intención afirmar que cualquiera de las posibilidades sugeridas en las citas mencionadas puedan suceder exactamente de la manera que el informe de las Oficinas Congresionales del Presupuesto indica. Hay que presumir, no obstante toda evidencia a lo contrario, que todavía existen sectores de la clase gobernante de Estados Unidos que no están dispuestos a seguir ciegamente al gobierno de Bush mientras éste se dirige hacia el abismo. Antes de que los déficits por cuenta corriente lleguen a equivaler el 50 o el 75% del PIB y el valor del dólar disminuya otra vez de 30 a 40%, por encima de la caída de 35% que ha sufrido durante los últimos tres años, ciertas poderosas capas de la burguesía han de intervenir para exigir un cambio de rumbo. Pero, ¿cuáles son las alternativas a su alcance? No importa cual opción se proponga, todas tienen consecuencias graves. Además, toda política alterna, para no mencionar la continuación del rumbo actual, han de terminar en peores ataques contra los niveles de vida y las condiciones sociales de la clase obrera de Estados Unidos.

Nunca se debe olvidar que el proceso histórico fundamental, cuya expresión son estas estadísticas, es la prolongada decadencia del capitalismo estadounidense. El destino del dólar está inexorablemente vinculado al poder productivo y a la posición de la industria de Estados Unidos. Ese repugnante auto enriquecimiento de la clase gobernante—lo que verdaderamente lo hace especialmente repugnante—es que el proceso de de la fabricación del dinero cada vez más se ha desligado de la verdadera capacidad productiva de la industria estadounidense. El capitalismo estadounidense restriega al mundo para descubrir fuentes de mano de obra y materias primas baratas a medida que las bases de manufactura de la industria norteamericana se detrioran y los niveles de vida de las amplias masas trabajadoras se estancan o se deterioran.

¿Cuál es, pues, nuestra prognosis política? La clase gobernante estadounidense no puede sacarse a sí misma de esta crisis por medio de métodos pacifistas, ni en el extranjero, ni en su misma tierra. Las acciones del imperialismo estadounidense más allá de sus fronteras serán cada vez más temerosas y bestiales. El hecho extraordinario que el gobierno de Estados Unidos ha proclamado descaradamente que las guerras son un modo aceptable y adecuado para lograr objetivos geoestratégicos sólo puede comprenderse si la consideramos expresión de un profundo conocimiento de que no hay otra manera en que Estados Unidos pueda lograr la posición eminente de la cual gozaba durante las décadas que siguieron el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Si Estados Unidos ha de quedarse en la posición de potencial imperialista principal, tiene que asegurar acceso a los recursos petrolíferos y de gas natural en el Oriente Medio y Asia Central. Y no solo eso: tiene que estar en una posición en debe tener la última palabra en cuanto esos recursos tan críticos van a ser divididos entre las otras potencias principales, no solo Europa y Japón, sino China y la India. Y finalmente tiene que asegurar que el precio del petróleo será determinado en dólares, no en euros.

Pero los sangrientos planes del imperialismo estadounidense requieren que los recursos económicos tomen una nueva dirección y pasen del sector social de la economía al sector militar de la misma. Esto no puede lograrse sin una exacerbar severamente las tensiones sociales, ya de gran peso, que existen en Estados Unidos. ¿Qué puede hacer el gobierno de Bush? Las respuestas no son ni buenas ni fáciles. Mutatis mutandis: es decir, si tomamos en consideración las diferencias más obvias, la situación a la cual el gobierno de Bush se enfrenta—a medida que entra en el cuarto año de su auto proclamada y fraudulenta "guerra contra el terror"—es extrañamente similar a la que el régimen nazi enfrentaba hacia fines de la década del 30, justamente antes de la Segunda Guerra Mundial. Como ha notado un historiador muy perspicaz:

"...desde el punto de vista nazi, aparentemente no había problemas políticos de índole económica y social en 1938/39 que no tuvieran soluciones sin ambigüedad al alcance. Las forzadas preparaciones para la guerra desde el comienzo de 1938 habían sobrecargado la capacidad y las reservas por todos lados...Las dificultades...se convirtieron en la crisis total de todo el sistema económico y gubernamental; en su centro latía esta cuestón: ¿cómo se va a dividir el producto social entre las necesidades militares y las civiles? Para ponerlo en otras palabras, el gobierno se enfrentaba a una política extremadamente difícil: ¿cuánto sacrificio le podían exigir al pueblo para justificar el rearmamento y la guerra? [3]

Si esto fue problema para el país en el que la burguesía ya había logrado instalar en el poder a la dictadura más bestial y despiadada que el mundo había visto, la encrucijada política ante el cual el gobierno de Bush actualmente se encuentra es peor aún. Ya existe una amplia oposición popular al gobierno de Bush. El mismo hecho que ésta no puede encontrar como expresarse dentro de los parámetros establecidos por las estructuras políticas actuales le da a esta oposición social latente un carácter excepcionalmente explosivo.

La misión del Partido Socialista por la Igualdad tienen que basarse en la lógica de la crisis económica mundial, anticipar la reanudación de la lucha social en estados Unidos y orientarse a la fuerza revolucionaria de la sociedad norteamericana: la clase trabajadora. A aquellos que no están familiarizados con la historia de los conflictos sociales en Estados Unidos desde los 1870 hasta fines de 1980; a aquellos que han crecido y madurado en un ambiente social en que apenas se conocen las huelgas, las batallas con la policía, las manifestaciones de masas y otras formas típicas de la lucha de clases según se han practicado tradicionalmente en Estados Unidos por más de un siglo, nuestra insistencia en el papel revolucionario de la clase obrera puede parecerles utópico, para no decir extraño. Pero la experiencia histórica nos muestra que la prostración—o, para usar palabras más adecuadas, el letargo y el estancamiento—de la última década y media representa una gran excepción al patrón básico de la historia social de Estados Unidos.

Si estudiamos los índices más obvios del conflicto de clases en Estados Unidos—las estadísticas sobre la huelgas—inmediatamente nos sorprende que las acciones laborales organizadas de masas casi han desaparecido durante las últimas dos décadas. La cantidad de trabajadores que participaron en paros, la cantidad de días laborales perdidos y, lo más importante, el porcentaje de tiempo de mano de obra total que se perdido como consecuencia de las huelgas, han llegado a un punto casi insignificante. Estas cifras son totalmente atípicas del patrón básico que define las relaciones de clase que evolucionaron en Estados Unidos entre los 1870 y los 1980.

¿Qué explicación se puede ofrecer para esta estaordinaria caída de los índices básicos más objetivos del conflicto social en Estados Unidos? La clase obrera de Estados Unidos se ha vuelto totalmente indiferente al deterioro se su propia posición social y el vasto aumento en la desigualdad social durante las dos últimas décadas se ha logrado sin de ninguna manera contribuir a las tensiones sociales y grietas de la sociedad estadounidense, o las estructuras políticas y formas organizacionales por medio de las cuales los trabajadores tradicionalmente han expresado su descontento social han laborado duramente para suprimir toda manifestación de ira obrera popular. Esta última parece la explicación más plausible. Y también es la correcta.

El resurgimiento de la clase obrera como fuerza política revolucionaria e independiente no es solamente asunto de organización, sino de la conciencia y de la perpsectiva política y de la comprensión teórica de las leyes de la historia y del modo de producción capitalista. Durante décadas, el movimiento oficial de los trabajadores gozó de bastante influencia en Estados Unidos. Consagró todos sus esfuerzos a extirpar todo rasgo de las características intelectuales que son esenciales para la adquisición de una conciencia clasista. Además, su provincialismo nacionalista, junto con una devoción exagerada al Partido Demócrata, le cerró las puertas a toda reacción a la ofensiva capitalista de los 1980 y a las nuevas circunstancias creadas por la "globalización" capitalista.

Es inevitable que conflictos sociales y clasistas se produzcan de nuevo en Estados Unidos y a nivel internacional. Nuestra misión es prepararnos para esta inevitable renacimiento de la lucha de clases a nivel internacional elaborando las perspectivas y el programa internacional sobre los cuales la clase obrera debe basar sus luchas, y laborando con grandes energías para expander la influencia del World Socialist Web Site y así introducir a una nueva generación de la juventud, de las masas estudiantiles y trabajadoras al socialismo, educándolos como marxistas en base a la incomparable historia del Comité Internacional de la Cuarta Internacional.

Concluído

Notas:
1. The U.S. as a Net Debtor: The sustainability of the U.S. External Imbalances, by Nouriel Roubini and Bred Setser /Estados Unidos como deudor neto: la insostenibilidad de los desiquilbrios externos, por Nouriel Roubini y Bred Setser, noviembre, 2004.
2. "Sustained Budget Deficits: Longer-Run U.S. Economic Performance and the Risk of U.S. Financial and Fiscal Disarray"/"El sostenimiento de los déficits presupuestales: las acciones de mayor alcance sobre la economía y el peligro que presenta el desorden de las finanzas y de la economía de Estados Unidos", 4 de enero, 2004 (asequible en http://www.brook.edu/views/papers/orszag/20040105.pdf)
3. Nazism, Fascism and the Working Class, por Tim Mason/El nazismo, el fascismo y la clase obrera, de Tim Mason (Cambridge, Reino Unido, 1995), pág. 106.