Israel responde a la derrota de los rebeldes islamistas en Siria con la amenaza de una guerra regional más amplia

por Jean Shaoul
27 noviembre 2017

El Ministro de Defensa israelí, Avigdor Lieberman, solicitó un aumento inmediato de 1.400 millones de dólares en el presupuesto de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), citando las “nuevas amenazas” que se desarrollan a lo largo de su frontera norte con Siria.

Esta es una referencia a las fuerzas del gobierno sirio, a la milicia chiíta libanesa Hezbolá, así como a Irán, que destruyó el poder de los diversos grupos rebeldes respaldados por Israel y ahora controla la región fronteriza.

Fundamentalmente, la derrota y expulsión de las fuerzas del ISIS de alrededor del río Éufrates en el sudeste de Siria, a lo largo de la frontera con Irak, ha asegurado efectivamente el “puente terrestre” que une Teherán con el Mediterráneo a través de sus aliados, Iraq, Siria y Líbano.

Contrariamente a los mejores cálculos de Tel Aviv, y después de años de comprar equipos costosos para las FDI para lidiar con Irán, ahora Israel se enfrenta a un Hezbolá mejor armado y entrenado, así como a un ejército sirio endurecido y reequipado, directamente respaldado si no liderado por Irán en su umbral norte. Por lo tanto, busca contrarrestar la influencia iraní y la consolidación del control del gobierno sirio sobre las áreas previamente ocupadas por las diversas milicias islamistas.

Lieberman declaró que Israel no permitiría a Irán “excavar” ni permitiría que Siria se convirtiera en una “posición avanzada contra Israel”. Israel ha lanzado varios ataques aéreos contra objetivos sirios en las últimas semanas, incluso reconociéndolos, algo que nunca se había admitido anteriormente. El Ministro de Vivienda y ex general, Yoav Galant, afirmó que Hezbolá tiene 100.000 misiles listos para lanzar.

El ejército israelí llevó a cabo sus maniobras militares más grandes en 20 años en septiembre, con decenas de miles de soldados simulando la defensa de Israel contra la invasión de Hezbolá y el intento de captura de ciudades israelíes. Israel anunció que no dudaría en intervenir para “proteger” a los residentes drusos de la región de Jebel al-Druze en Siria, cerca de la frontera con Israel, y en varias ocasiones ha disparado tiros de advertencia contra las operaciones sirias en la zona.

Las FDI también desplegaron baterías antimisiles de Iron Dome en todo el país, supuestamente en preparación para una escalada de las tensiones a lo largo de la frontera con la Franja de Gaza.

El primer ministro Benyamin Netanyahu, que durante más de 20 años ha llamado a Irán una amenaza “existencial” para Israel, se enfrenta ahora a las fuerzas iraníes a solo cinco kilómetros de la frontera con los Altos del Golán. Él ha indicado que Israel haría todo lo posible por contener a Irán, aunque tuviera que actuar solo, y acusó a Teherán de conspirar para destruir a Israel desde Siria.

Netanyahu alegó que Irán, uno de los observadores de un acuerdo de cese del fuego en Siria junto con Rusia y Turquía, quiere estacionar sus tropas en territorio sirio, una zona que se extiende desde el cruce fronterizo sirio-jordano-israelí en los Altos del Golán hasta el Monte Hermón —de manera permanente, “con la intención declarada de utilizar a Siria como base para destruir a Israel”.

Según el sitio web DebkaFile, Netanyahu le dijo el miércoles al presidente ruso, Vladimir Putin, que mientras Israel y Hezbolá estuvieran presentes allí, Israel no podría garantizar que no se abrirá fuego si la seguridad fronteriza se ve amenazada, y exigió su eliminación.

Las acciones de Israel son un factor clave que amenaza con encender una conflagración regional más amplia, con Arabia Saudita tratando de atraer a Israel directamente a una guerra contra Irán, su archirrival en la región.

El fracaso de las monarquías petroleras suníes del Golfo Pérsico, en cooperación con los EUA, Gran Bretaña, Turquía, Jordania e Israel, para derrocar al régimen del presidente sirio Bashar al-Assad como parte de la estrategia más amplia de Washington de aislar a Irán y reordenar la región rica en recursos en su propio interés, ha intensificado la crisis de Israel.

La guerra de casi siete años para derrocar a Assad sigue al fracaso de la guerra de Israel contra el Líbano en 2006 que tenía la intención de extenderse a Siria y conducir al derrocamiento de Assad, con Washington entrando en la guerra junto a Israel. Israel se vio obligado a poner fin a la guerra después de 33 días, destruyendo gran parte de la infraestructura del Líbano, pero sin lograr ni la intervención de los Estados Unidos ni ninguno de sus objetivos políticos.

Mientras los Estados Unidos están retirando a sus representantes islamistas de Siria, incluyendo al ISIS y afiliados vinculados a Al Qaeda y grupos escindidos que dicen estar luchando en Irak y Siria, esto es solo para preparar nuevos planes militares. Después de su visita a Arabia Saudita e Israel para construir una coalición anti-Irán, el presidente Donald Trump señaló una fuerte intensificación de la hostilidad de Estados Unidos hacia Irán, exigiendo la “renegociación” del acuerdo nuclear de 2015 con Teherán y la reimposición de sanciones radicales —desafiando a los aliados europeos de Washington que apoyan el acuerdo.

Viendo las palabras de Trump como una luz verde, Riad y sus aliados del Golfo, trabajando estrechamente con Israel, han avivado las tensiones con Teherán —con el príncipe heredero Mohammed bin Salman declarando que el “líder supremo de Irán es el nuevo Hitler de Medio Oriente”.

Arabia Saudita ha intensificado el bloqueo de Yemen, donde acusa a Irán de armar a los rebeldes hutíes y lanzar un misil contra el aeropuerto de Riad, ambos cargos que Teherán niega. Los sauditas han citado los estrechos vínculos de Catar con Irán, con los que comparte el gigantesco campo de gas South Pars, y su apoyo a la Hermandad Musulmana y sus afiliados en Egipto, Hamas en Gaza y en otras partes de la región, para justificar el bloqueo de Catar.

Fundamentalmente, Arabia Saudita ha amenazado a Hezbolá y Líbano. Tras obligar al primer ministro libanés, Saad Hariri, que encabeza una coalición con Hezbolá, a renunciar, Riad calificó a Hezbolá como una organización terrorista y pidió su destrucción. Beirut tuvo que poner fin a su aquiescencia a la “guerra” de Hezbollah contra la monarquía del Golfo Pérsico en Siria y enfrentar a Hezbolá “por la fuerza”, advirtió Riad, o enfrentar sanciones económicas y financieras. A los ciudadanos sauditas se les dijo que abandonaran el Líbano.

La “renuncia” de Hariri tenía el sello distintivo de un intento saudí de fomentar deliberadamente una crisis destinada a provocar una confrontación israeli-iraní en el Líbano. El líder de Hezbolá, Hassan Nasrallah, afirmó que la organización había recibido información de fuentes creíbles que Riad había ofrecido a Israel miles de millones para cubrir el costo de la próxima guerra contra Hezbolá.

Según cables filtrados transmitidos por las noticias del Canal 10 de Israel, Israel ordenó a sus embajadas en el exterior presionar en apoyo de Arabia Saudita y sus esfuerzos para desestabilizar el Líbano y acentuar la participación de Irán y Hezbolá en la “subversión regional”.

El aumento gradual de las tensiones por parte de los saudíes llevó al jefe del ejército del Líbano, el general Joseph Aoun, a instar a sus fuerzas a estar preparadas para enfrentar las “amenazas del enemigo israelí” en la frontera sur de Líbano. Israel lleva desde el fin de semana realizando un ejercicio militar cerca de su frontera con Siria.

La monarquía saudí convocó al presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, a Riad, donde se le dijo que respaldara la “iniciativa de paz” de Trump, negociada por el yerno de Trump, Jared Kushner, o que abriera camino a otra persona, es decir, a Mohammed Dahlan. El objetivo era proporcionar cobertura política para una alianza entre Arabia Saudita y otros Estados árabes, los Estados Unidos e Israel contra Irán. Al mismo tiempo, la administración Trump anunció que cerraría la misión diplomática de la Organización por la Liberación de Palestina en Washington porque ha llevado casos contra Israel a la Corte Penal Internacional.

El Ministro de Energía de Israel, Yuval Steinitz, habló públicamente sobre la estrecha cooperación saudita-israelí y regional, mientras que el jefe de personal de las FDI, teniente general Gadi Eisenkot, en una entrevista sin precedentes a un sitio web saudita en árabe, dijo que Israel estaba listo para compartir “información de inteligencia” con Arabia Saudita, ya que ambos tenían un interés común en hacer frente a Irán.

Hay informes de fuerzas militares israelíes que operan en el Sinaí de Egipto contra el Estado Islámico, y en el norte donde convergen Jordania, Israel y Siria.

Eisenkot afirmó que Hezbolá representaba una amenaza para el mundo árabe, mientras que Israel supuestamente no estaba interesado en la guerra con Líbano o Siria.