Dos palestinos muertos y cientos heridos en enfrentamientos tras el anuncio de Trump sobre Jerusalén

por Jordan Shilton
11 diciembre 2017

Más de 200 palestinos resultaron heridos y al menos dos murieron en enfrentamientos con soldados israelíes en Cisjordania y la Franja de Gaza el viernes. Las protestas se produjeron después del reconocimiento por parte del presidente estadounidense Donald Trump de Jerusalén como la capital de Israel y la promesa de trasladar allí la embajada de Estados Unidos desde Tel Aviv, una medida que puso patas arriba décadas de política de Estados Unidos hacia la región.

Soldados israelíes abrieron fuego contra cientos de manifestantes que avanzaban en los puestos del Ejército desde la Franja de Gaza, matando a un joven de 30 años e hiriendo a decenas más. En la misma Jerusalén, la policía se enfrentó con manifestantes que trataban de ingresar a la Ciudad Vieja. Los médicos palestinos informaron de al menos 217 heridos en Cisjordania y Jerusalén Este. Esto siguió a los 31 palestinos heridos en choques violentos el jueves. Al-Jazeera informó de que hubo casi 800 heridos desde que comenzaron las protestas.

La ola de protestas se extendió internacionalmente, desde Indonesia en el sudeste asiático hasta Túnez en el norte de África. En Amán, la capital de Jordania, se manifestaron decenas de miles. Grandes multitudes en Teherán, la capital iraní, corearon “muerte a Israel” y “muerte a Estados Unidos” y quemaron imágenes de Trump y del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu. El presidente iraní Hassan Rouhani calificó la decisión de Trump como “incorrecta, ilegítima, provocadora y muy peligrosa”.

Citando supuestos disparos de cohetes, la Fuerza Aérea de Israel llevó a cabo ataques en la Franja de Gaza la noche del viernes, hiriendo a 25 palestinos, incluidos seis niños. Haaretz informó de que un cohete había explotado en la ciudad israelí de Sderot, sin causar víctimas.

El reconocimiento de la administración Trump de Jerusalén como la capital israelí fue una provocación deliberada. Es una violación al derecho internacional, que durante mucho tiempo ha mantenido que el estado de la ciudad solo puede resolverse en las conversaciones de paz entre Israel y los palestinos, y nunca ha reconocido la anexión ilegal de Jerusalén Este por parte de Israel. La medida representa el final definitivo de la farsa del “proceso de paz” y la “solución de los dos Estados” promovida durante décadas por EUA y sus aliados imperialistas.

El reconocimiento de Jerusalén, que se produjo menos de dos meses después de que Trump se negara a certificar el cumplimiento de Irán con el acuerdo de 2015 sobre su actividad nuclear, es parte de la incitación más amplia de los conflictos en todo el Medio Oriente y la preparación para una guerra regional con Teherán. El anuncio se produjo el mismo día en que el Pentágono admitió que 2000 soldados estadounidenses están en Siria, cuatro veces el número previamente reconocido, y que las fuerzas estadounidenses permanecerán allí indefinidamente. Esto subraya la hipocresía de las afirmaciones de que el conflicto sirio ha estado dirigido contra los terroristas ISIS, cuyas fuerzas han sido derrotadas militarmente en el país. En verdad, Washington está decidido a rechazar la influencia iraní y rusa a fin de consolidar el dominio indiscutido de los EUA sobre el Medio Oriente, región rica en fuentes de energía.

La estrategia de Washington implica forjar una coalición formada por Israel y las monarquías suníes del Golfo, sobre todo Arabia Saudita.

La medida de Trump otorga al régimen de extrema derecha de Benjamin Netanyahu carta blanca no solo para reprimir las protestas y continuar su política de asentamientos expansionistas en Cisjordania, sino también para intensificar su enfrentamiento con sus enemigos regionales, Hezbolá en el Líbano y el régimen iraní. En septiembre, las fuerzas armadas israelíes llevaron a cabo sus ejercicios más grandes en 20 años, simulando la defensa de Israel contra la invasión de Hezbolá. Tel Aviv también ha atacado regularmente envíos de armas y objetivos en Siria con el objetivo de frustrar la expansión iraní, y ha prometido lanzar una acción militar si las fuerzas pro iraníes se establecen cerca de la frontera con Israel.

Israel también ha alentado la posición anti-Irán de Arabia Saudita, incluso respaldando la campaña de desestabilización de Riad en el Líbano. La monarquía saudí no está preocupada por el destino de los palestinos, sino por enfrentar a Teherán con el apoyo israelí y las bendiciones de la administración Trump.

El cambio de política de Trump ya ha llevado las tensiones en la región al punto de ebullición. Tanto Hezbolá como Hamás, con sede en Gaza, han pedido a los palestinos que inicien una tercera intifada.

El presidente de la Autoridad Palestina (AP) Mahmoud Abbas denunció la decisión como “deplorable” y Jibril Rajoub, un alto funcionario de la Autoridad Palestina, declaró que el vicepresidente estadounidense Mike Pence no sería bienvenido en territorio palestino durante una visita planeada a Israel y Palestina a finales de este mes. Rajoub agregó que una reunión programada con Pence sería cancelada.

Riyad Mansour, embajador de Palestina en las Naciones Unidas, declaró que el anuncio de Trump debería descalificar a los EUA para desempeñar un papel de liderazgo en las conversaciones de paz para resolver el conflicto.

De hecho, tanto la Autoridad Palestina como el liderazgo de Hamás están cada vez más desacreditados a los ojos de las masas palestinas y árabes. Abbas y la AP funcionan como una fuerza de seguridad para Israel y Estados Unidos contra la población palestina, representando a una élite rica que vive en gran parte gracias a estipendios de la CIA. Toda su perspectiva de maniobras entre las diversas grandes potencias para impulsar la creación de un estado palestino dentro del marco de Oriente Medio dominado por el imperialismo y los sionistas ha quedado en la bancarrota.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, quien organizará una reunión de emergencia de la Organización de Países Islámicos el 13 de diciembre para discutir sobre Jerusalén, advirtió que el discurso de Trump había sumido a toda la región en un “cinturón de fuego”. Pero todos los regímenes burgueses de la región, incluida Turquía, son cómplices de las décadas de opresión de los palestinos.

La brusca renuncia de Trump al fraude del llamado “proceso de paz” y la “solución de dos estados” ha subrayado el carácter fundamentalmente reaccionario del nacionalismo burgués y ha planteado la necesidad de una alternativa socialista e internacionalista, uniendo a la clase obrera árabe y judía en una lucha común por un Medio Oriente socialista.

El cambio de política de Trump también ha intensificado la brecha entre Washington y sus aliados nominales europeos. Gran Bretaña, Francia y Alemania condenaron el anuncio de Trump. Canadá es el único aliado cercano de los EUA que evitó hacer críticas directas al anuncio de la Casa Blanca.

Gran Bretaña y Francia condujeron a otros seis miembros del Consejo de Seguridad de la ONU a convocar a una sesión de emergencia el viernes. Como era de esperar, Estados Unidos no fue uno de los ocho Estados que solicitaron la reunión.

En el Consejo de Seguridad, la embajadora de los Estados Unidos Nikki Haley desestimó con arrogancia cualquier crítica a la posición de la administración Trump, dirigiendo su fuego contra la ONU por su presunto sesgo anti-Israel. Afirmó que Washington aún aceptaría una solución de dos Estados si ambas partes lo acordaban.

Las potencias imperialistas europeas no están más preocupadas por la opresión del pueblo palestino que Trump. Ven la crisis actual como una oportunidad para fortalecer su posición en el Medio Oriente a expensas de Washington.

La jefa de política exterior de la UE, Federica Mogherini, resumió las ideas en Berlín y París cuando declaró el jueves que el enfoque estadounidense “tiene el potencial de enviarnos hacia atrás a tiempos aún más oscuros” y que “lo que sucede en Jerusalén concierne a toda la región y a todo el mundo”. Dijo que el papel de Washington en el proceso de paz se vería disminuido como resultado del anuncio de Trump, lo que significa que la UE tenía que renovar su enfoque y desempeñar un papel más activo en la región.

El canciller francés, Jean-Yves Le Drian, declaró que Washington se había excluido de ser un mediador en el Medio Oriente.

El Süddeutsche Zeitung de Alemania señaló en un artículo que a diferencia de las provocaciones de Trump sobre Corea del Norte, en la región del Medio Oriente la UE está “directamente llamada”. Continuó: “Debido a la proximidad geográfica y los lazos históricos, políticos y económicos, la UE se ve a sí misma con una responsabilidad a la que ciertamente no fue capaz de hacer justicia en el pasado”.

Estos comentarios se producen después del discurso de política exterior del ministro de Relaciones Exteriores alemán, Sigmar Gabriel, que instó a Alemania a ponerse de pie más enérgicamente contra los Estados Unidos y definir sus propias ambiciones de política exterior.

La reacción europea subraya que la crisis cada vez más profunda sobre Jerusalén plantea la amenaza no solo de un conflicto regional, sino que podría servir como el desencadenante de una intensificación de las rivalidades entre las grandes potencias en el Medio Oriente, con el imperialismo estadounidense y europeo esforzándose por afirmar su preeminencia.