El periodismo deshonesto de Der Spiegel y la campaña contra las “noticias falsas”

por Peter Schwarz
3 enero 2019

La revelación de fraude periodístico en el semanario de noticias alemán Der Spiegel destapó la manipulación de la opinión pública por parte de los supuestos medios “acreditados”. Mientras Facebook, Google, Twitter y otros medios sociales sistemáticamente censuran publicaciones molestas, los reportes supuestamente “confiables” y “objetivos” por parte de los medios convencionales demuestra ser propaganda producida en cooperación con el Estado para promocionar los intereses de la clase gobernante. En nombre de combatir las “noticias falsas”, la libertad de prensa y la libertad de opinión están siendo destripadas.

La semana pasada, los editors de Der Spiegel, la revista de noticias alemana de mayor circulación, admitía que había publicado 55 artículos del periodista Claas Relotius que eran “completa o parcialmente inventados, falsificados, fabricados”.

Relotius también ha escrito numerosos artículos para otros medios alemanes.

Desde el reconocimiento público por parte de los editores de Der Spiegel, la junta editorial del semanario de noticias se ha esforzado por pintar el caso de Relotius como un caso único en el que el genio, el deseo de prestigio, energía nihilista e inestabilidad psicológica se dan la mano. Según las noticias en los medios, Spiegel ha brindado al falsificador, quien renunció voluntariamente a su trabajo tras ser denunciado, atención psicológica y un abogado.

Relotius será una excepción en el descaro de sus fabricaciones, pero la cuestión mucho más importante es por qué sus invenciones fueron publicadas por Spiegel y otros medios y por qué recibió numerosos galardones periodísticos. A sus jóvenes 33 años, Relotius ya ha recibido casi una docena de premios prestigiosos por parte de jurados que incluyen no solo a periodistas, sino también a figuras destacadas de la política y de la vida pública.

Resulta que sus invenciones no eran de ningún modo difíciles de calar. La junta editorial del Spiegel ignoró repetidamente anomalías y advertencias. Ahora admite con una franqueza disarmada que los artículos de Relotius eran “demasiado buenos para ser verdaderos”.

¿Cuál es el significado de este escándalo? Según comentaristas, aunque los artículos de Relotius eran falsos, eran aún así “hermosos”, es decir, correspondían a la narrativa que querían promulgar los editores y los jurados de galardones periodísticos. En su redacción, “el presente se concentra en un formato legible, los grandes trazos de la historia contemporánea se vuelven comprensibles, y de repente la gran totalidad se hace comprensible de una manera completamente humana”, dijo efusivamente el jefe de redacción de Spiegel Ullrich Fichtner tras la revelación. Mientras las falsificaciones no fueron descubiertas, eran bien recibidas.

Muchos de los artículos de Relotius tratan de temas que son particularmente sensibles desde el punto de vista de la propaganda burguesa, tales como el historial del ascenso de Trump en los EUA y las guerras en Irak y en Siria.

Para justificar las intervenciones militares de Occidente en el Medio Oriente, un cuento de hadas inventado por Relotius sobre dos jóvenes hermanos (“los muchachos leones”) secuestrados, torturados y entrenados por el Estado Islámico (ISIS) para ser terroristas suicidas demostró ser mucho más efectivo que un artículo basado en una investigación cuidadosa del contexto real de las guerras. Tal artículo tendría que admitir —si fuera honesto— que el ISIS y otras milicias islamistas son, más que nada, un producto de las intrigas de los EUA y sus aliados de la OTAN y del Medio Oriente.

Los inventos de Relotius encajan perfectamente en la corriente de desinformación que dura ya 16 años —desde que el entonces secretario de Estado de los EUA Colin Powell diera su infame discurso en la ONU sobre las armas de destrucción masiva de Irak. Aunque todo el discurso se basaba en mentiras e inventos, fue aceptado ampliamente y de manera acrítica por parte de los medios internacionales y sirvió de justificación para la guerra más sangrienta del siglo XXI, que continúa hasta nuestros días.

La libertad de prensa es un logro de la revolución burguesa. La burguesía la mantuvo mientras luchaba contra la supremacía de la aristocracia, y más tarde la consagró en sus constituciones. Mientras el capitalismo siguió siendo capaz de llegar a compromisos sociales, tales libertades retuvieron su chispa de vida. Pero la libertad de prensa no es compatible con la guerra, el militarismo y una sociedad basada en niveles intolerables de desigualdad social.

Bob Woodward y Carl Bernstein, los que expusieron el escándalo de Watergate, todavía eran objeto de celebración y de honores en la década de 1970. Hoy, Julian Assange y Edward Snowden, que revelaron crímenes incomparablemente más serios del imperialismo estadounidense, están aislados y viviendo en el exilio en contra de su voluntad, y temen por sus vidas. Falsificadores indignantes como Relotius, por otro lado, son galardonados.

La relación incestuosa entre el mundo de la política y los medios ha adoptado una dimensión que desafía la descripción. Conglomerados mediáticos de miles de millones de dólares dominan la prensa. Los periodistas y los políticos principales se conocen, quedan en los mismos bares, y juguetean juntos al lado de estrellas de cine y otros famosos en las galas anuales de la prensa.

Como con los partidos políticos del establishment, los términos “izquierda” y “derecha” han perdido cualquier significado en relación con los medios. Stefan Aust, quien fuera durante mucho tiempo el director del Spiegel, quien comenzara su carrera en 1966 en la publicación izquierdista konkret, ahora es el director de Die Welt, el principal diario de la editorial derechista Springer.

Nikolaus Blome, el director adjunto del pasquín Bild de Springer, trabajó durante un tiempo para el editor en jefe del Spiegel. Otros periodistas destacados también se pasaron regularmente de una publicación a la otra, situación en la cual la publicación partidaria del Partido Verde, taz, demostró ser un terreno particularmente fértil para periodistas burgueses emergentes.

Relotius también ha publicado sus artículos a lo largo de toda la gama de los medios alemanes —de taz a Die Zeit, el Süddeutsche Zeitung, el Frankfurter Allgemeine Zeitung y Welt de Springer. En segundo lugar tras Spiegel en términos de artículos publicados por Relotius viene el suizo Weltwoche, vocero del ultraderechista Partido Popular suizo, con 28 artículos.

La realidad social, los sentimientos y necesidades de las masas casi no existen en el círculo cerrado de los partidos políticos, los medios y los súper ricos. Los medios se han vuelto instrumentos de propaganda estatal. Esta es la razón por la que Claas Relotius —una versión contemporánea del impostor Felix Krull de Thomas Mann— pudo llegar a ser un periodista estrella.

Los trabajadores y los jóvenes siempre han sido recelosos respecto a los medios oficiales y buscan en internet la alternativa, fuentes de información más objetiva. Esta es la razón de la campaña histérica contra las “noticias falsas”, que sirve de excusa para censurar el internet y está dirigida en particular contra las publicaciones izquierdistas y anticapitalistas. Tanto la Unión Europea como el gobierno alemán han puesto en vigor leyes para censurar el internet bajo la bandera falsa de combatir las “noticias falsas”. Facebook solo emplea a 30.000 personas para censurar publicaciones molestas. Palabras como “camarada” y “hermano” bastan para que una entrada sea borrada.

Esta censura, que está dirigida particularmente contra el World Socialist Web Site, muestra lo importante que es construir y difundir el WSWS. Como el órgano central del Comité Internacional de la Cuarta Internacional, el WSWS es completamente independiente de donantes burgueses y de la influencia de los gobiernos. Llama a las cosas por su nombre, analiza los hechos con objetividad despiadada y lucha para armar a la clase trabajadora con el entendimiento de la crisis capitalista y una perspectiva socialista.

(Publicado originalmente en inglés el 31 de diciembre de 2018)