Morales de Bolivia y Bolsonaro de Brasil colaboran en la entrega de Cesare Battisti a Italia

por Bill Van Auken
17 enero 2019

El arresto del ex izquierdista italiano Cesare Battisti en las calles de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, y su sumaria expulsión a Italia, donde se enfrenta a cadena perpetua, ha sido celebrado por el Gobierno de extrema derecha en Italia y su poderoso ministro del interior Matteo Salvini, así como por el Gobierno brasileño de Jair Bolsonaro, el ex capitán fascista del ejército que se convirtió en presidente este mes.

La llegada del avión de la fuerza aérea italiana que transportaba a Battisti al aeropuerto militar de Ciampino de Roma el lunes por la mañana se convirtió en un espectáculo grotesco de venganza y reacción. Salvini estaba vestido con una chaqueta de la policía, haciéndose pasar como si él hubiera capturado personalmente al fugitivo de 64 años. Rebuznó que ahora el "asesino comunista se pudrirá en la cárcel". Acompañando a Salvini estaba el ministro de justicia de Italia, Alfonso Bonafede.

Salvini siguió este escuálido espectáculo con una entrevista televisada en la que se comprometió a cazar a todos los "asesinos rojos" y exigió que el presidente francés Emmanuel Macron "devuelva a Italia los fugitivos que no deberían estar bebiendo champaña bajo la torre Eiffel, sino pudriéndose en una cárcel italiana". Según el diario italiano Repubblica, hay nueve antiguos fugitivos izquierdistas italianos que viven en Francia.

Bolsonaro también celebró, compartiendo una conversación telefónica de felicitación con Salvini. Luego sostuvo una reunión en el Palacio do Planalto con el embajador de Bolivia en Brasil y participó en un almuerzo de gala con varios ministros y miembros del ejército al que fueron invitados los embajadores de Bolivia e Italia.

El hijo del presidente brasileño había enviado previamente un mensaje al ministro derechista de interior italiano, prometiéndole que su "pequeño regalo" estaba en camino.

El lenguaje es el que usaron las antiguas dictaduras militares respaldadas por Estados Unidos que, con la ayuda de la CIA, lanzaron el Plan Cóndor, una conspiración para colaborar en la caza, la entrega y el asesinato de miles de opositores de izquierda.

El tratamiento de Battisti fue totalmente en acorde con los métodos utilizados durante ese sangriento período en la historia de América Latina.

Un ex miembro de la organización autónoma de corta duración Proletari Armati per il Comunismo (Proletarios Armados por el Comunismo, PAC), que propuso actos armados como medio de promoción de la “organización personal” de la clase obrera, Battisti fue detenido en 1979 y condenado dos años después por pertenecer a un grupo armado y ocultar un arma. En su juventud, Battisti había sido arrestado por varios delitos menores a la edad de 18 años al unirse al grupo armado durante la llamada Anni di piombo (Años del plomo) de Italia en los años 70 y principios de los 80. Esta fue una década convulsiva que vio asesinatos y secuestros por parte de grupos armados como las Brigadas Rojas, junto con atentados terroristas más sangrientos por parte de los neofascistas, así como la represión del estado policial y las amenazas de un golpe de Estado fascista.

Tras escapar de la prisión en 1981, Battisti fue condenado en ausencia a cadena perpetua por un tribunal de apelaciones en relación con cuatro asesinatos, dos de los cuales fue acusado de haber cometido y dos de ser cómplice. La condena se llevó a cabo sobre la base de las llamadas "leyes especiales" adoptadas por el Estado italiano con el supuesto propósito de combatir el terrorismo.

Battisti, que ha mantenido su inocencia, fue declarado culpable por su interrogatorio, que incluía una forma brutal de ahogamiento simulado, así como el testimonio de testigos mentalmente inestables y otros que brindaron testimonio a cambio de sentencias más leves, junto con documentos falsificados y pruebas balísticas que apuntaban a exonerarlo.

Uno no tiene que abrazar la política guerrillera retrógrada de la juventud de Battisti ni pronunciarse definitivamente sobre su culpabilidad o inocencia para reconocer que su arresto y traslado a Italia representó una grave violación del derecho internacional y sus derechos democráticos básicos.

Battisti había recibido asilo político dos veces debido al reconocimiento de que el Gobierno italiano no lo trataría con justicia. La primera instancia fue en Francia, donde vivió durante 14 años gracias a la llamada "Doctrina Mitterrand" establecida bajo el mandato del presidente francés François Mitterrand, a excepción de la extradición a Italia de los condenados por actos violentos bajo las "leyes especiales" de Italia, siempre y cuando habían renunciado a la violencia. La práctica se suspendió bajo el Gobierno de derecha del presidente francés Jacques Chirac que señaló su intención de extraditar a Battisti en 2002.

Después viajó a Brasil, donde fue arrestado en 2007, y pasó cuatro años en la cárcel antes de que el presidente del Partido de los Trabajadores, Luiz Inácio Lula da Silva, en su último día en el cargo a fines de 2010, intervino para rescindir una orden de extradición y liberarlo.

El renovado intento de extraditar a Battisti de Brasil comenzó bajo la dirección de Michel Temer, vicepresidente de la presidenta del PT, Dilma Rousseff, quien asumió la presidencia después del juicio político a Rousseff. La elección en octubre pasado del fascista Bolsonaro selló su destino en tanto a Brasil.

El 14 de diciembre, Battisti cruzó la frontera hacia Bolivia y solicitó asilo político, presentando a los funcionarios bolivianos cuatro carpetas de documentos sobre su caso.

No había oído nada en relación con su solicitud cuando el sábado estaba rodeado por la policía boliviana junto con la policía italiana que trabajaban como agentes de INTERPOL en Santa Cruz.

Después de encontrarse a salvo a bordo del avión de la fuerza aérea italiana, El Gobierno boliviano del presidente Evo Morales afirmó que había rechazado la petición de asilo de Battisti el mes pasado. Si es así, esta fue una decisión tomada en total secreto, ya que la Comisión Nacional de Refugiados en Bolivia nunca se molestó en informar ni a Battisti ni al público, y ni mucho menos llevar a cabo una audiencia de su caso.

Morales ha guardado silencio sobre la entrega extrajudicial de Battisti a Italia, pero su ministro de Gobierno, Carlos Romero, defendió la acción, alegando que Battisti había ingresado a Bolivia ilegalmente y que requería su "salida obligatoria de Bolivia". La misma doctrina que el Gobierno de Trump ha intentado imponer en los EUA para negar a los refugiados centroamericanos el derecho a solicitar asilo, una reclamación que ha sido rechazado por el poder judicial de EUA.

La realidad es que la vida y la libertad de Battisti han sido intercambiadas por el Gobierno de Morales como parte de un acuerdo sucio con el régimen de extrema derecha de Bolsonaro en Brasil y el fascista Silvini en Italia. Morales asistió a la inauguración de Bolsonaro el 1ro de enero, y es probable que el destino de Battisti se haya sellado allí como parte de las conversaciones para garantizar las relaciones entre Bolivia y Brasil, incluyendo los 23 millones de metros cúbicos de gas por día que Bolivia vende a su mucho más grande vecino en la región.

El presidente boliviano, que se ha asegurado el apoyo de los tribunales del país para anular un referéndum popular y la constitución del país para postularse por cuarto período consecutivo como presidente, aparentemente no tuvo dificultad en ignorar las leyes internacionales con respecto al derecho de asilo y el trato a los refugiados.

Las acciones del gobierno boliviano están en línea con el brusco giro hacia la derecha en lo que queda de los gobiernos de la llamada "Marea Rosa" de América Latina y sus satélites pseudoizquierdistas, que, bajo la presión combinada del capital financiero global desde arriba y una clase obrera cada vez más rebelde desde abajo, a la a que teme está repudiando la defensa de incluso los derechos democráticos más básicos.

La rendición boliviana de Battisti sigue las medidas tomadas por el Gobierno ecuatoriano del presidente Lenin Moreno imponer condiciones de castigo al fundador de WikiLeaks, Julian Assange, quien buscó refugio en la embajada de Ecuador en Londres, y para preparar el camino para entregarlo a los fiscales estadounidenses.

Mientras que la policía boliviana desempeñó el papel principal en el arresto de Battisti, el Gobierno de Morales ha sido tratado como un pequeño jugador en la operación, con Salvini promoviendo a su aliado semifascista Bolsonaro como el socio principal en esta operación extrajudicial.

Por su parte, Bolsonaro había tratado de que Battisti regresara a Brasil para que pudiera ser sometido a otra "perp walk" [pasar al perpetrador] en la televisión brasileña antes de ser trasladado a Italia. Sin embargo, las autoridades italianas temían que esto le proporcionara acceso a sus abogados brasileños e invocara un requisito según la ley brasileña de que su cadena perpetua se redujera a 30 años de prisión, lo que, dada su edad, probablemente conlleva una cadena perpetua efectiva en cualquier caso.

La interpretación de Battisti tiene un significado internacional mucho más amplio. Es emblemático de un cambio siniestro en la política mundial, en el que las violaciones flagrantes del derecho internacional y los derechos humanos por parte de regímenes autoritarios son cada vez más comunes y aceptadas en América Latina, Europa y más allá. Recuerda las condiciones que existían en los días más oscuros de la década de 1930, cuando el régimen brasileño de Getulio Vargas deportó a Olga Benário Prestes, miembra del Partido Comunista germano-brasileño, para ser asesinada en un campo de concentración nazi.

(Publicado originalmente el 16