La defensa de Venezuela y la lucha por el socialismo en América Latina

por Bill Van Auken
13 mayo 2019

El sábado 4 de mayo, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional celebró el Mitin Internacional En Línea por el Primero de Mayo de 2019, el sexto Mitin por el Primero de Mayo en línea anual celebrado por el CICI, el movimiento trotskista mundial. En el mitin se oyeron discursos acerca de diferentes aspectos de la crisis mundial del capitalismo y las luchas de la clase trabajadora internacional de 12 destacados miembros del partido mundial y sus secciones y organizaciones simpatizantes en todo el mundo.

En días sucesivos, el World Socialist Web Site estará publicando los textos de los discursos pronunciados en el mitin. Abajo está el discurso del editor para América Latina, Bill Van Auken. El martes, el WSWS publicó en español el informe de apertura del mitin, a cargo de David North, el director de la junta editorial internacional del WSWS y director nacional del Partido Socialista por la Igualdad (EUA).

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Mientras conmemoramos el Primero de Mayo de 2019, el resurgir de la lucha de clases y el creciente apoyo al socialismo en la clase trabajadora se están desarrollando en todo el mundo, en conflicto inseparable con el giro de las élites capitalistas gobernantes hacia la guerra y la reacción fascista.

Esto en ninguna parte es más cierto que en América Latina, donde unos 650 millones de personas se confrontan con la desigualdad social más profunda en el planeta.

Los gobiernos de la región, tanto el creciente número de los que están controlados por la extrema derecha como los que todavía se las dan de nacionalistas de “izquierda” —los restos menguantes de la llamada “marea rosa”— han puesto todo el peso de las crisis económica y social del continente sobre las espaldas de la clase trabajadora.

La lucha contra la guerra y la reacción se plantea con la mayor urgencia por la creciente amenaza de una intervención militar directa de los EUA en Venezuela.

La administración Trump ha intensificado agudamente su operación de cambio de régimen con el intento fallido de golpe de esta semana por parte del derechista políticamente insignificante y financiado por los EUA Juan Guaidó, que hace de títere de la intervención estadounidense.

El llamamiento de Guaidó al ejército para que se alzara y derrocara al gobierno de Maduro demostró ser un fracaso abyecto. Ni provocó una ruptura en las fuerzas armadas ni obtuvo apoyo popular significativo. Sin embargo, las amenazas de nuevas e incluso más sangrientas provocaciones, así como un ataque militar estadounidense directo, se hacen más fuertes cada día.

Ayer, el jefe del Comando Sur estadounidense, el almirante Craig Faller, voló a Washington para informar a los altos cargos de la administración sobre las opciones militares en Venezuela. Se reporta que al menos un grupo de portaaviones de combate está siendo enviado a aguas en frente de su costa.

Se está apretando firmemente un nudo alrededor del país, con la imposición de sanciones económicas en una escala que equivale a una guerra. Según unas estimaciones recientes, el bloqueo a Venezuela ha causado hasta 40.000 muertes más al interrumpir los suministros de alimentos y medicamentos. Para colmo de males, en febrero Washington intentó utilizar camiones, que transportaban cantidades ínfimas de comida, como una especie de Caballo de Troya actual, para provocar una confrontación militar en la frontera entre Venezuela y Colombia.

En su descaro y criminalidad, el ataque a Venezuela recuerda los capítulos más oscuros de la larga historia del imperialismo estadounidense de agresión militar, explotación y represión de Estado policial en América Latina.

Bolton y otros en la administración de Trump se han jactado de que están “desempolvando” la Doctrina Monroe. El canon de casi dos siglos de antigüedad de la política exterior estadounidense fue lanzado originalmente para advertir a las potencias imperialistas reaccionarias de Europa de que no intentara una recolonización del continente americano. Con el ascenso del imperialismo estadounidense, sin embargo, se volvió una justificación multiuso para las intervenciones militares y las ocupaciones para defender los intereses de los bancos y corporaciones estadounidenses.

Bajo la sucia bandera de la Doctrina Monroe, Washington ha lanzado no menos de 50 intervenciones militares directas estadounidenses en el hemisferio.

Hoy, esta doctrina ha sido revivida en una forma aún más siniestra. Washington la ha invocado para culpar a Rusia, China y Cuba por obstaculizar la operación de cambio de régimen en Venezuela brindándoles préstamos y ayuda. Altos cargos han exigido que esos países “salgan de Venezuela”, imponiendo nuevas duras sanciones contra Cuba e incluso amenazando a Rusia con la acción militar. Un congresista republicano de Florida llegó incluso a sugerir que Moscú había desplegado armas nucleares en Venezuela, comparando la situación con la Crisis de los Misiles cubanos de 1962.

Los funcionarios estadounidenses no se anduvieron con rodeos respecto a que su objetivo es afirmar el control directo de los conglomerados energéticos estadounidenses sobre las reservas petroleras venezolanas, las mayores del planeta, y retrotraer la influencia económica sustancial en el país, y en la región más amplia, de los supuestos rivales como “grandes potencias” de Washington, China y Rusia. Esto amenaza con convertir a América Latina en un campo de batalla en una tercera guerra mundial, nuclear.

Al mismo tiempo, el revivir esta doctrina desacreditada, denostada en toda América Latina, es la respuesta del imperialismo estadounidense en declive, que se confronta con haber sido, hasta en su “patio trasero”, reemplazado por China como la fuente principal de inversión extranjera.

La pretensión harapienta propuesta como excusa para este ejercicio de criminalidad y pillaje es que Washington está apoyando la “democracia” en Venezuela, una afirmación de la que se hacen eco los serviles medios corporativos así como los supuestos oponentes demócratas de Trump, quienes, desde Biden hasta Sanders, se han alineado todos tras la operación de cambio de régimen.

No hay nada nuevo en esto. Hace 55 años, cuando el ejército brasileño derrocó al presidente electo del país, João Goulart, el New York Times respondió como sigue:

“Si se pudiera detectar una sola motivación en el golpe, que fue concebido conjuntamente por parte de un grupo de gobernadores de Estado civiles —todos ellos, incidentalmente, cargos electos por derecho propio— y de comandantes militares, esta fue su preocupación por mantener el marco democrático en Brasil”.

El marco establecido en el golpe de 1964 fue el de una dictadura militar, que gobernó el país con mano dura durante las dos décadas siguientes y ayudó a difundir regímenes militares fascistas que asesinaron, torturaron y encarcelaron a cientos de miles de trabajadores y jóvenes en todo el hemisferio.

¿Quién puede creer que a la administración de Trump le preocupa la “democracia” y la “libertad” de los trabajadores en América Latina? Esta muestra su actitud hacia estos trabajadores todos los días en la frontera sur, en el constante acoso a los refugiados que huyen de las condiciones creadas por las guerras estadounidenses y las dictaduras apoyadas por Washington en América Central. Estos trabajadores han estado siendo perseguidos por agentes fronterizos de mentalidad fascista, arrojados en campos de concentración, y les han arrancado a sus hijos de sus brazos.

Hay, por supuesto, un componente doméstico en ondear la bandera mancillada de la Doctrina Monroe. Está inseparablemente vinculado con el intento de la administración Trump de hacer la atracción principal de su campaña por la reelección en 2020 una campaña fascista contra el “socialismo”, al que intenta achacar las privaciones sociales en Venezuela, creadas por la crisis capitalista mundial, las sanciones de castigo de los EUA y las políticas procapitalistas del gobierno burgués de Maduro.

La lucha contra los intentos de la élite gobernante estadounidense de promocionar un movimiento fascista contra el crecimiento de una oposición socialista dentro de la clase trabajadora, encuentra su aliado más inmediato en la batalla de los trabajadores estadounidenses contra sus propios gobiernos derechistas, desde el fascista excapitán del ejército Jair Bolsonaro en Brasil, hasta Lenín Moreno, quien demostrara su sumisión al imperialismo al abrirle las puertas de la embajada ecuatoriana en Londres a la unidad policial de secuestro, actuando a pedido de Washington para la entrega del fundador de WikiLeaks Julian Assange.

Como la reciente oleada huelguística de decenas de miles de trabajadores mexicanos en las maquiladoras en Matamoros demostró de manera tan poderosa, la clase trabajadora, unida objetivamente en un proceso común de producción a través de fronteras nacionales, puede encontrar una salida solo mediante la unificación consciente de los trabajadores estadounidenses y los latinoamericanos en lucha por derrotar a sus enemigos comunes, los bancos transnacionales y las corporaciones, el imperialismo estadounidense y las oligarquías nacionales gobernantes de la región.

Solo una lucha unificada tal, basada en el programa del internacionalismo socialista, puede derrotar la amenaza de guerra en Venezuela, con sus implicaciones catastróficas para todo el continente y, ciertamente, el mundo entero.

Hay que preparar y dirigir esta lucha.

Instamos a nuestros camaradas en América Latina, los que están participando de este mitin en línea, los que leen el World Socialist Web Site y todos aquellos trabajadores y jóvenes que buscan un camino revolucionario: emprendan un estudio serio del programa y la perspectiva del Comité Internacional de la Cuarta Internacional y la larga historia de lucha librada por el trotskismo contra el revisionismo en América Latina y, sobre esta base principista, construir secciones del CICI en cada país.

(Publicado originalmente en inglés el 10 de mayo de 2019)