La guerra imperialista, el resurgimiento de la clase obrera en Oriente Próximo y el norte de África y la estrategia de la revolución permanente

por Keith Jones
13 mayo 2019

El sábado 4 de mayo, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional celebró el Mitin Internacional En Línea por el Primero de Mayo de 2019, el sexto Mitin por el Primero de Mayo en línea anual celebrado por el CICI, el movimiento trotskista mundial. En el mitin se oyeron discursos acerca de diferentes aspectos de la crisis mundial del capitalismo y las luchas de la clase trabajadora internacional de 12 destacados miembros del partido mundial y sus secciones y organizaciones simpatizantes en todo el mundo.

En días sucesivos, el World Socialist Web Site estará publicando los textos de los discursos pronunciados en el mitin. Abajo está el discurso de Chris Marsden, secretario nacional del Partido Socialista por la Igualdad (Reino Unido). El martes, el WSWS publicó en español el informe de apertura del mitin, a cargo de David North, el director de la junta editorial internacional del WSWS y director nacional del Partido Socialista por la Igualdad (EUA).

***

En el centro de la perspectiva y la estrategia revolucionaria del Comité Internacional de la Cuarta Internacional está el reconocimiento de que la misma crisis sistémica del capitalismo global que está impulsando las agresiones y guerras de las potencias imperialistas también está alimentando la revolución social.

En Oriente Próximo y el norte de África, este proceso combinado es palpable.

Ninguna parte del mundo ha estado más devastada por las guerras que el imperialismo estadounidense ha encabezado y fomentado, desde que George W. Bush proclamó por primera vez que Washington estaba estableciendo un "nuevo orden mundial" tras la disolución de la burocracia estalinista de la Unión Soviética.

No es el momento de listar todos los horrores que el imperialismo estadounidense ha perpetrado en Oriente Próximo y el norte de África en las últimas tres décadas, en nombre de los "derechos humanos" y la "guerra contra el terrorismo". Pero dada la venganza de Washington contra Julian Assange y Chelsea Manning, es apropiado señalar que las personas de Oriente Próximo, y sobre todo Irak, fueron víctimas de muchos de los crímenes más importantes y escalofriantes del Pentágono y la CIA expuestos por WikiLeaks.

A través de sus interminables agresiones y guerras, el imperialismo de los Estados Unidos ha destruido sociedades complejas y ha asolado Estados enteros en Oriente Próximo y el norte de África; como Irak, Siria, Libia, Yemen y podríamos seguir adelante, lo que ha provocado millones de muertes y dejado sin hogar ni Estado a decenas de millones más. El gasto de vastas cantidades de "sangre y tesoro", para usar la expresión de Obama, a fin de establecer la dominación irrestricta de Estados Unidos sobre las principales regiones exportadoras de petróleo del mundo, también está relacionado con la devastación social en Estados Unidos.

Sin embargo, estas guerras no han logrado detener la erosión del poder económico y global de Estados Unidos.

No obstante, el imperialismo estadounidense, que concentra en sí toda la decadencia, el parasitismo y la criminalidad de un orden social caduco, no puede controlarse. Se está preparando para nuevas y expandidas guerras en Oriente Próximo, aunque reconoce que la próxima apuesta amenaza con iniciar una guerra regional o incluso mundial.

El imperialismo estadounidense está intensificando su campaña, mediante sanciones unilaterales ilegales, para estrellar la economía iraní y precipitar un "cambio de régimen"; está prodigando armas a Arabia Saudita y proporcionando un apoyo logístico y militar crucial al asalto de Riad en Yemen; está avivando la agresión israelí, dando reconocimiento legal a la anexión de los altos del Golán por parte de Israel; y las fuerzas militares de los EUA continúan controlando grandes franjas del este de Siria, incluidos sus principales campos petroleros, para estrangular económicamente a Siria y preparar nuevas agresiones.

Las potencias imperialistas europeas no son menos depredadoras. También son patrocinadores de la Casa de Saud y de la sangrienta dictadura de Sisi en Egipto, y también defienden plenamente la brutal subyugación del pueblo palestino por parte del Estado sionista. Sus diferencias con Washington (los europeos, por ejemplo, han defendido una intervención imperialista occidental más agresiva en Siria, mientras se oponen a la guerra económica de Washington contra Irán) son las diferencias de pandilleros rivales sobre la división del botín.

Pero Oriente Próximo y el norte de África no solo han sido devastados por la agresión de la guerra imperialista. También están viéndose convulsionados por el resurgimiento de la lucha de clases global. La clase trabajadora está luchando por hacer valer sus intereses en una región que se caracteriza por la desigualdad social masiva y la brutal violencia estatal, y esto es cierto tanto para Israel como para Irán, Arabia Saudita y Egipto. La guerra de 2011 de la OTAN contra Libia y el despliegue de Al Qaeda por parte de Estados Unidos alinearon a los islamistas contra el régimen sirio, fueron la respuesta del imperialismo, o un elemento clave en su respuesta, a la Primavera Árabe: al aumento inicial en la lucha de clases engendrada por la crisis económica global de 2008, sobre todo, los levantamientos dirigidos por la clase obrera que tumbaron a los clientes imperialistas, Hosni Mubarak en Egipto y Ben Ali en Túnez.

Desde 2018, ha habido una nueva ola de luchas de la clase trabajadora en toda la región. Esto incluye huelgas y protestas masivas en Irán, huelgas del sector público en Israel, huelgas masivas de maestros en Túnez y Marruecos, y meses de protestas masivas en Sudán, que provocaron que el ejército, por temor a una revolución, depusiera al dictador al-Bashir, quien tomó el poder en un golpe militar de 1989.

Los acontecimientos en Argelia son de particular importancia, donde un régimen corrupto respaldado por el imperialismo, que durante décadas ha saqueado la riqueza del país, está intentando un cambio de imagen cosmético por medio de la destitución del presidente desde hace décadas, Abdelaziz Bouteflika, ante la agitación masiva dirigida por la clase trabajadora.

El resurgimiento de las luchas de la clase obrera en Argelia y en toda la región plantea cuestiones cruciales de perspectiva y estrategia revolucionarias, sobre todo la necesidad de armar políticamente a la clase obrera con el programa de la Revolución Permanente. Las aspiraciones democráticas y sociales de las masas, desde la erradicación del latifundismo y el establecimiento de una auténtica igualdad entre los trabajadores de todas las etnias y religiones, hasta su liberación del imperialismo, solo se realizarán a través de la revolución socialista. La clase obrera en cada país debe forjar su independencia política, movilizar a todos los oprimidos en lucha contra el imperialismo y todas las facciones de la burguesía nacional y por el poder de los trabajadores, y unir y coordinar su lucha con las de los trabajadores de toda la región y el mundo.

Aquí las lecciones de la revolución egipcia de 2011 son fundamentales. Fue la clase obrera la que expulsó a Mubarak del poder. Pero la revolución fue posteriormente descarrilada. Fuerzas pseudoizquierdistas como los Socialistas Revolucionarios se dedicaron a atar sistemáticamente a la clase obrera con la burguesía egipcia y su Estado, al instar a apoyar una "transición democrática", liderada primero por la sección supuestamente progresista del ejército, luego Morsi y su Hermandad Musulmana y, finalmente, el Tamarod, que impulsó a Sisi como un demócrata, abriendo así el camino para el retorno de los militares al poder.

De manera similar, en Argelia hoy, grupos pseudoizquierdistas como el Partido Socialista de los Trabajadores (PST) de tendencia pablista están tratando de impedir una revolución y subordinar a la clase obrera a la burguesía y al imperialismo defendiendo el llamado a una Asamblea Constituyente, es decir, una reorganización de los mismos oficiales del régimen actual detrás de promesas constitucionales altisonantes.

Para evitar que sea exitosa esta trampa, los trabajadores y jóvenes con mayor conciencia de clase deben luchar por la creación de Comités de Acción Obreros, independientes del Gobierno y sus sindicatos aliados, para coordinar la oposición a la represión y la austeridad de la policía y los militares, y como los futuros órganos del poder estatal de los trabajadores, que, sobre todo, construirán un partido marxista revolucionario que guiará la lucha por la independencia política de la clase obrera y por el socialismo.

Invariablemente, aquellas fuerzas políticas que exigen, en nombre de la democracia, que la clase obrera esté subordinada a la burguesía y la pequeña burguesía están vinculadas política y materialmente al imperialismo.

Tomemos el ejemplo de Turquía, donde los camaradas de Sosyalist Eşitlik están luchando por fundar una sección del Comité Internacional de la Cuarta Internacional. En nombre de la defensa de la democracia contra el régimen autoritario islamista de Erdogan, la pseudoizquierda turca apoya a los partidos capitalistas de derecha, orientados hacia la OTAN y la Unión Europea: el Partido Popular Republicano y el Partido Democrático del Pueblo. El primero es el partido de la elite gobernante capitalista kemalista tradicional y es cómplice de todos sus crímenes, incluidos los golpes sangrientos dirigidos contra la clase obrera y la brutal guerra contrainsurgente de la burguesía turca que se prolongó por 35 años contra el pueblo kurdo. Este último es el frente político del PKK nacionalista kurdo, que en la década de 1980 lanzó la lucha armada en nombre del socialismo. Pero, desde 1991, se ha orientado hacia el imperialismo, como los movimientos nacionales burgueses de todo el mundo. El PKK apoyó la Guerra del Golfo de 1991 y la invasión de Irak en 2003, y su filial siria, el YPG, ha servido durante los últimos cuatro años como el principal ejército indirecto de Washington en Siria.

Las aflicciones de los pueblos de Oriente Próximo durante el siglo pasado demuestran que no puede haber lucha por la democracia fuera de la lucha contra el imperialismo, el principal bastión de la reacción en Oriente Próximo; y no puede haber lucha contra el imperialismo fuera de la movilización de la clase obrera en la lucha por el socialismo.

En conclusión, los trabajadores de todo el mundo deben oponerse a la ofensiva de cambio de régimen de Estados Unidos contra Irán y todas las depredaciones del imperialismo en Oriente Próximo y el norte de África, y apoyar activamente la lucha de sus hermanos y hermanas de clase en toda la región. Los trabajadores de América del Norte y Europa tienen una responsabilidad especial. Al oponerse a la guerra y desarrollar la lucha de clases, darán un gran golpe a favor de la liberación de las masas en Oriente Próximo, al igual que cuando los trabajadores de Argelia se rebelan contra el régimen nacionalista-burgués y corrupto de ese país, golpean a Macron y Trump.

Esta unidad objetiva de la clase trabajadora anima la perspectiva del Comité Internacional de la Cuarta Internacional y debe encontrar expresión, en el próximo período, en el desarrollo de las secciones de la Cuarta Internacional en todo Oriente Próximo el norte de África.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 10 de mayo de 2019)