Washington ordena a personal estadounidense dejar Irak entre preparativos de guerra contra Irán

por Bill Van Auken
17 mayo 2019

Washington ha incrementado las tensiones de guerra en el golfo Pérsico con la orden de evacuar a todo el personal no esencial de los Estados Unidos de su embajada en Bagdad y su consulado en Erbil, la capital de facto de la región kurda iraquí.

Un portavoz del Departamento de Estado dijo que la acción drástica se había tomado en respuesta a "la serie de amenazas cada vez mayores que estamos viendo en Irak", pero se negó a proporcionar detalles sobre el supuesto peligro.

Estados Unidos ha llevado a cabo una acumulación militar masiva en la región con el pretexto de una supuesta amenaza de Irán o las supuestas “fuerzas patrocinadas" por Irán, entre varias milicias chiitas como las organizadas en las Unidades de Movilización Popular formadas para luchar contra el Estado Islámico en Irak y que ahora se han integrado en las fuerzas de seguridad iraquíes, o las que luchan contra el Estado Islámico en Siria, el movimiento Hezbolá en el Líbano y los rebeldes hutíes en Yemen.

Un portavoz del Departamento de Estado dijo a CNN el miércoles que "cualquier ataque del régimen iraní o sus fuerzas indirectas contra los intereses o ciudadanos de Estados Unidos será enfrentará a una respuesta rápida y decisiva de Estados Unidos".

Fuentes en Bagdad informaron que durante todo el día del miércoles, hubo helicópteros que transportaban personal estadounidense desde la embajada en el río Tigris, la instalación estadounidense más grande del mundo, a una base militar estadounidense en el aeropuerto de Bagdad. La última vez que se ordenó una evacuación de este tipo fue en 2014, después de que el Estado Islámico capturara Mosul, la segunda ciudad más grande de Irak, y pareciera estar a punto de marchar hacia Bagdad.

En medio de esta acción dramática de los Estados Unidos, el principal general británico desplegado como parte de la "Operación de Resolución Inherente" (OIR, por sus siglas en inglés), la intervención dominada por los Estados Unidos en Irak y Siria, dijo a los reporteros del Pentágono que no existía una amenaza significativa para las fuerzas occidentales que viniera d las milicias con apoyo iraní.

"No ha habido una amenaza importante por parte de las fuerzas respaldadas por Irán en Irak y Siria", dijo el general de División Christopher Ghika, el comandante adjunto de OIR a cargo de inteligencia y operaciones. "Hay un número considerable de grupos de milicianos en Irak y Siria, y no vemos ninguna amenaza mayor de muchos de ellos en esta etapa". Oficialmente, estas milicias están del mismo bando que las fuerzas de EUA y la OTAN en la lucha para derrotar al Estado Islámico. En realidad, los Estados Unidos mantiene a 5.000 soldados en Irak y aproximadamente 2.000 en Siria con el propósito de contrarrestar la influencia iraní en la región.

La declaración de Ghika socavó la justificación que se da para la escalada militar de los Estados Unidos, que ha involucrado el despliegue frente a las costas iraníes de un grupo de ataque liderado por el portaaviones USS Abraham Lincoln, y una fuerza de tareas de bombarderos, incluyendo B-52 con capacidad nuclear. Esto ha sido seguido por el envío a la región del buque de guerra de asalto anfibio USS Arlington transportando a infantes de marina, aviones de combate y barcazas de desembarque estadounidenses, así como una batería lanzamisiles Patriot.

Informes recientes revelan que el Pentágono ha elaborado planes de batalla que exigen el envío de hasta 120.000 soldados estadounidenses a la región en preparación aparente para una guerra total con Irán.

La declaración del general británico provocó una reprimenda altamente inusual por parte del Comando Central de los Estados Unidos, que supervisa las operaciones militares estadounidenses en Oriente Próximo. Un portavoz dijo que los comentarios de Ghika "van en contra de las amenazas creíbles identificadas y disponibles para la inteligencia". La declaración, una vez más, no proporcionó ningún detalle sobre estas "amenazas".

Igualmente significativa fue la respuesta del Ministerio de Defensa británico, que respaldó la evaluación del general, y dijo que "sus comentarios se basan en las operaciones militares diarias".

En ausencia de una amenaza creíble, la evacuación estadounidense de Irak solo puede tener uno de dos propósitos. O bien está diseñada para aumentar las tensiones en la región y aumentar las amenazas militares contra Irán, o es parte de los preparativos para un inminente asalto militar directo de Estados Unidos contra Irán, que probablemente provocaría represalias por parte de milicias proiraníes dentro de Irak.

En cualquier caso, la evacuación de la embajada es otra acción provocadora por parte de un Gobierno estadounidense que persigue incansablemente un cambio de régimen en Irán y está preparado para emplear cualquier pretexto para conseguir ese objetivo.

Entre estos pretextos se encuentran las sospechosas afirmaciones de actos de sabotaje contra cuatro barcos petroleros frente a las costas de los Emiratos Árabes Unidos durante el fin de semana. Los medios de comunicación corporativos de los Estados Unidos, que actúan como un brazo de propaganda servil de la acumulación de la guerra, han citado a funcionarios militares estadounidenses no identificados que atribuyen el presunto sabotaje a Irán, mientras que no proporcionan ninguna evidencia para apoyar esta afirmación.

Los funcionarios iraníes han respondido que el presunto sabotaje es probable que sea el trabajo de quienes buscan provocar un ataque estadounidense contra Irán, incluida Arabia Saudita e Israel, si no las fuerzas especiales de los propios Estados Unidos. El ministro de Relaciones Exteriores, Javad Zarif, apareció junto a su homólogo en India y les dijo a los medios de comunicación que habían discutido "las actividades y sabotaje sospechosos en nuestra región". Agregó: "Anteriormente habíamos anticipado que realizarían este tipo de actividades para aumentar la tensión".

Las tensiones se han intensificado aún más después de un ataque con drones contra las instalaciones de bombeo de Aramco, la compañía estatal de energía de la monarquía gobernante de Arabia Saudita. Los rebeldes hutíes en Yemen asumieron la responsabilidad de la acción, que dijeron que era una represalia por la continuación de la guerra casi genocida respaldada por Estados Unidos y emprendida por Arabia Saudita contra Yemen, que ha matado a unos 80.000 civiles y ha llevado a 10 millones al borde de inanición.

En reconocimiento de la amenaza de guerra, Alemania, que tiene 160 soldados en Irak, y los Países Bajos, que tienen 169, suspendieron las operaciones de entrenamiento militar, citando las crecientes tensiones regionales. En una línea similar, España retiró su fragata del grupo de ataque estadounidense transportado al golfo Pérsico.

Otro pretexto potencial para la intervención militar de los Estados Unidos es el programa nuclear de Irán. Hace un año, la Administración de Trump rompió unilateralmente el acuerdo nuclear firmado en 2015 entre Irán y seis de las mayores potencias: Estados Unidos, China, Rusia, Alemania, Francia y el Reino Unido.

Irán ha cumplido con un estricto régimen de restricciones e inspecciones de su programa nuclear, pero Washington, sin embargo, ha vuelto a imponer sanciones económicas punitivas, descritas por los funcionarios estadounidenses como "máxima presión" y equivalentes a un estado de guerra. Las sanciones tienen como objetivo reducir a cero las exportaciones de petróleo del país y crear condiciones de privación económica y caos para facilitar una operación de cambio de régimen.

Si bien las potencias europeas, Alemania, Francia y el Reino Unido, han declarado formalmente su continuo apoyo al acuerdo nuclear, no han presentado ningún desafío creíble al régimen de sanciones de Estados Unidos, privando a Irán de los beneficios prometidos del acuerdo en términos de normalización. de comercio e inversión.

En respuesta, Teherán ha suspendido sus compromisos de limitar la producción de uranio enriquecido y agua pesada en sus instalaciones de Arak durante 60 días en un intento de presionar a las potencias europeas para que cumplan con sus promesas de lanzar un instrumento en apoyo de los intercambios comerciales (INSTEX, por sus siglas en inglés) para eludir las sanciones de EUA, facilitando el comercio no monetario con Irán.

Si bien las acciones de Irán aún lo dejan en cumplimiento del Plan de Acción Integral Conjunto, el acuerdo nuclear firmado por Teherán y las principales potencias en julio de 2015, y el Gobierno iraní ha negado sistemáticamente que haya producido un arma nuclear, Washington podría tomar ventaja del programa nuclear para justificar un ataque militar.

Una guerra de agresión de este tipo no solo arrastraría a toda la región a un conflicto sangriento, sino que podría convertirse en la antesala de una tercera guerra mundial en la que participarán Estados Unidos y sus "grandes potencias" rivales y con armas nucleares, Rusia y China.

(Publicado originalmente en inglés el 16 de mayo de 2019)