Voto unánime de peronistas para invitar a tropas de EE. UU. a Argentina

por Andrea Lobo
3 febrero 2020

El miércoles, la Cámara de Diputados de Argentina, la cámara baja del Congreso, votó 214-2 a favor de permitir “el ingreso de tropas extranjeras” y la participación de las tropas argentinas en ejercicios en el exterior.

Varios de los ejercicios mencionados en el proyecto de ley son organizados y financiados por el Pentágono. Más prominentemente, incluye tres ejercicios “Unitas” organizados por el Comando Sur de EE. UU. y el régimen brasileño del excapitán fascistizante Jair Bolsonaro, así como el ejercicio “Gringo Gaucho”, que involucra recibir un portaaviones estadounidense con miles de tropas y marineros.

El proyecto de ley fue introducido por el previo Gobierno derechista de Mauricio Macri, cuyo término finalizó en diciembre. No obstante, el apoyo unánime de la coalición peronista Frente de Todos del presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner ofrece evidencia innegable de la subordinación de todas las facciones de la burguesía argentina al imperialismo estadounidense.

Sirviendo como un frente de “izquierda” de la coalición gobernante, todos los líderes sindicales peronistas votaron a favor, incluyendo Hugo Yasky, Facundo Moyano, Vanesa Siley y Walter Correa. La lista de votos afirmativos incluye al Frente Patria Grande, un partido creado por Juan Grabois, líder de la “economía popular”. Cumpliendo este mismo papel dentro de la coalición gobernante, Juan Carlos Alderete y Verónica Caliva del maoísta Partido Comunista Revolucionario votaron “sí” a darle la bienvenida a tropas estadounidenses.

Esto está lejos de ser un caso “aislado”. Mientras Alderete y Caliva estuvieron “ausentes” para un segundo voto el mismo día, sus supuestos aliados izquierdistas, quienes denunciaron frecuentemente al Gobierno de Macri de “vender la patria”, votaron a favor de un proyecto de ley que declara como “prioridad” la “sostenibilidad” de la deuda pública extranjera y da luz verde a emisiones de bonos irrestrictos. Esto constituye un respaldo transparente al continuo enriquecimiento de los fondos buitres de Wall Street por medio de una austeridad brutal despiadada.

Más allá, estas fuerzas han guardado silencio frente a otros alineamientos de la política exterior de Fernández con el imperialismo extranjero. La semana pasada, el primer viaje oficial del mandatario fue a Israel durante el 75 aniversario de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz, un gesto obvio al Gobierno de Trump. Buenos Aires también extendió la designación y las sanciones financieras contra “la organización terrorista Hezbolá”, un partido gobernante en Líbano y aliado cercano del Gobierno iraní.

El canciller Felipe Solá también amenazó al Gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela con “aislamiento internacional” tras prevenir que Juan Guaidó, un títere patrocinado por EE. UU. que busca abiertamente un golpe de Estado militar contra Maduro, entrara en la Asamblea Nacional.

Algunos comentaristas han señalado que el asilo concedido por Argentina a Evo Morales, quien fue derrocado en un golpe militar apoyado por EE. UU. en noviembre, es una “excepción” a la línea pro-EE. UU. Sin embargo, Morales y su Movimiento al Socialismo (MAS) han tenido un papel esencial en suprimir la oposición, legitimar el golpe y las elecciones siendo organizadas por el régimen ultraderechista instalado por Washington y sus aliados militares bolivianos. El propio Morales reconoció que Washington le ofreció rescatarlo de Bolivia tras el golpe.

Los únicos dos legisladores que votaron contra ambos proyectos de ley el miércoles pertenecen al Frente de Izquierda y los Trabajadores-Unidad (FIT-U). No obstante, esta postura es tan hipócrita y frágil como la de los peronistas “de izquierda”. Su frente incluye fuerzas como Izquierda Socialista, que respaldaron las intervenciones imperialistas de EE. UU. en Siria y Libia, mientras que los socios internacionales del FIT-U como el Nuevo Partido Anticapitalista han expresado apoyo a una guerra estadounidense contra Irán. De forma similar a su papel de encadenar a los trabajadores a los sindicatos peronistas, el “antiimperialismo” del FIT-U procura prevenir que los trabajadores realicen el necesario rompimiento político con todas las fuerzas nacionalistas y procapitalistas.

Los recientes Gobiernos peronistas pudieron aparentar ser independientes del imperialismo estadounidense gracias al aumento de los precios en las materias primas impulsado por las mayores inversiones y comercio chinos. La clase gobernante argentina utilizó esto contra el capital estadounidense y europeo para alcanzar una mayor participación en las ganancias provenientes de la explotación de los trabajadores argentinos, mientras podían costear aumentos limitados en el gasto social. Esto se reflejó políticamente en los llamados Gobiernos de la “marea rosa” en América Latina.

Pero, la caída en el precio del petróleo, los minerales y otros productos básicos en 2014 puso fin a estas circunstancias especiales, llevando a la burguesía argentina y la clase media-alta, la cual se enriqueció durante este periodo, a girar a la derecha y orientarse cada vez más al imperialismo estadounidense.

El comercio con China se multiplicó por cinco entre 2000 y 2007. Alimentado por las exportaciones de soya y cobre, China reemplazó a EE. UU. como el mayor socio comercial de Argentina, después de Brasil. Sin embargo, desde el 2016, Estados Unidos recuperó la posición como segundo mayor comprador de exportaciones argentinas tras Brasil.

En términos de crédito, entre 2005 y 2015, Argentina recibió 10 importantes préstamos de China sumando $19 mil millones, según Inter-American Dialogue, a tasas de interés menores que el mercado y principalmente para proyectos de infraestructura. Macri buscó reducir el tamaño de estos proyectos para apaciguar a los inversores estadounidenses, pero, ante un recrudecimiento de la crisis económica, las deudas de su Gobierno con China aumentaron a $18,7 mil millones, incluso cuando recibía el préstamo más grande en la historia del Fondo Monetario Internacional de $57 mil millones. El año pasado, China aprobó otro préstamo de $7,9 mil millones para la construcción de una planta nuclear.

El Comando Sur de EE. UU. construyó una base militar en Neuquén, un proyecto aprobado desde 2012 y temporalmente detenido por protestas locales en 2018. La provincia sureña de Neuquén cuenta con los vastos yacimientos de petróleo y gas de Vaca Muerta, que están siendo explotados conjuntamente por el Estado argentino, importantes corporaciones estadounidenses como ExxonMobil y Chevron, y otras firmas.

La dictadura militar de 1976-1983 respaldada por EE. UU.—hasta que Washington asistió a Reino Unido en su guerra imperialista para retomar las islas Malvinas en 1982—resultó en una oposición popular masiva al ejército. Esto obligó a los siguientes Gobiernos a implementar leyes de defensa, seguridad nacional e inteligencia limitando la injerencia militar en cuestiones internas. Desde entonces, y especialmente tras los levantamientos sociales durante la crisis económica de 2001-2002 en Argentina, Estados Unidos ha buscado erosionar poco a poco estos cambios.

Durante los Gobiernos del fallecido Néstor Kirchner (2003-2007) y su esposa Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015), se llevaron a cabo ejercicios militares Gringo-Gaucho con portaaviones estadounidenses en 2004, 2008 y 2010. Preservar esta ruta alrededor de Argentina es crucial para los portaaviones estadounidenses, dado que son demasiado grandes como para cruzar el canal de Panamá.

En febrero de 2011, un avión militar de carga estadounidense fue retenido temporalmente por Argentina presuntamente por razones “administrativas”; sin embargo, fue aprovechado por los kirchneristas para barnizar su imagen “antiimperialista”. El avión y material fueron regresados pronto, y Fernández de Kirchner expresó su apoyo a futuras operaciones Gringo-Gaucho, pero no se realizaron más ejercicios durante el resto de su término.

No obstante, Fernández de Kirchner continuó aumentando su colaboración militar, acordando a una nueva base militar construida por EE. UU. en la región del Chaco, promulgando una ley “antiterrorista” exigida por Washington y auspiciando un programa de entrenamiento militar especial de EE. UU. para los oficiales del Ministro de Defensa. Un reporte mordaz del periodista investigativo Horacio Verbitsky halló que el programa E-IMET empleado en el entrenamiento buscaba “derribar las barreras que existen frecuentemente entre las Fuerzas Armadas, los oficiales civiles y los legisladores”. Reconociendo que las operaciones militares “podrían ser vistas como un regreso a los ‘viejos tiempos malos’”, el documento oficial afirma cínicamente oponerse a que los militares “usurpen el poder”.

Durante el término de Macri, Argentina prometió llevar a cabo más operaciones “antinarcóticos” y “antiterroristas” con las agencias estadounidenses y permitió que el Pentágono construyera otra base cerca de la estratégica frontera norteña con Paraguay y Brasil, y otra en la ciudad al extremo sur del país de Ushuaia.

Cuando arribaron soldados estadounidenses en mayo de 2018 para un ejercicio militar, los legisladores peronistas protestaron que el Congreso no había sido consultado, una declaración fraudulenta expuesta por el voto del miércoles.

Al mismo tiempo, una estación espacial construida por China en Neuquén y utilizada en el aterrizaje lunar en enero de 2019 fue denunciada por el general mayor Craig S. Faller del Comando Sur de EE. UU., quien le dijo al Congreso de EE. UU. el año pasado que podría ser utilizada para monitorear y apuntar a “blancos estadounidenses, aliados o socios en actividades espaciales”.

Precediendo esta mayor colaboración, el Gobierno de Obama desclasificó decenas de miles de documentos revelando cómo EE. UU. entrenó en su Escuela de las Américas y armó a escuadrones de la muerte durante la dictadura militar argentina que secuestraron, torturaron y mataron a decenas de miles de trabajadores y jóvenes radicalizados. Los oficiales argentinos se volvieron asesores clave en la creación de escuadrones de la muerte que sirvieron los regímenes apoyados por EE. UU. en Centroamérica hasta los años noventa.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 1 de febrero de 2020)