El Partido Demócrata inventa embuste de “injerencia rusa” contra Sanders

25 febrero 2020

La victoria de Bernie Sanders en las primarias de Nevada ha intensificado la histeria anti-Sanders en la cúpula del Partido Demócrata y los medios vinculados a los demócratas como el New York Times, el Washington Post, CNN y MSNBC. Esto ha asumido la forma de acusaciones inventadas de intervención rusa en las elecciones de 2020 para apoyar la candidatura de Sanders.

Esta fábula se elabora en la primera plana del New York Times del domingo en un largo artículo de David Sanger, el estenógrafo más fiable del diario para cualquier cuento que el aparato militar y de inteligencia quiera presentar en el diario. Bajo el titular “Buscando caos, Moscú hace sus apuestas en EE. UU.”, Sanger difama a Sanders como el beneficiario de un supuesto apoyo por parte de Rusia en las elecciones de 2020.

Sanger tiene un largo registro de “análisis”. Las noticias con su nombre generalmente se basan en fuentes de inteligencia no identificadas cuyas afirmaciones se presentan como si fueran incuestionables. El sello distintivo de sus análisis es que carecen de hechos identificables. No es tanto un reportero como un frustrado escritor de cuentos de espías de tercera con narrativas mal desarrolladas.

Bernie Sanders se pronuncia en un mitin de campaña en Springs Preserve, Las Vegas, el viernes (AP Photo/Patrick Semansky)

En su más reciente cuento de suspenso, Sanger no presenta ningún hecho para corroborar su afirmación de que el presidente ruso Vladimir Putin respalda a Sanders o que ha hecho algo para asistir su campaña.

Además de varios “expertos externos” y “analistas de inteligencia”, Sanger cita a tres funcionarios de inteligencia y uno retirado por nombre, incluyendo a Angela Stent, una oficial nacional de inteligencia para Rusia, ahora profesora de la Universidad Georgetown y autora de Putin s World: Russia Against the West and With the Rest (El mundo de Putin, Rusia contra Occidente y con el resto), que realmente no dicen nada sobre Sanders.

Victoria Nuland también es citada. Nuland ciertamente es una experta sobre subversión de elecciones extranjeras, tras protagonizar un esfuerzo de $5 mil millones de EE. UU. para desestabilizar y derrocar al Gobierno democráticamente electo de Víktor Yanukovich en Ucrania.

Nuland no presentó ninguna evidencia que respalde la trama de Sanger, más allá de afirmar, “Cualquier figura que radicalice la política y dañe las opiniones del centro y la unidad de EE. UU. es buena para la Rusia de Putin”. En otras palabras, Sanders actúa como títere de Putin porque sus políticas están a la izquierda de los candidatos del Partido Demócrata favorecidos por la CIA.

Sanger detecta las huellas de Putin en el apoyo de Sanders a “una expansión drástica de impuestos y programas gubernamentales como Medicare”, afirmando que esto divide a la sociedad estadounidense de una forma favorable para Moscú.

Sanger también nombra a Cristopher Krebs, director de la Agencia de Ciberseguridad e Infraestructura de Seguridad del Departamento de Seguridad Nacional. Sanger menciona su papel en “documentar cómo los operadores rusos se han vuelto más furtivos, aprendiendo de sus errores en 2016”. Estos agentes rusos son tan malvadamente ingeniosos que han logrado ocultar exitosamente todo rastro de su pérfida manipulación de las elecciones estadounidenses.

En el mundo fabricado de Sanger, la mera ausencia de evidencia de una interferencia rusa es prueba de subversión. Esta historia es una versión moderna de la “conspiración tan vasta” en la trama anticomunista del senador Joseph McCarthy.

Ningún estadounidense está a salvo de los tentáculos de Putin. Sanger alega que Rusia está “alimentando a estadounidenses inconscientes desinformación en Facebook y otras redes sociales”. Continúa: “Al plantar teorías conspirativas y afirmaciones infundadas en las plataformas, los rusos esperan que los estadounidenses comunes retransmitan esas falsedades en sus propias cuentas”.

Concluye, lamentando la existencia de la libertad de expresión: “Es mucho más difícil prohibir las palabras de estadounidenses reales, que quizás estén repitiendo una historia rusa, incluso de forma involuntaria”.

La narrativa antirrusa conlleva las implicaciones más peligrosas para los derechos democráticos del pueblo estadounidense. El New York Times asume que cualquier expresión de malestar social en EE. UU. y, ante todo, el aumento en el enojo hacia la creciente desigualdad social, pueden ser deslegitimados al llamarlos “repitiendo una historia rusa” y criminalizándolos.

Las afirmaciones de las agencias de inteligencia de que Sanders está beneficiándose de apoyo ruso han sido avanzadas por líderes de la élite del Partido Demócrata. En el programa de entrevistas “This Week” de ABC News el domingo, el exalcalde de Chicago, Rahm Emanuel, quien también fue el jefe de personal de la Casa Blanca bajo Obama, dijo que el auge de Sanders en la contienda presidencial demócrata se trataba de que Putin y Trump estaban intentando hacer que fuera electo el candidato más débil para garantizar la reelección de Trump.

Estas reacciones no son meramente la expresión del virulento odio de la dirigencia demócrata hacia el socialismo, incluso en la versión diluida y completamente pasiva de Sanders bajo la marca “socialismo democrático”.

Una campaña de Sanders, con su foco en la desigualdad económica y apelaciones a la hostilidad popular de los milmillonarios y la patronal estadounidense, socavaría la agenda política de la dirección demócrata.

La cúpula del Partido Demócrata ha querido emprender su campaña electoral de 2020 contra Trump como una continuación de la campaña antirrusa que produjo el reporte de Mueller y luego el juicio político contra Trump por retrasar la ayuda militar para la guerra de Ucrania con Rusia, acabando con su absolución en el Senado. Como la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, nunca se cansa de repetir, “Todos los caminos llevan a Rusia”.

El Partido Demócrata quiere concentrar su campaña presidencial de 2020 en la afirmación de que Trump es un agente o títere del presidente ruso Vladimir Putin y que los demócratas son los defensores de “nuestras” agencias de inteligencia y “nuestros” diplomáticos y generales contra la interferencia de Moscú en la política estadounidense.

En caso de que dicha campaña logre deponer a Trump, el resultado será presentado como un mandato popular para intensificar la escalada militar contra Rusia y China, apeligrando con una guerra abierta entre las principales potencias nucleares. Independientemente del resultado, una campaña centrada en la histeria antirrusa se utilizará para suprimir el aumento de las tensiones sociales en EE. UU. y bloquear cualquier expresión política del latente enojo de la clase obrera.

La reacción de la cúpula del partido al auge de Sanders tan solo subraya la realidad política central de que el Partido Demócrata está controlado por las agencias de inteligencia y las élites financieras, no los millones que votan en las primarias y los caucus. El Partido Demócrata es un partido capitalista, el más viejo de EE. UU. La clase gobernante luchará por retener su control sobre está institución utilizando todos los métodos a su disposición, desde propaganda en los medios y trucos sucios hasta violencia directa.

La respuesta de la cúpula demócrata pone en evidencia la bancarrota de la estrategia política de Sanders. El partido que Sanders identifica como un vehículo de cambio social es realmente una camisa de fuerza política, famosa por sofocar y destruir cualquier desafío popular desde abajo.

Como acostumbra sin falta, Sanders respondió a las provocaciones sobre Rusia en su contra dando validez a la acusación infundada de que Rusia está realmente emprendiendo una interferencia importante en la política estadounidense. Al mismo tiempo, está respondiendo a su nuevo liderazgo en la contienda buscando reasegurar al establishment demócrata.

En su entrevista el domingo por la noche en el programa “60 minutes” de CBS, descartó con un tono burlesco la identificación de su campaña con los llamados a una “revolución”, señalando que no quiere basarse en esa consigna

Luego procedió a decirle a su entrevistador, Anderson Cooper, que estaría “absolutamente” dispuesto a emplear fuerza militar si fuera elegido presidente y luego presumió que “tenemos el mejor ejército del mundo”.

Sanders ya está haciendo concesiones y ajustes que frustrarán a muchos simpatizantes que lo ven como el apóstol de un cambio político radical. Este es resultado inevitable de sus esfuerzos para mantener la oposición popular dentro del marco del Partido Demócrata. Mientras afirma que está cambiando el Partido Demócrata, el Partido Demócrata lo está cambiando a él rápido.

La verdadera respuesta a las conspiraciones del Partido Demócrata es la lucha por movilizar a la clase obrera en oposición a ambos partidos y todo el sistema capitalista. En su declaración electoral, el Partido Socialista por la Igualdad y sus candidatos, Joseph Kishore y Norissa Santa Cruz, están encabezando la lucha por construir una dirección socialista en la clase obrera. Para más información visita aquí.

(publicado originalmente en inglés el 24 de febrero de 2020)

Patrick Martin

 

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