“La bahía de Cochinos” de Trump en Venezuela

8 mayo 2020

Un par de desembarcos fallidas de mercenarios baja la dirección de Estados Unidos en las costas venezolanas a principios de esta semana dejan en claro que la pandemia global de coronavirus y la muerte y devastación al pueblo estadounidense no han hecho nada para disminuir el afán predatorio y criminal de los intereses geoestratégicos del imperialismo estadounidense en América del Sur y el planeta.

El primer desembarco ocurrió temprano el domingo en Maputo, estado de La Guaira, apenas a media hora en carro de la capital venezolana de Caracas. Ocho de los hombres armados que desembarcaron, incluyendo el líder del grupo, un excapitán del ejército venezolano conocido como la “Pantera”, fueron abatidos y el resto fue capturado.

Un segundo desembarco ocurrió el lunes en la península de Chuao, estado de Aragua, también en la costa caribeña de Venezuela, al oeste de Caracas. En esta ocasión, los invasores armados fueron detectados por pescadores locales, quienes los entregaron a las fuerzas de seguridad venezolanas.

Mercenarios estadounidenses, Luke Denman (destacado arriba) y Airan Berry (abajo) tras su captura en Venezuela

Uno de los capturados es Josnars Adolfo Baduel, hijo de un exministro de Defensa venezolano enviado a prisión bajo cargos de corrupción, quien ha estado en el centro de varios intentos de golpe de Estado. También fueron detenidos dos ciudadanos estadounidenses, Luke Denman, 34, y Airan Berry, 41, identificados como exsoldados de fuerzas especiales de EE.UU. Baduel les dijo a las autoridades venezolanas que ambos estadounidenses le dijeron que habían trabajado en seguridad para el presidente Donald Trump.

Los oficiales venezolanos han mostrado a la prensa los pasaportes e identificaciones militares de ambos estadounidenses detenidos, unto con fotografías de los armamentos capturados junto a los mercenarios. También han publicado videos de interrogaciones de Denman, quien dijo que su misión era tomar control del aeropuerto de Caracas a fin de recibir aviones que llevarían a cabo la rendición del presidente venezolano Maduro a EE.UU. Cuando le preguntaron quién dirigía la operación, respondió, “el presidente Donald Trump”.

En el centro de la operación estuvo Jordan Goudreau, un ex boina verde y veterano de las guerras en Irán y Afganistán. Dirige una firma de seguridad privada basada en Florida, llamada SilverCorp USA. Según su versión, Goudreau fue introducido a la derecha venezolana y sus planes de un golpe de Estado apoyado por EE.UU. por Keith Schiller, el guardaespaldas de Trump por mucho tiempo y exdirector de operaciones de la Oficina Oval presidencial. Han aparecido videos de Goudreau trabajando la seguridad en mítines de Trump.

Los lazos del contratista militar con la inteligencia estadounidense y la derecha venezolana fueron revelados cuando lo contrataron en febrero de 2019 para la seguridad de un concierto pagado por el milmillonario británico Richard Branson en la frontera de Colombia con Venezuela, como parte de una operación fallida de la CIA para introducir convoyes falsos de ayuda humanitaria como un caballo de Troya en Venezuela.

Goudreau ha aceptado públicamente la responsabilidad de la última operación, afirmando que sigue en marcha y que su objetivo es “derrocar el Gobierno de Maduro”. Afirmó que, pese al completo fracaso de la invasión marítima, otros elementos siguen activos en Venezuela y “comenzarán ataques a objetivos tácticos”, en otras palabras, lanzarán una ola de terrorismo.

Además, Goudreau confirmó la validez de un contrato publicado en línea, firmado por él y Juan Guaidó, el don nadie político de derecha que se autoproclamó “presidente interino” de Venezuela en enero del año pasado y que recibió instantáneamente la bendición de Washington y sus aliados como “Gobierno legítimo” de Venezuela.

Una conversación grabada en inglés entre Guaidó y Goudreau también fue publicada en la que el títere de EE.UU. acuerda pagarle $213 millones al contratista de seguridad estadounidense para llevar a cabo la intervención armada, garantizando su pago con los recursos petroleros robados de Venezuela por el Gobierno estadounidense.

Goudreau alegó que Guaidó no realizó los pagos prometidos. No obstante, independientemente del acuerdo exacto, queda claro que alguien le pagó para que organizara un ejército mercenario y lo desplegara en las costas venezolanas. Si fue el títere o el titiritero no hace mucha diferencia.

Si Guaidó, quien intentó provocar un golpe militar hace poco más de un año, no está en la cárcel, es porque el régimen burgués “bolivariano socialista” de Maduro todavía lo ve como un posible intermediario con el imperialismo estadounidense y la oligarquía tradicional para alcanzar algún acuerdo que salve el capitalismo venezolano y prevenga una explosión revolucionaria desde abajo.

Cuando le preguntaron sobre el intento de una invasión marítima de Venezuela, Trump afirmó que no sabía nada al respecto y que “no tiene nada que ver con nuestro Gobierno”.

El secretario de Estado de EE.UU., Mike Pompeo respondió de forma más ambigua en una rueda de prensa el miércoles en el Departamento de Estado. Declaró: “No hubo ninguna participación directa del Gobierno estadounidense en esta operación”. Dijo que “no estamos preparados para compartir más información sobre lo que sabemos que ocurrió”.

En lo que respecta a los dos mercenarios estadounidenses, Pompeo declaró que Washington “utilizará toda herramienta a su disposición para intentar rescatarlos”.

El secretario no indicó cuáles criterios existen para exigir su retorno. ¿Existe la mínima duda de que un par de extranjeros atrapados invadiendo EE.UU. con el objetivo de secuestrar o matar a Donald Trump no serían sentenciados a cadenas perpetuas o algo peor bajo cargos de terrorismo?

Las incursiones armadas se producen en el contexto de la campaña de “máxima presión” que consiste en sanciones devastadoras contra Venezuela y que equivalen a un estado de guerra. Un embargo efectivo contra el país ha cortado sus exportaciones de petróleo y le ha prevenido importar medicamentos y bienes médicos vitales, causando decenas de miles de muertes incluso antes de la pandemia de coronavirus. Desde el brote, el imperialismo estadounidense tan solo ha intensificado las sanciones, intentando utilizar la enfermedad y las muertes como un arma más en someter a la población venezolana y completar el cambio de régimen.

Aún cuando aumenta la cifra de muertes en EE.UU. y colapsa la economía, Trump ordenó el despliegue de una fuerza naval en las costas caribeñas venezolanas bajo el pretexto de combatir el tráfico de drogas, a pesar de que la gran mayoría de las drogas que llegan a EE.UU. son enviadas por Colombia y el océano pacífico, a través de Centroamérica y con la protección de los aliados derechistas de Washington en Bogotá, Tegucigalpa y Ciudad de Guatemala. Los destructores y buques de combate costero enviados en la operación no están diseñados para atrapar traficantes de drogas.

Los eventos sórdidos en las costas venezolanas recuerdan los capítulos más oscuros de la larga historia de agresiones militares, explotación semicolonial y represión de Estados policiales en América Latina por parte del imperialismo estadounidense. En las previas intervenciones imperialistas de EE.UU. que fracasaron, incluyendo la nefasta invasión de la bahía de Cochinos en Cuba de 1961, los oficiales de Washington también negaron categóricamente la participación de EE.UU. al principio. Asimismo, en la operación ilegal para financiar la guerra terrorista de los “Contras” contra Nicaragua en los años ochenta, Washington siguió negándolo hasta que el contratista de la CIA, Eugene Hasenfus, fue abatido cuando transportaba armas a los mercenarios Contras por aire.

Tanto la bahía de Cochinos y el llamado “asunto Irán-Contra” desencadenó importantes crisis políticas en Washington y un meticuloso escrutinio por parte de la prensa estadounidense. Sin embargo, los reportes de la invasión fallida y orquestada por EE.UU. de Venezuela han sido casi ignorados por la prensa corporativa y no han provocado ni una crítica de la supuesta oposición a Trump en el Partido Demócrata. Desde Biden a Sanders, se han alineado detrás de la operación de cambio de régimen en Venezuela.

Esta operación, a instancias de la oligarquía estadounidense, pretende establecer un control irrestricto a manos de los conglomerados energéticos estadounidenses sobre los yacimientos petroleros del país, los más grandes del planeta, así como expulsar la influencia cada vez mayor de China y Rusia en Venezuela y América Latina en general, vista desde hace mucho por el imperialismo estadounidense como su “patrio trasero”.

En medio de la pandemia mundial de coronavirus que amenaza millones de vidas, el imperialismo estadounidense está persiguiendo sus intereses predatorios a través de agresiones militares, amenazando con desatar otra guerra mundial que cobraría miles de millones de vidas.

Solo la clase obrera, unida por encima de las fronteras nacionales en una lucha común por acabar con el capitalismo y el imperialismo, puede ofrecer una alternativa a las serias amenazas existentes para la supervivencia de la humanidad.

(Publicado originalmente en inglés el 7 de mayo de 2020)

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Bill Van Auken