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Perspectiva

La pandemia de coronavirus repunta en todo el mundo

Al propagarse las nuevas variantes del virus SARS-CoV-2, particularmente aquellas originadas en Reino Unido, Brasil y Sudáfrica, los casos reportados del coronavirus han vuelto a repuntar.

Desde el 20 de febrero, los nuevos casos diarios a nivel global han aumentado paulatinamente un 17 por ciento, desde 361.000 casos a más de 422.000 casos hoy día.

Un grupo de trabajadores cargan los ataúdes que contenían los restos de víctimas de COVID-19 en un camión de una empresa que se especializa en desechos orgánicos, cementerio La Recolecta, Santiago, Chile (AP Photo/Esteban Félix, archivo)

El aumento está siendo alimentado por países de todo el mundo. Actualmente, se reportan más de 22.000 nuevos casos diarios en India (un aumento de 80 por ciento), casi 25.000 en Francia (un aumento de 24 por ciento) y 22.000 en Italia (un aumento de 83 por ciento). El principal impulso de la nueva ola de casos proviene de Brasil, donde hay al menos 66.000 nuevos casos diarios (un aumento de 36 por ciento) y sigue subiendo.

El total de casos global supera los 120 millones, con más de 2.660.000 muertes.

Muchos otros países también han experimentado un aumento constante, y en algunos casos brusco, como Chile, la República Checa, Etiopía, Alemania, Irán, Paraguay, Polonia y Filipinas. Y en Estados Unidos, donde el descenso de los casos se ha estabilizado en gran medida, se siguen reportando en promedio más de 55.000 nuevos casos cada día.

Todo indica que esta nueva oleada, si se permite que continúe, será la peor. La ola anterior fue propiciada por la reapertura relativamente limitada de escuelas y lugares de trabajo, lo que hizo que el número de nuevos casos diarios pasara de menos de 300.000 a principios de octubre a 745.000 a principios de enero. A nivel mundial, más de 900.000 personas murieron durante ese período de tres meses.

La miseria social producida por esta situación es asombrosa. Bloomberg informó recientemente que la pandemia sumió a 30 millones de personas en África en la pobreza extrema en 2020, viviendo con menos de 1,90 dólares al día, y se estima que 39 millones de personas caerán igualmente en la indigencia en 2021. Naciones Unidas informa que la pobreza en América Latina aumentó en 22 millones de personas en 2020. El número de “nuevos pobres” en Asia Oriental y el Pacífico aumentó en al menos 38 millones.

A nivel mundial, el Banco Mundial estima que entre 119 y 124 millones de personas se han empobrecido hasta ahora por la pandemia de coronavirus.

“Después de la Segunda Guerra Mundial, el mundo vivió un trauma masivo, porque la Segunda Guerra Mundial afectó a muchísimas vidas. Y ahora, incluso con esta pandemia de COVID, de mayor magnitud, se han visto afectadas más vidas”, dijo el viernes en una conferencia de prensa el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus. “Casi todo el mundo está afectado, todos y cada uno de los individuos de la superficie del mundo se han visto realmente afectados”.

Ahora, con un número de casos superior al que había al principio de la última oleada, el Gobierno de Biden está liderando un retorno aún más completo a las clases presenciales y al trabajo. Los países de Europa, América del Sur, Asia y otros lugares están siguiendo su ejemplo, induciendo de hecho una expansión aún mayor de la pandemia. Las reaperturas en curso en los Estados Unidos y en todo el mundo están preparando el escenario para alcanzar niveles aún mayores de muerte masiva.

La excusa que se le está dando al público estadounidense y mundial es que es seguro proceder así porque la distribución de la vacuna continúa a buen ritmo.

La verdad es todo lo contrario. Incluso en Estados Unidos, que tiene una de las tasas de vacunación más altas, solo un 10 por ciento de la población está totalmente vacunada, lo que significa que la mayoría de la población sigue siendo susceptible al virus mortal.

Además, el propio reparto se ha caracterizado por “muchos ejemplos de nacionalismo y acaparamiento de vacunas”, según el secretario general de la ONU, Antonio Gutierres. El Gobierno de Biden ha admitido abiertamente haber acaparado dosis de la vacuna, incluso unos 10 millones de dosis de la vacuna de AstraZeneca que la FDA todavía no ha autorizado. La propia empresa AstraZeneca solicitó el traslado de esas dosis a Europa, donde pueden ser utilizadas. La idea fue rechazada de plano, y el coordinador de la respuesta a la COVID-19 de Biden, Jeff Zients, proclamó el viernes: “Estamos acertadamente concentrados en vacunar a los estadounidenses lo antes posible”.

En otras palabras, Biden ha abrazado plenamente la política de “EE.UU. primero” de la Operación Warp Speed del expresidente Trump.

El nacionalismo en materia de vacunas también ha brotado con fuerza en Europa. La semana pasada, Italia bloqueó la exportación de 250.000 dosis de la vacuna de AstraZeneca a Australia. Las tensiones entre Reino Unido y la Unión Europea continuaron cuando el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, acusó a Londres de imponer una prohibición de exportación de las vacunas para el COVID-19.

Como resultado, aunque se han administrado más de 350 millones de dosis de la vacuna contra el coronavirus a nivel internacional, tres cuartas partes de ellas se han administrado en solo 10 países, incluyendo más de 100 millones solo en Estados Unidos. En cambio, menos del 5 por ciento de la población de Sudamérica ha recibido una sola dosis. En África, donde el número total de muertes acaba de superar los 100.000, menos de la mitad del 1 por ciento de la población ha sido vacunada.

Esta distribución desigual tiene el potencial de impulsar la pandemia. Como señaló recientemente el Dr. Tedros, “la distribución desigual de las vacunas sigue siendo la mayor amenaza para acabar con la pandemia e impulsar una recuperación mundial”, porque “cuanto más tiempo circule el virus, mayores serán las posibilidades de que surjan variantes que hagan que las vacunas sean menos eficaces”.

En otras palabras, no hay nada “acertado” ni mucho menos racional en acaparar millones de vacunas necesarias para salvar vidas en medio de una pandemia. Cada dosis que no se utiliza es una oportunidad perdida para detener un contagio y salvar otra vida. También es una oportunidad más para que el virus mute, aumentando las posibilidades de que surja una variante completamente inmune a las vacunas, volviendo a desencadenar toda la pandemia. El Dr. Tedros condenó apropiadamente esta situación cuando señaló: “Esto pone en riesgo vidas en todo el mundo”.

El Dr. Michael Osterholm, experto en enfermedades infecciosas de la Universidad de Minnesota, hizo comentarios similares en un artículo reciente titulado “Las variantes de COVID-19 y el peligro de la desigualdad en las vacunas”. En él, escribe,

Ni Estados Unidos ni ninguna otra potencia mundial puede vencer una pandemia pensando en términos nacionales. Las vacunas contra el COVID-19 son ahora un componente central de la seguridad nacional y la defensa de Estados Unidos. Pero a diferencia de otras esferas de la defensa, ésta implica proteger –no combatir— a los extranjeros. Como señaló el poeta John Donne hace siglos, “Ningún hombre es una isla, completamente por sí mismo; cada hombre es parte de un continente, una parte del conjunto”. Esto nunca ha sido más cierto que durante la actual plaga mundial. Si la campana sigue sonando, lo hará para todos nosotros.

Sin embargo, como se ha demostrado en el último año, los llamamientos a la clase dirigente caen en saco roto. Ni el Gobierno de Trump ni el de Biden, ni sus homólogos a nivel internacional, son capaces, ni mucho menos están interesados, en compartir la vacuna. Las reservas se ven como activos estratégicos que pueden utilizar contra sus rivales geopolíticos, no como una medicina para salvar vidas.

Como escribe David North en su ensayo “Capitalismo vs. socialismo: la pandemia y la lucha de clases global”:

El programa capitalista promueve una política de nacionalismo para la vacunación, restringiendo y oponiéndose a la distribución igualitaria de las vacunas en todo el mundo.

El programa socialista, reconociendo que el coronavirus solo puede ser erradicado por medio de una estrategia científicamente dirigida e internacional, aboga por un programa de vacunación coordinado globalmente.

No puede haber una solución nacional a la pandemia. El sistema social ligado a la existencia de los Estados nación, el capitalismo, debe ser abolido y sustituido por una sociedad socialista basada en la planificación democrática y científica de los recursos del mundo, donde se antepongan las vidas humanas a las ganancias privadas.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 15 de marzo de 2021)

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