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Candidato presidencial pseudoizquierdista Gabriel Boric interviene para acabar huelga de 83 días en Chile

Una serie de tendencias de pseudoizquierda están promoviendo un acuerdo urdido entre los sindicatos chilenos, la izquierda parlamentaria y la cadena multinacional de tiendas propiedad de la multimillonaria familia Solari como una victoria histórica y sin precedentes. No es nada semejante.

Unos 189 trabajadores de supermercados de la región minera de Atacama, en el norte del país, se declararon en huelga el 7 de junio, tras la ruptura de las negociaciones con la cadena de supermercados 'Tottus' a principios de marzo. A mediados de agosto, por pura desesperación, varios trabajadores iniciaron una huelga de hambre después de que sus demandas de mejoras básicas mínimas, condiciones de seguridad y pequeños aumentos salariales fueran dejadas de lado e ignoradas durante meses.

Estos trabajadores están entre los más explotados. Con un salario de entre 260.000 (336 dólares) y 280.000 (362 dólares) al mes, los ingresos del personal, mayoritariamente femenino, ni siquiera alcanzan el salario mínimo del nivel de pobreza.

Sus demandas básicas incluían un aumento salarial del cuatro por ciento y un incremento de los bonos para comidas y transporte que elevaría los actuales 3.500 pesos (4,51 dólares) a 9.000 pesos (11,61 dólares), además de un pago único de 500.000 pesos (645 dólares) para cada trabajador para poner fin al conflicto.

La huelga, que duró 83 días, se detuvo cuando intervinieron el gobernador del Partido Socialista de Atacama, el ex demócrata cristiano y ahora diputado de la 'Federación Regionalista Verde Social' (FRVS) por Atacama, Jaime Mulet, y el candidato presidencial del estalinista-Frente Amplio, Gabriel Boríc.

Todos se autocomplacieron. El gobernador de Atacama, Miguel Vargas Correa, afirmó que 'se ha llegado a un buen acuerdo. Nosotros estamos muy contentos, muy orgullosos de haber contribuido con un granito de arena en este proceso. Hemos ayudado a que se llegue a un buen acuerdo que satisfaga los intereses de los trabajadores y trabajadoras, y que también recoja el parecer de la empresa'.

Elogió especialmente a la presidenta del sindicato, Priscilla Fernández, cuyo esfuerzo 'ha sido encomiable', al igual que 'las dirigentes de esta organización, que han llevado el nombre de los trabajadores y trabajadoras en la región de Atacama'.

La presidenta del sindicato, Priscilla Fernández, y el candidato presidencial del Frente Amplio, Gabriel Boric, dando una conferencia de prensa el 26 de agosto, un día antes de que la empresa llegue a un acuerdo (crédito: Crónica Digital)

La presidenta del sindicato, a su vez, felicitó al gobernador: 'Estoy orgullosa del Gobernador, una persona como él se merece dónde está, que se involucrara de la nada y tratara de solucionar y mediar, y llegar al corazón de la empresa. Él no quería a su gente sufriendo en la región, es admirable, muy admirable. No cualquiera lo hace'.

El Partido Comunista estalinista dijo que el acuerdo 'sin duda' representaba 'un precedente en la historia de la lucha sindical en Chile', mientras que los defensores más aduladores de la maniobra de la burocracia sindical fue un grupo seudoizquierdista conocido como el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST).

El MST es una de las tres organizaciones en Chile —las otras dos son el Partido de los Trabajadores Revolucionarios (PTR) y el Movimiento Internacional de los Trabajadores (MIT)— que se declaran falsamente trotskistas pero que en realidad se inspiran en la política sin principios y oportunista nacional del morenismo, una variante latinoamericana del pablismo. Esta tendencia política se ha caracterizado por su descarada glorificación del nacionalismo burgués y pequeñoburgués, del guerrillerismo y de las burocracias nacionales reformistas, por ejemplo, el aparato sindical, como camino hacia el socialismo. El morenismo ha buscado principalmente encorsetar a la clase obrera a estas instituciones probadas del capitalismo latinoamericano.

Bajo el tuit 'GRAN TRIUNFO DE HUELGA DE SINDICATO TOTTUS CIPIAPÓ (sic)/VALLENAR' el MST entró en éxtasis porque los dueños de la cadena de supermercados llegaron a un acuerdo, aceptaron las magras demandas y no despidieron a ningún trabajador.

'Esta tremenda victoria es producto de la heroica lucha del sindicato y de su presidenta Priscilla', pregonó. 'Saludamos este triunfo con el más profundo abrazo de lucha. ¡Grande sindicato Tottus Copiapó Vallenar! ¡Arriba lxs que luchan! ¡Sin movilización no hay cambios!'

Esta no fue una victoria de la clase obrera. Todo lo contrario. El verdadero precedente establecido en la disputa de Tottus fue la mayor integración del sindicato en el estado en medio del resurgimiento de la lucha de clases.

La cadena multinacional minorista Fababella, de la que Tottus es una filial, emplea a 96.000 trabajadores en Chile, Colombia, Perú, Uruguay, Brasil y México, por debajo de los 104.000 de 2019 y los 113.000 de 2017. El pasado mes de junio, la cadena cerró toda su operación en Argentina, destruyendo al menos 800 puestos de trabajo en la Capital Federal y en las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Rosario y San Juan, aunque no se ha dado a conocer la cifra total.

No obstante, el gigante minorista no cerró las puertas de sus otros cientos de grandes almacenes, depósitos de artículos para el hogar, cadenas de supermercados y oficinas bancarias durante la pandemia de coronavirus, a pesar de que varios de sus trabajadores súper explotados contrajeron y murieron de COVID-19.

Los trabajadores de Tottus (crédito: Resumen)

En sus resultados financieros consolidados del primer trimestre de 2021, Falabella informó de un aumento del 10,7% en los ingresos interanuales (de 3.100 millones de dólares en 2020 a 3.400 millones de dólares en 2021) y un aumento del 17,5% en los beneficios brutos (de 1.050 millones de dólares en 2020 a 1.240 millones de dólares en 2021). Falabella, con un valor bursátil de aproximadamente 19.500 millones de dólares, está controlada mayoritariamente por cinco familias con un patrimonio neto combinado de más de 10.000 millones de dólares.

Estas crudas cifras no sólo señalan el insuperable abismo social entre burgueses y proletarios, sino que también presentan a los trabajadores de Falabella todas las razones objetivas para unirse en todo el continente en una lucha común para exigir un entorno de trabajo seguro, equipos de protección adecuados, aumentos sustanciales de los salarios y mejores condiciones, y el fin de la pérdida de puestos de trabajo y el cierre de tiendas.

También sugiere la necesidad de recurrir a sectores de trabajadores en Chile y a nivel internacional que en los últimos meses han participado en acciones industriales para proteger vidas y mejorar las condiciones. Esto incluye a los mineros, los docentes, los trabajadores de la salud, los funcionarios públicos, los trabajadores de la industria automotriz y de autopartes, y otros trabajadores que enfrentan experiencias similares.

Sin embargo, la burocracia sindical hizo todo lo posible para mantener la disputa aislada del resto de la clase trabajadora mientras apelaba a los miembros del parlamento, a los constituyentes de la Convención Constitucional, a la directiva laboral y a otras autoridades estatales para que acudieran al rescate y ayudaran a cerrar la huelga.

La intervención del Estado se intensificó después de que tres trabajadores iniciaran una huelga de hambre por pura desesperación. Fernández, la presidenta del sindicato, solicitó el apoyo de toda una serie de funcionarios de la llamada 'izquierda', que utilizaron la plataforma por motivaciones puramente electorales. La directiva del sindicato se reunió primero con los integrantes del pacto Chile Digno, quienes en un comunicado afirmaron ser 'solidarios' con los huelguistas y apoyar 'enfáticamente' sus demandas, pero no se comprometieron a nada.

La dirigencia sindical también se reunió con el diputado del Frente Amplio y exdirigente estudiantil Gorgio Jackson —de Revolución Democrática (RD) y estrechamente alineado con el candidato de la seudoizquierda Gabriel Boric— y con el diputado regionalista de los Verdes Jaime Mulet, quien casualmente también hace campaña por Boric.

'Los trabajadores y trabajadoras hoy día son víctimas de una sociedad y de un modelo legal con relaciones laborales absolutamente injusto y concentrador de la riqueza, eso hay que cambiarlo', exhortó Mulet antes de enchufar la campaña de Boric. 'Estamos haciendo todo lo que podemos, lo que está a nuestro alcance, con el compromiso de llegar al gobierno con Boric, para hacer cambios fundamentales que hoy son absolutamente necesarios'.

Finalmente, el día anterior al acuerdo, los burócratas sindicales se reunieron con el propio Boric. Después de hacer la somera declaración de que los trabajadores 'piden dignidad elemental', dio una perorata de campaña prometiendo encabezar un gobierno de los trabajadores: 'Nuestro futuro gobierno va a estar con la demanda de las y los trabajadores y la legislación laboral tiene que ser en defensa justamente de quienes generan la riqueza en Chile, ese es nuestro compromiso hoy día.'

El fraude de que el acuerdo de Tottus fue una 'victoria sin precedentes' —como promueven los morenistas y los estalinistas— debe ser tratado con desprecio. Sin invalidar la valiente postura de los 189 trabajadores del supermercado Tottus, hay que decir con franqueza que el aparato sindical transformó la huelga en un truco de campaña electoral.

Y no es ése su peor delito. Durante los últimos 22 meses, los sindicatos corporativistas han demostrado su sumisión y lealtad a la dirección y al gobierno ayudando a mantener abierto el comercio minorista no esencial a pesar de la pandemia mundial, y no han hecho nada para oponerse a los despidos de miles de trabajadores.

Este ha sido el camino trillado de la izquierda parlamentaria, el Partido Comunista estalinista, el Frente Amplio y los sindicatos corporativistas, desde el regreso al gobierno civil. Han mantenido acuerdos tripartitos, trabajando simultáneamente con las empresas y con los pasados gobiernos de coalición de centro-izquierda, al igual que hoy han ayudado a la presidencia derechista de Sebastián Piñera.

En oposición a la política sin principios de los morenistas, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional llama a los trabajadores a romper con el aparato sindical corporativista, el estalinismo, el Frente Amplio y el resto de las organizaciones de pseudoizquierda que pretenden atarlos al Estado burgués. En su lugar, llama a los trabajadores a desarrollar organizaciones de base independientes, democráticas y combativas de trabajadores en las fábricas, escuelas y centros de trabajo, a escala internacional, como nuevos órganos de lucha.

Con este fin, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI), que publica el World Socialist Web Site, ha iniciado la construcción de la Alianza Obrera Internacional de Comités de Base.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 1 de septiembre de 2021)

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