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Alexandria Ocasio-Cortez culpa a los hombres y no a los Republicanos fascistas por la prohibición del aborto en Texas, encubriendo la inacción de los Demócratas

Alexandria Ocasio-Cortez en SXSW en 2019 (Fotografía: Flickr/nrkbeta)

El martes de la semana pasada, la congresista de Nueva York y miembro de los Socialistas Democráticos de América (DSA, por sus siglas en inglés) apareció en el programa de CNN “AC360” con Anderson Cooper. Uno de los temas de la discusión fue la prohibición del aborto reciente en Texas, que la Corte Suprema dejó tener efecto el 1º de septiembre.

La nueva ley estatal tejana impone la regla del “latido cardíaco del feto”, que efectivamente prohíbe el aborto después de aproximadamente seis semanas–antes de que muchas mujeres sepan estar embarazadas. La ley también autoriza que cualquier individuo demande a cualquier persona que es “cómplice” en un aborto, con la promesa de una recompensa monetaria de $10.000 si se mantiene la demanda.

La prohibición es un ataque salvaje a los derechos democráticos que abiertamente viola la decisión de la Corte Suprema del 1973 Roe contra Wade que la elección de una mujer de abortar se protegía por la Constitución.

Durante el programa de CNN el martes pasado, Cooper pidió que Ocasio-Cortez respondiese a los comentarios recientes del gobernador Republicano Gregg Abbott. En el videoclip que Cooper reprodujo, Abbott prometió “eliminar a todos los violadores del estado de Texas” para que ninguna mujer tendría que abortar a causa de la violación.

En su reacción, Ocasio-Cortez dijo que creía que los comentarios eran “asquerosos” y que ella lamentó el hecho de tener que “explicar lo básico de la biología en la televisión nacional”. Ocasio-Cortez señaló que “seis semanas… para una persona con un ciclo menstrual” significaba estar “tarde por dos semanas”. Por eso, añadió, “una no tiene seis semanas”.

La congresista pasó el resto del programa encubriendo o enterrando la cuestión política central involucrada en la prohibición del aborto y generalmente adaptándose a los intereses del establecimiento del Partido Demócrata.

Ocasio-Cortez se concentró en presentar la cuestión exclusivamente en términos del género, culpando a “hombres cisgéneros” por el asalto al derecho al aborto. La congresista se refirió con aprobación a la campaña #YoTambién y se enfocó la discusión en “la cultura de la violación y la cultura misógina”.

“Esto se trata”, notó, “de controlar a los cuerpos de mujeres. Se trata de asegurar que alguien como yo, una mujer o cualquier persona que menstrúe no pueda hacer elecciones sobre su propio cuerpo”.

La congresista argumentó que “la violación se trata del abuso del poder y el asalto sexual se trata de controlar a otra persona. Y la facilidad con la que estos hombres hacen eso a otras personas es atroz. Es moralmente reprensible, y ni siquiera pueden empezar a entender las decisiones dolorosas que unas personas tienen que hacer, incluido en casos del aborto natural, la violación y el incesto”.

Se debe comentar un poco sobre las observaciones de Ocasio-Cortez.

Primero, el aspecto más significante de su aparición es la serie de cuestiones políticas que consiguió evitar. En ningún momento se refirió a la decisión Roe contra Wade. No dijo nada sobre el papel reaccionario de la Corte Suprema en denegar un mandamiento judicial contra la prohibición y las implicaciones políticas de este ataque sin precedentes a los derechos democráticos. De hecho, ella no dice la frase “derechos democráticos” en ningún momento de su discurso. Jamás se refirió al carácter cada vez más fascistizante del Partido Republicano.

Siguiendo la línea oficial del Partido Demócrata, Ocasio-Cortez no llamó por una ley que codificaría a Roe contra Wade, que requeriría anular el filibustero en el senado. Demasiados senadores Demócratas apoyan el filibustero–o se oponen al derecho al aborto–para que sea posible. Ella no criticó la inacción del Partido Demócrata y, por supuesto, nunca mencionó el retiro que ha durado décadas de los Demócratas sobre el aborto y otros derechos fundamentales.

La duración considerable de sus comentarios sobre el aborto en casos de aborto que se basan en la violación es particularmente notable, en vista de que menos de un porciento de mujeres consiguen un aborto a causa de la violación. Esto fue una concesión política al frenesí ultraderechista de ley y orden, representando el aborto enteramente en el contexto de delitos violentos. No dijo nada sobre los derechos de la vasta mayoría de mujeres que elige conseguir el aborto a causa de problemas de salud, problemas económicos o simplemente porque no quieren tener hijos o no están listas para eso.

Se debe entender también que la ley tejana no impacta igualmente a “todas las mujeres” o “toda la gente que menstrúe” como plantea Ocasio-Cortez. Una mujer acomodada que quiere un aborto lo puede conseguir con una facilidad relativa, al pagar el precio correcto o viajar a otro estado.

El enfoque de Ocasio-Cortez en el asalto sexual y cuestiones de género es una decisión política bien calculada. El establecimiento del Partido Demócrata tiene en cuenta que el derecho al aborto es un tema explosivo que tiene el apoyo de estratos vastos de la población. La medida ultraderechista de Texas viene en el medio de un giro agudo por secciones del Partido Republicano hacia formas de gobierno más directamente autoritarias, algo que toma lugar solo meses después de una intentona golpista en Washington.

Ocasio-Cortez hizo unos comentarios severos sobre Abbott, un personaje que sin duda es repugnante, pero no dijo nada sobre los elementos de la política fascistizante por quienes habla. Lo último que los líderes del Partido Demócrata quieren es que el verdadero contenido democrático y político salga a la luz del día. Revelar a las fuerzas políticas involucradas en esta campaña expondría la mentira de que las amenazas ligadas a la ascensión de Trump –es decir, del fascismo y la dictadura– desaparecieran cuando él salió de oficina. Los Demócratas, formando una parte de la élite gobernante, temen más a la comprensión de la población de los peligros, algo que le proveería el ímpetu para movilizarse, que temen a las conspiraciones derechistas de Abbott.

Todas las condiciones que llevaron a la ascensión de Trump y su golpe del 6 de enero persisten en la sociedad estadounidense. La campaña para abrogar el derecho al aborto, con la complicidad de la Corte Supreme, debe ser considerada una advertencia seria: ningunos de los derechos democráticos, sin embargo sean fundamentales, están seguros en los Estados Unidos capitalista.

Los Demócratas se confían en personajes como Ocasio-Cortez para encubrir desde la “izquierda” su cobardía y complicidad. La estrategia es hacer que la conversación se concentre de forma restringida en el género, crear toda la confusión posible y ocultar las cuestiones de clase ardientes. Éste ha sido el contenido esencial de la campaña del Partido Demócrata sobre “cuestiones femeninas” desde hace años.

La respuesta patética de los promotores más apasionados de la campaña #YoTambién a la prohibición del aborto tejano claramente confirma este análisis.

A la altura de la campaña #YoTambién, recursos enormes se usaban para remover a hombres de posiciones altas del gobierno, los medios de comunicación y la vida cultural, basado en acusaciones no demostradas. Durante varios meses, los periódicos y las revistas renombrados recontaban cada acusación detalladamente. En un momento, el New York Times publicó un artículo de dos páginas gozando de la caída de los varios hombres bajados durante la caza de brujas de mala conducta sexual.

¿Dónde están todos estos luchadores por los derechos femeninos ahora? ¿Dónde está la cobertura saturada en el Times que identifica a los personajes políticos de mayor importancia que llevan a cabo la campaña reaccionaria al derecho al aborto y que expone sus objetivos?

Solo una pequeña fracción del tiempo y dinero gastado durante los cuatro años de la campaña #YoTambién está asignada a la lucha contra la prohibición viciosa en Texas y por defender la decisión Roe contra Wade. De hecho, las mujeres de la clase media alta –ejecutivas corporativas, personalidades de los medios, académicas, actoras de Hollywood– que fuertemente y con entusiasmo apoyaron cada difamación contra “hombres poderosos”, es decir, sus rivales para las posiciones y los ingresos, han respondido a la ley de Abbott con un bostezo colectivo y conspicuo. En las condiciones y el sufrimiento de la clase obrera y mujeres jóvenes, no tienen el menor interés.

Por la parte del Partido Demócrata, la sumisión de su representante “izquierdista” Ocasio-Cortez al establecimiento político en esta cuestión revela, de una manera evidente, que este partido controlado por las corporaciones es incapaz de ofrecer una resistencia seria a los ataques crecientes contra los derechos democráticos de la clase obrera. Por el contrario, son cómplices de tales asaltos.

La lucha por defender el derecho al aborto, así como todos los derechos democráticos, es una existencial para la clase obrera. Requiere una lucha total y determinada. Sin embargo, no se puede dar ni un paso adelante sin romper con los dos partidos capitalistas. La clase trabajadora tiene que organizar independientemente, en una lucha contra el Partido Demócrata y el sistema de dos partidos, basada en una perspectiva revolucionaria y socialista.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 10 de septiembre de 2021)

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