En la tercera semana de huelga, 1.400 trabajadores trabajadores de cereales de Kellogg’s en EE.UU. continúan su lucha contra el odiado sistema de dos niveles salariales y el horario inhumano y obligatorio de 16 de horas. Los trabajadores de Kellogg han trabajado a lo largo de la pandemia. Clasificados como “trabajadores esenciales” han arriesgado su salud por las ganancias privadas.
Los trabajadores de cuatro plantas en EE.UU. están exigiendo aumentos salariales que se mantengan con la inflación, un final a los brutales horarios laborales que los fuerzan a trabajar por varias semanas sin descanso, y un final al sistema odiado de dos niveles salariales.
Los trabajadores en huelga en las instalaciones de Kellogg en Battle Creek, Míchigan, hablaron con el World Socialist Web Site y describieron las condiciones que enfrentan.
Un trabajador de mayor antigüedad comentó el impacto de la pandemia. “Un cuarto de los trabajadores aquí tuvo COVID. Nos dieron trozos de papel en caso de que la policía te detuviera. Decía, ‘trabajador esencial’. ¡Ahora otra vez no somos nada! Te tragas tus $11,6 millones y somos basura nuevamente. Tan solo nos dieron dos cheques de bonificación de $500 antes de impuestos”.
Steven Cahillane, CEO de Kellogg’s recibió un sueldo total de $11,6 millones en 2020, mientras los trabajadores se vieron obligados a trabajar los siete días de la semana. El trabajador continuó: “el nuevo director ejecutivo gana 11,6 millones, duplicando su dinero, mientras nos esclavizan durante toda la pandemia. Necesitan ser más humildes. Estos directores ejecutivos nunca están aquí”.
“[El contrato actual] permite horarios obligatorios de siete días a la semana, pero podrían obligarte los 465 días si quisieran. No somos [una empresa de] 40 horas semanales; trabajamos siete días obligatorios”. Los trabajadores se refirieron a un compañero de trabajo que calculó que el total de horas trabajadas por año en la planta equivalía a 8 horas diarias por 365 días en un año. “No todo son duraznos y crema como les muestra la televisión”.
“Nos cubrimos unos a otros si alguien ocupa irse. La única forma de conseguir un día libre es cubrir dos turnos”. Los trabajadores describieron cómo la empresa los obliga a llegar incluso en días libres programados. La empresa también los mantiene como rehenes al final del turno. “Al terminar el turno, cuando faltan 10 minutos, los supervisores intentan obligarte a trabajar horas extra. A veces apagarían el identificador de credenciales en la puerta para prevenir que te vayas.
“Intentaron decirnos que, después de 16 horas nos enviarían un taxi. Bueno, lastimosamente Battle Creek no tiene taxis. Hay gente que vive a 25-30 minutos de distancia, me sorprende que no haya habido accidentes”. A pesar de la regla en contra de un mandato, los trabajadores se ven obligados a trabajar más de un turno de 16 horas a la semana. “Tiene la opción de no aceptar las horas extra obligatorias. Si sigues intentando irte, acumulas puntos en tu contra”.
Los trabajadores describieron la falta de funcionalidad dentro de la planta. “El equipo es más viejo que yo. Tenemos que robar partes de otras áreas. La gerencia nos dirá que tenemos que ahorrar en el presupuesto para obtener nuestros bonos. Así que tenemos que hallar nuestras propias herramientas y partes cuando los tamaños de los empaques cambian. Por esa misma razón, no actualizan los sistemas [de computadora]. A veces se pierde una tanda sin ningún registro de dónde está. La seguridad es una cuestión importante; los dedos quedan prensados en las máquinas de la línea de empaque. Después de las horas extra te sientes como un zombi. Solo quieren un cuerpo”.
Un compañero en el piquete de huelga habló sobre los problemas del contrato. “No se habló de nada en el contrato. Estoy listo para acabar el proceso, [pero] no voy a aceptar migajas de bobo. Estamos aquí luchando por algo”. Los trabajadores se oponen a los niveles salariales que puso a disposición el sindicato Bakery, Confectionary, Tobacco Workers and Grain Millers’ International Union (BCTGM). “Los trabajadores con antigüedad no van a perder nada; estamos aquí luchando por los trabajadores más jóvenes. No es fácil cuando tienes hijos en casa. En una entrevista nos dijeron que trabajamos 56 horas por semana. Luego le dicen al mundo que lo hacemos de manera voluntaria”.
La planta de Battle Creek tenía más de 4.000 trabajadores. Tras décadas de desindustrialización, las plantas tienen menos de 320 trabajadores. Al igual que en otras plantas de fabricación, se ha recurrido a trabajadores tercerizados para eliminar las prestaciones a largo plazo y el seguro médico de los trabajadores a tiempo completo.
Ha habido ciclos de directores generales a lo largo de las décadas, que “chupan los beneficios y se van”. Un trabajador de segunda generación habló de los cambios en las condiciones de vida de los trabajadores. “Mi padre nunca dijo nada sobre el dinero, siempre sobre las prestaciones y el seguro médico. Siempre puedes vivir dentro de tus medios, pero ahora, sin prestaciones ni pensión, una factura médica puede acabar con la gente”.
Los trabajadores hablaron sobre el contrato de cinco años. “Una cosa que me irrita es que el contrato es de cinco años. Yo soy del nivel uno, el nivel dos no cobra como nosotros. Ellos tardan siete años en llegar a donde estamos nosotros. Es injusto: siete años para un sueldo máximo cuando el contrato es solo de cinco. Trabajan junto a nosotros”.
El sindicato BCTGM no solo permitió que se mantuvieran los niveles salariales en los contratos anteriores, sino que permitió que Kellogg's trajera esquiroles. Dedicándose a sabotear la lucha en Kellogg's, el presidente de un local del BCTGM en Omaha informó que 100 trabajadores siderúrgicos, de la construcción y electricistas que son miembros del sindicato Building and Construction Trades Council (BCTC) comenzarían a trabajar dentro de la planta de Kellogg. Esto no es algo aislado en Omaha; los trabajadores de Battle Creek informaron que vieron autobuses llenos de trabajadores enviados a los hoteles locales.
“Kellogg's reservó todo el hotel. He visto más autobuses en el Red Roof Inn. Alguien trató de conseguir habitaciones de hotel pero dijeron que no hay vacantes. Sacaron gente de todas partes y la trajeron a Battle Creek”.
Esta acción se suma a la complicidad del sindicato y de la empresa para atacar el nivel de vida de los trabajadores. Desde hace años hay recortes de puestos de trabajo. El pasado mes de septiembre, Kellogg anunció el recorte de 212 puestos de trabajo, la mayoría de los cuales eran trabajadores de la fábrica. Los trabajadores expresaron su oposición a esta y otras acciones anteriores del sindicato. “En el Día del Trabajo de los últimos cuatro años han anunciado el recorte de más de 200 puestos de trabajo”, declaró un trabajador de la empresa. “Si tienen dinero para traer a los trabajadores de fuera en autobús y alojarlos en un hotel, que nos lo den a los trabajadores”.
“En el último contrato, el BCTGM Internacional dijo que esto es lo 'mejor que van a conseguir'. Lo sacamos a toda prisa de la sala. Todos sabíamos que tenía un arreglo con Kellogg, y lo rechazamos”. El mes pasado, el BCTGM aprobó un contrato desfavorable para 1.000 trabajadores de Nabisco en huelga. Aunque fue celebrado por los apéndices del Partido Demócrata, los detalles del contrato no se dieron a conocer. Los detalles salieron más tarde mostrando un miserable aumento salarial de 0,60 dólares por hora al año, muy por debajo de la tasa de inflación. El acuerdo incluía una bonificación de 5.000 dólares para convencer a los trabajadores a que se tragaran esa píldora venenosa.
Los trabajadores de la producción se sintieron alentados por el auge internacional de huelgas que se está llevando a cabo. Uno de ellos habló de la huelga de 150.000 trabajadores metalúrgicos en Sudáfrica. “¡Lo leí aquí! Por fin la gente está harta. Ahora tienen influencia; las empresas dan mejoras porque no encuentran trabajadores. Te enfurece, te sientes como si fueras el dueño de esas cosas, aunque sean propiedad de Kellogg; estamos ahí todo el tiempo”.
Un trabajador de la empresa apoyó el aumento de luchas obreras: “Ya es hora de que se escuche a los trabajadores estadounidenses. Hacemos los productos, pero perdemos tiempo para nuestra familia. No podría decir cuántas vacaciones me perdí en mis primeros seis años aquí. No pude pasarlas con mis hijos”. Hablando del director general dijo: “sin nosotros no va a recibir su bono”.
Los trabajadores de Kellogg están en una posición poderosa. En un punto de inflexión en la lucha de clases, los trabajadores están rechazando abrumadoramente los contratos respaldados por los sindicatos por un 90 por ciento o más. Hay una inmensa determinación por parte de los trabajadores para recuperar los salarios y niveles de vida más altos que no se han visto en décadas.
Los trabajadores de Kellogg deben reconocer que forman parte de una clase obrera global y deben vincular conscientemente su lucha con la de los trabajadores de todo EE.UU. y a nivel internacional. Kellogg y otras empresas tienen una estrategia global, y los trabajadores necesitan su propia estrategia internacional. Para ello deben construir comités de base independientes del BCTGM propatronal y nacionalista. Los trabajadores deben plantear una lista de sus propias demandas, basadas en sus necesidades reales, no en lo que Kellogg y el BCTGM dicen que pueden pagar o aceptar. Los trabajadores interesados en saber más deben ponerse en contacto con el World Socialist Web Site.
(Publicado originalmente en inglés el 24 de octubre de 2021)
