Español

Peril de Woodward y Costa: Un informe desde adentro del golpe de Estado de Trump

Peril [Peligro], el libro reciente por periodistas Bob Woodward y Robert Costa, narra el esfuerzo sistemático de meses por expresidente Donald Trump para derrocar la Constitución estadounidense y establecer una dictadura fascista, culminando en la intentona golpista del 6 de enero.

Basado en entrevistas con funcionarios de alto nivel de la administración Trump, del ejército y del Congreso, Peril constituye una emisión controlada semioficial de información sobre los eventos desde abril de 2020 hasta enero de 2021.

En esta foto de archivo del 1 de junio de 2020, el presidente Donald Trump deja la Casa Blanca para visitar la iglesia St. John en Washington. Le siguen de izquierda a derecha, el fiscal general William Barr, el secretario de Defensa, Mark Esper, y el general Mark Milley, presidente del Estado Mayor Conjunto (AP Photo/Patrick Semansky, archivo)

Como reportero del Washington Post, Woodward ayudó en exponer la conspiración de Watergate que llevó a la resignación de presidente Richard Nixon en 1974. A partir de ese momento, ha hecho su carrera a través de acceso virtualmente sin límite a los niveles más altos del Estado para publicar informes desde adentro sobre la Casa Blanca bajo varias administraciones. Robert Costa es periodista investigador con el Washington Post.

Muchos de los personajes principales en el libro, incluido jefe del Estado Mayor Conjunto Mark Milley y exsecretario de Defensa Mark Esper, estaban profundamente involucrados en los ataques de Trump contra los derechos democráticos, repitiendo el lenguaje del dictador en potencia sobre “dominando las calles” en respuesta a las protestas contra la violencia policial y acompañándolo en su demostración de fuerza del 1º de junio en Lafayette Square.

La propia complicidad de estos funcionarios en las acciones no constitucionales de Trump, sin embargo, hace más condenatorias sus afirmaciones categóricas de que Trump activamente se esforzaba para establecer una dictadura presidencial en Estados Unidos.

Según Peril,

Milley creyó que el 6 de enero era un ataque planeado, coordinado y sincronizado al mismo corazón de la democracia estadounidense, diseñado para derrocar el gobierno y prevenir la certificación constitucional de unas elecciones legítimas en las que Biden había ganado.

Sí era una intentona golpista y nada menos que “traición”, dijo él, y Trump quizá todavía esté buscando lo que Milley llamó un “momento de Reichstag”. En 1933, Adolf Hitler había solidificado el poder absoluto para sí mismo y el Partido Nazi entre terror en las calles y la quema del edificio parlamentario, el Reichstag.

Otra sección del libro describe cómo, según Milley, Trump buscaba usar las fuerzas del Estado para solidificar su dictadura.

Milley recordó vívidamente una declaración que Trump había hecho a Breitbart News el marzo de 2019: “Puedo decirte que tengo el apoyo de la policía, el apoyo del ejército, el apoyo de motociclistas por Trump. Tengo todas las personas fuertes, pero ellos no se esfuerzan fuertemente hasta que alcancen cierto punto, y luego sería muy mal, muy mal”.

Pareció ser una advertencia. Según pensaba Milley, la policía, el FBI, la CIA y las otras agencias de inteligencia eran los ministerios del poder. Esos centros de poder a menudo habían sido las herramientas empleadas por déspotas.

Más tarde, Milley describe las fuerzas movilizadas el 6 de enero:

Unos eran los nuevos hombres de uniforme marrón, una versión estadounidense, concluyó Milley, del ámbito paramilitar del Partido Nazi que apoyaba a Hitler. Fue una revolución planeada. La visión de Steve Bannon hecha realidad. Que todo se caiga, estalle, arda, y emerjamos con el poder.

A este respecto, el jefe del Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes Adam Smith le dijo a Milley, “El gran temor era que él usaría el Pentágono y el Departamento de Defensa para llevar a cabo un golpe de Estado”. Smith añadió, “Mi temor con Trump siempre era que iba a lograr una toma del poder fascista del país”.

¿Cuáles son los motivos de Milley en hacer estas declaraciones? Sin duda, en un nivel individuo, hay un esfuerzo de salvar su reputación como el hombre que caminaba en uniforme detrás del dictador en potencia mientras ése decía a la policía que atacasen a manifestantes pacíficos.

Pero fuerzas más amplias se están esforzando. Hay entre el ejército y otras secciones del Estado una preocupación significante de que Trump esté reuniendo sus fuerzas para intentarlo de nuevo, como Hitler esperó con paciencia después del fracaso de su golpe de cervecería de 1923 en Múnich antes de ser instalado en la posición de canciller en 1933 y arrogarse poderes dictatoriales a sí mismo dentro de unos pocos meses.

Si Trump empleara el ejército para llevar a cabo una dictadura en Estados Unidos, funcionarios militares temían, eso completamente deslegitimizaría el ejército estadounidense, y el régimen se encontraría rápidamente en el medio de una revuelta masiva.

Como observa el libro, Esper estaba “preocupado de que la institución más valorada en el país, la máquina militar orgullosamente apartidista y bien ajustada, corriera el riesgo de ser revuelta en una tormenta política”.

Milley advirtió que una victoria de Trump, electoral o no, querría decir que “la calle va a estallarse con alborotos y disturbios cívicos”.

Lo que sean los motivos de los varios personajes, el relato de Woodward provee información valiosa sobre la serie de eventos que precedieron la intentona golpista de Trump del 6 de enero.

Mientras empezaba 2020, Trump fue fortalecido por el fracaso del primer intento de juicio político por los Demócratas, basado en la afirmación de que retuviera ayuda militar para Ucrania para servir sus propósitos domésticos. El juicio político ganó muy poco impulso público. El yerno y asesor mayor de Trump Jared Kushner dijo a Woodward, en su último libro Rage [Ira], que el juicio político era “una bonanza para los índices de aprobación de Trump”.

Pero justo cuando terminaba el juicio político, Trump estaba por enfrentar la crisis decisiva de su presidencia: la pandemia de COVID-19.

Mientras era capaz de contrarrestar a los Demócratas, la pandemia expuso a Trump como un idiota ignorante, promoviendo de manera monomaniática timos y teorías de conspiración con el propósito de aumentar la riqueza de sus secuaces de Wall Street.

Y por ahí empiezan los eventos principales de Peril. El 27 de abril, tres días después de que Trump dio un discurso estúpido y farragoso que según interpretó el público era una instrucción de beber lejía, la campaña empezó a creer que Trump se dirigía hacia una debacle electoral catastrófica. “Trump estaba en la carretera para la derrota épica”, concluyeron los encuestadores, según Peril.

Ese mes, fiscal general William Barr dijo a Trump, “Sr. Presidente, creo que sigues una trayectoria en que vas a perder las elecciones”.

Con el fondo de un trastorno económico y muertes masivos en la pandemia de COVID-19, el asesinato policial de George Floyd el 25 de mayo de 2020 desencadenó protestas masivas por todo Estados Unidos.

Enfrentando una derrota electoral inevitable, Trump rápidamente empleó las manifestaciones como una manera potencial de eludir el orden constitucional–las elecciones y todo.

En respuesta, buscó llevar a tropas activas de Aerotransportados de la División 82 a Washington. Este hecho planteó una crisis, para que funcionarios militares lo consideraran equivalente a un momento de “cruzar el Rubicón”.

Secretario de Defensa Mark Esper dijo a Trump, “Vamos a informar a las tropas y empezar a trasladarlos desde Fort Bragg. Pero no van a entrar en la ciudad”.

“Sr. presidente, no es necesario invocar la Ley de Insurrección”, dijo Esper.

El libro continúa, “Milley estaba de acuerdo con el planteamiento de Esper. Ni él ni Esper quería una confrontación impredecible y potencialmente sangrienta entre manifestantes de Black Lives Matter contra las fuerzas militares letales y entrenadas para el combate del ejército estadounidense”.

Presidente Donald Trump habla desde el South Lawn de la Casa Blanca el cuarto día de la Convención Nacional Republicana, el jueves, 27 de agosto de 2020, en Washington. (Foto de AP/Alex Brandon)

El 1º de junio, policías en equipo contra motines empleando gas lacrimógeno, a la fuerza despejaron Lafayette Square de manifestantes pacíficos, por orden de fiscal general Barr. Luego Trump cruzó Lafayette Square, acompañado por Milley y Esper.

Milley y Esper dijeron a Woodward y Costa que no tenían ni idea de qué estaban haciendo. Les dijeron que viniesen a la Casa Blanca y luego que “hiciesen cola” y caminasen detrás de Trump después de que la policía despejó la plaza.

Esto es, tal vez, el aspecto menos creíble del relato de Woodward. Solo unas horas antes, en una llamada con gobernadores estatales, Esper se refirió a demostraciones pacíficas y protegidas constitucionalmente como un “espacio de batalla” que tenía que ser “dominado”.

Milley, asimismo, afirmó que estaba usando su uniforme de batalla “para sentir más cómodo”, una afirmación que no se puede creer del general político de primer nivel de Estados Unidos.

Pero sin importar las discrepancias, el retiro forzado de los manifestantes en la plaza fue, según el narrativo de Milley en Peril, un momento decisivo. “Milley dijo que Trump había politizado el ejército estadounidense. Ellos se habían convertido en los secuaces de Trump”.

Lo que sean las irregularidades en los relatos de Milley y Esper, estaba claro que ellos estaban profundamente perturbados frente a las implicaciones de lo que Trump intentaba.

El próximo día, Milley emitió una carta al Estado Mayor Conjunto declarando, “Cada miembro del Ejército estadounidense rinde juramento de apoyar y defender la constitución y los valores dentro de ella”, añadiendo que el ejército debía “operar acorde con las leyes nacionales”.

Aunque la intentona golpista del 1º de junio no tuvo éxito, Trump aceleró sus planes, dando una diatriba fascista en el primer debate presidencial en que gritó sobre las voces de Biden y moderador Chris Wallace, periodista de Fox News. Durante la Convención Nacional Republicana, Trump celebró una manifestación de noche de estilo nazi en la Casa Blanca. Señaló la mansión presidencial y dijo con ira a sus opositores, “El hecho es, estoy aquí … y ellos no”.

Estos arrebatos monomaniáticos no estaban dirigidos hacia movilizar apoyo amplio en las elecciones presidenciales, pero para enviar una señal clara a su base fascistizante, como él mismo lo dijo en el primer debate, “Proud Boys, den paso atrás y esperen”.

El 3 de noviembre, Trump perdió las elecciones y lanzó una serie de demandas burdas afirmando un fraude masivo de votos. Mientras, según Peril, Republicanos del Senado investigaban estas declaraciones, las encontraron enteramente sin fundamento. Docenas de cortes pronto fallaron de la misma manera.

Con eso, a Trump le quedaba una última opción. Trump buscó presionar a vicepresidente Mike Pence a no certificar los resultados de las elecciones cuando el Congreso consideró la cuestión el 6 de enero, bloqueando la transferencia del poder. Esta situación fue acompañada por un asalto al Capitolio por alborotadores, con fuerzas armadas en espera.

El 30 de diciembre, organizaciones en pro de Trump anunciaron una manifestación para el 6 de enero. “¡SEIS DE ENERO, LOS VEO EN DC!” tuiteó Trump desde Mar-a-Lago, donde pasaba las vacaciones.

Los eventos del 6 de enero fueron dirigidos intelectualmente por el ideólogo fascista Steve Bannon, trabajando con Jason Miller, uno de los anfitriones del podcast de Bannon y asesor de campaña mayor de Trump, y su invitado frecuente, Rudy Giuliani, el abogado personal de Trump.

“Tienes que volver a Washington y dejar una huella dramática hoy”, dijo Bannon a Trump, como relata Peril .

Trump inesperadamente interrumpió su viaje y volvió con prisa a Washington, según exigió Bannon.

Según Peril,

Bannon le dijo a Trump que se enfocara en el 6 de enero. Ése iba a ser el momento decisivo.

La gente dirá, “¿Qué carajos está pasando aquí?’” creía Bannon. “Vamos a enterrar a Biden el 6 de enero, de mierda lo enterramos.” … “Vamos a matarla en la cuna. Matar la presidencia de Biden en la cuna”, dijo él.

Durante los días antes del 6 de enero, Pence vaciló sobre si iba a apoyar el bloquear de la certificación. Pence dijo a exvicepresidente Dan Quayle, “Pero él [Trump] realmente cree que puede hacerlo. Y hay otros ahí diciéndome que tengo este poder”. Los autores escriben, “Quería saber, un vicepresidente a otro, si había incluso un solo rayo de luz, legalmente y constitucionalmente, para quizás pausar la certificación si había desafíos legales y juicios en curso”.

Cuando Quayle dijo a Pence que simplemente contara los votos, Pence protestó, “No sabes la situación en que me encuentro”. Al final, Pence fue persuadido a no respaldar el complot golpista de Trump.

Cuando Trump se enteró de que Pence no planeaba apoyarlo, Jason Miller emitió una declaración en el nombre de la campaña de que Trump y Pence estaban “totalmente de acuerdo que el vicepresidente tiene el poder de actuar”. Cuando el personal de Pence protestó, Miller “se negó a retirar ni una palabra”.

Sobre el mismo día crítico, el 6 de enero, Woodward y Costa proveen pocos detalles operacionales. Su narración se trata de insinuación y relatos negables de él dijo/ella dijo.

Pero está claro que el secretario de Defensa en funciones Christopher Miller, designado por Trump después de su derrota electoral, obstruyó el despliegue de la Guardia Nacional al Capitolio. El despliegue de la Guardia Nacional ocurrió a través de Pence, y deliberadamente sin el saber de Trump, según Peril.

¿Es cierto que Trump dijo que no?” preguntó congresista Elissa Slotkin a Milley. ¿El presidente se había negado a movilizar la Guardia Nacional? Esa posibilidad estaba volando por el Capitolio.

“A propósito no pedí permiso a Trump”, le dijo Milley. “Se lo pedí a Pence. Informé a Pence que enviábamos la Guardia Nacional. Pence dio la bienvenida a esa idea”.

“Actuaste listo no involucrar a Trump”, dijo Slotkin. “Qué bueno actuaste por no involucrar a Trump” .

Tardíamente, refuerzos policiales llegaron y podían despejar a los alborotadores del edificio. Pero, como recordó Woodward, “Milley no podía evitar la posibilidad de que el asalto del 6 de enero, tan inimaginable y salvaje, podría ser un ensayo general para algo más grave”.

Después de los eventos del 6 de enero, Milley, quien como jefe del Estado Mayor Conjunto no estaba en la cadena jerárquica, tomó medidas concertadas para asegurar que él tenía el control operacional de cualquier orden militar.

En una conversación con presidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi después de la intentona golpista del 6 de enero, Milley dijo, “Mi obligación a la gente estadounidense es asegurar que no tenemos ninguna guerra extranjera innecesaria. Y que no tenemos el uso de fuerza estadounidense ilegal en las calles de Estados Unidos. No vamos a emplear nuestras armas contra la gente estadounidense y no vamos a permitir una situación de ‘La cortina de humo’ [es decir, una guerra falsa para distraer al público] en el extranjero”.

Pelosi preguntó a Milley, “¿Y usted dijo no solo al nuclear, pero también al uso de fuerza?” Milley, según Peril, replicó, “Absolutamente … Lo mismo domésticamente, con cosas como la ley marcial, la Ley de Insurrección”.

En su conversación con Milley, según Peril, Pelosi declaró,

[e]s un asunto vergonzoso para nuestro país que un dictador se ha ocupado del gobierno que empleó la fuerza contra otra parte del poder gubernamental. Y él se queda sentado por allí. Debería haber sido arrestado. Debería haber sido arrestado al instante. Intentó un golpe de Estado contra nosotros para quedarse en funciones.

Los Republicanos tienen sangre en sus manos y todos que lo facilitan a hacer lo que hace tiene sangre en sus manos así como el efecto traumático para nuestro país.

Pelosi jamás emplearía tal lenguaje en público. Nunca llamó las acciones del 6 de enero un golpe de Estado, para que ella básicamente sea una de las personas que “facilitan” a Trump.

Dada la naturaleza del libro de no citar fuentes específicas, nada que él sostiene puede ser considerado necesariamente cierto. Pero si emiten estos pedazos de información, ¿qué se mantiene en secreto?

Una cosa es obvia, no obstante. Donald Trump buscó llevar a cabo un golpe fascista en Estados Unidos. Esta realidad confirma las advertencias del World Socialist Web Site que se emitían en tiempo real. Solo 12 horas antes de la insurrección del 6 de enero, el WSWS advirtió de “un impulso activo y continuo del presidente Donald Trump para llevar a cabo un golpe de Estado, anular los resultados de la elección y establecer una dictadura presidencial”.

Añadimos, “Cualquiera que crea que “esto no puede ocurrir aquí” —que EE.UU. es inmune al fascismo y a la dictadura— está cegándose respecto a la realidad de la crisis del capitalismo estadounidense. No solo puede ocurrir aquí, pero está ocurriendo aquí”.

Esa declaración fue sólo la más reciente en una serie continua de advertencias a lo largo de más de dos años.

El 11 de enero de 2019, el WSWS advirtió, Trump “deja claro que está preparado para efectivamente obliterar la separación de poderes por medio de su Presidencia, marcando un hito en la destrucción de la democracia estadounidense”.

Todas estas advertencias repetidas han sido confirmadas.

Es obvio que la crisis que centraba en el intento de Trump de derrocar las elecciones presidenciales de 2020 en un golpe de Estado no está terminada. Pero, como escribió el WSWS el 4 de octubre:

Ha habido dos conspiraciones en torno a los eventos del 6 de enero. La primera fue el complot de Trump para derrocar la Constitución y la segunda es el intento en marcha para encubrir el significado del plan golpista y proteger a los conspiradores de un enjuiciamiento…

Pero después de intentar derrocar la Constitución en la mayor conspiración política en la historia estadounidense, Trump sigue viviendo como un rey en su propiedad de Mar-a- Lago, reagrupando fuerzas y complotando su regreso al poder entre rondas de golf. Y los cómplices republicanos de Trump operan con impunidad mientras los demócratas los exaltan como “colegas”.

El Partido Demócrata está mucho más preocupado por el crecimiento de la resistencia en la clase obrera contra la ultraderecha que por los peligros de un golpe fascista.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 9 de noviembre de 2020)

Loading