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Perspectiva

El gobierno entrante de Alemania se compromete a dejar que el COVID-19 prolifere

El Gobierno entrante de Alemania, encabezado por el socialdemócrata Olaf Scholz, que sustituye a la democratacristiana Angela Merkel tras 16 años como canciller federal, ha declarado la guerra a la población trabajadora incluso antes de asumir el cargo.

Cuando la llamada “coalición del semáforo”, formada por el Partido Socialdemócrata (SPD, siglas en alemán), Los Verdes y el Partido Democrático Libre (FDP), presentó el miércoles su programa de gobierno, el número de muertos del COVID-19 superó los 100.000, según el recuento oficial del Instituto Robert Koch. Esta espantosa coincidencia tuvo un gran poder simbólico.

El candidato a canciller del Partido socialdemócrata (SPD), Olaf Scholz, segundo desde la derecha, junto a los líderes verdes, Annalena Baerbock, a la izquierda, y Robert Habeck, segundo a la izquierda, y el presidente del Partido Democrático Libre, Christian Lindner, a la derecha, mientras llegan a una conferencia de prensa conjunta en Berlín, Alemania, el miércoles 24 de noviembre de 2021. (AP Photo/Markus Schreiber) [AP Photo/Markus Schreiber]

La mayoría de estas muertes se habrían podido evitar si el Gobierno hubiera seguido los consejos de la ciencia y hubiera perseguido la eliminación del COVID-19 utilizando todos los medios disponibles: las vacunas, pruebas masivas, rastreo de contactos, confinamientos, la clausura de todas las fábricas y escuelas, cuarentenas.

Pero el Gobierno de Merkel, en consulta con los Gobiernos estatales de Alemania, tomó la decisión consciente de sacrificar la salud y la vida de millones de personas en nombre de las ganancias de las empresas. Solo actuó contra el virus cuando la situación estaba a punto de estallar, y después levantó las medidas de salud pública demasiado pronto. Los negocios no esenciales no se cerraron en absoluto. Las escuelas siguen abiertas hasta el día de hoy, a pesar de que el virus hace estragos entre los niños y causa daños incalculables a largo plazo.

Mientras millones de personas se infectaron, perdieron sus empleos e ingresos y realizaron esfuerzos sobrehumanos en hospitales y residencias de ancianos, la élite empresarial y los súper ricos se saciaron durante la pandemia. Solo las fortunas de los 100 alemanes más ricos aumentaron de 606.000 millones de euros a 722.000 millones en el primer año de la pandemia.

El resultado es la catástrofe actual. El número de nuevos infectados cada día aumenta exponencialmente y el miércoles fue de 76.000, más del doble que en el momento álgido de la segunda y tercera oleada. Los padres y profesores desesperados no saben cómo proteger a los niños. Cada día mueren 350 personas a causa del COVID-19. Las unidades de cuidados intensivos están abarrotadas y se preparan para implementar un triaje para racionar el cuidado. Si no se toman medidas drásticas, el número de víctimas mortales se duplicará hasta llegar a 200.000 en la primavera, según las estimaciones de los expertos.

Pero el nuevo Gobierno está actuando de forma aún más inhumana y criminal que el anterior. Hace una semana, el SPD, Los Verdes y el FDP utilizaron su mayoría en el Parlamento para poner fin a la emergencia de COVID-19, el fundamento legal para implementar confinamientos y medidas similares.

La comparecencia de Scholz ante la prensa el miércoles recordó al tristemente célebre emperador Nerón, que tocaba música mientras Roma ardía. Scholz y sus socios de coalición se aplaudieron y celebraron a sí mismos, pero aparte de un llamamiento general a vacunarse y la creación de un equipo de crisis en la Cancillería, no propusieron ni una sola medida contra la pandemia.

Incluso los principales medios de comunicación comentaron la indiferencia del Gobierno ante las muertes masivas. “Las decisiones actuales son como anunciar en una catástrofe de inundaciones que se contratarán más instructores de natación y se distribuirán un par de brazaletes y patos de baño”, comentó el Süddeutsche Zeitung.

El desprecio por la vida y la salud de la clase trabajadora impregna el programa gubernamental, que analizamos en el WSWS. Cada tema y cada cuestión se aborda desde el punto de vista de la maximización de las ganancias, los intereses geopolíticos del imperialismo alemán y la supresión de la oposición popular.

El programa apuesta por una política de gran potencia alemana, aboga por la disuasión nuclear y se une al frente de guerra estadounidense contra China y Rusia. Prevé un rearme acelerado de las fuerzas armadas, la policía y los servicios secretos. Mantiene el freno de la deuda, que impide a los Gobiernos pedir préstamos para el gasto público, y descarta categóricamente aumentar los impuestos a los ricos. Se inspira en la tristemente célebre Agenda 2010 impuesta por el Gobierno rojo-verde de Gerhard Schröder y desarrolla aún más sus ataques a los salarios, los derechos sociales y las pensiones.

Tras la dimisión de Schröder en 2005, el SPD continuó esta política como socio menor de la Unión Demócrata Cristiana/Unión Social Cristiana. El propio Scholz fue vicecanciller y ministro de Economía de Merkel durante los últimos tres años y medio. Ahora Los Verdes también vuelven al Gobierno federal.

El partido Los Verdes fue fundado a principios de los años ochenta por los participantes en las protestas estudiantiles de 1968. Reunieron a antiguos maoístas, anarquistas, jóvenes socialistas, opositores a la energía nuclear y activistas por la paz bajo la bandera de la protección del medio ambiente. Lo que todos tenían en común era su rechazo al marxismo y a la clase obrera, basándose en las teorías de la Escuela de Frankfurt y el posmodernismo.

En las elecciones federales de 1998, Los Verdes se presentaron como pacifistas e “izquierdistas”. Pero no bien entraron en el Gobierno federal mostraron sus verdaderos colores. El exprecarista y peleador callejero Joschka Fischer, como ministro de Relaciones Exteriores, organizó la primera intervención militar en el extranjero de la posguerra, en Yugoslavia. Los ataques sociales a los trabajadores en virtud de la Agenda 2020 también contaron con el apoyo incondicional de Los Verdes.

Ahora Los Verdes están regresando al Gobierno federal como un partido agresivo que promueve guerras y austeridad. También subordinan la protección del ambiente, su distintivo, a los intereses de las corporaciones y los bancos. Bajo la lupa, sus planes sobre la protección del clima consisten en entregar gigantescos subsidios y un programa de enriquecimiento para la economía que se aleja mucho de los objetivos urgentes para el clima. El partido está arraigado en la clase media acomodada y urbana, que ha girado fuertemente a la derecha bajo el impacto del crecimiento de las tensiones de clases y ahora están aliados abiertamente con los representantes del capital financiero en el FDP.

Esto ha creado una situación en la que un conflicto de clases abierto se vuelve inevitable. El estado de ánimo de las masas está muy a la izquierda de la política oficial. La rabia por la política asesina ante el COVID-19 y la resistencia a los recortes salariales, al aumento de la carga de trabajo y a los despidos están creciendo y seguirán aumentando en vista de una tasa de inflación de casi el 6 por ciento. Ya se han producido importantes huelgas y protestas en los ferrocarriles, los hospitales, el sector público y numerosas empresas siderúrgicas.

Estos ánimos ya no encuentran expresión en el sistema parlamentario oficial. No hay ningún partido establecido que represente ni remotamente los intereses de los trabajadores. En el Parlamento federal, hay tres partidos de oposición de derechas, la CDU, la CSU y Alternativa para Alemania, pero ningún partido que esté nominalmente a la izquierda de la coalición del semáforo, aparte del remanente del partido La Izquierda, el cual apoya plenamente la política del Gobierno federal. Gobierna en cuatro estados federales en alianza con el SPD y Los Verdes.

Esta situación no se limita a Alemania. En todo el mundo, los trabajadores están aprendiendo que los partidos y sindicatos nominalmente de izquierda se sitúan al otro lado de las barricadas y les apuñalan por la espalda. En Grecia, el partido pseudoizquierdista Syriza implementó el drástico programa de austeridad de la Troika. En España, el Partido Socialista (PSOE) y Podemos hacen valer una política asesina ante el COVID-19 y atacan a los trabajadores metalúrgicos en Cádiz con policías antidisturbios. En Reino Unido, el Partido Laborista bajo Keir Starmer está tratando de superar a los conservadores desde la derecha. En EE.UU., los pseudoizquierdistas Socialistas Democráticos de Estados Unidos (DSA, por sus siglas en inglés) apoyan al presidente Biden, que a su vez se aferra a los republicanos en su deriva hacia el fascismo.

Como resultado de esta política criminal, Europa se ha convertido en el epicentro de la pandemia. La OMS advirtió el martes que el número de muertes registradas en Europa aumentará de los 1,5 millones actuales a 2,2 millones en la primavera del próximo año si se mantiene la tendencia actual, lo que significa que se producirán 700.000 muertes adicionales.

El estallido de las luchas sociales de la clase obrera es inevitable en estas condiciones. Pero es necesario prepararlas y requieren una perspectiva política. Para ello, el Sozialistische Gleichheitspartei (Partido Socialista por la Igualdad, PSI) y el Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI) deben construirse como la nueva dirección política de la clase obrera.

El SGP es el único partido que se opone al cártel de partidos dominantes y sindicatos, insistiendo en que la pandemia solo puede superarse mediante la movilización independiente de la clase obrera internacional sobre la base de un programa socialista.

La élite gobernante conoce y teme el poder de una perspectiva socialista. Esta es la razón por la que el servicio secreto alemán, el Verfassungsschutz, intenta silenciar al SGP denunciando y vigilando al partido como una organización “extremista de izquierda”, y por la que el Tribunal Administrativo de Berlín dio su visto bueno a este ataque a la libertad de expresión.

El 1 de mayo, el CICI llamó a la formación de la Alianza Internacional Obrera de los Comités de Base (AIO-CB). Como indicó su declaración fundacional, su objetivo es “iniciar una contraofensiva global de la clase obrera contra las políticas asesinas de la clase gobernante capitalista y sus Gobiernos” y crear una forma de “coordinar sus luchas en diferentes lugares de trabajo, industrias y países en oposición a la clase gobernante y los sindicatos corporativistas”.

El CICI ha puesto en marcha la Investigación Global de los Trabajadores sobre la Pandemia de COVID-19 para examinar la desastrosa respuesta de los Gobiernos, las corporaciones y los medios de comunicación a la pandemia, y para descubrir las fuerzas e intereses políticos y económicos que están detrás de las políticas que se han cobrado millones de vidas en todo el mundo.

Hacemos un llamamiento a todos los lectores del WSWS para que apoyen la AIO-CB y la Investigación Global de los Trabajadores, y para que se unan al SGP.

(Publicado originalmente en inglés el 25 de noviembre de 2021)

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