Español

“Nunca antes ha habido tanta muerte en tan poco tiempo”

Informe de un médico de cuidados intensivos a la Investigación Obrera Global de la Pandemia de COVID-19

Un médico de cuidados intensivos, que lleva muchos años trabajando continuamente en unidades de cuidados intensivos en varios hospitales, incluso en grandes hospitales, nos ha enviado este informe como contribución a la Investigación Obrera Global de la Pandemia de COVID-19. Cumplimos con la solicitud del médico de guardar el anonimato.

Como médico de cuidados intensivos, conozco todos los métodos de apoyo médico y técnico, ya sea la diálisis, la ECMO [oxigenación de membrana extracorpórea], la ventilación y la ventilación NO [óxido nítrico]. He llegado a ser responsable de hasta 20 pacientes a la vez. Aún así, nunca he pasado por nada comparable ni en grado ni en magnitud a la situación actual.

Personal médico con indumentaria protectora en el pabellón 43 del hospital Charité en Berlín (Fuente: DOCDAYS Production)

Esta enfermedad es una de las más peligrosas y malignas de todas, tanto por su alto nivel de contagio como porque ataca directamente y daña todos los sistemas orgánicos, especialmente los pulmones. La gente muere de una muerte atroz, larga y miserable.

Mientras se extiende el COVID-19, la pandemia se mete en todos los ámbitos de la vida, destruyendo biografías y poniendo un fin prematuro a la vida. He visto destinos individuales dramáticos: pacientes que contrajeron la enfermedad justo antes de recibir el alta y que luego mueren miserablemente. Una reunión familiar con parientes jóvenes positivos por Covid que llevó a la grave enfermedad de una persona mayor con problemas de salud preexistentes. El primero en contagiarse lo había superado, pero otros murieron por ello. La idea de haber contribuido en la muerte de un padre, abuelo, pariente o amigo es algo de lo que nunca te libras.

¡Todos estos casos se podrían haber evitado!

Cuando empezó la pandemia, enseguida tuvimos pacientes críticamente enfermos de varias edades, de 50 a 80, de los cuales casi todos, por suerte, sobrevivieron. Era una época de tantear e improvisar. En ese momento, había una falta total de equipo protector personal. El Estado burgués no había preparado nada, aunque habría habido tiempo para hacerlo como muy tarde desde finales de 2019.

Por ejemplo, trabajamos con una mascarilla protectora FFP2, que debería haber sido reemplazada cada 4-8 horas, ¡durante muchas semanas! Las mascarillas eran rociadas al final del turno y se dejaban secar para el día siguiente. Los guantes que teníamos eran de mala calidad y estaban agrietados, así que nos poníamos varios pares unos encima de otros.

Había muchos hospitales en esta condición. Mientras tanto, aprendíamos a vestirnos y a cambiarnos rápido en una rutina: batas, mascarillas, capuchas, gafas, guantes —todo tenía que cabernos.

Para abril de 2020, hubo numerosas iniciativas públicas, tales como “aplausos por los cuidadores”, que desde entonces se ha vuelto una mala palabra entre nosotros. Hubo una especie de apoyo estatal que solo se puede describir como dislates e hipocresía. Se dieron fondos para publicidad; se organizaron camas nuevas, y se ofrecieron habitaciones y hasta clínicas de contenedor como hospitales expandidos. ¿Pero de qué sirven más camas si no hay personal suficiente? El cuello de botella siempre ha sido el número de enfermeras formadas. La falta de personal, que existía ya desde antes, ha empeorado. Y la wscasez de enfermeras siempre significa más muertes innecesarias.

Durante un período, nos apoyaban compañeros de trabajo de los pabellones normales, que eran muy dedicados y extremadamente importantes para nosotros. Ello desapareció más tarde. Aún así, en la segunda ola el invierno pasado, vinieron muchos más pacientes, y su enfermedad era mucho peor.

Desde la perspectiva de hoy y comparada con lo que se ha desarrollado desde entonces, la primera fase presenta un cuadro positivo: los hospitales desarrollaron una especie de cooperación, movilizaron recursos y se ayudaban entre sí. Herramientas técnicas que habían sido desarrolladas para otros fines fueron utilizadas para el COVID-19 para evaluar y compartir experiencias y hacerlas útiles para todos. La mayor parte de esto ya no está en pie y fue abandonado por falta de tiempo.

Morir se ha vuelto lo normal

El COVID-19 siempre sigue un rumbo diferente al de las enfermedades convencionales. A diferencia de la neumonía, por ejemplo, no es de ninguna manera predecible. Los pacientes que están razonablemente en un buen estado deben ser intubados bastante de repente. A menudo, el cambio repentino ocurre en unas pocas horas. Los pacientes mueren rápido en grandes cantidades, y ello afecta no solo a los que tenían condiciones preexistentes, como obesidad, sino a todos, incluso a jóvenes que tienen solo alrededor de 40 años. Las personas inmunodeprimidas corren un riesgo particular, pero el SARS-CoV-2 puede amenazarle la vida a cualquiera. La enfermedad tiene su propia severidad. Su severidad no se debe solamente a las condiciones preexistentes.

Nunca antes ha habido tantas muertes en UCIs en tan poco tiempo, antes del coronavirus. Esta muriendo demasiada gente. La severidad de los casos ahora es completamente comparable a la ola del invierno pasado, cuando murió cerca del 75 u 80 por ciento de los pacientes. No es el caso que alguien sea ingresado gravemente enfermo y luego muera, sino que para la mayoría de ellos es una larga serie de acontecimientos. Se arrastra durante semanas. Muchos de los que se consideran estables se deterioran de repente.

La muerte pasó a ser un suceso cotidiano. Cuando alguien sobrevive, nos ponemos extremadamente contentos. Cada vez, luchamos con gran esfuerzo, siempre hacemos nuevos intentos y damos toda la ayuda médica y de enfermería posible. Pero con el COVID-19, aparecen siempre nuevas complicaciones. Es una dura lucha por cada día, cada semana de la vida del paciente.

Hacemos todo lo posible por encontrar más maneras de asegurar que la gente mejore. Hasta que nos rendimos porque el enfermo ya no soporta más —pero mucho ha sucedido para entonces. Cada cama que se libera cuando muere un paciente se ocupa enseguida. Desde el otoño no hay camas sin ocupar.

Un asunto de vida o muerte: el uso de ECMO

Con el COVID-19, además de la conocida neumonía, una forma de fallo respiratorio agudo, el ARDS [Síndrome de Dificultad Respiratoria Aguda] sucede a menudo. El ECMO, u Oxigenación de Membrana Extracorporal, que es una especie de pulmón artificial por fuera del cuerpo del paciente, se usa entonces como posible asistencia. Le da más tiempo al enfermo, pero no cura el tejido pulmonar destruido. Si los pulmones no sanan solos, el ECMO tampoco tiene sentido.

Trabajar con ECMO es siempre un riesgo. Su uso requiere mucho esfuerzo pero funciona bien cuando hay rutina y seguridad. Antes del coronavirus, el uso del ECMO era realmente la excepción, la cima absoluta del tratamiento. Hoy está en el orden del día.

Al aplicar tratamiento, las actividades simples y mecánicas consumen muchísimo tiempo: Darles la vuelta regularmente a los pacientes determina la rutina diaria. Esto mantiene ocupados juntos a unos cuatro o cinco médicos y enfermeros durante hasta media hora o tres cuartos de hora. Tienen que hacerlo juntos. Se prepara el posicionamiento, y luego no hay que dejar que ningún tubo se deslice mientras se le da la vuelta al paciente. Hay que asegurar todas las conexiones, todos los suministros vitales de medicación. Si algo sale mal, el paciente puede dañarse seriamente.

Lo que no puedes descartar nunca: Que el paciente colapse de repente; su circulación puede colapsar. Sin embargo, hay que cambiar de posición a varios pacientes varias veces al día. Cada día es una situación excepcional con mucho estrés para todos los implicados. Y, por supuesto, ninguna otra cosa imprevista debe ocurrir durante ese tiempo.

Transportar pacientes también es peligroso. Traslados a otros hospitales, según el “sistema hoja de trébol” de la Bundeswehr (fuerzas armadas), solo son una opción para pacientes estables que, por ejemplo, no tienen que estar boca abajo. En el caso de fallo pulmonar más severo, no es posible en absoluto, y en cualquier caso, va asociado a altos riesgos.

El ECMO existe desde hace varias décadas, pero solo en los últimos 10 años más o menos, a partir de finales de los ’90 y principio de la década de 2010, ha pasado a estar cada vez más extendido gracias a una tecnología mejorada significativamente. Hoy, la máquina puede bombear sangre independientemente a través del cuerpo, y las membranas más grandes son mucho mejores en oxigenar la sangre. La tela es mejor y más segura, de manera que tiene una mayor vida útil sin el riesgo de atascar las tuberías. Por suerte, el ECMO es mucho menos proclive a averiarse hoy.

A pesar de ello, el tratamiento con ECMO es en un área absolutamente excepcional. Enfermeros y médicos deben darlo todo de sí —es siempre cuestión de vida o muerte.

El gran problema es que hay que tener gente suficiente para pacientes de ECMO. El plan original era de una razón enfermero/paciente de 1 a 1, pero incluso antes del coronavirus, había demasiado poco personal. En la pandemia, la razón subió rápidamente a 1 a 2 o incluso 1 a 3. La gente sencillamente capitulaba ante el que hubiera demasiado poco personal.

Estrés continuo de larga duración

Una cosa es el agotamiento físico. Pero también hay un agotamiento psicológico que resulta de las características terribles asociadas con el coronavirus, como también del que se haya reducido muchísimo el personal de enfermería. Cada uno está llegando al límite, y todos pueden ver que la pandemia está lejos de terminar. Algunos están renunciando, otros se están enfermando más a menudo y por más tiempo. Estas son todas señales de que la carga de trabajo es demasiado alta. Mucha gente se queda despierta de noche, y yo también me levanto regularmente durante la noche. Nunca estás bien descansado.

Mis turnos regularmente duran nueve horas, a menudo 10 u 11, sin pausas decentes. Oficialmente, cuando los médicos trabajan hasta 11 horas, tienen que tomarse un descanso de por lo menos tres cuartos de hora. En la realidad, esto sencillamente no pasa. Hasta una pausa de media hora sería una rara excepción. La expresión “ir a comer” provoca carcajadas de nuestro lado. Esta idea es completamente absurda. No salimos de ninguna manera, no tenemos ningún descanso real durante el turno, donde poder desconectar, por ejemplo. Después de todo, somos responsables de todas las eventualidades, debemos estar constantemente alerta y listos, porque a menudo se requiere una intervención inmediata.

Además, está el riesgo constante de que nos contagiemos nosotros mismos. La gente da positivo de coronavirus regularmente. Al principio nos impactaba, pero ahora es parte de nuestro trabajo. También nos pasa que se ausenten enfermeros por mucho tiempo o del todo como resultado del COVID de larga duración. A menudo, se contagian pacientes, pero puede pasar también en el ámbito privado. Nos hacemos el test constantemente, varias veces por semana, y se recomienda también que todos se vacunen.

Cuando [el ministro de sanidad] Jens Spahn anunció, “La pandemia ha sido eliminada”, ello fue recibido con un sarcasmo enconado en enfermería, igual que todas las trivializaciones, la desestimación, las mentiras que se difunden en política. Cada uno de nosotros, incluso cada trabajador médico, sabe muy bien que ello no es así. Entre el personal médico, la desconfianza en la clase burguesa y su Estado ha crecido enormemente. Los políticos evidentemente viven en otro mundo. Son totalmente indiferentes ante la muerte de tanta gente. Sus políticas solo se pueden describir como deliberadas, negligencia planificada y negación criminal del deber de asegurar el futuro.

El apoyo del WSWS

La presión ideológica se dejó sentir desde el principio, Los negacionistas de la vacuna estaban en ascenso. En ese momento fue importante tener el buen apoyo del WSWS. Hacía hincapié en que este no era un problema puramente técnico o médico, sino político. Desarrolló una comprensión profunda de la pandemia, que no ha terminado aún.

Apoyo la iniciativa del WSWS de una Investigación Obrera Global porque quiero que se entienda lo mortal y lo devastadora que es la pandemia de COVID-19 y cómo causa estragos en la sociedad humana. La clase trabajadora es, después de todo, la enorme mayoría de la población. Tiene que desarrollar una consciencia de la ferocidad y el peligro del SARS-CoV-2.

Hay que posicionarse con firmeza contra todos los que difunden mentiras por ignorancia, miedo, debilidad o incluso —y este es definitivamente otro ámbito— por maldad o intención criminal. Hay que entender la enfermedad para que se puedan formular y aplicar las demandas adecuadas, que equivalen a la eliminación coordinada del COVID-19 a nivel mundial. Esto está estrechamente vinculado a los asuntos de clase. Las negaciones maliciosas y deliberadas se hacen por intereses de clase para proteger las ganancias.

¡Pero la clase trabajadora quiere vivir! Son los cimientos. Está en conflicto con la sociedad orientada a la ganancia. Puede decir la verdad para que las ganancias no destruyan la vida. Personifica la única perspectiva que tiene futuro. Su punto de vista no puede mezclarse con el de la clase burguesa. Una de dos. Como el viejo dicho médico sobre el embarazo: Solo un poquitito embarazada —es imposible.

Los graves abusos de la “inmunidad colectiva” (de rebaño)

Un buen ejemplo son los graves abusos que están siendo cometidos con el término inmunidad colectiva. Al principio era un término positivo. Define, para ciertas enfermedades, lo que hace falta para proteger a los que, por alguna razón, no pueden generar inmunidad. Una epidemia colapsa cuando un cierto porcentaje de la sociedad es inmune, o bien mediante haber sufrido el contagio, o bien por vacuna. No se alcanza el fin de una epidemia cuando el 100 por ciento son inmunes a esta, sino que el concepto de inmunidad colectiva define el porcentaje necesario que hay que alcanzar para proteger al resto que no lo es. Entonces la cadena de infección se rompe en el “rebaño” en cuestión.

Es un concepto de sociedad, social y no individual. Nos permite determinar cuánta gente hay que vacunar para terminar una epidemia. Ejemplos de esto son el sarampión e incluso la viruela, que, al fin y al cabo, han sido erradicados. Se vuelve claro que el propósito original de concepto de inmunidad de rebaño era proteger a la gente.

Hoy, sin embargo, no se lo usa para contener la pandemia, sino en el sentido de que la propia epidemia tiene que generar la inmunidad colectiva. Esto se hace a costa de que para entonces mueran cientos de miles e incluso millones de personas. Es un sinsentido y es inhumano. Anteriormente, cuando los patógenos de las grandes epidemias y su transmisión eran comprendidos, nadie hubiera propuesto la consigna: Que la plaga arrase para que alcancemos la inmunidad colectiva.

Personalmente, creo que la vacunación obligatoria universal es lo correcto, porque fortalecería la protección individual y de la sociedad. La vacunación es definitivamente importante. Entre nuestros pacientes, tenemos un montón de gente que no está vacunada, pero también tenemos gente que se ha vacunado dos veces. La vacunación es solo un paso de entre muchos. Se habla mucho ahora del tema de la vacunación, y el gobierno apuesta mucho por la vacunación obligatoria, pero esto solo no parará la pandemia.

Concentrarse únicamente en la vacunación y la vacunación obligatoria no hace justicia a la peligrosidad y agresividad de esta enfermedad. Con ómicron, el virus se está extendiendo rápidamente ahora mismo. Una mutación es algo aleatorio, pero el virus que muta “busca” y “encuentra” los resquicios en las defensas del cuerpo humano con una probabilidad previamente desconocida mediante la “mutación aleatoria”. No hay que tomar este asunto al pie de la letra. Este no es un asunto abstracto.

Una tarea social

Hasta el momento, no hay para nada una cura real para el COVID-19. No tenemos nada para luchar contra el virus. Eliminar el COVID-19 de esta manera no tendrá éxito. Lo que se necesitan son confinamientos y rastreos para parar la pandemia. Hay que abordar esto ya.

Es una tarea social —eliminar y erradicar el virus, igual que el sarampión y la viruela. Y hay que eliminarlo en todo el mundo. Hay que organizar este proceso políticamente, y la clase burguesa no está dispuesta a hacerlo. Así, la lucha contra la pandemia se vuelve una cuestión de poder contra la clase burguesa. No tolerará ninguna demora.

El World Socialist Web Site es el único que ofrece una perspectiva clara y científicamente sensata. Me ha ayudado muchísimo a mí personalmente a tener esperanza para el futuro y resistir a la resignación y la capitulación ante esta terrible enfermedad y la ignorancia maligna de la política gobernante.

¿Por qué no se ha asumido en serio todavía la lucha contra la pandemia? Ya está clarísimo. Importan más las ganancias que la vida humana. El WSWS ha adoptado un posicionamiento claro sobre la pandemia desde el mismísimo comienzo, y esto tuvo y tiene una importancia enorme.

(Publicado originalmente en inglés el 24 de diciembre de 2021)

Loading