Español

Unas memorias notables sobre los principios de la Unión Soviética y el estalinismo: La vida de Alexei Yarotsky: Parte Uno

“Enfrentando el pasado”

Alexei Yarotsky: Litsom k proshlomu [Enfrentando el pasado], Moscú 2018.

Alexei Yarotsky: Zolotaya Kolyma. Vospominaniia A. S. Yarotskogo o Kolyme v literaturnom kontektse [Golden Kolyma. Las memorias de A. S. Yarotsky sobre el Kolyma en su contexto literario], San Petersburgo: Nestor-Istoriia, 2021.

El viejo dicho “habeant sua fata libelli” —que los libros tengan su propio destino— se aplica a las memorias de Alexei Yarotsky. Yarotsky fue un ingeniero soviético que en los años ’70 escribió sus memorias en dos volúmenes sobre su experiencia de la Revolución de Octubre, la Guerra Civil y el Gran Terror. Los volúmenes han sido publicados solo recientemente, en 2018 y 2021, respectivamente. En el contexto de la guerra de la OTAN por delegación contra Rusia en Ucrania, que ha estado acompañada por una extraordinaria embestida de propaganda y falsificación histórica, estas memorias, notables en cualquier circunstancia, adquieren todavía más importancia.

Uno de los legados del estalinisno y del Gran Terror es que existen muy pocas memorias, y todavía menos memorias de personas corrientes, de los que son posiblemente los mayores levantamientos sociales del siglo XX —la Revolución de Octubre y la subsiguiente Guerra Civil. Las memorias de Yarotsky son una rara excepción. Por haber sido testigo de la toma del poder por la clase trabajadora en Octubre en Petrogrado y la ulterior Guerra Civil en Ucrania, pasó a estar en la mira del Gran Terror de los ’30 y pasó muchos años de su vida en un campo de trabajos forzados en Siberia.

Lenin y Trotsky en la celebración del segundo aniversario de la Revolución de Octubre

A pesar de sus propias experiencias horribles, Yarotsky escribió sus memorias como opositor socialista del estalinismo que permaneció dedicado a los ideales de la Revolución de Octubre. También entendió que sus experiencias eran las de millones de personas, y que les tocaba a los pocos sobrevivientes conscientes del terror como él mismo el preservar la memoria histórica sobre ambos acontecimientos históricos y los dirigentes Viejos Bolcheviques de la revolución, a quienes él conoció primero como los dirigentes del país y luego como prisioneros de Stalin en los campos de trabajos forzados.

La primera parte de sus memorias fue publicada en 2018, bajo el título Enfrentando el pasado (Litsom k proshlomu), por Tatiana Isaeva, la nieta del crítico literario trotskista Alexander Voronsky, y abarca el período de 1917 a 1930.

Alexei Yarotsky nació en 1908 en una familia relativamente acomodada de la intelectualidad democrática rusa en San Petersburgo. De niño vivió la Revolución de Febrero de 1917, incluyendo la famosa manifestación del Campo de Marte por los mártires de la revolución, y la toma del poder por parte de los bolcheviques en Octubre (el 7 de noviembre según el calendario actual) de ese año.

Como muchas familias de la intelectualidad, la familia de Yarotsky se proletarizó durante el levantamiento revolucionario. Se mudaron a Ucrania poco después de la Revolución de 1917, y permanecieron allí durante toda la guerra civil. Aquí, el joven Yarotsky fue testigo de la violenta erupción de antisemitismo durante la Guerra Civil, cuando hasta 200.000 judíos ucranianos fueron asesinados, la mayoría de ellos a manos de los Blancos y varias formaciones nacionalistas. También fue testigo de cómo, durante años, el poder político iba y venía de manos del Ejército Rojo, el Ejército Blanco y la ocupación alemana, y fue testigo también de los levantamientos campesinos bajo la dirección del anarquista Nestor Makhno.

No se luchó tan enconadamente por ningún territorio en la guerra civil como por Ucrania, tanto a causa de su importancia geoestratégica como por su compleja composición socioeconómica. Aunque el Donbás en el este de lo que es hoy Ucrania tenía las reservas más importantes de carbón del antiguo Imperio Ruso y era hogar de una gran clase obrera industrial, estos trabajadores eran mayoritariamente de etnia rusa. La mayoría abrumadora de la población hablante de ucraniano, en contraste, vivía en el campo y trabajaban como campesinos.

La lucha de los bolcheviques por ganarse la lealtad de las masas ucranianas implicaba así tanto una línea política correcta sobre la cuestión de las nacionalidades —incluyendo el reconocimiento de sus esfuerzos nacionales reprimidos desde hacía mucho tiempo— y la concesión de tierra a los campesinos. La mayor parte del territorio de Ucrania cambió de gobernantes muchas veces durante la guerra civil —de los Rojos a los Blancos, de vuelta a los Rojos— con levantamientos anarquistas que desempeñaron también un papel desproporcionado en la guerra civil en esta zona.

Un mapa de Ucrania de marzo a noviembre de 1918, cuando gran parte de su territorio estaba bajo el control de Alemania y Austria-Hungría [Foto de Andrew Andersen] [Photo: Andrew Andersen]

Como las memorias de Yarotsky muestran de manera conmovedora, la victoria del Ejército Rojo sobre los Blancos y los nacionalistas ucranianos se logró no solo debido a la política para las nacionalidades de los bolcheviques y su concesión de tierra a los campesinos. Un factor importantísimo que determinó el resultado de la guerra revolucionaria fue el estallido de la revolución en Alemania en noviembre de 1918. Hasta entonces, tropas alemanas habían sido destinadas a Ucrania, donde respaldaban la dictadura del atamán Pavlo Skoropadskyi como contrapeso al bolchevismo y el Ejército Rojo. La ciudad donde vivía la familia de Yarotsky también estaba bajo control alemán, y la familia se vio obligada a alojar a un soldado alemán. Yarotsky recuerda el enorme impacto de las noticias de que soldados y trabajadores en Alemania habían formado consejos, y de que el Kaiser había huido. Rechazando la versión nacionalista de la guerra civil que fue promocionada por la burocracia soviética por los años ’70, escribe:

Está de moda aquí [en la Unión Soviética de los ’70] escribir cómo, bajo los golpes del Ejército Rojo, los ocupantes alemanes huyeron de Ucrania. Pero yo vi algo bastante diferente. … [al oír sobre la revolución en Alemania] ocurrió un milagro, las filas sin voz, mudas [de soldados alemanes] de repente empezaron a hablar, algo se rompió bajo los cascos de acero, ruido y cháchara recorrían las tropas. Leían un telegrama sobre la abdicación del Kaiser, sobre el armisticio y la revolución en Alemania.

En tres o cuatro días el ejército alemán se disolvió, se creó un consejo de soldados en la ciudad, arcos rojos aparecían en los uniformes verde norte, ya estaba colgando un rifle del hombro con la culata hacia arriba. Los alemanes se estaban yendo. Herr Otto le dijo a mi madre:

— Frau Yarotskaya, haremos lo mismo en casa ahora, es decir una revolución.

Esta fue una victoria tremenda para las ideas de la Revolución de Octubre: los alemanes se estaban yendo, no como enemigos, sino como gente dispuesta a la lucha revolucionaria.

Estas observaciones muestran no solo el impacto inmenso de los acontecimientos en Alemania en el desarrollo de la revolución rusa; también demuestran poderosamente que la perspectiva de la revolución socialista mundial no era una mera consigna, sino un programa político viable que ejerció una enorme influencia y fue un polo de atracción para las masas desde la Rusia soviética y Ucrania hasta Alemania.

El consejo de soldados del barco Prinzregent Luitpold, formado a principios de la revolución alemana de 1918. (c) Bundesarchiv, Bild 183-J0908-0600-002 / CC-BY-SA 3.0

Yarotsky admira plenamente a los “comisarios del pueblo leninistas [Leninskie narkomy]” de esa época. En Ucrania, entre ellos estaban Christian Rakovsky, uno de los más cercanos amigos y aliados de León Trotsky, y varios otros futuros dirigentes de la Oposición de Izquierda. Se unió a la organización comunista juvenil, la Komsomol, y se mudó a Leningrado para estudiar economía política y hacerse ingeniero.

Sus pares en el Instituto Politécnico, una de las mejores instituciones económicas de la Unión Soviética, eran principalmente veteranos de la guerra civil que eran mucho mayores que él y tenían más experiencia política que él. Entre ellos había muchos futuros destacados economistas, casi todos los cuales fueron más tarde ejecutados durante el Gran Terror.

Yarotsky financió sus estudios con ayuda de su hermano mayor, por entonces ya miembro del partido, así como trabajando en una fábrica durante el verano. También experimentó el inmenso poder social de la clase trabajadora. Una gran manifestación a raíz del asesinato del Viejo Bolchevique revolucionario Petr Voikov el 7 de junio de 1927, a manos de un emigrado blanco en Varsovia, le dejó una impresión particularmente profunda:

A las cuatro de la tarde sonaron las bocinas de todas las fábricas en San Petersburgo y todas las locomotoras de vapor de todas las eslaciones, se abrieron los portones, y en seguida toda la clase trabajadora de Vyborg salió a la manifestación. Cortando a todo lo ancho la antigua Perspectiva Samsonovskii, fueron a la Estación Finlandia, donde hoy se levanta una estatua de Lenin…

Entendí lo que era esto, qué poder tenía [la clase trabajadora] y qué unánime era este pueblo. (229-230)

Tras la derrota de la Revolución china de 1925-27 —resultado de las políticas oportunistas de la Internacional Comunista estalinizada— la facción estalinista expulsó a los dirigentes de la Oposición de Izquierda del partido en diciembre de 1927. Bajo la dirección de León Trotsky, la oposición había luchado —y siguió luchando después de 1927— contra la degeneración nacionalista y burocrática del partido bolchevique. En uno de los pasajes más impactantes del libro, Yarotsky reconoce que para él, en ese momento, las feroces batallas políticas dentro del partido eran casi incomprensibles. Recordando sus momentos de estudiante, escribe:

Vine en un período de discusiones acaloradas, principalmente con los trotskistas en ese momento, pero yo no había alcanzado todavía ese nivel de desarrollo político, simplemente no entendía sobre qué discutían. Ahora entiendo de qué discutían, pero en aquel entonces no. Todo este aspecto de la vida en ese momento me pasó de largo, sencillamente yo era demasiado joven, y aún así hoy está claro que los debates de la época iban a determinar todo el rumbo de nuestro país para muchas décadas ulteriores. (p. 220)

Su experiencia sin duda era compartida por muchos trabajadores y jóvenes: De hecho, uno de los mayores crímenes de la burocracia estalinista fue que reprimió sistemáticamente la publicación y circulación de documentos de la oposición, así como los artículos que Lenin escribió en su lucha final contra la burocracia naciente y Stalin. Como el historiador soviético Vadim Rogovin ha mostrado, el régimen cada vez más burocrático hizo que la discusión democrática en el partido fuera casi imposible, creando una inmensa confusión y ansiedad hasta en los miembros más avanzados y dedicados del partido dentro de la clase trabajadora y la juventud. Mientras se libraba una feroz campaña en las páginas de la prensa soviética contra Trotsky y la oposición en su conjunto, los trabajadores corrían el riesgo de ser expulsados del partido si se los encontraba leyendo los documentos de la oposición.

Dirigentes de la Oposición de Izquierda en 1927. Sentados: Serebriakov, Radek, Trotsky, Boguslavsky, Preobrazhensky. De pie: Rakovsky, Drobnis, Beloborodov, Sosnovsky.

Yarotsky se graduó en 1930, en medio del impulso hacia la colectivización forzada y la rápida industrialización del primer plan quinquenal. Como muchos de su generación, él estaba lleno de entusiasmo por los avances revolucionarios en la industrialización y estaba decidido a hacer todo lo que pudiera por ayudar a construir la economía soviética. Sin embargo, el impacto de la colectivización y el culto a Stalin que estaba surgiendo pronto lo desilusionaron políticamente.

Su hermano mayor se había ofrecido voluntario para uno de los muchos batallones de jóvenes que fueron enviados a la campaña para hacer cumplir la colectivización de los hogares campesinos. Esos jóvenes, comunistas idealistas que estaban convencidos de que estaban luchando por el bien de los obreros y de los campesinos, se vieron confrontados con la espantosa realidad creada por la política de la colectivización forzada.

Basada en el programa de construir el “socialismo en un solo país”, y ante las enormes presiones sociales de capas más ricas del campesinado que habían prosperado en los años ’20 bajo la Nueva Política Económica, la dirección estalinista dio una brusca media vuelta en 1928. Proclamó la necesidad tanto de una rápida industrialización de la sociedad soviética como de la colectivización masiva de las decenas de millones de parcelas privadas que poseían los campesinos. Las advertencias de Trotsky de que tales políticas, sin ir acompañadas de un nivel suficientemente alto de desarrollo tecnológico de la agricultura y la industria, solo podría llevar al desastre, fueron confirmadas pronto y de manera trágica. La política de la colectivización forzada hundió a decenas de millones de campesinos en la hambruna total, y la cifra de muertos se estima en millones, y llevó a la Unión Soviética al borde de la guerra civil.

Yarotsky, a quien su hermano le habló de las experiencias de este último en el campo, quedó profundamente alterado por la brutalidad implicada en la colectivización y especialmente la muerte masiva de niños por hambre. Estaba también horrorizado por la estalinización de la vida pública y el culto a Stalin.

Habiendo pasado cuatro años estudiando a Marx, Plejánov y Lenin, era difícil acostumbrarse a las fórmulas extremadamente simplificadas: qué es la nación, primero, segundo, tercero. Estaba totalmente claro, solo había que recordarlo. Pero una vez que empezabas a pensar, no quedaba nada de esta fórmula brillante [de Stalin]. (p. 271).

Aunque había sido un miembro entusiasta de la Komsomol a lo largo de los ’20, cuando Yarotsky fue ahora invitado a unirse al partido, decidió no hacerlo, porque sentía que ya no podía unirse “honestamente” al partido. La decisión tuvo consecuencias de largo alcance. Fue expulsado rápidamente de la Komsomol y denunciado como “enemigo de clase”, una designación peligrosa.

En medio del comienzo de una purga de economistas y amplias capas de la intelectualidad a principios de los ’30, Yarotsky decidió irse de Leningrado. Ahora casado con María, la hija de un trabajador ferroviario, se mudó a Moscú, donde encontró empleo como ingeniero en el Comisariado del Pueblo para el Transporte. También aquí fue donde experimentaría el Gran Terror de los ’30, el tema del segundo volumen de sus memorias.

Continuará

(Publicado originalmente en inglés el 3 de mayo de 2022)

Loading