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Guerra en Ucrania provocada por EE.UU. y OTAN crea crisis de alimentos en África

La guerra en Ucrania deliberadamente provocada por los Estados Unidos y sus cómplices de la OTAN, junto con sanciones contra Rusia, han desencadenado el alza más grande del precio global de productos en más de 50 años.

La Organización de las Naciones Unidas ha advertido que la guerra crea el riesgo de empujar a 1,7 mil millones de personas, una quinta parte de la población del mundo, a la pobreza, la miseria y el hambre –una hipótesis horrible que las potencias imperialistas usan para intensificar su belicismo en el Mar Negro.

En ningún lugar es el problema más grave que en África.

Niños desnutridos esperan a ser tratados en el departamento de pediatría del hospital de Boulmiougou, en Uagadugú (Burkina Faso). (AP Photo/Sophie Garcia) [AP Photo/Sophie Garcia] [AP Photo/Sophie Garcia]

El índice de precios de los alimentos de la Organización de Alimentos y Agricultura de la ONU, un indicador de precios de los alimentos por todo el mundo, llegó a un nuevo máximo durante el marzo, en el que los alimentos cuestan 42 por ciento más que en 2014-2016. Esto ocurre en un momento en que la inseguridad alimentaria ya está subiéndose después de la pandemia de COVID-19. Es la crisis alimentaria más grave del mundo desde la Segunda Guerra Mundial. Según los cálculos más recientes del Unicef en su publicación del Estado de Seguridad Alimentaria y Nutrición en el Mundo, el número de personas que confronta la insuficiencia alimentaria ha llegado a 811 millones, un aumento de 161 millones desde 2019, una cifra que significa que cerca de una de cada diez personas en el mundo se durmió con hambre.

África ha sufrido más que cualquier otro continente. Un total de 282 millones de personas o 21 por ciento de africanos sufrieron del hambre en 2020, un aumento de 46 millones desde el año anterior. Hogares en África subsahariana gastan 40 por ciento de sus ingresos para la comida, una proporción mucho más grande que la en los países avanzados que gastan 17 por ciento, según el Financial Times, que se basaba en cifras del Fondo Monetario Internacional. El Banco Africano de Desarrollo afirma que la verdadera cifra es 65 por ciento.

El impacto total de la pandemia, el desempleo, la pérdida de ingresos y la falta de protecciones sociales han empujado a personas a la pobreza y misera de largo plazo. Hoy, uno de cada tres africanos –422 millones de personas– viven debajo del umbral global de la pobreza, definida en el punto de menos de US$1 por día.

Exportaciones de Ucrania y Rusia virtualmente han cesado, mientras según el secretario general de la ONU Antonio Guterres hay “casi 25 millones de toneladas de cereales que se podrían exportar pero que no pueden salir del país [Ucrania]”. El año pasado, Rusia y Ucrania proveyeron casi un tercio de las exportaciones mundiales de cereales, una quinta parte de su trata de maíz y casi 80 por ciento de la producción de aceite de girasol. Según el Departamento de Agricultura estadounidense, el suministro mundial del trigo se reducirá, y las exportaciones de Rusia y Ucrania probablemente estarán en un nivel 7 millones de toneladas más bajo que se esperaba antes de la guerra.

Según el Banco Africano de Desarrollo, importaciones de trigo constituyen 90 por ciento de la trata de $4 mil millones entre África y Rusia y casi una mitad de su trata de $4,5 mil millones con Ucrania. Veintitrés de los 54 países en África dependen de Rusia y Ucrania para más de una mitad de la importación de sus productos básicos. Unos países son incluso más dependientes: Sudán, Egipto, Tanzania, Eritrea y Benín importan 80 por ciento de su trigo y Argelia, Sudán y Túnez más de 95 por ciento de su aceite de girasoles, de Rusia y Ucrania. Esos países ven precios más altos de forma generalizada, bajo condiciones en que la mayoría de las élites africanas no proveen ninguna red de protección social.

La crisis de alimentos ha sido intensificada por las sequías de varios años en el Cuerno, África del Este y la Sahel, nubes de langostas en África del Este, guerras y conflictos, inundaciones provocadas por el cambio climático y el proteccionismo alimentaria, mientras la corrupción rampante y la mala administración económica por los cleptócratas del continente han agravado el sufrimiento.

David Beasley, director ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos de la OTAN (WFP, según sus siglas en inglés), advirtió recientemente de una situación terrible en la Sahel; dijo, “Alrededor de 11 millones de personas en el área de la Sahel no saben de dónde vendrá su próxima comida. Si no reciben la ayuda que necesitan ahorita, hablamos del hambre, la migración y la desestabilización”.

La ONU está advirtiendo que 18 millones en la Sahel enfrentan la inseguridad alimentaria dentro de los próximos tres meses. Los países más afectados–Burkina Faso, Chad, Malí y Níger–están confrontando “niveles alarmantes” con casi 1,7 millones que enfrentan niveles de emergencia de escaseces alimentarias. Esto ocurre mientras las potencias europeas envían a tropas para suprimir a las masas empobrecidas en la región y prevenir que huyan a Europa.

Los conflictos, guerras y sequías causadas por el cambio climático han afectado la República Centroafricana, Sudán, Sudán del Sur, Etiopia, Somalia y Kenia. El Cuerno de África/África del Este está enfrentando la peor sequía desde hace 40 años, con tres estaciones lluviosas consecutivas que han llevado poca lluvia. Cuando sí llovió como en 2019, fue torrencial: afectó a unos 3,4 millones de personas y llevó a nubes de langostas que devoraron las cosechas. Las temperaturas se han disparado a máximos récords, un hecho que ha resultado en la muerte de tres millones de ganadería en el sur de Etiopia y las regiones áridas y semiáridas de Kenia desde el medio de 2021. La ONU ha advertido que hasta 20 millones en el Cuerno de África podrían pasar hambre este año.

Pastor Yusuf Abdullahi adelanta el cuerpo de sus cuarenta cabras que fallecieron por hambre en Dertu, el Condado de Wajir, Kenia, el 24 de octubre de 2021. La agencia de ayuda Oxfam International advirtió el martes, 22 de marzo de 2022 que el hambre generalizada en África del Este podría convertirse en “una catástrofe” sin una inyección de fondos en las comunidades más vulnerables de la región (Foto de AP/Brian Inganga, Archivo)

El coste de fertilizantes ha subido más allá de lo que la mayoría de agrícolas puede permitirse, algo que amenaza la cosecha del año que viene. Rusia produce alrededor de 18 por ciento del mercado mundial de potasa, 20 por ciento de exportaciones de amoníaco y 15 por ciento de urea. En Etiopia, entre la guerra que ha estado en curso desde el noviembre de 2020 en la región norteña de la región Tigray, el precio de fertilizantes se ha disparado 200 por ciento y la inflación alimentaria ha alcanzado 43 por ciento. En el país vecino Kenia, la sequía ya había causado una caída de 70 por ciento en la producción agrícola incluso antes de la guerra en Ucrania, algo que hace que más de 3 millones enfrenten el hambre aguda. En Somalia, si ninguna lluvia se ha caído para el fin de este mes, aproximadamente 6 millones–38 por ciento de la población–enfrentarán una inseguridad alimentaria de nivel extremo.

Justo cuando las necesidades de la gente se escalan, las agencias de ayuda tienen problemas en encontrar recursos. El WFP requiere 18,9 mil millones en dólares estadounidenses para ayudar a 137 millones de personas en 2022, pero la brecha entre su financiación y la necesaria es más grande que nunca. La guerra está haciendo que sus costes se suban por $71 millones mientras los costes crecientes de alimentos, petróleo y transporte llegan a $850 millones este año. Como resultado, habrá cuatro millones de personas menos que serán ayudadas por el programa. El WFP tendrá que reducir sus raciones para ayudar a más personas. La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCAH) dijo que grupos de ayuda habían emitido peticiones más temprano durante este año en búsqueda de $3,8 mil millones en ayuda para la Sahel, pero sólo recibió 12 por ciento de su objetivo.

Muchos de los donantes principales del mundo han desviado sus recursos a Ucrania. El Reino Unido anunció £220 en ayuda humanitaria y de desarrollo para Ucrania como una parte de su esfuerzo por apoyar la guerra indirecta de la OTAN y EE.UU. En noviembre de 2020, Gran Bretaña ya cortó su presupuesto de ayuda total de 0,7 por ciento a 0,5 por ciento de su PIB, que lleva a una reducción a la mitad de la ayuda humanitaria directa del Reino Unido a países extranjeros el año pasado, desde £1,53 mil millones en 2020 a solo £744 millones.

Otro factor que exacerba la crisis alimentaria en África es el proteccionismo alimentario. 23 países han restringido la exportación de alimentos básicos o impuesto restricciones, tales como impuestos o cuotas, según el grupo de expertos estadounidense Instituto de Investigación de la Política Alimentaria Internacional. El proteccionismo alimentario ha llevado a una reducción de 17 por ciento de la trata alimentaria mundial al medirla en calorías, el mismo nivel que se vio durante la crisis alimentaria y energética de 2007-2008. Desde ese entonces, Indonesia e India han prohibido la exportación de aceite de palma y trigo respectivamente.

La crisis creciente del continente significa que pocos países tienen la capacidad de comprar o subvencionar los precios de alimentos, mientras Ghana, Zambia y Túnez, entre 20 otros países, están a punto del incumplimiento de sus préstamos internacionales.

La crisis alimentaria, el resultado de decisiones tomadas por los gobiernos capitalistas del mundo, está creando sufrimiento incontable para millones y exacerbando la lucha de clases. El economista jefe del Programa de Desarrollo en África de la ONU, Raymond Gilpin, advirtió a las élites financieras del mundo, “Las tensiones, particularmente en áreas urbanas, comunidades de bajos ingresos, podrían desbordarse y llevar a protestas y alborotos violentos”.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 24 de mayo de 2022)

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