El 12 de noviembre, el sindicato de la planta de Mercedes-Benz (Daimler) en São Bernardo do Campo (SMABC, Sindicato de Trabajadores Metalúrgicos de ABC), en la región industrial ABC, logró aprobar un programa de despidos y tercerizaciones. Los recortes se vienen preparando desde principios de septiembre cuando la empresa anunció su meta de 3.600 despidos y la tercerización de múltiples sectores de la planta.
A lo largo de todo este período, el sindicato ha trabajado junto a Mercedes para imponer los recortes, reprimiendo las luchas de los trabajadores mientras afirmaba negociar en sus intereses con los patrones. En las últimas semanas, tras regresar de una visita a la sede de la empresa en Alemania, los dirigentes sindicales promovieron los despidos como la única alternativa al cierre de la fábrica por parte de la empresa.
Usando a los trabajadores como rehenes de lo que la empresa dice que es “posible”, el SMABC presentó fraudulentamente un Plan de Despido Voluntario (PDV) como una “victoria” y promovió la aprobación de los recortes como el “acuerdo que garantiza el futuro de la planta São Bernardo”.
Luego de reunir a los trabajadores frente a la sede del SMABC el 12 de noviembre, el director ejecutivo del sindicato, Aroaldo da Silva, explicó que convenció a la gerencia de Mercedes de extender los recortes a toda la planta para “reducir el impacto” de la tercerización. Silva declaró con cinismo: “No queríamos que sucediera lo que vimos en el último período: momentos muy tristes para los trabajadores automotores, para nuestra región, como el cierre de Ford, Toyota y tantas otras empresas del rubro. Y garantizar el futuro de la planta era discutir ese plan de reestructuración que proponía la empresa”.
Moisés Selérges, presidente del SMABC, también trató de vender el programa de cesantías a los trabajadores. Declaró en una entrevista con Rede TVT: “En el proceso de negociación, lo que hicimos fue reducir el impacto de la tercerización. Es decir, la empresa soñaba con externalizar todo el sector logístico y garantizamos en la mesa de negociación que parte de la logística se quedará en Mercedes”.
Hace dos meses, los burócratas sindicales terminaron una huelga que se oponía a los recortes en Mercedes después de tres días, asegurando a los trabajadores que el sindicato “no aceptará despidos de trabajadores”. Mintieron a los trabajadores. Cuando, en la misma ocasión, Selérges dijo que “en un proceso de negociación no prevalecerá todo lo que quiera el sindicato, pero tampoco prevalecerá todo lo que quiera la empresa”, ya estaba decidido a imponer los despidos.
Lejos de ser una excepción, el papel del sindicato de Mercedes en la represión de la lucha de los trabajadores es el mismo en toda la industria y también en otros sectores.
En abril de este año, maniobras del mismo SMABC derrotaron una huelga de tres días de 600 trabajadores de Toyota en São Bernardo contra el cierre de su planta. El 11 de abril, luego de que el Tribunal Regional del Trabajo del estado de São Paulo creara una “mesa de negociación para sondear la viabilidad de la planta que queda en la ciudad”, el sindicato presentó la decisión del tribunal como una “victoria” y pidió la vuelta a trabajar. La represión de la huelga de los trabajadores permitió a Toyota completar el cierre de la planta en junio.
Como parte de la reestructuración global de la industria automotriz y la carrera para producir vehículos eléctricos y autónomos, se cerraron varias plantas y se destruyeron miles de empleos. En 2021, Ford cerró todas sus operaciones de fabricación en Brasil. Los recortes se impusieron después de que las corporaciones acumularan grandes ganancias mientras los trabajadores se veían obligados a permanecer en fábricas cerradas, contaminándose con sucesivos brotes de COVID-19.
Lejos de proteger los empleos y “disminuir el impacto”, la subordinación de los trabajadores a los intereses corporativos por parte de los sindicatos y la “mediación” de los tribunales solo impidieron una respuesta organizada y permitieron que las empresas implementaran los recortes y cierres.
Hoy, en medio del giro a la guerra mundial, con la escalada del conflicto de los gobiernos imperialistas de EE.UU. y Europa contra Rusia y China, las principales centrales sindicales brasileñas se preparan para reprimir toda oposición al nuevo gobierno de Luis Inácio Lula da Silva del Partido de los Trabajadores (PT), que quedará completamente subordinado a los intereses de las grandes empresas transnacionales.
Durante la campaña presidencial del PT de este año, mientras Lula anunciaba que traería “estabilidad política” y atraería inversiones extranjeras al país, la CUT y la Fuerza Sindical presentaron el plan corporativista “Industria 10+” al nuevo gobierno. Una de sus propuestas centrales es la creación de comisiones “multipartitas”, formadas por sindicatos, empresarios y autoridades gubernamentales.
Una referencia importante a la propuesta actual de los sindicatos es la política de las “cámaras sectoriales” creadas por la burguesía brasileña a finales de los 80 y principios de los 90 como nuevos órganos corporativistas para controlar la inmensa crisis económica y, sobre todo, la respuesta de los clase trabajadora.
Al establecer una colaboración entre el estado, las empresas y los sindicatos para definir políticas sectoriales específicas, las cámaras sectoriales sirvieron para dividir a la clase trabajadora, permitir privatizaciones a gran escala y evitar una renovación de la ola de huelgas masivas de principios de la década de 1980 que había fatalmente hirió al régimen militar. El PT apoyó esto como una política crucial para la estabilidad del capitalismo brasileño, y el entonces representante Aloizio Mercadante (ahora coordinador técnico de la transición de gobierno de Lula) presentó la enmienda que incluía sindicatos en las cámaras sectoriales en 1991.
Como en el pasado, la propuesta actual de comisiones “multipartitas” también serviría para vigilar todos los movimientos de trabajadores en la industria y reprimir las huelgas y protestas que están surgiendo a medida que la clase trabajadora brasileña e internacional se enfrenta al inmenso aumento en el costo de vida y años de recortes salariales.
Los trabajadores no deben aceptar los despidos impuestos por el sindicato en Mercedes como un hecho consumado. A los trabajadores se les impidió emprender una lucha contra estos ataques porque el sindicato saboteó deliberadamente sus esfuerzos de organización y mintió sobre sus objetivos.
Los trabajadores de Mercedes y otras empresas necesitan organizarse en comités de base para montar una lucha real contra los recortes impuestos por los sindicatos, romper el aislamiento impuesto por estas organizaciones y formar una alianza con los trabajadores de toda la región industrial ABC el país e internacionalmente.
(Publicado originalmente en inglés el 22 de noviembre de 2022)
